JAIME BAYLY: EL FRANCOTIRADOR EN LA MIRA

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Iconoclasta, artero, buen conversador, el escritor y periodista peruano promete no pasar desapercibido en su retorno a la televisión hispana de Estados Unidos. Un medio al que, implacable, acusa de vulgar y por el que confiesa haber perdido más de una amistad. Se reconoce defensor de las leyes del mercado, pero también a favor del aborto, el libre consumo de drogas y el matrimonio entre homosexuales. Para sentarse a escribir, gusta vestir sombrero y desconectar los teléfonos. En entrevista con ALMA MAGAZINE, Jaime Bayly explica por qué apoya a los inmigrantes “legales e ilegales”, y cuenta su anhelo de conducir un programa “sin emboscadas humorísticas, sin bailarinas, ni enanos”.

Texto: Fernando Amdan Fotos: Archivo ALMA MAGAZINE

Periodista peruano BaylyBajo el flequillo y detrás de los anteojos, la cara aniñada –aunque ya pasó los cuarenta– esconde quizá la ventaja que Al Pacino se arrogaba para su personaje en The devil’s advocate. Jaime Bayly maneja muy bien –diría el propio Lucifer– eso de que “no se lo ve venir”. Hasta no levantar una ceja o enfatizar las comillas de una ironía, su estilo burlón, picaresco, serpentea en cada intervención, pasa casi inadvertido, y el entrevistado de turno queda sin darse cuenta a tiempo ante una incómoda pregunta, o la audiencia atónita ante la imprevista cuota de ácido de su último comentario político. En el banquillo de los acusados, como si de un juicio se tratara, ha recibido la más completa lista de cargos en su contra. Su franqueza sexual, el apoyo al libre consumo de drogas, el aborto, su vida personal, cierta vocación de voyeur, sus apariciones en la prensa le han valido a Bayly más de una polémica, como también algún buen punto de rating. Pero no es algo que le quite el sueño, y entre respuesta y respuesta, el peruano se dedica a desentrañar qué es lo que lo convierte en el blanco de ataques furibundos de escritores, políticos y figuras de la televisión. Bayly desanda un estilo sereno, un acento limeño pausado y ameno, como un auténtico –según se definirá a sí mismo– “artífice de la conversación”; aún sin ser, esta vez, quien hace las preguntas. No habrá en la charla momentos estrepitosos, ni intentos forzados por arrojarse a la controversia gratuita, pero tampoco invitaciones al recato. Bayly habla de sí, de todo y sobre todos, sin tapujos. Su verdadero oficio –dejará en claro– es el de escritor, faceta con la que ha publicado una decena de títulos. Destacan La noche es virgen, con el que obtuvo el premio de Herralde de Novela en 1997; No se lo digas a nadie y La mujer de mi hermano, con fuerte repercusión en España, además de Y de repente, un ángel, con el que fue finalista del premio Planeta 2005. Pero, hoy por hoy, es la televisión la que ocupa la mayor parte de sus días, incluidos vuelos semanales entre la Florida y Lima. Acaba de estrenar en la cadena Mega TV un programa –llamado Bayly- de entrevistas en vivo que se emitirá en Miami, Los Angeles, New York y Puerto Rico. Intenta replicar el estilo de El francotirador, otro programa que presenta los fines de semana en Perú, por el que han desfilado innumerables figuras del ambiente político, deportivo y cultural. Pero no es el primer desembarco en Miami: en 1999 condujo un programa para la desaparecida CBS Telenoticias y luego tuvo su primer tropiezo televisivo en Telemundo. Rápidamente, Bayly marca distancia respecto del medio. “Aquí se confunde la irreverencia con la vulgaridad, la alegría con el grito, el entretenimiento con la chapucería, la agresión”, dispara.

ALMA MAGAZINE: Ahora que volvió a hacer televisión va a compartir estrellato en el segmento latino con nombres como Cristina Saralegui y Don Francisco… ¿Aspira a competir con ellos?

JAIME BAYLY: Los respeto mucho, pero no aspiro a ser una estrella. Me da mucha pereza pensar en convertirme en una. No me olvido de que ante todo soy un escritor, y cuando me preguntan si quiero competir con Cristina o Don Francisco, la respuesta clara es que no. Soy un escritor que a la noche va a la televisión y opina, comenta, mira la actualidad con un tono risueño y luego entrevista, pero no soy ni me interesa ser una criatura mediática, o un animal de televisión que subordina todo al rating.

