JOHANN HARI: DESMONTANDO MITOS Y MENTIRAS SOBRE LA GUERRA CONTRA LAS DROGAS

0

En los últimos cuatro años el periodista británico Johann Hari viajó por Estados Unidos, México, Canadá, Uruguay y Portugal para realizar investigaciones que derivaron en su nuevo libro Chasing the Scream: The First and Last Days of the War of Drugs, que ya cuenta con su edición en español (Tras el grito: Los primeros y últimos días de la guerra contra las drogas). Sus hallazgos pueden sorprender: desde la persecución del gobierno de Estados Unidos a la cantante Billie Holiday al exitoso tratamiento de la epidemia de heroína en Vancouver y el experimento de despenalización total de las drogas en Portugal.

Texto: Amy Goodman y Juan González (Democracy Now!) / Fotos: Carl Lander / Jennifer Chozick

ALMA MAGAZINE: ¿Qué causa la adicción a las drogas?

 Hari nos alecciona sobre la fallida guerra contra las drogas y cuánto de lo que sabemos sobre la adicción es incorrecto.


Hari nos alecciona sobre la fallida guerra contra las drogas y cuánto de lo que sabemos sobre la adicción es incorrecto.

JOHANN HARI: La historia es fascinante. Si hace cuatro años, cuando emprendí el largo viaje atravesando nueves países para escribir este libro, me hubieras preguntado: “¿Qué causa la adicción a la heroína?”, te hubiera mirado como si fueras un poco ingenua y te hubiera dicho: “Bueno, lo que provoca la adicción a la heroína es la heroína”. Hace 100 años nos vienen contando una historia que se ha arraigado tan profundamente en nuestra cultura, que hemos llegado a naturalizarla. Básicamente, creemos que si tú y yo tomáramos heroína durante 20 días, al día 21, por los ganchos químicos que tiene la heroína, nuestros cuerpos necesitarían físicamente consumir heroína y entonces seríamos adictos a la heroína. Eso es lo que pensamos que es la adicción a la heroína. En este punto, tuve un motivo muy personal para meterme a investigar este tema, porque en mi familia hay un fuerte historial de adicción. Uno de mis primeros recuerdos es tratar de despertar a uno de mis parientes y no poder hacerlo. Y cuando comencé a observar lo que realmente causa la adicción, hubo algo que me alertó de que había algo en esa historia que estaba mal. Alguien me explicó esto: si alguno de nosotros saliera hoy de aquí y fuera atropellado por un auto, Dios no lo permita, y se quebrara la cadera, sería llevado al hospital. Allí, hay una gran probabilidad de que se le administrara un montón de diamorfina. La diamorfina es heroína purificada. Es una heroína de mucho mejor calidad de la que se consigue en las calles, porque es 100% pura y no está enormemente contaminada. En ese caso, recibiríamos esta droga durante un período bastante largo de tiempo. Esto ocurre regularmente en todos los hospitales de Estados Unidos. En todos los países desarrollados la gente recibe un montón de heroína durante largos períodos de tiempo. Notarán que hay algo extraño en esto: tu abuela no se hizo adicta después de su operación de cadera. Si lo que nos contaron acerca de la adicción fuera correcto, todas esas personas deberían salir de los hospitales con una adicción. Pero, de hecho, no es así.

AM: ¿Qué se le ocurrió hacer cuando se enteró de todo esto?

J.H.: En verdad, no sabía muy bien qué hacer al respecto, hasta que conocí a un hombre increíble llamado Bruce Alexander, que es un profesor de Vancouver. El me explicó que la vieja teoría de la adicción proviene de una serie de experimentos que se realizaron a principios de siglo XX y fueron presentados en una célebre campaña antidrogas de los años 80 en Estados Unidos. Hay un experimento muy simple: se consigue una rata y se la pone en una jaula con dos contenedores de agua. Uno de ellos tiene sólo agua y el otro posee agua mezclada con heroína o cocaína. Si lo haces así, la rata casi siempre preferirá el agua con droga y casi siempre termina matándose. Y con eso se llegó a la conclusión: eso es la adicción. Pero en los años 70, Alexander viene y dice: “Un momento. Estamos poniendo la rata en una jaula vacía. No tiene nada que hacer excepto beber agua con droga. Probemos de otra manera”. Así que Bruce construyó el “Rat Park”.

