ISABEL ALLENDE: ENTRE AMORES Y SOMBRAS

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La diplomacia, la política y un corazón antojadizo la llevaron a recorrer el mundo. El golpe militar chileno la empujó al exilio, y el corazón, tras los pasos de algún amor fulminante. Trabajó como periodista, pero no fue hasta un curioso encuentro con Pablo Neruda que decidió ser escritora. Poco antes de morir su abuelo, comenzó a escribirle una carta de despedida que se convertiría en La casa de los espíritus, el primero de sus best-sellers. Su historia familiar y la muerte de su hija Paula fueron difíciles de asimilar, hasta que conoció a su actual esposo, con quien se radicó en Estados Unidos. Ante ALMA MAGAZINE, tras la publicación de su último libro, Inés del alma mía, Isabel Allende confiesa que ha vivido.

Texto: Fernando Amdan / Fotos: AP / AFP / Archivo Latino

EDITORIA: LIBRO "AFRODITA"

Para volver a las letras con Afrodita, tras la muerte de su hija, recurrió a una curiosa fantasía con Antonio Banderas.

De todas las circunstancias, Isabel Allende tal vez haya elegido la más oportuna para convertirse en escritora. Aún se hacía notar la reverberancia del boom de la literatura latinoamericana, a principios de los ’80, cuando se decidió a publicar el primero de sus dieciséis títulos, La casa de los espíritus, un best-seller instantáneo. Hoy, con más de 35 millones de libros vendidos y traducida a unos 27 idiomas, tiene el semblante, la parsimonia de quien finalmente ha ahuyentado algunos fantasmas del pasado. En la apacible Sausalito, California, donde vive junto a su esposo, Isabel Allende se arma de unos minutos para dialogar con ALMA MAGAZINE sobre un presente de gran expectativa, con la reciente publicación de Inés del alma mía, así como de un pasado difícil de digerir. De todas las tragedias, lloró la peor. La de una madre que sobrevive a su hija. Paula murió en 1992, a los 28 años, tras un larguísimo coma y luego de que la escritora obtuviera la ciudadanía estadounidense para que su hija recibiera tratamiento al norte del río Bravo. Sumida en una crisis emocional y de creatividad, estuvo varios años sin escribir. Habían pasado los grandes éxitos, como De amor y de sombra (1984) y Eva Luna (1987), y las heridas recién comenzarían a cicatrizar –sin que la marca, imborrable, se vaya jamás– con la publicación de Paula, un libro escrito en forma de carta dirigida a su hija. Dos episodios marcaron el destino de Isabel como escritora. De muy pequeña –“era solitaria e introvertida”– debió dejar su casa de la infancia con rumbo a Bolivia, siguiendo los quehaceres diplomáticos de la familia, y con ello despedirse del mural de su habitación en el que le habían autorizado pintar a su antojo. Su madre, para compensarla, le regaló un pequeño cuaderno en el que empezó a saborear las letras: “Me dijo: ‘Todo lo que pondrías en el mural debes escribirlo en el cuaderno’. Anduve con esa libretita por años”. Pero fue un ilustre quien terminó de inclinar la balanza para el lado de la literatura. Mientras trabajaba para la revista femenina Paula, en 1973, intentó entrevistar a Pablo Neruda en un viaje a Isla Negra, en Chile. El poeta la recibió amablemente, pero se negó a responder pregunta alguna: “Usted debe ser la peor periodista de este país, hija. Sospecho que miente bastante”, le dijo.

ALMA MAGAZINE: ¿Cómo tomó lo que le dijo Neruda?

ISABEL ALLENDE: Lo tomé bien porque venía de él y lo dijo con cariño y humor. Además lo explicó. Me dijo: “Usted es la peor periodista de este país porque se pone siempre en la mitad de toda la noticia, inventa las cosas cuando no las tiene, pone en boca del entrevistador lo que usted quiere decir… ¿por qué no se dedica mejor a la literatura, donde todos esos vicios son virtudes?”.

