JAMES NACHTWEY: YO LO VI, ASÍ SUCEDIÓ

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James Nachtwey es uno de los grandes fotógrafos de nuestro tiempo. Desde hace casi cuatro décadas ha visto el sufrimiento cara a cara, ha mostrado la pobreza, el hambre, las enfermedades, los conflictos. Decidió convertirse en fotógrafo de guerra después de contemplar las imágenes de Vietnam tomadas por reporteros como Don McCullin, sobre todo por la enorme fuerza de esas fotografías para incitar a la gente a rebelarse contra el conflicto bélico. A los 68 años, acaba de ser galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.

Texto: Luis Carballo (Euronews) / Fotos: James Nachtwey / Robert Goldman

ALMA MAGAZINE: ¿Por qué hace este trabajo, especialmente, la parte de la guerra? El fotógrafo británico Don McCullin dice que solo se puede ser fotógrafo de guerra a largo plazo si se tiene un propósito ¿Cuál es el suyo?

James Nachtwey es la antítesis del fotógrafo de guerra que busca el reconocimiento personal por encima de su propio trabajo.

James Nachtwey es la antítesis del fotógrafo de guerra que busca el reconocimiento personal por encima de su propio trabajo.

JAMES NACHTWEY: Que la gente sepa lo que pasa en el mundo. Y cuando hay una guerra, hay tanto en juego para la gente involucrada en ella y para el resto del mundo… Las fotografías pueden situarse detrás de ese muro político que siempre rodea todas las guerras. Se crea una especie de justificación para quienes dirigen la guerra. Y los fotógrafos están sobre el terreno, ven lo que les pasa a los seres humanos uno a uno. Muestran los efectos de la guerra y controlan a quienes toman las decisiones y a los políticos que llevan adelante la guerra. Y ésta es una forma en la que se puede manifestar la opinión pública para forzar un cambio.

AM: ¿Cree que una imagen puede ser un antídoto contra la guerra?

J.N.: Sí. Creo que, de algún modo, una foto que revela la verdadera cara de la guerra, es una fotografía contra la guerra. En mi experiencia personal, viendo lo que la guerra le provoca a la gente y a las sociedades, es muy difícil de defender algo así. Por ende, las fotografías que muestran la verdadera cara de la guerra, de alguna manera, actúan contra el uso de la guerra como un medio más de la política. Creo que hay cosas por las que vale la pena luchar en esta vida, y la gente tiene que defenderse, pero también debemos ser conscientes de a dónde nos lleva la guerra, de cuáles son las consecuencias inevitables de la guerra en términos humanos. Y nunca debemos olvidarlo y debemos meditar profundamente sobre ello antes de que la gente se comprometa a luchar en una guerra.

“Las fotografías pueden situarse detrás de ese muro político que siempre rodea todas las guerras.”

AM: ¿Recuerda qué sintió la primera vez que retrató un conflicto?

Heredero de Robert Capa. Nacido en 1948 en Syracuse (Nueva York), Nachtwey estudió Historia del Arte y Ciencias Políticas.

Heredero de Robert Capa. Nacido en 1948 en Syracuse (Nueva York), Nachtwey estudió Historia del Arte y Ciencias Políticas.

J.N.: Fue en Irlanda del Norte, en 1981. Durante las huelgas de hambre había sublevaciones diarias en las calles. Yo llevaba ya diez años queriendo ser un fotógrafo de guerra y ésta fue la primera vez que lo intenté sobre el terreno. Fue una sensación sobrecogedora poder sentir que la historia estaba sucediendo delante de mí, en tiempo real. Yo intentaba interpretarla sin saber qué iba a pasar de un momento a otro. Fue emocionante, sentí el peso de la responsabilidad de lo que estaba realizando y al mismo tiempo que había encontrado lo que quería hacer con mi vida.

AM: Usted ha cubierto decenas de guerras. ¿Hay alguna que le haya marcado en especial?

J.N.: Cuando alguien está sufriendo, cuando alguien es una víctima, es difícil decir que uno es más importante que otro. Creo que todos son importantes por igual. Pero una vez dicho esto, el genocidio de Ruanda fue tan extremo e insólito que fue para mí algo de hecho muy difícil de entender. No me cabía en la cabeza cómo podía ser que entre ochocientas mil y un millón de personas fueran asesinadas por sus compatriotas en tres meses, utilizando herramientas agrícolas como armas. Hay un momento que se produce cuando alguien levanta un machete o un hacha sobre la cabeza de una persona inocente; ¿qué es lo que le permite descargar ese arma contra sus vecinos? La verdad es que es algo que no puedo comprender.

“Las imágenes no menoscaban la dignidad de una persona. No creo que la imagen de Aylan Kurdi minara su dignidad.”

AM: La mayor parte de su trabajo está en blanco y negro. Si su propósito es reflejar la realidad, esa realidad no transcurre en blanco y negro sino en color. ¿Por qué el blanco y negro?

