GEORGE CLOONEY: EL MIEDO ATACA A LAS LIBERTADES CIVILES Y TIENE PARALIZADO AL PERIODISMO

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Primero va a bromear, con una sonrisa lustrosa que irá y vendrá por el rostro cuando las preguntas se tornen más profundas. Detrás de George Clooney hay siempre una broma agazapada, dispuesta a saltar sobre cualquiera que pregunte, como un animal salvaje. Y es que aún cuando se sabe expuesto a la vista y la crítica de todos por sus incursiones en filmes de tono político, por sus opiniones sobre temas en los que los actores no suelen bucear, Clooney se toma a sí mismo con menos solemnidad de la esperada. No se siente un héroe. Es, ¿sencillamente?, un hombre- actor-sex symbol-millonario de 44 años que se hace preguntas y decide tomar riesgos. Nominado a siete premios Oscar 2006 por su trabajo en Syriana, y en su propio filme, Good night, and good luck, George Clooney se decide a hablar de todo.

Texto: Luciana de Luca / Megan Medrano Fotos: AP y AFP

Actor George Clooney

A los 44 años, Clooney se enfrenta a los representantes de la derecha americana por sus opiniones sobre la guerra.

En el Hotel Regency de Nueva York resuenan sus carcajadas. Alguien se da vuelta y lo mira con el desconcierto que generan las estrellas. Aun con su voz grave y su elegancia pulcra, Clooney sabe cómo utilizar la empatía para agrietar el hielo de la incomodidad. “¿Matthew McConaughey es el nuevo símbolo sexual? ¡Otra vez se olvidaron de Matt Damon!”, comenta entre risas. “Yo ya tuve esa corona. No la necesito mas”. Es que Clooney, el soltero terco que les ganó una apuesta de 10.000 dólares a sus amigas Michelle Pfeiffer y Nicole Kidman, que le auguraban un nuevo matrimonio antes de cumplir los 40, está cansado de cumplir con las reglas de la seducción. Harto de Hollywood y de sus listas que enumeran como ganado de lujo a los hombres más sexies de la industria. El prefiere estar libre para otras cosas, dice. Y lo ha demostrado de sobra. Tomando distancia de los roles más lavados, más ligeros como su Dr. Douglas Ross, el pediatra sensible de la serie de televisión E. R. que le significó, a los 33 años, su gran despegue–, hoy Clooney se siente cómodo enfrentando a los demonios de la política americana en Medio Oriente y a la persecución y la caza de brujas del maccarthismo. Con Syriana (2005) –por la que fue nominado al Oscar 2006 como Mejor Actor Secundario–, un thriller político dirigido por Stephen Gaghan, navegó las aguas de la inquietante corrupción que envuelve a la industria del petróleo. Y con su tercer trabajo como director, Good night, and good luck– nominado a seis premios Oscar 2006, entre ellos Mejor Película, Mejor Guión Original y Mejor Actor–, refrescó la polémica historia de las presiones sufridas en los años ’50 por el periodista de la CBS, Edward R. Murrow, y su productor, Fred Friendly, a manos del anticomunista senador McCarthy. De pronto, Clooney pasó a estar del lado de los chicos críticos de la industria del cine, y recibió pullas de los medios de derecha, de los estudios conservadores de Hollywood y hasta del propio gobierno encabezado por el otro George, presidente de los Estados Unidos. Como Sean Penn y Tim Robbins, en más de una ocasión Clooney hizo pública su oposición a la guerra de Irak. Ya en 1999 había participado en la película Three Kings, la historia de un grupo de mercenarios que buscaban un tesoro robado a Irak, tras la guerra del Golfo. Dos años después desataba el escándalo y marcaba su posición futura al señalar –luego de los atentados del 11-S–: “Vivimos en una puta isla, enorme, pero isla al fin. No entendemos que la gente se enfurezca con nosotros de verdad. Todavía pensamos en nosotros mismos en términos de la Segunda Guerra Mundial (…) El problema es que el mundo cambió y nuestra intervención en estos pequeños lugares es diferente de lo que era en 1941. En aquel momento era más claro: estábamos siendo atacados”. La misma sensación de ataque debió padecer cuando eligió enfrentarse a las voces oficiales. Como un adulto, dice, no le gusta ser vilipendiado, pero asume su posición. “Muchos estadounidenses aún creen que el término liberal es una mala palabra”, resumió. El mismo sufrió el escarnio por parte del conductor de Fox News, Bill O’Reilly, cuando éste acusó al 911 Fund (un maratón dedicado a conseguir fondos para las víctimas del atentado a las Torres, del que Clooney fue activo participante) de fraude. Enfurecido, el actor le respondió con una contundente carta pública publicada en la portada del Washington Post, poniendo a disposición del conductor las cifras sobre el manejo de las recaudaciones, y acusándolo de falta de responsabilidad que iba en contra de las necesidades de las víctimas. “El miedo ataca a las libertades civiles y tiene paralizado al periodismo”, dijo hablando de la realidad de los Estados Unidos, con la excusa de su film Good night and good luck, al que él mismo considera una película optimista. Como un buen hijo de Hollywood que quiere hacer méritos para enseñar su lado más visceral, no tuvo reparos en engordar unos 15 kilos para protagonizar la película Syriana. Su cuerpo no sólo sufrió las consecuencias del sobrepeso, sino que además, a causa de una escena en la que se recreaban torturas, se dañó seriamente la espalda. Todo terminó en dos operaciones y una larga recuperación. Sin embargo, Clooney recuerda con afecto sus kilos de más. Eran pocos, cuenta, los que lo reconocían por el exceso de peso y la barba larga. “Fue interesante pasar inadvertido por completo –comenta–. Lo había intentado antes y nunca funcionó. Pero con 15 kilos y la barba crecida podía entrar a cualquier restaurante de la ciudad, sin conseguir una mesa. Nadie me reconocía”.

