ISLANDIA: LA ISLA DE HIELO Y FUEGO

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Glaciares, géiseres, volcanes, coladas de lava, acantilados y rimbombantes cascadas constituyen la naturaleza más salvaje en espacios inmensos llenos de luz y energía. Eso les espera a los que eligen Islandia como destino, un país en el que la gente es abierta y extremadamente amable, y donde podrán entretenerse por las mismas razones que los vikingos la descubrieron y disfrutaron desde el siglo IX: pasión por la libertad.

Texto: Jorge Saldaña / Fotos: Gentileza Embajada de Islandia

Es una isla en la cual el hielo y el fuego se funden entre sus volcanes en erupción, maravillosos glaciares, géiseres en ebullición, potentes cascadas, fuentes termales con propiedades medicinales, coloridos pueblos pesqueros y la naturalidad de su gente siempre hospitalaria. Eso es Islandia y más. Un lugar que durante el verano no se pone el sol, mientras que en el invierno el cielo está atestado de auroras boreales.
El recorrido del país está dividido a partir de las cuatro regiones que lo componen: en el norte hallamos los fiordos occidentales, la ciudad Akureyri, la zona del lago Mývatn –con los campos de lava– y las cascadas Dettifoss, Hafragilsfoss y Réttarfoss; en el sur sobresale la variedad de monumentos naturales. Por su parte, la región oeste brinda grandes puntos de interés: la península de Snæfellsnes, la Blue Lagoon, el Círculo Dorado con la cascada Gullfoss, el célebre géiser Geysir y el parque nacional Þingvellir –aunque éste está más al centro de la isla–, y la capital más nórdica del mundo, Reykjavík; y, para finalizar, en el este se pueden admirar los profundos fiordos y la naturaleza casi virgen; una zona ideal para apreciar la topografía de un lugar que ha permanecido prácticamente igual desde sus orígenes hace alrededor de 16 millones de años.

Akureyri. Es una pequeña y coqueta villa situada en el extremo de un fiordo que penetra el territorio, y al pie de picos eternamente nevados. Durante los días soleados de verano, la luz estival llena los balcones y paseos de flores multicolores. Las casas de madera de finales del siglo XIX le otorgan a sus calles siempre animadas un aspecto tradicional. Es, además, la sede de uno de los torneos de golf más curiosos que existen, el Open Artico: el certamen de finales de junio que se desarrolla bajo el sol de medianoche.

Islandia 2Goðafoss. Una sorprendente cascada de 12 metros de alto y 30 de ancho. También denominada la “cascada de los dioses”, donde la violencia del agua ha cincelado llamativas formaciones basálticas, hasta configurar un escenario natural con magnífica panorámica.

Húsavík. Es una pequeña localidad en el norte del país a las orillas de la bahía de Skjálfandi. La población vive principalmente del turismo y de la pesca así como del comercio y la industria a pequeña escala. Húsavík fue el primer lugar del país en ofrecer cruceros para el avistamiento de ballenas y muchos turistas viajan con el propósito de realizar dichas actividades.

Mývatn. Entre las visitas ineludibles que se pueden realizar desde Akureyri, la más atrayente es la que lleva hasta el lago Mývatn, ubicado en una de las zonas volcánicas más activas del planeta. La cuenca de este lago marca la frontera geológica entre Europa y América del Norte, y deja sentir su actividad subterránea en forma de brotes geotérmicos hirvientes y depósitos minerales que otorgan al paisaje una variada tonalidad cromática. Con 37 kilómetros cuadrados de superficie y sólo entre uno y cuatro metros de profundidad, el lago y su entorno componen una gran reserva natural poblada por un gran número de especies.

Dettifoss. Al llegar a Dettifoss, el río Jökulsá se precipita por un vertiginoso desnivel y traza una de las cascadas más caudalosas de Europa, con un desnivel de 40 metros entre 200 y 1.500 metros cúbicos de agua por segundo. El color plomizo del agua contrasta con la desnuda orografía de este paraje, modelada por la superposición de varias capas de lava y cubierta de hierba, musgo y líquenes.

Jökulsárlón. Es el mayor y más popular lago glaciar de Islandia. Ubicado en el extremo sur del glaciar Vatnajökull, entre el parque nacional Skaftafell y la ciudad de Höfn, posee una profundidad máxima de aproximadamente 200 metros. Desde su orilla es habitual poder avistar focas y aves marinas, especialmente charranes árticos y skuas, grandes gaviotas que anidan en el suelo en los alrededores del lago.

Skaftafell. El paisaje de este parque nacional está marcado por los innumerables cursos de agua provenientes de los hielos eternos. Incluye varios brazos helados originados en el glaciar, por donde se realizan todo tipo de excursiones y actividades al aire libre, aunque su mayor atractivo es la catarata de Svartifoss. A pesar de que gran parte de la superficie de este parque nacional lo forjan cuatro glaciares, existen en su territorio más de 200 especies vegetales y una fauna rica en aves.