Recientemente ganó el premio Princesa de Asturias de Comunicación en España por su larga trayectoria tras una cámara.

Recientemente ganó el premio Princesa de Asturias de Comunicación en España por su larga trayectoria tras una cámara.

J.N.: Así es, el blanco y negro no es real, es abstracto. Pero lo que sí creo que hace, es destilar la esencia de lo que está sucediendo, ya que el color por sí mismo ya es un fenómeno con fuerza, en un sentido físico, de una forma que compite con lo que está desarrollándose en la foto. Trata de convertirse en el protagonista de la imagen. Por tanto, si lo pasas al blanco y negro, descubres el alma de lo que está ocurriendo sin competir con el color.

AM: ¿Cómo pueden convivir belleza y brutalidad en una fotografía?

J.N.: Me parece que es la paradoja de la vida misma. La belleza y la tragedia, la belleza y la brutalidad… Creo que coexisten, no se trata de algo que fuerce al hacer una foto. Si lo veo no lo rechazo, porque es parte de la vida. Si vamos para atrás con el planteo, ha sido una constante en el arte y en la literatura desde tiempos inmemoriales porque el fenómeno existe como tal. No estoy seguro de por qué, pero es así. Si una foto nos muestra algo trágico, sin duda puede ser bonito, pero quizás el objetivo no era la belleza sino que la belleza es parte del resultado y a lo mejor esa misma belleza nos ayuda a entender la tragedia. Sin la belleza quizá ni si quiera miraríamos esas imágenes. Puede que ese sea el motivo que da razón de existencia a la paradoja: permitirnos acceder, contemplar y sentir esa fotografía.

AM: ¿Cuál es la diferencia entre una buena foto y una foto icónica? ¿Qué hace de una foto un icono?

Con su cámara retrató la despiadada realidad de las zonas de conflicto alrededor del mundo en los últimos cuarenta años.

Con su cámara retrató la despiadada realidad de las zonas de conflicto alrededor del mundo en los últimos cuarenta años.

J.N.: Tiene que ser algo muy fuerte, auténtico y profundamente humano expresado a través de la imagen. Tiene que ser una situación que tenga importancia histórica, y en el periodismo hay que estar en el lugar exacto en el momento exacto, algo que suena simple, pero que en realidad, es extremadamente difícil. Creo que tiene que tener la condición de conciencia pública de un determinado hecho; que tiene que llegar a cierto punto antes de que una imagen pueda convertirse en icónica. Por ejemplo, la foto del niño Aylan Kurdi que se ahogó en la costa de Turquía, se produjo en un momento en que el mundo era lo suficientemente consciente de esta situación. Luego aglutinó a la opinión pública en torno a ella. En ese sentido, el periodismo es una de las cosas que ayudan a crear condiciones para el cambio. La foto de Kim Phúc, la niña que corría quemada por napalm en la guerra del Vietnam, se hizo en un momento en el que no había suficiente conciencia de esa guerra y luego se generaron protestas contra la guerra. Entonces, esa imagen, una vez más, aglutinó a la opinión pública. Nuestra sociedad no puede funcionar bien sin las historias que contamos. Una vez que haya conciencia, el cambio es inevitable. Los periodistas tenemos que seguir informando y presionando para influir en la opinión pública. Hay que seguir con la lucha siempre, ese es nuestro trabajo. Si la sociedad occidental ha tenido conciencia de lo que ocurría en el mundo, es porque los periodistas les han abierto los ojos.

“Una foto que revela la verdadera cara de la guerra, es una fotografía contra la guerra.”

Su carácter perfeccionista, introvertido, abstemio y de alguien que vive solo para y por su trabajo le ha valido para ser uno de los referentes vivos de esta profesión.

Su carácter perfeccionista, introvertido, abstemio y de alguien que vive solo para y por su trabajo le ha valido para ser uno de los referentes vivos de esta profesión.

AM: Hablando de esto: imágenes impactantes y medios de comunicación. Usted sabe de primera mano que los editores son reacios a mostrar este tipo de fotos; ha mencionado el caso de Aylan Kurdi, que es un muy buen ejemplo. El argumento más utilizado es que publicar esas imágenes de algún modo socavaría la dignidad de las víctimas. ¿Para usted esto tiene algún sentido?

J.N.: Que la gente sufra no quiere decir que no tenga dignidad. Que la gente tenga miedo no significa que carezca de valor. Que la gente soporte circunstancias difíciles no significa que no tengan esperanza. Así que las imágenes no menoscaban la dignidad, no necesariamente. No creo que la imagen de Aylan Kurdi minara su dignidad. Creo que ha creado una gran cantidad de simpatía por el niño, por su familia y por todos los inmigrantes. Si esta imagen no fuera digna de alguna manera, si no reconociera el sacrificio que se ha hecho, entonces la foto no habría tenido ningún efecto.


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