JAVIER VASCONEZ: ESCRIBIR ES UNA FORMA DE CONOCIMIENTO

0

Javier Vásconez se ha convertido en uno de los principales referentes de la literatura ecuatoriana y, seguramente, el de mayor proyección internacional. Su última novela publicada, El retorno de las moscas, ya va por la segunda edición en Ecuador. En entrevista exclusiva con ALMA MAGAZINE, adelanta los títulos de sus próximas dos obras –a editarse este año–, habla de sus comienzos y de la relación de amor-odio con su Quito natal.

Texto: Orlando Pérez Fotos: Jorge Vinueza (Archivo Latino)

Una vez entablada la primera conversación con Javier Vásconez nace la amistad. Abierto uno de sus libros, nace la vocación por su obra. El mismo es el culpable de eso: no suelta a un amigo y mucho menos la escritura. Es como si la obsesión le persiguiera para sembrar amistades, libros, lecturas y grandes afectos. Se declara un lector compulsivo, lee varios libros a la vez y prefiere los ensayos, novelas, cuentos, poesía, historia, sociología, revistas culturales, incluso revistas del corazón. Y como muchos escritores latinoamericanos, no puede vivir sólo de la escritura. En los últimos años ha brindado a Ecuador varios libros de lujo, en su calidad de editor independiente, sobre los autores clásicos de este país andino. Por eso es también crítico con lo que vive en su patria: “Aquí nadie se toma en serio la literatura. Es la última rueda del coche. Ni siquiera se paga por lo escrito, a menos que uno sea periodista”, reprocha. Escritor quiteño, nacido en 1946, es el único autor ecuatoriano contemporáneo que tiene audiencias extranjeras comprometidas: sus lectores le escriben desde Europa, Estados Unidos y América latina. Tras resultar finalista con Ciudad lejana en el premio Casa de las Américas de Cuba, en 1982, la carrera de Vásconez fue en franco e irreversible ascenso. Uno de los cuentos de ese libro, Angelote, amor mío, salió premiado en la revista Plural, de México, en 1983, y fue elegido por el diario El País, de España, junto con otros veinticuatro cuentos de escritores españoles y latinoamericanos para que aparezca como uno de los representantes del género de lengua española en Internet. Algunos años después, en 1990, con El hombre de la mirada oblicua ganó el premio Joaquín Gallegos Lara, otorgado por el Municipio de Quito al mejor libro del año. En 2001, El País volvió a destacarlo. Eligió el cuento Angelote, amor mío, junto con veinticuatro cuentos de autores como Carlos Fuentes, Juan Carlos Onetti, Cabrera Infante, y Julio Ramón Ribeyro, entre los mejores cuentos publicados por la Editorial Alfaguara en lengua española. Sus críticos y estudiosos provienen de distintos rincones del mundo y le han destacado como un autor de largo aliento y profundidad literaria. Por ejemplo, el mexicano Christopher Domínguez Michael decía, a propósito de la presentación del libro Invitados de honor, que Vásconez “hace un guiño a la modernidad”: “Ya no es el escritor local. Da un tratamiento discreto y profundo a los escritores referentes, ya que no se dedica a hacer gala de una erudición postiza”, lo describe Domínguez Michael. “Subrayo su espíritu moderno –agrega–, de alguien que está en la ciudad y a partir de allí mantiene un diálogo fluido y permanente con su medio”.

REFUGIO LA ROPERIA

Escritor Vasconez

Javier Vásconez, que vive en Quito, se reconoce como un escritor de novelas y cuentos.

El último libro de Vásconez, El retorno de las moscas, publicado en noviembre del año pasado, va por la segunda edición. Las críticas le han alzado el pulgar, por la incorporación de elementos narrativos novedosos y personajes de la literatura universal. Es el libro que más le identifica en su calidad de narrador sólido y de una escritura exquisita.

ALMA MAGAZINE: ¿De dónde surge su devoción por la literatura?

