IRLANDA POR DOS: SAN PATRICIO SONRIE

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Este mes marcará un hito en la historia irlandesa: en el Ulster, el norte de la isla que todavía depende de Gran Bretaña, protestantes y católicos formarán un gobierno de coalición después de 50 años de guerra fratricida. Y para muchos de ellos, el Eire, la independiente República de Irlanda del Sur, es un seductor modelo a seguir: sorpresivo boom en los años ’90, se cuenta entre los países más dinámicos de Europa.

Texto: Carlos Genovino Fotos: AFP / AP

BRITAIN NIRELAND IRA WEAPONS

Heridas. Las calles de Belfast muestran las marcas de los antiguos conflictos políticos.

En los pubs de Dublín o de Belfast, siempre hay algún cantor que, a partir de la cuarta o quinta cerveza, entona alguna balada melancólica que recuerda las hambrunas y la miseria del siglo XIX. La peor fue provocada entre 1846 y 1848 por una epidemia que destruyó las cosechas de patatas, alimento de base –y a veces único– de las familias que vivían en el campo. Esa tremenda tragedia, que aún está fresca en las memorias como si hubiera ocurrido ayer, provocó 1.500.000 muertos y obligó a otros dos millones a emigrar, en su mayor parte hacia Estados Unidos. Casi todos los norteamericanos de origen irlandés descienden de ese éxodo provocado por la miseria. El país nunca se recuperó de esa sangría: al comenzar la hambruna había 8,2 millones de habitantes y actualmente la población asciende a 6,2 millones en toda la isla. La historia irlandesa no se diferencia, en ese sentido, de los motivos que provocaron el destierro de españoles e italianos hacia América. Pero, a diferencia de esos dos países que terminaron por convertirse en verdaderas potencias económicas, Irlanda permaneció sumergida en la miseria, la pobreza y las rivalidades –con sangre y encono– hasta hace muy poco tiempo. Un siglo y medio después se encuentra nuevamente en un momento clave de su historia: la República de Irlanda, que ocupa el sur de la isla, es el país más dinámico de Europa, con un ritmo de crecimiento promedio superior al 6% desde hace 15 años, mientras que en el norte, el Ulster –aún sometido a la soberanía británica– se prepara a instaurar un gobierno de coalición que tratará de reconciliar a católicos y protestantes después de casi medio siglo de guerra civil.

Tanto protestantes como católicos terminaron por inclinarse ante la realidad y –con diferencias de matices– ambos aceptan la necesidad de lanzar un plan masivo de inversiones para crear y sostener a las pequeñas y medianas empresas, particularmente en las regiones más desfavorecidas. Ese esquema diluye progresivamente las fronteras.

MAYO HISTORICO

Konstatina Stoyanova, Alex Torres

Google es una de las empresas de telecomunicaciones que apostaron por Irlanda.