“No se trata de tu moralidad ni se trata de tu cerebro, se trata de tu jaula. La adicción es una adaptación al entorno.”

AM: ¿Qué es el Rat Park?

J.H.: Es como un paraíso para las ratas. Allí tienen un montón de queso –en realidad, no creo que sea queso sino un alimento bueno que les gusta las ratas–, un montón de bolas de colores y un montón de amigos. Pueden tener también un montón de sexo. Todo lo que una rata pueda querer, lo tiene en Rat Park. Y ahí están las dos botellas de agua: tienen el agua normal y el agua con droga. Y he aquí lo fascinante. Obviamente, las ratas prueban el agua de las dos botellas; no saben lo que hay en ellas. El agua con droga no les gusta. Las ratas de Rat Park beben muy poco de ella. Nunca tienen sobredosis. Y nunca la usan de una manera que parezca adictiva o compulsiva, lo cual es fascinante. Hay un ejemplo humano realmente interesante: Alexander señala que esto demuestra que tanto la teoría de la derecha sobre la adicción, como la teoría de la izquierda, están erradas. La teoría de la derecha es: “Eres hedonista, te enfiestas demasiado; o sea, te permites demasiado, es un defecto moral”. La teoría de la izquierda es que esto toma tu cerebro, entonces pierdes control sobre él. Lo que Alexander alega es que no se trata de tu moralidad ni se trata de tu cerebro, se trata de tu jaula. La adicción es una adaptación al entorno.

AM: ¿Cuáles son las implicaciones?

J.H.: Son realmente enormes, pero hay un ejemplo humano muy interesante, algo que estaba sucediendo justamente al mismo tiempo que el experimento de Rat Park. Se trata de la guerra de Vietnam. El 20% de los soldados estadounidenses en Vietnam consumía mucha heroína. Y si miramos los informes de la prensa de la época, existía un verdadero pánico relacionado con la vieja teoría de la adicción. Se creía que cuando esos soldados volvieran a casa, de pronto iba a haber una enorme cantidad de adictos en las calles de Estados Unidos. ¿Y qué pasó? La evidencia señala que la gran mayoría volvió a casa y dejó de consumir, porque salir de una pestilente selva infernal en la que no deseabas estar y en la que te podían asesinar en cualquier momento, y volver a tu agradable vida en Wichita, Kansas, con tus amigos y tu familia, y una vida que tiene sentido, es el equivalente a que te trasladen de la primera jaula a la segunda. Vuelves a tus conexiones.

AM: Entonces, ¿qué nos demuestra esto?

J.H.: Lo que esto nos muestra tiene enormes implicaciones en la guerra contra las drogas. Obviamente, la guerra contra las drogas está basada en la idea de que los químicos causan la adicción y que tenemos que erradicar físicamente los productos químicos de Estados Unidos. Creo que eso no sería físicamente posible. Ni siquiera podemos impedir que entren en las cárceles, donde tenemos un perímetro amurallado. Pero consideremos la premisa filosófica detrás de eso. Si los productos químicos no son, de hecho, el principal motor de la adicción; si la gran mayoría de las personas que utilizan esos productos químicos no se hacen adictas; si el motor es, de hecho, el aislamiento, el dolor y el sufrimiento, entonces, una política basada en infligir a los adictos mayor aislamiento, dolor y sufrimiento, obviamente es una mala idea. Eso es lo que vi en Arizona. Salí con una cuadrilla de presas a quienes se obliga a cavar tumbas y recoger la basura usando camisetas que dicen: “Yo era adicta a las drogas”. Es decir, la idea de que infligir al adicto más sufrimiento lo puede ayudar, siendo que el sufrimiento es lo que causa la adicción, es una locura.

AM: ¿Aquí y ahora la solución por dónde pasa?