AM: ¿Cómo es que pudo bajar de peso tan rápido?

Galan George Clooney

Clooney, un soltero empedernido, sostiene que no quiere tener hijos ni formar una familia.

GEORGE CLOONEY: Hay una fórmula excelente. Anota bien: Ejercitas más y comes menos. ¿No es novedoso? (Se ríe).

AM: Hablando en serio: ¿bajó de peso tan rápido como lo había subido?

G.C.: Es impresionante que haya podido aumentar 15 kilos en 30 días… Había terminado de filmar Oceans 12, en agosto, y apenas tenía un mes antes de empezar a filmar la película. Así que engordé tan rápido como pude. Tampoco es tan divertido como suena. Básicamente me la pasé comiendo. Es deprimente que haya podido hacerlo. Pero adelgazar llevó mucho más tiempo. Cuando los actores suben de peso para una película, en general tienen 30 años, pero no es lo mismo para alguien como yo que tiene 44. El proceso se vuelve más lento.

AM: No le gusta que lo destaquen como un símbolo sexual de Hollywood…

G.C.: Lo que me duele es que el chico lindo Matthew McConaughey pase al frente ahora (bromea, refiriéndose a la elección del hombre más sensual de la revista People). Es una gran responsabilidad, la corona es pesada. Pero con sus abdominales, él lo puede manejar bien. Veremos. Pitt había sido elegido en dos oportunidades. Fue el único que pudo manejar el tema dos veces. Me molestó un poco que Matt Damon no haya sido destacado todavía. Deberías preguntarle si a él le molestó, porque luchó una buena campaña y todos pensábamos que este año lo iba a lograr (carcajadas).

AM: ¿Sigue viéndose con Brad Pitt? ¿Qué opina de su noviazgo con Angelina Jolie?

G.C.: ¿No te enteraste? Había un rumor que decía que se iba a casar en mi casa, en Italia. Estaba prendiendo bastante. Y entonces llamé a Brad, y le pedí que siguiera con el rumor. Le propuse que contratáramos varios chicos vestidos de smoking, pretendiendo que realmente se iba a casar, para que los medios gastaran una fortuna alquilando helicópteros. El humor de Clooney hace estragos en la seriedad de la entrevista. Lo sabe y se ríe, cómplice. Tiene fama entre sus pares de ser un bromista incurable, un soltero empedernido y un rebelde sereno y sin causa. En su historia personal, la relación afectiva más larga es la que felizmente lleva con su cerdo Max –los presentó Kelly Preston, ex roomate de Clooney y esposa de John Travolta– hace 19 años. Su única boda, con la actriz Talia Balsam (hija de los actores Martin Balsam y Joyce Van Pattern), apenas resistió tres años, entre 1989 y 1992. Tuvo novias y prometidas a montones: Renée Zellweger, Mariella Frostrup; Céline Balitran; Krista Allen y Lisa Snowdon. Y como todo galán, también tuvo cientos de parejas ficticias.