Vík. Una acogedora villa con grandes formaciones petrificadas frente a sus playas de arenas negras y una bella iglesia estacionada en lo más alto del valle para evitar ser arrasada por erupciones volcánicas. En los alrededores habita una gran población de golondrinas del Artico. Vale la pena llegar hasta el faro de Dyrhólaey, situado en la cima de un promontorio donde llama la atención el gran arco de 120 metros de altura.

Hekla. Este amenazante volcán deja ver las hendiduras por las que hasta hace poco corría lava hirviente. Se trata de una de las zonas volcánicas más activas del país, cuya última erupción se produjo en 1991. Los islandeses lo llaman la “puerta del infierno”.

El Círculo Dorado. Así se bautizó a la ruta turística que abarca Þingvellir, Gullfoss y el valle de Haukadalur, además de otros muchos lugares. La cascada de Gullfoss está asentada en el cañón del río Hvítá y es uno de los sitios que más turistas atrae. Por un efecto óptico, parece que al río se lo “traga” la tierra, en vez de caer, aunque la realidad es que la catarata tiene dos saltos de 11 y 21 metros. En el valle de Haukadalur se encuentran los géiseres Geysir –el lugar que ha dado nombre a todas las aguas termales del mundo que brotan en forma de torre (géiser)– y Strokkur. Este último arroja agua en intervalos de unos cinco o diez minutos.

Islandia 1Reykjavík. La capital de Islandia y su área circundante albergan dos tercios de la población nacional, aproximadamente 200 mil personas. Si bien es el centro de la actividad cultural, política y económica del país, es un lugar tranquilo y agradable, con la naturaleza al alcance de la mano. Cosmopolita, Reykjavík dispone de diversos museos, galerías y cafés. A los visitantes los sorprenderá la variedad de colores de las casas y techos. Entre sus principales atractivos figuran la iglesia Hallgrímskirkja y la colina Öskjuhlíð, en donde se halla el espectacular edificio de Perlan. Además, cuenta con varios parques, zonas para peatones, un lago en el centro de la ciudad, y una playa termal a tan sólo 15 minutos del centro.

Blue Lagoon. Las aguas saladas de la laguna, calientes y ricas en minerales, poseen propiedades curativas. Emplazado a pocos kilómetros de la capital y en medio de un gran campo de lava, este lago de un azul mediterráneo, junto con la estación geotérmica de Svartsengi detrás, componen un cuadro paradójico e hiperrealista. La estación es una fuente de energía limpia y renovable que justifica la ausencia de polución en territorio islandés.

Þingvellir. A 40 kilómetros al noreste de Reykjavík, este lugar es venerado por el pueblo islandés ya que allí se creó en el año 930 uno de los parlamentos más antiguos del mundo. Además del valor simbólico, Þingvellir ostenta un extraordinario atractivo geológico, ya que por allí pasa la gran falla atlántica que separa la placa continental americana de la europea. Declarado Patrimonio de la Humanidad en 2004.

Snæfellsjökull y Stykkishólmur. En la península de Snæfellsnes, donde las montañas se elevan caprichosas e irregulares y crean magníficos escenarios naturales, se halla el centelleante volcán extinto coronado por el glaciar Snæfellsjökull. Cráter helado elegido por Julio Verne para enviar a sus expedicionarios hacia las profundidades del planeta en Viaje al centro de la tierra. Hacia el interior de la isla, por el norte de la península de Snæfellsnes, el panorama se vuelve terrenal con profundos valles montañosos y encantadores pueblos pesqueros, como Stykkishólmur; con antiguas construcciones en madera y un activo puerto desde el cual parte una interesante excursión en ferry.

Sabores. Si bien los alimentos son de una calidad inmejorable, ya que el pescado es muy fresco y las ovejas y otros animales se crían de modo natural sin hormonas ni ningún otro aditivo, la gastronomía islandesa tiene platos que no son aptos para cualquier estómago, dada la diferencia de sabores y preparación. Es el caso del hákarl, plato consistente en tiburón, que primero se deja fermentar, enterrándolo durante al menos mes y medio, y después se seca; o del hrútspungur, una especie de pastel de testículos de carnero macerados. En otros platos se utilizan ingredientes que resultan extraños para la mayoría de los países, como la carne de ballena o los frailecillos. La bebida alcohólica nacional es el brennivín, licor de pulpa de patata, aunque del mismo modo gozan de gran fama las cervezas. Un producto muy común en las casas islandesas es el skyr, producto lácteo con un sabor algo parecido al del queso y que se emplea para consumir directamente, pero también para cocinar. La mayoría de los turistas coinciden en que los hot dogs islandeses son los mejores del mundo.


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