AM: ¿Conserva todavía el cuaderno que le regaló su madre?

I.A.: Mi hijo lo tiene escondido, porque si lo veo seguramente lo voy a romper (risas). ¡Es una cosa horrorosa!

AM: ¿Es un desahogo hablar y escribir sobre su familia?

I.A.: Acabo de terminar una memoria que es de los últimos diez años de mi vida y la de mi familia. La pregunta natural es: ¿por qué exponerle al mundo los trapos sucios de una familia? Creo que es la necesidad imperiosa de contar. Lo que no escribo es como si no hubiera existido, y al escribirlo queda ya registrado para siempre en alguna parte. En la escritura voy entendiendo las cosas, las ordeno. Al principio mi hijo me hizo firmar un contrato por el cual no podía contar lo que ha pasado en la familia durante la última década. Me tienen pánico.

“Cuando yo empecé a escribir había un boom de la literatura latinoamericana en el que no figuraba ningún nombre femenino. Y no porque las mujeres no estuvieran escribiendo. Lo han estado haciendo desde sor Juana Inés de la Cruz. Pero son los hombres los que se lucen y las mujeres las que van detrás tratando de tener algún reflejo”.

LA CABALA

El consejo de Neruda se hizo realidad en 1981, cuando Allende publicó La casa de los espíritus y ganó un firme recodo en la constelación de escritores latinoamericanos con renombre. Del debut al bestseller fue sólo cuestión de millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, hasta coronarse en el cine con la película protagonizada por Meryl Streep y Jeremy Irons. Pero ese primer paso no tenía ambición de novela. La casa de los espíritus comenzó como una carta dirigida a su abuelo, cuando estaba a punto de morir. Un 8 de enero se sentó a escribir lo que sería una extensa correspondencia, con designio editorial, y desde entonces cada año, ese mismo día, Allende da inicio a la ceremonia para hilvanar el próximo libro. Así sucedió con Inés del alma mía, el último título de la autora basado en la historia real de Inés Suárez, una costurera española que a mediados del siglo XVI viajó al Nuevo Mundo en busca de aventuras y tras el amor de Pedro de Valdivia, con quien terminaría cofundando Chile.

En la presentacion de su ultimo libro, Isabel Allende

En la presentación de su último libro, Inés del alma mía, que, como los anteriores, comenzó a escribir un 8 enero.

AM: Es casi inevitable comparar la vida de Inés Suárez y su propia historia. Ahora vive en Estados Unidos con su actual marido y años atrás viajó a España, también tras los pasos de un amor…

I.A.: Una persona como Inés no habría viajado al fin del mundo por gloria o por oro, como iban los hombres. Iba por seguir a un hombre al que amaba. Buena o mala, creo que es una motivación muy femenina, y yo lo he hecho varias veces en la vida, de manera que lo puedo comprender. Al elegir la historia no creo que pensé en eso, o tal vez sí lo hice inconscientemente.

AM: ¿Por qué hay pocas escritoras mujeres en América latina que puedan aspirar al best-seller?

I.A.: Es muy reciente que las mujeres tengan acceso a las grandes editoriales. Cuando yo empecé a escribir había un boom de la literatura latinoamericana en el que no figuraba ningún nombre femenino. Y no porque las mujeres no estuvieran escribiendo. Lo han estado haciendo desde sor Juana Inés de la Cruz. Pero son los hombres los que se lucen y las mujeres las que van detrás tratando de tener algún reflejo. Mire usted el reconocimiento de Rivera y la muy reciente consideración a Frida Kahlo. Y era mucho mejor ella que él.

AM: Inés del alma mía habla de personas y lugares reales, algo lejos del realismo mágico. ¿Cómo se sitúa frente al género y referentes como Juan Rulfo y Gabriel García Márquez?