AM: Cuando menciona otros programas del medio, los describe como vulgares. ¿Así es cómo ve a la televisión hispana en general?

J.B.: Prefiero hablar de lo que yo hago, en lugar de criticar lo que hacen los demás. Queda un poco arrogante decir que toda la televisión hispana en Estados Unidos es vulgar. Quiero que mi programa le ofrezca al público una alternativa un poco más cuidadosa, un poco más inteligente, un poco más refinada que el promedio de la televisión en español aquí. Me gustaría pensar que el público va a recompensar ese esfuerzo.

AM: ¿Se siente parte del tan mentado upgrade de la TV hispana, de un mejoramiento del contenido en español?

J.B.: Siento que hay pocos espacios en la televisión. No solamente acá, también en América latina. Hay pocos espacios en los que se puede conversar, en los que un personaje, un artista, una celebridad puede someterse a una entrevista serena, sin gritos, sin histeria, sin emboscadas humorísticas, sin bailarinas, ni enanos. El arte de la conversación hay que reivindicarlo, y creo que mi programa es una apuesta en ese sentido.

“Quiero que mi programa le ofrezca al público una alternativa un poco más cuidadosa, un poco más inteligente, un poco más refinada que el promedio de la televisión en español aquí. Me gustaría pensar que el público va a recompensar ese esfuerzo”.

UN VOYEUR EN LA CASA

Conductor Jaime BaylySus preferencias sexuales, que hace tiempo dejaron de ser un secreto por iniciativa propia, no son tema tabú para Bayly. Tras un matrimonio y convertirse en padre de dos hijas, confesó abiertamente su bisexualidad. Hoy, cuenta, está en pareja con un escritor argentino, pero pone límites: “Que uno diga claramente cuál es su orientación sexual no equivale a que uno diga qué cosas prefiere hacer en la cama. Son cosas bien distintas. El buen gusto aconseja confinar las cosas del sexo a ese espacio que uno comparte con sus amantes”, filtra, sin más detalles.

AM: Siempre es usted el que hace las preguntas, un arma a favor en las entrevistas. ¿Pero cómo se siente en el rol de entrevistado?

J.B.: Creo que la entrevista no es un interrogatorio, no es una agresión. Es un juego psicológico en el que uno no se erige en el papel de fiscal para juzgar al otro, sino más bien en una especie de psicoanalista que permite que su interlocutor pueda revelar algunas verdades escondidas, o algunas claves ocultas de su personalidad, algunos secretos que expliquen quién es.

AM: Hay quien lo acusa de voyeur…

J.B.: Sí, seguro. Creo que es una condición inherente en la personalidad de un escritor. El escritor es siempre un observador. Cuanto mejor observa, cuanto más finamente registra la realidad, mayor material tendrá para luego fabricar literatura, para urdir ficciones.

AM: ¿Es cierto que tiene ciertos “ritos” para escribir?

J.B.: Para sentarme a escribir, a veces me pongo un sombrero y desconecto todos los teléfonos. Tengo esas pequeñas manías… (risas). Lo del sombrero es en realidad una extravagancia muy ocasional, pero sí hay que preservar un cierto silencio. Y el teléfono no deja de sonar, de modo que es mejor desconectarlo.

AM: Se refiere a sí mismo como una persona reservada, introvertida, que gusta de la soledad. Pero su faceta más conocida es la de un personaje polémico, que habla de su sexualidad abiertamente. ¿Es un incomprendido, o un muy buen administrador de su marketing personal?

J.B.: Ni una cosa, ni la otra. Creo que alguna gente me conoce por la televisión, y alguna otra por los libros. En España por ejemplo yo nunca he hecho televisión, pero mis libros allí venden muy bien. Me tiene sin cuidado que me conozcan más por lo que soy en la pantalla. Sé por qué hago televisión y la respuesta es simple: lo hago porque con los libros no se gana mucho dinero. Si yo ganara con los libros el dinero que me paga la televisión, estaría encantadísimo. Me tomaría no uno, sino diez años sabáticos, y no haría tanta televisión. Pero uno tiene que ser humilde e instalarse en la realidad. Tengo dos hijas, y hay que pagar cuentas. Lo que la gente haga con la imagen de uno, o la percepción pública, es algo completamente misterioso. Y uno no tiene ahí ningún control, cada uno puede pensar lo que quiera de mí.

AM: Tanta exposición pública y hablar abiertamente, ¿ha tenido impacto en su vida personal? ¿Conserva las mismas amistades desde que comenzó su carrera mediática?