AM: ¿Cuál de todos los romances publicados es realmente cierto?

G.C.: Es más fácil contarte los que no tuvieron nada que ver con la realidad. Dicen que salía con Cindy Crawford y nunca lo hice. También Lisa Kudrow (Phoebe en Friends) o que estaba locamente enamorado de Cameron Díaz y que vivía con Courtney Cox (Mónica en Friends). Publican tantos detalles de algunas relaciones que a veces me pregunto si el equivocado no seré yo.

AM: ¿De verdad no piensa casarse nunca? ¿No quiere formar una familia?

G.C.: Nunca. No voy a tener hijos. No quiero tener hijos. Tal vez sea demasiado egoísta, pero no quiero ser el responsable de arruinarle la vida a alguien.

“Cuando decidimos hacer Syriana, un par de años atrás, la época política era todavía peor. Si planteabas cualquier duda en aquel entonces te tomaban como traidor. Cuando ves la película te das cuenta de que tampoco atacamos al gobierno, sino que cuestionamos treinta, cuarenta o cincuenta años de la política en el Medio Oriente”.

EL CAMINO DE LOS SUEÑOS

El elenco de E.R

El elenco de E.R., la serie de TV que significó el gran despegue de George Clooney.

Clooney estuvo cerca de las cámaras de televisión desde pequeño. Hijo del conductor de televisión Nick Clooney (American Movie Classics) y la participante de concursos de belleza Nina Clooney, George nació el 6 de Mayo de 1961, en Lexington, Kentucky, en un ambiente rodeado de atención pública. Hasta su tía Rosemary Clooney había ganado notoriedad como cantante, al igual que su tío José Ferrer (que fue el primer latino en ganar un Oscar). Luego de un equívoco intento por ingresar en el equipo de béisbol Cincinatti Reds, a los 16 años George comenzó una tímida aproximación a la actuación gracias a su primo Miguel Ferrer, quien lo ayudó a conseguir un pequeño personaje en la película And they’re off (1982). “Miguel me había invitado a Lexington, donde estaban filmando una película de bajo presupuesto, sobre unas carreras de caballos –recuerda–. Y me dieron un papel chiquito. La película nunca se estrenó, pero la actuación me sedujo por completo”. Siguiendo quizás un instinto familiar, durante un tiempo trabajó como periodista en televisión. Sin embargo no se acomodó por completo a los ritmos del medio y decidió evitar la sobra profesional de su padre, y se mudó a Los Angeles para dedicarse definitivamente a la actuación. Allí tomó clases profesionales en el Beverly Hills Playhouse. Ya en Hollywood, el camino se le volvió arduo, demasiado largo. Hasta que recibió la gran propuesta. “En total había hecho durante diez años, quince pilotos de televisión hasta que apareció E. R”. La serie tuvo un éxito rotundo, respaldado por las firmas del autor de Jurassic Park, Michael Crichton, y Steven Spielberg. Luego de alcanzar el cielo de la TV, y de vencer el mito de que los actores de TV no triunfan en el cine, decidió salirse parcialmente de su personaje, y mientras conservaba el puesto asegurado en E. R., George Clooney aceptó 250.000 dólares para protagonizar la película From dusk till dawn, con Quentin Tarantino y Salma Hayek. De esa paga relativamente magra para una estrella en ciernes pasó a ganar 3 millones de dólares en la película One fine day, junto a Michelle Pfeiffer. Y, hasta el momento, Clooney atesora el honor de haber sido el último cuerpo y la última voz de Batman (1997), teniendo en cuenta que la nueva historia, interpretada por Christian Bale, solamente narra el origen del superhéroe gótico. “Muchas de las primeras películas que hice no tuvieron gran éxito” –admite Clooney–, por eso no me encasillaron en un rubro determinado y tuve la oportunidad de probar diferente tipo de cine… para seguir fracasando”. Ironías de lado, desde que abandonó –con la elegancia de los triunfadores– la televisión en 1999, George Clooney afianzó su versatilidad en películas de géneros tan diversos como Three kings (1999) y Perfect storm (2000), o películas independientes como Oh brother, Where art thou? (2000). Además se reveló como un director sorprendente con Confessions of a dangerous mind y Solaris (2002), y como productor de éxitos de taquilla en los que siquiera aparece su rostro: Insomnia (2001), con Al Pacino y Robin Williams; Rockstar (2002), con Mark Wahlberg y Jennifer Aniston; The Jacket, con Adrien Brody (2004), y Rumor has it (2005), con Jennifer Aniston, Kevin Costner y Shirley Mac Laine.

