GLENN GREENWALD: BRASIL, CORRUPCIÓN Y MENTIRAS

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Brasil está atravesando su peor crisis política en más de dos décadas. Las posibilidades de éxito de Michel Temer, sucesor de Dilma Rousseff, son sumamente escasas. Las probabilidades de que la inestabilidad política continúe, y tal vez, se profundice, son abrumadoras, incluso si la crisis económica se atenúa cuando la recesión toque fondo. Para comprender quién es quién en el mapa político y económico del gigante sudamericano, conversamos con el periodista Glenn Greenwald, ganador del premio Pulitzer, quien vive actualmente en ese país.

Texto: Amy Goodman y Nermeen Shaikh (Democracy Now!) / Fotos: Gentileza The Intercept

ALMA MAGAZINE: Se ha puesto muy poca atención en los medios de comunicación dominantes en Estados Unidos a lo que está ocurriendo en Brasil. ¿Qué es lo que está sucediendo en el país sudamericano?

GLENN GREENWALD: Es un poco extraño que el nivel extremo de inestabilidad política que está ocurriendo en Brasil haya recibido tan poca atención, dado que es el quinto país más poblado del mundo y la octava economía más grande, y todo lo que allí ocurra tendrá repercusiones para todo tipo de mercados y naciones, incluyendo Estados Unidos. La situación en Brasil en realidad es bastante complicada, mucho más de lo que la poca atención en los medios estadounidenses ha sugerido. Los medios en Estados Unidos han insinuado que millones de personas se han levantado contra un gobierno corrupto, y en cierto modo describe este trance como el enfrentamiento entre un pueblo heroico y un régimen corrupto de izquierda, casi tiránico. Y en muchos sentidos, eso es una simplificación excesiva; en muchos sentidos, es sencillamente incorrecto. Así que voy a explicar un par de puntos claves.

AM: Se lo agradeceremos.

G.G.: En primer lugar, la corrupción está ampliamente extendida entre la clase política brasileña y las esferas más altas de su clase económica. Esto ha sido así desde hace mucho tiempo. Y lo que ha sucedido es que las instituciones judiciales y policiales en Brasil han madurado. Hay que recordar que Brasil es una democracia muy joven. Salió de la dictadura militar en 1985. Y finalmente estas instituciones han madurado y están aplicando el Estado de derecho. Por primera vez, las élites políticas y económicas están teniendo que rendir cuentas por la severa corrupción política y económica. La corrupción es un fenómeno generalizado en toda facción política influyente en Brasil, abarcando a todos los partidos políticos, incluso el Partido de los Trabajadores (PT), el partido de izquierda al que pertenecen el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, la ahora suspendida presidenta; pero, incluso en mayor medida, en los partidos de la oposición de centro y derecha.

AM: ¿Es real la corrupción?

G.G.: Sí, es muy real. Recientemente se ha realizado una impresionante investigación judicial que se ha traducido en la detención y el enjuiciamiento de algunos de los personajes más ricos y poderosos del país, algo que nunca se vería en Estados Unidos: multimillonarios encarcelados por soborno, lavado de dinero, evasión fiscal y corrupción, y condenados a muchos años de prisión. Y prácticamente todo opositor político a la ahora suspendida presidenta Rousseff está implicado en casos de corrupción, al igual que muchas personas de su partido.

AM: ¿Pero Dilma Rousseff también está comprometida en casos de corrupción?

El periodista entrevistó a Rousseff recientemente, a días de su suspensión por el Senado. Lo hizo para su web The Intercept.

El periodista entrevistó a Rousseff recientemente, a días de su suspensión por el Senado. Lo hizo para su web The Intercept.

G.G.: La ironía de esta corrupción generalizada es que Rousseff es en realidad la única personalidad importante o uno de los pocos políticos significativos en Brasil que no está implicada en algún tipo de trama corrupta para su enriquecimiento personal. Prácticamente todo el mundo alrededor de ella, incluyendo aquellos que la acusan de corrupción y la ponen en tela de juicio, están enredados en tramas de corrupción por enriquecimiento ilícito. Ella es una de las únicas personas que no está implicada en ese tipo de cosas.

