HARRIET TUBMAN: LA MOISES DE LOS ESCLAVOS

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Durante más de treinta años, el gobierno estadounidense le negó su derecho a recibir una pensión, sin tener en cuenta su rol histórico durante la Guerra Civil ni su legado inigualable. Como líder abolicionista, Harriet Tubman liberó a muchas personas de la esclavitud. Hoy, el debate sobre la importancia de su figura en la historia de Estados Unidos resurge tras haber sido elegida como la nueva imagen del billete de 20 dólares. Un gesto que sus defensores leen como insuficiente y sus detractores como innecesario.

Texto: Silvina Miguel / Fotos: Gentileza National Portrait Gallery

Tubman nació en una plantación de esclavos en el estado de Maryland. A los 27 años logró escapar a Pensilvania.

Tubman nació en una plantación de esclavos en el estado de Maryland. A los 27 años logró escapar a Pensilvania.

Araminta “Minty” Ross nació esclava, por eso nunca supo la fecha exacta de su nacimiento. No hay registros. Algunas fuentes sugieren el año 1822. Sí se sabe con certeza que murió de neumonía el 10 de marzo de 1913. Se sabe porque para ese entonces Minty era una mujer libre, y lo era porque el 17 de septiembre de 1849 se había escapado de la plantación Poplar Neck, guiándose por la Estrella del Norte y con la ayuda de la Underground Railroad, una red de abolicionistas que brindaba protección a los esclavos fugitivos. También se sabe que Araminta había nacido en el condado de Dorchester, en el estado de Maryland, y que por aquel entonces, para ser libres, los esclavos tenían que cruzar la línea Mason-Dixon que separaba a Pensilvania de Maryland y Delaware, que además de establecer el límite entre los estados del Norte y los del Sur, simbolizaba la frontera entre la esclavitud y la libertad, luego de que Pensilvania la aboliera en 1780.

No se sabe, por razones obvias, cuál fue la ruta que tomó Minty hacia su emancipación, pero sí hay testimonio de sus propias palabras describiendo lo que sintió al cruzarla: “Me miré la manos para saber si seguía siendo la misma persona. Los rayos del sol se filtraban como oro por entre los árboles y sobre el campo, cubriéndolo todo de gloria. Sentí que estaba en el paraíso”. Fue planeando su ansiada nueva vida en libertad que Araminta Ross se convirtió en Harriet Tubman. Harriet, en honor a su madre, Harriet “Rit” Green, y Tubman, utilizando el apellido de su esposo John Tubman.

La pérdida de la identidad, en el contexto de la historia de Araminta, fue un punto de quiebre más en la ya horrorosa vida de una mujer que había sido forzada a trabajar a los cinco años, abandonando el seno familiar para cuidar los bebes de sus amos. Su trabajo consistía en ocuparse de las tareas de la casa y de asegurarse de que los bebés no lloraran, porque cuando lo hacían la castigaban a latigazos en el cuello, dejándole heridas que jamás cicatrizaron.

Fue planeando su ansiada nueva vida en libertad que Araminta Ross se convirtió en Harriet Tubman.

Cambiar su identidad fue uno de los tantos tormentos que sufrió Araminta, cuyo segundo trabajo, con tan solo siete años, fue el de juntar las ratas que quedaban atrapadas en las trampas. Esa tarea que la obligaba a permanecer mojada a diario de la cintura para abajo y que debilitaba sus defensas, provocó que contrajese sarampión. En este contexto, la pérdida de la identidad aparece como un trámite casi burocrático considerando que Araminta podría haber muerto varias veces a lo largo de su vida, como cuando a los 12 años, tratando de ayudar a escapar a un esclavo fugitivo, su cabeza interceptó una masa que el amo había revoleado para detenerlo y que terminó abriéndole la cabeza, causándole alucinaciones y dolores que la acompañarían durante toda la vida.

Ni siquiera la libertad traería calma a su existencia.

Ni siquiera la libertad traería calma a su existencia, ya que a pesar de haber salvado a muchos esclavos, en sus travesías de vida o muerte a través de la Underground Railroad y conduciendo en 1863 al Segundo Batallón de Carolina del Sur, cuando le llegó el tiempo de cobrar su pensión, el gobierno se la negó por treinta años. Y no fue sino hasta la muerte de Nelson Davis, su segundo marido, que pudo contar con un ingreso estable percibiendo el retiro del difunto.