Con el tiempo, el 8 de mayo será, sin duda, festejado en toda la isla con el mismo fervor que el día de San Patricio, la fiesta del patrón de los irlandeses. A partir de ese día, Ulster será dirigido por un gobierno de coalición formado por representantes de ambas comunidades, según el equilibrio de fuerzas que arrojaron las elecciones del 8 de marzo: el primer ministro será el pastor protestante Ian Paisley, líder del Partido Unionista Democrático (DUP), mientras que el cargo de viceprimer ministro será ocupado por Martin McGuinness, número dos del Sinn Fein, la rama política del Ejército Republicano Irlandés (IRA), que desde fines de los años ’70 combatió desde la clandestinidad contra la “ocupación británica” y la “opresión protestante”. (El líder del partido y artífice de los acuerdos de paz, Gerry Adams, parece decidido a quedar fuera del gobierno). Ninguna de las dos comunidades está satisfecha con la perspectiva de compartir el poder con sus antiguos enemigos. Las renuncias registradas en ambos campos demuestra que aún hay sectores que no están dispuestos a cohabitar en paz. En las actuales circunstancias, sin embargo, esa coexistencia será un buen ejercicio de tolerancia para aprender a convivir y prepararse para el futuro. “Esta fase de transición permitirá a los actores pasar de las palabras a los hechos y ayudará a clarificar las relaciones entre el norte y el sur de la isla”, estimó el analista político John Horgan. A diferencia de la República de Irlanda, donde la mayoría de la población es católica, en Ulster la división religiosa tiene además componentes socioeconómicos: los protestantes, que representan 60% de los 1,6 millones de habitantes, son partidarios de mantener los vínculos de dependencia con Gran Bretaña y ocupan el segmento más favorecido de la población. Los papistas que forman el 40% restante pertenecen a los sectores más relegados de la sociedad y miran con nostalgia y admiración el sur de la isla. A partir de ahora, protestantes y católicos comparten la misma cama, pero tienen sueños diferentes. Los unionistas de Ian Paisley buscarán estrechar los vínculos seculares con Gran Bretaña. Los católicos del Sein Fein intentarán crear las mejores condiciones para avanzar primero hacia un desprendimiento de la tutela de Londres y luego –algún día– a una reunificación con Eire. Para avanzar hacia la paz, Gran Bretaña se comprometió a entregar unos 65.000 millones de dólares en cuatro años, que serán destinados en gran parte a financiar la construcción de trabajos de infraestructura. La Unión Europea ofreció entregar una “gratificación por el acuerdo” de paz de 1.000 millones a fin de promover el rápido desarrollo del país. Los empresarios, que fueron los primeros en respaldar el proceso de paz, desean ahora que Londres acepte aplicar en Ulster las mismas condiciones que existen en el Eire para facilitar la radicación de empresas.

IRELAND GUINNESS

Costumbres. San Patricio es la mayor celebración de pubs en Dublín y Belfast.

Gran Bretaña espera que ésta sea la última vez que deberá meter la mano en el bolsillo. Desde hace años los contribuyentes británicos financian los subsidios por varios millones de libras que envía todos los años a Irlanda del Norte. Al mismo tiempo, Ulster recibe dinero de los fondos estructurales de la Unión Europea para financiar el desarrollo –en realidad la supervivencia– de las regiones pobres. “Irlanda del Norte depende demasiado de las finanzas públicas”, admite Mike Smyth, profesor en la Universidad de Ulster. Desde el punto de vista político, el panorama de Irlanda del Norte se presenta ahora como una clásica confrontación derecha-izquierda. Los ultra-conservadores del DUP protestante desean utilizar una parte de ese paquete financiero para estimular la iniciativa privada. El Sinn Fein promueve un proyecto social esencialmente orientado hacia las clases más pobres, que prevé desarrollar ciertos servicios públicos como la educación, la salud y la vivienda. A partir de ahora, la economía ocupará un lugar esencial en Ulster. “Necesitamos medidas de ayuda y mecanismos para mejorar nuestra competitividad. Si nuestros partidos no asumen la necesidad de promover el desarrollo, están condenados al fracaso”, advirtió Smyth. Tanto protestantes como católicos terminaron por inclinarse ante la realidad y –con diferencias de matices– ambos aceptan la necesidad de lanzar un plan masivo de inversiones para crear y sostener a las pequeñas y medianas empresas, particularmente en las regiones más desfavorecidas. Ese esquema tiende a diluir progresivamente las fronteras. Al reclamar una “armonización” con el sur, Ulster se orienta a una reunificación de facto con el Eire (nombre oficial en irlandés de la República de Irlanda, al sur de la isla). Contra todas sus expectativas, el reverendo Paisley y sus seguidores protestantes –aferrados al sueño del Ulster eterno y a la soberanía británica– corren el riesgo de quedar superados por la realidad de un acercamiento pragmático entre ambos sectores de la isla. La reunificación que no se pudo conseguir con bombas y sangre, tal vez se logre a través de la economía.

La República de Irlanda es uno de los países que optaron por participar activamente en el desarrollo de las nuevas industrias, como las nuevas tecnologías de información (IT), que emplean al 6% de la población, el sector electrónico y provisión de servicios para empresas extranjeras. Desde principios de los años ’90, varias empresas norteamericanas de multimedia y de las telecomunicaciones –como Amazon, Google, eBay y Yahoo– instalaron su sede europea en Irlanda.