I.A.: He usado elementos del realismo mágico en tres o cuatro de mis libros y he escrito dieciséis, sin contar la trilogía para jóvenes que escribí recientemente. A mí me cuesta mucho escribir fantasía, no soy capaz de ello. La diferencia entre fantasía y realismo mágico es que la fantasía no tiene ningún asidero en la realidad, es una varita mágica, un manto de la invisibilidad.

AM: Comenzó a escribir Afrodita luego de fantasear con Antonio Banderas untado en guacamole… ¿Eso es realismo mágico también?

I.A.: ¡Eso no es realismo mágico! ¡Es una mente pervertida! (Risas).

AM: ¿Se convirtió en una cábala empezar un libro cada 8 de enero?

I.A.: Es cábala, pero también disciplina. A la escritura hay que sumarle las giras de promoción, la tarea política, entrevistas. Lo que hago es separar el año por la mitad. Los primeros meses son los de escritura, y sólo me dedico a la familia. No viajo, no salgo ni al cine.

“Curiosamente ha habido en este tiempo una campaña muy xenofóbica. Los estadounidenses se ven amenazados, pero por otra parte necesitan a los inmigrantes. En general les encanta la idea de la inmigración porque todos llegaron de alguna parte. Tener un país abierto que recibe a todos es una idea poética que tienen, pero detestan a los inmigrantes”.

AM: Casi no le quedan vacaciones…

I.A.: (Risas) Nada de nada. Se va aproximando el 8 de enero y me baja una impaciencia, una angustia, porque no tengo claro qué voy a hacer. ¡Imagínese lo que es tratar de dormir el 7 de enero!

AM: Y si nada sale ese día, ¿hay que esperar al año siguiente?

I.A.: Nunca pasó. Me siento, empiezo a escribir lo que sea, y así dejo abierta la puerta para que el libro esté ya empezado. Hay algunos que nunca se terminan. Después de que murió mi hija pasé casi cuatro años en blanco. Me sentaba todos los días a escribir y todo iba a parar a la basura. Ahí fue cuando me salvó el sueño con Antonio Banderas.

EL DIA D

Un desatino común es pensar a Isabel Allende como la hija de Salvador Allende, el ex presidente chileno derrocado por el golpe militar comandado por Augusto Pinochet, el 11 de septiembre de 1973. Pero Isabel, la escritora, ni siquiera nació en Chile, sino en Lima, Perú, el 2 de agosto de 1942. Para su vida adulta había elegido Chile como hogar hasta que el golpe, 31 años después, la empujó al exilio y desde entonces la política y el amor la han dotado de domicilios varios en distintos países de América latina y Europa, para finalmente anclar en Sausalito. La otra Isabel, su prima, hija de Salvador Allende, tiene una intensa militancia en partidos de izquierda chilenos. “El FBI debe tener un archivo enorme sobre mí, con todo lo que hace mi prima”, bromea la escritora.

AM: ¿Se ha involucrado en política desde que vive en Estados Unidos?

I.A.: Mucho. Todavía está en pañales la representación política de los latinos. Somos muchos y sin embargo el peso político es poco. Pero ya es suficiente como para que los políticos se preocupen de ganar ese voto. Curiosamente ha habido en este tiempo una campaña muy xenofóbica. Los estadounidenses se ven amenazados, pero por otra parte necesitan a los inmigrantes. En general les encanta la idea de la inmigración porque todos llegaron de alguna parte. Tener un país abierto que recibe a todos es una idea poética que tienen, pero detestan a los inmigrantes.

AM: Las elecciones legislativas, con el triunfo demócrata, dejaron bien posicionada a Hillary Clinton de cara a las presidenciales.

I.A.: Hillary Clinton no atrae a los independientes. Divide, en todo caso. Deberán tener mucho cuidado respecto de quién será el candidato demócrata para presidente. Se trata de atraer todo el voto independiente. Cada vez hay más gente que no se siente ni demócrata ni republicana. Yo misma me siento en esa posición. Estoy inscripta como demócrata, pero estoy a punto de romper mi papelito.