La cara en el billete

Líder abolicionista. Tubman impulsó una red de rutas de escape clandestinas desde el sur a los estados libres del norte.

Líder abolicionista. Tubman impulsó una red de rutas de escape clandestinas desde el sur a los estados libres del norte.

Durante el mes de abril pasado, el secretario del Tesoro Jacob Lew anunció que la imagen de Harriet Tubman reemplazaría al frente del billete de 20 dólares a la del ex presidente Andrew Jackson, y que la del séptimo mandatario –reconocido esclavista– pasaría a ilustrar el dorso de ese mismo billete. “Dado el rol vital que las mujeres han ejercido en la construcción de nuestra nación, es simplemente justo que nuestra moneda refleje dicha contribución”, fueron sus textuales palabras. “La noticia”, comentaba el periodista de la revista Time Denver Nicks, “llega en medio del debate sobre la renovación de las caras de la moneda estadounidense con la intención de que reflejen la diversidad cultural de nuestro país”.

Más de quinientas mil personas votaron para que Harriet Tubman apareciera en el billete. Sin embargo, aunque respaldada por la demanda popular, la decisión no hizo más que atizar la discusión. Por un lado, el congresista republicano Steve King trató de frenar la medida, sin dar demasiadas explicaciones, mientras que el candidato presidencial por el mismo partido Donald Trump, así como su otrora oponente Ben Carson, sugirieron que Tubman se vería mejor en el billete de 2 dólares. A lo que Trump agregó: “Proponerla es puramente corrección política”.

Por otro lado, la columnista afroamericana del periódico The Guardian Ijeoma Oluo argumentaba: “Sí, me regocija saber que los blancos tienen que ver el orgulloso y desafiante rostro de Harriet Tubman cada vez que abren su billetera. Pero la imagen de Tubman en nuestra moneda como una suerte de acción correctiva de cientos de años de opresión y subyugación o como símbolo de lo lejos que hemos llegado aboliendo el racismo, es más que nada símbolo de nuestra fundamental confusión sobre la raza”.

Pero no terminó ahí el alegato de Oluo: “La esclavitud en Estados Unidos fue, básicamente, un sistema económico. La esclavitud tuvo que ver con obtener mano de obra gratis con el objetivo de crecer rápidamente y sostener con bajos costos la riqueza de los blancos. El racismo nació, no del odio y de la intolerancia, sino como justificación moral a los medios inmorales de producción sobre los que se apoyaba la prosperidad de nuestra nación”.

Liderando la liberación

Celebración. La imagen de Tubman sustituyó a la del ex presidente esclavista Andrew Jackson en los billetes de 20 dólares.

Celebración. La imagen de Tubman sustituyó a la del ex presidente esclavista Andrew Jackson en los billetes de 20 dólares.

El 17 de septiembre de 1849, Minty reunió a sus dos hermanos varones y los convenció de que era el momento de escapar. Ella se había enterado de que sus amos estaban a punto de venderlos y separarlos. Salieron juntos de la plantación Poplar Neck, pero Harry y Ben se arrepintieron y regresaron. Araminta se aseguró de que quedaran a salvo y siguió su camino tal y como lo había planeado. Viajaba de noche para no ser interceptada por los cazadores de recompensas.

La primera persona que le ofreció ayuda en su travesía fue una mujer cuáquera que resultó ser miembro de la red Underground Railroad, gracias a la cual Harriet pudo llegar a Filadelfia. “Había cruzado la línea. Era libre, pero no había nadie del otro lado para recibirme. Era una extraña en una tierra extraña y mi hogar estaba en Maryland, porque mi padre, mi madre, mis hermanos y hermanas como mis amigos, estaban allí. Yo era libre y ellos debían serlo.” La cita aparece en la biografía oficial publicada en el sitio harriet-tubman.org y explica los diecinueve viajes que Harriet realizaría de regreso a su hogar, arriesgando su vida, para brindarle la posibilidad de un nuevo comienzo a sus seres queridos. Por eso el abolicionista William Lloyd Garrison la apodó “Moisés”, en clara alusión a la idea de liderar a los suyos hacia la tierra prometida: la libertad.