“Me acuerdo cuando estaba en una terraza y escuché una sirena que sonaba cada cuatro horas durante Ramadán. Decían una plegaria desde los parlantes, y en Casablanca todos salían, en la mitad de la calle, a rezar mirando a La Meca. Era un mar de gente que salía de los autos, para arrodillarse en el pavimento a rezar. Mientras tanto, en Washington piensan que tenemos cierta claridad religiosa o una creencia que sobrepasa a cualquiera. Si vieras lo que yo vi, te daría miedo”.

LA DIFICIL REALIDAD AMERICANA

Una escena de Syriana

Una escena de Syriana, el polémico film sobre la corrupción que rodea a la industria petrolera.

Cuando tomó estado público el escándalo europeo de las caricaturas de Mahoma que desataron la furia musulmana, Clooney volvió a tomar partido por la razón. “El mundo vive momentos muy complejos y la situación es delicada”, señaló. Sin tener una respuesta exacta al problema, reconoció que “tal vez no se debería sacar la caricatura”, pero defendió la libertad de expresión, insistiendo en que no se puede legislar y decirle a la gente que no puede hacer una cosa determinada, pues eso “sería una locura”. “Uno no sacaría una caricatura antiamericana justo después del (atentado del) 11 de septiembre (de 2001)”.

AM: ¿Qué opina de las críticas que dicen que Syriana ataca al gobierno de Estados Unidos y justifica el terrorismo?

G.C.: Cuando decidimos hacerla, un par de años atrás, la época política era todavía peor. Si planteabas cualquier duda en aquel entonces te tomaban como traidor. Cuando ves la película, te das cuenta de que tampoco atacamos al gobierno, sino que cuestionamos treinta, cuarenta o cincuenta años de la política en el Medio Oriente. Los conservadores y liberales que vieron Syriana están de acuerdo. Desde mi trabajo, por supuesto, tuve que enterarme de lo más que pude, para no marginarme del tema. Pero no soy ni el guionista ni el director. Por mi lado, detrás de cámaras, pasé bastante tiempo con un verdadero agente de la CIA, Robert Baer.

AM: ¿Y cómo es ese verdadero agente de la CIA que en cierta forma interpreta en la película?

G.C.: Baer es una persona interesante. Para él, el problema estaba más basado en que no lo necesitaban más. Durante el gobierno de Clinton, además de Bush, habían empezado a utilimomenzar equipos de satélites espías que reemplazaron la necesidad de buscar alguien que hable árabe o farsi. Lo que ahora nos damos cuenta es que hubiese ayudado tener esa clase de gente que hable diferentes idiomas. Y él está un poco desencantado por esa razón.

AM: ¿Le contó alguna anécdota real?

G.C.: En los estudios de cine siempre hay algún policía experto, que dice: “Sí, yo maté seis hombres y a uno le pegué tres tiros en la cabeza”. Te cuentan estas historias que probablemente nunca pasaron. Y a mi lado tenía a alguien que seguramente hizo de todo y apenas decía: “Tuvimos que ocuparnos de ciertos temas que sucedieron…”. Básicamente no entraba en detalles comentando: “No me acuerdo bien lo que pasó cuando el lugar voló en pedazos… A lo mejor pasó algo parecido”. Todo es muy vago cuando comenta. Nunca cuenta nada y en definitiva te deja pensar que realmente hizo mucho. Fue extraño tenerlo en casa, porque es muy inteligente y sabe muchísimo sobre lo que habla, especialmente sobre el Medio Oriente.

AM: ¿Es verdad que filmaron la película con verdaderos musulmanes fundamentalistas, en medio de las fiestas religiosas del Ramadán?