J.B.: La televisión es una droga muy venenosa, que afecta mucho tu vida. La verdad es que no soy muy sociable, y nunca he tenido muchos amigos. Pero sí, es cierto, la televisión ha tenido un efecto catastrófico en mi vida personal. Aunque también debo admitir que he perdido más amigos con mis libros que con la televisión.

“¿Quién es el ilegal? ¿El que pide trabajo o el que contrata? Además, descreo de quienes hablan de los inmigrantes como una mala influencia cultural. Los latinos no empobrecen la cultura de este país, por el contrario, la nutren”.

EL NUEVO EN LA TRIBU

AM: Por fuera de la literatura, alguna vez dijo que fantaseaba con ser presidente de Perú, algo que Mario Vargas Llosa sí intentó. ¿Continúa esa aspiración?

J.B.: Es cierto, cuando era muy joven tenía la idea de convertirme en presidente de mi país. Pero luego me conocí mejor, y me di cuenta de lo que en verdad quería para mí. Los escritores peruanos suelen dedicarse también al periodismo, la televisión, la academia o incluso la política. En mi caso ni siquiera terminé la universidad, porque me aburría muchísimo. Por otra parte me parece que el oficio político entra en contradicción con el de escritor, que no se llevan bien. Respeto mucho lo que hace Mario, pero creo que se equivocó al entrar en política como candidato…

AM: Se le señala como ubicado políticamente a la derecha. ¿Cómo convive eso con una visión moral poco conservadora?

J.B.: No me considero de derecha, para nada. Pero sí es cierto que hay un cruce. Creo en muchas cosas similares a la gente de derecha, pero también estoy a favor del aborto, del libre consumo de drogas, del matrimonio entre homosexuales, y toda una serie de temas en los que no acordaría con señores más bien conservadores. Pero al mismo tiempo creo en la libertad.

AM: ¿Por qué remarca el tema de la libertad?

J.B.: Hay muchas personas de izquierda, especialmente en nuestros países, que defenestraron a dictaduras de derecha como la de Pinochet en Chile, Stroessner en Paraguay o Videla en Argentina. Pero no mantienen esa postura cuando los dictadores son de izquierda. No tengo ninguna simpatía por malonezcos como Fidel Castro o Hugo Chávez. No soy partidario de Bush. Creo que ha cometido muchos errores. Pero es una insensibilidad despreciar a los exiliados, en especial a los cubanos.

AM: No es hacia donde vira la región en las urnas…

J.B.: No puedo comprender que tanta gente en nuestros países aclame a Fidel como si fuera un icono pop. Están terriblemente desinformados sobre las condiciones sociales en Cuba. No saben lo que aplauden; hablamos de dictadores impresentables.

AM: Ahora pasa varios días en Miami, ¿se identifica con un inmigrante latino que llega a trabajar en los Estados Unidos?

J.B.: Sin dudas. Es una injusticia que los Estados Unidos pretendan un libre tráfico de mercancías con los países de América latina, pero no el libre tránsito de personas. Es ridículo. Yo estoy a favor de los inmigrantes, de los legales y de los ilegales. Los considero verdaderos héroes. Cuando Estados Unidos invade un país, porque eso es lo que hace a menudo, entra como ilegal, entonces no tiene ningún derecho de hablar sobre inmigración ilegal.

AM: Hoy por hoy, las corrientes migratorias van sólo en una dirección: hacia el norte…

J.B.: Tiene que ver con las leyes del mercado. La gente llega a Estados Unidos porque hay trabajo. Si hubiese trabajo en otros sitios, los inmigrantes irían a otros países. Entonces, cabe preguntarse: ¿quién es el ilegal? ¿El que pide trabajo o el que contrata? Además, descreo de quienes hablan de los inmigrantes como una mala influencia cultural. Los latinos no empobrecen la cultura de este país, por el contrario, la nutren.

AM: ¿Percibe que en Estados Unidos hay mayor tolerancia que en América latina?

J.B.: El bicho humano es muy intolerante, y ha ocurrido así en toda la historia de la civilización. Se ve en Europa, en Estados Unidos y en América latina. Sin ir más lejos, aquí siempre se discriminó a los negros, en Argentina hay mucha intolerancia con bolivianos y peruanos, los franceses se pelean con los musulmanes, y así en cada rincón del planeta. Es la vieja historia del distinto que llega a una tribu y por el sólo hecho de ser distinto es discriminado.


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