AM: No debe ser fácil para usted vivir en Estados Unidos, donde el 11 de septiembre está asociado a las torres y no al golpe chileno.

I.A.: Cuando vine a Estados Unidos me propuse traer a la audiencia el máximo de información posible sobre lo que es Estados Unidos, su impacto en otros países y lo que pasó en Chile. He tratado de hacer un puente. Estados Unidos es un imperio y ha extendido sus tentáculos por todo el mundo con una política exterior que ya no puede ser más abusiva. Hay una oleada fascista que detener.

AM: ¿Qué hubiese sucedido con Chile de no mediar la intervención de Estados Unidos a favor del golpe militar?

I.A.: Salvador Allende hubiese terminado a duras penas su gobierno, porque Chile estaba en una profunda crisis económica y estaba el bloqueo de Estados Unidos. Y la Unión Soviética no ayudó para nada. Habría habido posiblemente elecciones y en las que se habría elegido un gobierno conservador.

Un barco a la deriva

Esposo de Isabel Allende, William Gordon

En Sausalito, California, Allende rearmó su familia junto a su esposo, William Gordon, abogado y escritor debutante.

En otoño de 1987, durante una gira por California, Isabel conoció a William Gordon, un versátil abogado y ex oficial del ejército estadounidense con un enérgico apetito por la literatura. “Willie había leído mi segunda novela, yo acababa de divorciarme después de veinticinco años de matrimonio y me sentía libre por primera vez en mi vida. Lo mío fue un enamoramiento fulminante, él fue más cauteloso”, recuerda. Poco tiempo atrás, alejado de los tribunales, Gordon intentó probar sus primeras armas con las letras y escribió una primera novela, Defectuoso, que jamás llegó a publicarse. Pero a Isabel no le gustó y le recomendó escribir una historia de detectives. Así nació Duelo en Chinatown, el policial que Gordon presentó este año. AM: ¿Cómo es la convivencia de una best-seller con un marido que está haciendo sus primeros pasos en la literatura? I.A.: Nos ha pasado de todo. Hemos perdido hijos los dos, hemos pasado por bancarrotas, por éxitos, por fracasos, por separaciones. Pero nos queremos mucho, somos íntimos amigos, y hemos logrado reunir en torno de nosotros una pequeña familia compuesta de estadounidenses y chilenos, en la que se habla siempre spanglish. En este momento no está, se fue a Los Angeles, y esta casa parece un barco a la deriva (risas). AM: ¿Por qué? I.A.: No sé ni prender la calefacción. Cuando no está, solamente como manzanas y té, porque él es el cocinero. La perra anda con las orejas caídas.

AM: ¿Y usted dónde estaría?

I.A.: Pienso que seguiría viviendo en Chile y que sería periodista. No sería escritora, no tenía esa ambición. Quería ser buena periodista, ser reconocida por el feminismo y por el humor.

AM: ¿Para usted Salvador Allende fue un personaje histórico antes que un tío?

I.A.: Cuando murió y me fui de Chile yo me di cuenta de que tenía una importancia histórica que no podía borrar, que ya no podía seguir pensando en él como mi tío. Fueron brutales las circunstancias: era el presidente chileno y en 24 horas estaba muerto a manos de los militares.

AM: ¿Cómo fue el último encuentro con él?

I.A.: En un almuerzo en su casa, nueve días antes del golpe. Fidel Castro le había enviado sorbetes de coco, como acostumbraba. A Allende le encantaban y no los compartía con nadie, se los comía él solito. Ese día nos reíamos porque él se comía su coco y todo el mundo quería robarle una cucharada. De repente, la charla viró hacia las campañas mediáticas que pedían su renuncia a la Presidencia y muy solemne dijo: “No dejaré el gobierno si no es cuando termine mi mandato o muerto”. Era el más consciente de lo que estaba pasando.


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