El primer viaje de regreso de Harriet fue para rescatar a su sobrina Kessiah y a sus hijos James y Araminta. La restitución fue exitosa y Harriet se hizo cargo de abonar los estudios de su sobrino James. Años más tarde, James se convertía en maestro de escuela. Las cosas se complicaron (aun más) para Tubman tras la entrada en vigencia del Acta de Esclavos Fugitivos de 1850.

El riesgo era cada vez mayor, ya que a partir de ese momento los esclavos debían llegar hasta Canadá para ser libres. Las estrategias de escape eran claves. Los miembros de la red utilizaban un lenguaje en código para comunicarse, como por ejemplo, canciones. Como la mayoría de los esclavos no sabía leer ni escribir, se les asignaban significados a las diferentes canciones religiosas que habitualmente entonaban. Otra táctica era la de escapar los sábados, ya que los domingos era día de descanso, y entonces nadie notaba la ausencia hasta el lunes a la mañana, dándole así al fugitivo un tiempo de ventaja significativo.

Viajar armados era necesario. Tanto como el apoyo económico que aportaban los amigos y admiradores de Harriet y de su causa, como la abolicionista y defensora de los derechos de las mujeres Lucretia Mott y los reformistas Frederick Douglass y Martha Coffin Wright, quienes además constituirían la propia red de Tubman, la Northern Underground Railway. El desafío mayor para Harriet fue el de liberar a sus padres. Ben Ross, su progenitor, siempre había sido un hombre libre, pero como los hijos al nacer heredaban la situación de la madre –Harriet Ross no era libre–, en consecuencia, tampoco lo eran Araminta y sus hermanos.

Y si bien se suponía que al cumplir los 45 años, los esclavos debían ser puestos en libertad, la realidad era que los amos hacían lo que mejor les convenía. Ben terminó comprando a su mujer Rit por 20 dólares, la misma cantidad del billete que hoy ilustra su hija. Ben y su esposa eran ya mayores, así que escaparon en carreta rumbo a Canadá y, una vez allí, se cambiaron el apellido por Stewart. Era el año 1857. Más tarde, los Stewart y su hija se asentarían en Auburn, Nueva York, en un terreno de siete acres que Harriet le había comprado a un amigo.

El último viaje que organizó Tubman fue a su pueblo natal, Dorchester, para liberar a una de sus hermanas, Rachel, y a sus dos hijos, en diciembre de 1860. Sin embargo, la desgracia le ganó de mano y cuando Harriet llegó a Dorchester su hermana había fallecido y sus hijos ya no estaban. Harriet apaciguó el dolor de la pérdida fatal rescatando a otra familia y cumpliendo, de una u otra manera, con su cometido inicial.

Negocios de familia

En 1844, Araminta contrajo matrimonio con un hombre libre, John Tubman, también oriundo de Dorchester. Como él no era esclavo y ella sí, el matrimonio resultó ser una unión informal de la que poco se sabe, salvo que en 1867 John falleció víctima de una confrontación con un hombre blanco llamado Robert Vincent que jamás fue acusado por el delito. Dos años más tarde, la viuda de Tubman conoció a Nelson Davis, un fabricante de ladrillos que había sido esclavo en Carolina del Norte y había combatido en la Guerra Civil.

Harriet y Nelson se casaron el 18 de marzo del mismo año en que se conocieron. Al poco tiempo adoptaron a Gertie. En 1888, Nelson moría de tuberculosis, dejándole como herencia a Harriet el primer salario estable de su vida: su pensión por fallecimiento de ocho dólares mensuales. Como su propio retiro le era negado, las únicas fuentes de ingreso de Harriet llegaron, literalmente, de la mano de su amiga, la escritora Sarah Bradford, autora de su primera biografía. Gracias a la venta de ese libro, Tubman pudo ponerse al día con sus deudas y sostener económicamente a sus ancianos padres. Scenes in the life of Harriet Tubman fue publicado en 1869 y recaudó 1200 dólares. El éxito de esas primeras memorias generó una segunda llamada Harriet, The Moses of Her People, lanzada en 1886.

Heroína nacional

Algunos creen que unir la imagen de Tubman a la del capitalismo que representa el billete de 20 dólares es inapropiado.

Algunos creen que unir la imagen de Tubman a la del capitalismo que representa el billete de 20 dólares es inapropiado.