JAVIER VASCONEZ: De un ambiente de libros y de una vocación muy temprana. Mi padre fue historiador, escritor y diplomático. También debo mencionar la casa colonial de mis abuelos. Allí encontré libros, mapas, baúles llenos de cartas, muñecas destripadas y juguetes rotos entre grandes canastos con ropa inservible. Una habitación denominada “ropería” me sirvió de refugio para aislarme y leer a mis anchas. Ahí se cocinó mi vocación literaria y creció el gusano de la literatura. Luego vinieron los años de aprendizaje, mientras iba leyendo todo lo que encontraba a mi paso. Frente a la escritura, lo que más me produce incertidumbre son las palabras. Ahí radica el verdadero enigma de la literatura. Desgraciadamente vivimos en una cultura que ha degenerado y promueve la apatía, el cinismo, la indiferencia por el lenguaje. A muchos el acto de escribir nos parece sagrado.

AM: Su última novela, El retorno de las moscas, fue reeditada, algo llamativo en un país como Ecuador que lee poco…

J.V.: El retorno de las moscas no es mi única novela reeditada. También lo fue El viajero de Praga. Si la literatura se ha instalado dentro de uno, el deseo de escribir es imparable. Durante este proceso nunca pienso en los lectores. Sé que eso me distraería del objetivo principal. Debo seguir adelante, sin perder el hilo de la historia y la voz de los personajes. Las palabras y los hechos se adelantan siempre a cualquier posibilidad de pensar en el lector.

AM: ¿Cómo se vincula con la realidad ecuatoriana?

J.V.: Mi relación con la realidad fue siempre conflictiva. Y escribir es una forma de conocimiento. Para ello me alimento de lo que oigo en la calle o de una conversación de café. Doy especial valor a los ambientes, los gestos y la expresión de un rostro, los detalles, que son muy importantes para mí. Carson McCullers opinaba que los detalles avivan mucho más la imaginación que las consideraciones generales.

QUITO QUERIDO

AM: En sus obras siempre están presentes la intriga y la ambigüedad como elementos de construcción literaria. ¿Prefiere que le reconozcan como un escritor de suspenso, de reflexión literaria, o bien como un pensador desde la literatura?

J.V.: Algunos de esos recursos están al alcance de cualquier novelista. Lo importante es que funcionen con precisión y eficacia, a fin de poner en marcha la novela. Mi tarea es formular todo lo que me he propuesto, lo cual es una forma de espejismo. Tal vez por eso sigo escribiendo. Me considero, sobre todo, un escritor de novelas y cuentos. Del resto se ocupan los críticos, si es que desean hacerlo, claro.

Poeta Vasconez

El autor de El viajero de Praga, entre otras obras, fue reconocido como uno de los representantes de la literatura en lengua española.

AM: Desde Ciudad lejana hasta El retorno de las moscas parece empeñarse en indagar la interioridad humana…

J.V.: Indagar la mente de las personas es una labor a tiempo completo y un vicio fascinante. Quizá sea el “corazón de las tinieblas” donde nos encontramos todos los novelistas. Cada hombre representa un misterio, una vida llena de sentimientos y de historias por revelar. El paisaje de la mente es infinito y ningún escritor ha podido dominarlo en su totalidad. Yo soy un grano de arena en esa tarea descomunal.

AM: ¿Es difícil vivir en Ecuador, un país sin mayores estímulos para un escritor? ¿Por qué sigue en Quito?

J.V.: He vivido muchos años en Europa. Quizá ya no puedo vivir lejos de Quito. Me disgusta el aire melancólico de esta ciudad. Debo decir, sin embargo, que me fascina su capacidad de simulación, de ocultamiento, su resistencia a dejarse ver o a ser imaginada como una totalidad. Su clima de montaña es tan cambiante y caprichoso, con esa lluvia insistente que sus habitantes estamos condenados a padecer. Me gustaría vivir en España o en Inglaterra. Por lo pronto no tengo otra alternativa, o tal vez exista una secreta perversión al seguir en Quito, pues estoy seguro que donde quiera que vaya –recordemos el poema de Cavafis–, me seguirá la sombra alargada de esta ciudad.

AM: ¿Qué es lo próximo que viene en la bibliografía de Vásconez?

J.V.: Antes de El retorno de las moscas concluí otra novela, Jardín Capelo, la cual está por publicarse. Espero que salga este año. Y por el momento estoy de cabeza con una novela bastante compleja, cuyo título provisional es Retrato del ensimismado. Además tengo inédito un libro muy personal de ensayos literarios, pero algún día tendré que parar, ¿no?

AM: ¿En algún punto de su trabajo está la idea de obtener mayor reconocimiento internacional?

J.V.: Sólo aspiro a terminar lo que tengo entre manos.


Compartir.

Dejar un Comentario