G.C.: Sí. Fue interesante filmar en Marruecos y Dubai, en medio del Ramadán. Dubai tiene apenas 100 años y fue una época extraña para filmar, porque no se puede comer durante el día. Hace mucho calor y es un mundo muy diferente. A mí me preocupaba que no fueran a entender la idea, al ver que filmábamos escenas de terroristas, creyendo que planteábamos las cosas en blanco o negro. Porque ya sabes que Estados Unidos no es el país más popular en el extranjero y nos preocupaba que pensaran que queríamos caracterizarlos como los peores. Tampoco sabíamos cómo traducirlo bien, porque había 400 extras musulmanes, entre los cuales muchos eran fundamentalistas. Estaban ahí, con nosotros, trabajando a la par nuestra. Y realmente no sé si habrán entendido o no. A lo mejor lo comprendan mejor cuando vean la película.

AM: ¿No tuvo miedo de caer en manos de verdaderos terroristas?

G.C.: Por supuesto; yo prestaba atención a lo que hacía, porque sabíamos que no había nada más divertido que alguien famoso terminara secuestrado, atado en una silla. Siempre estuvimos atentos. Estábamos filmando justo en el momento en que cortaban cabezas de secuestrados. La época era mucho más difícil que ahora.

“Yo tengo un auto eléctrico que va de cero a sesenta, en cuatro segundos. Y puedo viajar hasta 150 millas antes de una nueva recarga. Siempre fui amante de las motocicletas, que también precisan poco combustible. Pero sabía que no podía hacer una película sobre la corrupción del petróleo y conducir una camioneta Bronco. Hubiera sido ridículo”.

EL PODER DE LA PREGUNTA

AM: Planteando el debate y la polémica desde el cine, ¿cree que está implementando el periodismo que solía ejercer su padre?

G.C.: Hay una diferencia entre el periodismo y el cine. No creo que el cine esté diseñado para dar respuestas, me parece que debe plantear preguntas. Y el periodismo existe para encontrar respuestas detrás de sus preguntas. Nosotros sólo hacemos preguntas, y despertamos el debate. Con Syriana, además, tratamos de hacerlo entretenido porque sigue siendo una película. Lo bueno de Good night and good luck y Syriana es que además de dar una lección cívica, también son buenas películas. Duras, pero películas entretenidas.

AM: ¿Cambiaron sus ideas políticas filmando este estilo de cine?

G.C.: No cambia nada, pero me abrió los ojos con respecto a, otros pensamientos. Me acuerdo cuando estaba en una terraza, en un cuarto piso, y escuché una sirena que sonaba cada cuatro horas durante Ramadán. Decían una plegaria desde los parlantes, y en Casablanca todos salían, en la mitad de la calle, a rezar mirando a La Meca. Era un mar de gente que salía de los autos, para arrodillarse en el pavimento a rezar. Mientras tanto, en Washington piensan que tenemos cierta claridad religiosa o una creencia que sobrepasa a cualquiera. Si vieras lo que yo vi, te daría miedo. Por supuesto nadie justifica lo que pasa, cuando bombardean gente, pero es lógico entender cómo puede suceder y por qué.

AM: Ya que plantea tanta corrupción detrás del negocio internacional del petróleo, ¿en la vida real se preocupa por consumir menos combustible?

G.C.: Yo tengo un auto eléctrico que va de cero a sesenta, en cuatro segundos. Es divertido. Y puedo viajar hasta 150 millas antes de una nueva recarga. Es algo que tuve que considerar bien, para serte honesto. Siempre fui amante de las motocicletas, que también precisan poco combustible. Pero sabía que no podía hacer una película sobre la corrupción del petróleo y conducir una camioneta Bronco. Hubiera sido ridículo. Por eso estoy aprendiendo, evolucionando a lo largo del camino, en términos de mi propia responsabilidad con respecto al consumo de petróleo. Porque si voy a salir a pedir que hablemos de estos temas, también tengo que participar en el proceso. Tampoco quiero predicar lo que debemos hacer. Sólo digo que estas son preguntas que hay que plantear. Y en el camino, yo también debo plantearme mis propias preguntas, con ejemplos.

CLOONEY CASH

Syriana (2005): U$ 15.000.000

Intolerable cruelty (2003): U$ 15.000.000

Ocean’s eleven (2001): U$ 20.000.000

The perfect storm (2000): U$ 8.000.000

Oh brother…? (2000): U$ 1.000.000

Three kings (1999): U$ 5.000.000

Out of sight (1998): U$ 10.000.000

The Peacemaker (1997): U$ 3.000.000

Batman & Robin (1997): U$ 10.000.000

One fine day (1996): U$ 3.000.000

From dusk till dawn (1996): U$ 250.000

 


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