AM: Entonces, ¿por qué hay tanto conflicto en Brasil?

G.G.: El problema es que al mismo tiempo que se está realizando una masiva investigación sobre corrupción, el país está sufriendo una severa recesión económica como resultado de la bajada de los precios del gas, la contracción económica en China y otros factores. Hasta hace muy poco, hasta 2008 y 2010, la economía de Brasil estaba en auge. El pueblo, incluyendo a los más pobres, pensó que sus perspectivas iban a mejorar finalmente, que la promesa anunciada por tanto tiempo de que Brasil iba a convertirse en una potencia desarrollada a nivel mundial, finalmente se materializaría. En este tiempo, millones de personas salieron de la pobreza. Y esta recesión ha revertido todo aquello y ha impuesto nuevamente un gran sufrimiento, sobre todo entre los trabajadores y los sectores más vulnerables. Así que hay un gran descontento y rabia hacia la ahora suspendida presidenta Rousseff y hacia su partido debido al padecimiento que la gente está experimentando.

AM: ¿Cómo es la concentración mediática allí?

G.G.: En el país, hay facciones muy ricas y poderosas que han odiado por largo tiempo a Lula y a Dilma y al izquierdista Partido de los Trabajadores, y que no han sido capaces de derrotarlos en las urnas. El PT ha ganado cuatro elecciones nacionales consecutivas, desde 2002, cuando Lula fue elegido por primera vez. Por eso, lo que están haciendo sus enemigos es utilizar sus poderosas instituciones mediáticas, empezando por la Globo, que es de lejos la institución mediática dominante y la más poderosa de Brasil, y que es administrada, al igual que los demás medios de comunicación importantes del país, por familias muy adineradas. Estas han empleado el escándalo de la corrupción para encolerizar a la gente y, fundamentalmente, para sacar al Partido de los Trabajadores y a la presidenta Rousseff del poder, porque no han podido hacerlo mediante elecciones. Esto les lleva a relacionar el escándalo de corrupción con el descontento que la gente siente por la crisis económica. Ese descontento es válido por el escándalo de la corrupción, incluso es válido dirigir ese descontento contra el Partido de los Trabajadores. Pero, mientras tanto, también se está viendo al poder judicial –que hasta ahora ha sido bastante moderado con respecto a su necesidad de ser apolítico– implicarse en este asunto de manera parcial. Entonces, se ha unido con los plutócratas de Brasil para lograr un resultado que en realidad es una subversión a la democracia. Son sectores que están aprovechando el escándalo para eyectar a la presidenta Rousseff del poder a través de un juicio político, a pesar de que no hay motivos legales o válidos para el enjuiciamiento como un medio para apartarla de su cargo.

“Por primera vez en Brasil, las élites políticas y económicas están teniendo que rendir cuentas por la severa corrupción política y económica.”

AM: Según usted, la agitación política en Brasil comparte ciertas similitudes con el caos político que Donald Trump encauza en Estados Unidos. ¿Podría explicar eso?

G.G.: Lo que quise decir es que en Estados Unidos hay agitación política, en el sentido de que el orden político se ha volteado en gran medida. Las personas que han estado en el control del Partido Republicano, los cuales son en gran parte los intereses financieros, han perdido por completo el dominio de su aparato político. Entregaron enormes cantidades de dinero, en primer lugar, a Jeb Bush y luego a Marco Rubio. Y, por lo general, esas facciones se salen con la suya pero en este caso particular no ha sido así. Entonces tenemos a este político independiente que ha rechazado todo tipo de ortodoxia política, rompiendo todas las reglas de la política, y lo ha hecho de una forma que ha desatado todo tipo de inestabilidad y sentimientos muy peligrosos y tenebrosos en Estados Unidos. Ahora bien, en Brasil, la inestabilidad es mucho mayor porque involucra a todas las instituciones políticas y económicas.

AM: A todo esto, ¿qué papel juega Estados Unidos en América Latina?