UN MODELO EXITOSO

GERRY ADAMS AT GATES

En 1997, las autoridades británicas detuvieron a Gerry Adams, líder del Sinn Fein, brazo político del IRA, tiempo antes de firmar la paz.

La República de Irlanda, creada en 1921 por Eamon de Valera, pagó un alto tributo por haberse rebelado a la corona británica. Aunque su ingreso a la Unión Europea se produjo en 1973, junto con Gran Bretaña, recién comenzó a salir de la pobreza a principios de los años ’90. A partir de ese momento protagonizó un auténtico boom económico que provoca el asombro de los expertos: en 2006, el tigre celta logró una tasa de crecimiento de 6,1%. Esos resultados parecen casi decepcionantes para un país que en el período 1990-98 llegó a tener un ritmo de 7,3% anual, el más alto de la zona OCDE (Organización de Cooperación y de Desarrollo Económico, que reúne a las 30 principales economías del mundo). En esos 16 años de vertiginosa expansión, el desempleo descendió de 14,4% en 1990 a 4,3% de la mano de obra activa en 2006. En los últimos 10 años duplicó en valor el ingreso nacional. Gracias a esa riqueza acumulada por una población reducida, Eire vive un período de prosperidad sin precedentes: después de haber sido uno de los países más atrasados de Europa Occidental, ahora tiene el ingreso per capita más elevado de la región, detrás de Luxemburgo, con un promedio de 52.752 dólares por habitante. El funcionamiento económico a pleno régimen provocó, desde luego, una estampida de precios. La tasa de inflación –de 5,1% en 2006–, es una de las más elevadas de Europa, pero se mantiene dentro de márgenes controlables. Para pasar de la miseria a la prosperidad, Irlanda debió transformar por completo la estructura de su economía. La agricultura, que prácticamente era la única producción importante, actualmente sólo representa el 3,5% del Producto Interno Bruto. Irlanda exporta 60% de su producción de carne y es el cuarto productor de salmones de Europa. La industria participa ahora en un 27% de la riqueza nacional: gracias a una intensa política de estímulo para atraer capitales, el gobierno obtuvo la radicación de numerosas plantas de fabricación de equipamiento electrónico y telecomunicaciones, productos químicos orgánicos y productos farmacéuticos. Pero el verdadero motor de la economía es el sector terciario, que representa 60% del PIB y concentra 67% de los empleos. Irlanda es uno de los países que optaron por participar activamente en el desarrollo de las nuevas industrias, como las nuevas tecnologías de información (IT), que emplean al 6% de la población, el sector electrónico y provisión de servicios para empresas extranjeras. Desde principios de los años ’90, varias empresas norteamericanas de multimedia y de telecomunicaciones –como Amazon, Google, eBay y Yahoo– instalaron su sede europea en Irlanda. En Dublín también se instalaron las plataformas telefónicas de numerosas compañías europeas y norteamericanas. Además, la ciudad recibió en los últimos tres años unos 300.000 extranjeros que trabajan en el país, en su mayor parte polacos, representan el 10% de la mano de obra total. La calidad de la mano de obra es una de las cualidades que exhibió Irlanda para atraer a las empresas extranjeras. Los principales anzuelos que utilizó para estimular las radicaciones fueron, sin embargo, un régimen impositivo privilegiado para las empresas (12,5% contra 31% en Francia, por ejemplo), flexibilidad del mercado laboral, eficacia de la ayuda gubernamental a las sociedades extranjeras y –desde luego–, un excelente clima social derivado de un acuerdo que pactaron empresas y sindicatos para evitar huelgas. El encarecimiento de la vida y el incremento de sueldos registrados en los últimos cinco años indujo a numerosas compañías extranjeras a deslocalizarse hacia la llamada zona de Países de Europa Central y Oriental, que están aplicando ahora la misma receta que utilizó Irlanda en los ’90. La prosperidad del Eire es también un modelo para los irlandeses del norte de la isla: después de 30 años de una guerra civil entre católicos y protestantes que provocó unos 3.500 muertos, Irlanda del Norte (Ulster) parece haber entrado ahora en la senda de la convivencia pacífica entre las dos comunidades.


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