El enfrentamiento de los estados del Norte con los del Sur se profundizó con la firma del Compromiso de 1850 –un paquete de leyes redactadas, paradójicamente, con el fin de distender la tensión– y el Acta Kansas-Nebraska de 1854, que brindaba a ambos estados la libertad de asumir una posición propia respecto de la esclavitud dentro de los límites de sus territorios. En 1860, tras la elección de Abraham Lincoln como presidente, los estados sureños se unieron con Carolina del Sur y formaron la Confederación.

Pronto estallaría el horror de la guerra, y con ella la oportunidad para los afroamericanos de demostrar lealtad y compromiso con su país, en pos de la obtención de su ciudadanía. El escritor Frederick Douglas, el obispo y escritor Jermain Loguen y el escritor e historiador William Wells Brown, líderes reformistas afroamericanos, apoyaron la idea del alistamiento en la Union Army.

En 1861, Tubman fue reclutada como voluntaria en la tropa del general Benjamin Buttler, abogado, político, soldado y hombre de negocios. En la legión con asentamiento en Fort Monroe, Virginia, Harriet era la única afroamericana. Su rol no era oficial y consistía en asistir a los fugitivos que se sumaban a la lucha junto con sus familias y que aportaban su mano de obra en la construcción de caminos y canales a cambio de comida. A las mujeres se les asignaban tareas domésticas. Tubman fue enfermera, cocinera y lavandera.

En 1862, fue trasladada a Carolina del Sur para unirse al equipo del Dr. Henry K. Durand, director del hospital de esclavos liberados de Port Royal. Allí, Harriet aportó su conocimiento de medicina tradicional para salvar la vida de soldados en peligro de muerte, víctimas de la fiebre tifoidea, cólera, malaria, fiebre amarilla, varicela y disentería. Su poder sanador la convirtió en leyenda.

Otra táctica era la de escapar los sábados, ya que los domingos era día de descanso.

La Proclamación de Emancipación de 1863 legitimó el reclutamiento de soldados afroamericanos. Para esa época, Tubman fue asignada a un grupo de exploradores (espías) encargados de crear rutas de escape para los esclavos que aún vivían en cautiverio. Fue liderando el Segundo Batallón de Carolina del Sur en el río Combahee, que el 2 de junio de ese mismo año Harriet liberó a varios esclavos. Esta misión, que al principio había pasado desapercibida, así como su inigualable labor de rescate junto a la Northern Underground Railway, terminarían haciéndola célebre gracias a un artículo que el periodista Franklin B. Sanborn escribió para el Commonwealth, un periódico abolicionista de Boston.

Algo que aclarar. Las cifras exageradas sobre el número de personas esclavizadas que Tubman liberó también han provocado discusiones. Citando las propias palabras de Tubman, su biógrafa Kate Larson –en 2003, publicó Bound for the Promised Land– estima que Harriet liberó a unas setenta personas en trece viajes que realizó desde Maryland hacia la libertad y no trescientas o mil, como se ha escrito. Tubman también aconsejó a otras setenta más sobre cómo usar la red de apoyo.

Una vida de servicio

Cuando la Guerra Civil llegó a su fin, Tubman se instaló definitivamente en su casa de Auburn, Nueva York, junto a sus padres, sus hermanos y sus familias. Las puertas de su hogar en la calle South Street permanecían abiertas de par en par para todo aquel que necesitara ayuda, abrigo y protección camino de su emancipación. Privada de la pensión que se había ganado arriesgando su vida una y otra vez, Harriet puso manos a la obra y en su jardín armó una huerta que alimentaba tanto a su familia como a los fugitivos, en la que además criaba chanchos.

El abolicionista William Lloyd Garrison la apodó “Moisés”, en clara alusión a la idea de liderar a los suyos hacia la tierra prometida: la libertad.

Siempre contó con la ayuda de sus admiradores y de sus amigos. En 1896, con un préstamo del banco local y una donación de la iglesia Mother African Methodist Episcopal Zion pudo comprar en una subasta un terreno de 25 acres que, en 1903, donaría a la iglesia, con la condición de que lo convirtieran en un hogar de ancianos. En 1908 su sueño se volvió realidad. Allí, pasaría el resto de sus días.


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