G.G.: Uno no puede entender la política de América Latina, en general, y la inestabilidad actual y las dificultades que casi todos los países de América del Sur aún sufren, sin hablar del papel central que Estados Unidos ha desempeñado de forma continua durante décadas al tratar de controlar esa parte del hemisferio. En Brasil, como en muchos países, en la década de 1960 tenían un gobierno elegido democráticamente, pero a Estados Unidos no le gustaba porque era un gobierno de izquierda, aunque no era comunista. No obstante, se dedicó a distribuir la riqueza para el bienestar social y se opuso a los intereses capitalistas de Estados Unidos y a sus intentos de interferir allí. Los militares brasileños, en 1964, organizaron un golpe que derrocó a ese gobierno elegido democráticamente, y procedió a imponer una brutal dictadura militar que sirvió a los intereses de Estados Unidos, que fue aliada de nuestro país durante veintiún años. Por supuesto, en aquel momento, funcionarios del gobierno estadounidense negaron con vehemencia ante el Congreso y la opinión pública haber jugado ningún papel en ese golpe. Y como ha ocurrido tantas veces en el pasado, años más tarde surgieron documentos que mostraron que no sólo Estados Unidos apoyó ese golpe, sino que jugó un papel directo planificándolo para luego apoyar la dictadura durante veintiún años. Esa dictadura utilizó técnicas de tortura extremas con los disidentes de esa nación, con los ciudadanos brasileños que trataban de socavar aquella dictadura militar de derecha, y entre ellos se encontraba la ahora suspendida presidenta Rousseff, quien en la década de 1970 fue guerrillera y luchó en contra de la dictadura militar. Ella fue detenida y encarcelada sin juicio, y después fue torturada brutalmente. Los documentos han puesto de manifiesto que eran Estados Unidos y Reino Unido quienes entrenaban a los líderes militares en los mejores métodos de tortura.

AM: ¿Lo que está sucediendo actualmente es similar?

G.G.: Lo que tenemos ahora no es una repetición del golpe de 1964. Sería irresponsable decir que es idéntico a lo que ocurrió, porque el juicio político contra Rousseff se está llevando a cabo según la Constitución, que sí contempla la destitución. Hay un poder judicial independiente que está involucrado en el procedimiento. Pero, al mismo tiempo, si vemos lo que sucedió en 1964 con ese golpe, los medios de comunicación más importantes de Brasil, que también odiaban al gobierno de izquierda porque era contrario a sus intereses oligárquicos, justificaron y apoyaron ese golpe. Ellos lo presentaron como algo necesario para arrancar de raíz la corrupción en ese gobierno de izquierda.

AM: ¿Qué nos puede decir de Petrobras, la compañía petrolera estatal, que está en el centro de los casos de corrupción recientes?

G.G.: En cuanto a Petrobras, se ha vuelto crucial para el crecimiento económico del país. Es que a medida que los precios del petróleo aumentaron, Brasil encontró enormes cantidades de reserva de petróleo, por lo que se pensó que la compañía sería el motor del futuro crecimiento económico de la nación. Y comenzó a ser ahogada, en esencia, con las ganancias. Por otro lado, el escándalo de corrupción tuvo a Petrobras en el centro porque se trata en gran medida de los sobornos que realizó la compañía a varias empresas privadas de construcción que iban a ser contratadas para levantar varias plataformas y otras infraestructuras para la exploración de petróleo. La modalidad que se utilizó fue pagar mucho más de lo que los contratos estipulaban, por ende, los dueños de la empresas constructoras recibían los sobornos y también los políticos que controlaban Petrobras. Y eso fue en realidad lo que provocó el escándalo de corrupción: el descubrimiento de un número enorme, estamos hablando de millones y millones de dólares, en comisiones ilegales y sobornos a los políticos en prácticamente todas las instituciones de Brasil que controlaban Petrobras. Nadie se ha librado de eso. Y cuanto más se ha investigado, más personas han terminado involucradas y más corrupción se ha destapado.

Traducción: Carlos Valdiviezo.


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