Johann HariJ.H.: Hemos creado una sociedad en la que muchísimos de nuestros conciudadanos no soportan estar presentes en sus vidas y necesitan automedicarse con estas drogas para poder atravesar el día. Es decir, una sociedad hipercapitalista e hiperindividualista hace que la gente se sienta como las ratas de la primera jaula, aislada y desconectada de la fuente vital. Por eso, como explica Alexander, no hay nada en la evolución humana que nos prepare para estar tan aislados como lo está el ciudadano ideal de un país hipercapitalista e hiperconsumista como el tuyo y el mío.

AM: En su libro Chasing the Scream ahonda en los orígenes de la actual guerra contra el narcotráfico y recopila información muy sorprendente que exhibe que inicialmente se persiguió a figuras claves, personalidades afroestadounidenses del mundo de la música. ¿Cómo fue el caso de la cantante Billie Holiday?

J.H.: Sí, en 1939, Billie Holiday actuaba en un hotel y cantaba Strange Fruit que es una canción contra los linchamientos. A Holiday no se le permitía entrar por la puerta principal de ese hotel; ella tuvo que usar el ascensor de servicio. Que una mujer afroestadounidense, en una época en que la mayoría de las canciones pop eran más bien cursis, cantara contra los linchamientos, ante un público blanco, era algo que se consideraba realmente escandaloso. Y según su biógrafa, Julia Blackburn, esa noche viene alguien de la Oficina Federal de Narcóticos y le dice: “Deja de cantar esa canción”. Ella se niega. Básicamente le manifiesta al director de la antigua DEA, Harry Anslinger: “Jódete. Soy una ciudadana estadounidense. Voy a decir lo que quiera”. Ella había crecido en una Baltimore segregada y se había prometido que nunca se inclinaría ante ningún hombre blanco. Y ahí es que Anslinger comienza a acosarla sistemáticamente llegando al punto de incidir en su muerte, según lo que me han contado amigos de ella y lo que indica la investigación de archivo.

AM: ¿Qué le fascinó de la historia de Billie Holiday?

J.H.: Si hay algo que realmente me ayudó a pensar en los adictos con quienes he compartido mi vida, es que ella nunca dejó de cantar Strange Fruit. Siempre encontró algún lugar donde cantarla. O sea, iba a cualquier lugar donde la recibieran y cantaba su canción sobre los linchamientos, por mucho que trataran de intimidarla. Y para mí eso es muy inspirador. No sólo me motiva a oponerme al racismo de la guerra contra las drogas, sino también a reconocer realmente el heroísmo que pueden tener las personas adictas. En este mismo momento, en todo el mundo hay gente que se siente más fuerte escuchando a Billie Holiday. Y eso es un logro increíble. Y en la gente que he conocido alrededor del mundo que se opone a la guerra contra las drogas, desde un vendedor transexual de crack en Brownsville, Brooklyn, pasando por un científico que daba alucinógenos a las mangostas para ver qué pasaba, hasta el único país que ha despenalizado todas las drogas, hay heroísmo en la resistencia a esta guerra en todo el mundo.

AM: En los viajes que ha realizado por el mundo para indagar en esta historia, ha encontrado lugares que han optado por un camino distinto. ¿Podría contarnos concretamente acerca de Portugal y de la importancia de lo que ha sucedido en el país luso en cuanto a la drogadicción?

J.H.: Fue fascinante conocer los lugares que han abandonado el modelo de la guerra contra las drogas y han probado modos alternativos. En Portugal, en el año 2000, la problemática vinculada a las drogas era una de las mayores de Europa. El 1% de la población era adicta a la heroína, lo que es bastante impresionante. Y año tras año intensificaban la respuesta al estilo estadounidense –reprimían con mayor dureza– y año tras año el problema se agravaba. Entonces un día el primer ministro y el líder de la oposición se reunieron y dijeron: “Bueno, designemos un panel de médicos para elaborar una solución verdadera a este problema y acordemos de antemano que haremos lo que ellos nos digan que hagamos”. Así que desvincularon el problema de la política.

“La idea de que infligir al adicto más sufrimiento lo puede ayudar, siendo que el sufrimiento es lo que causa la adicción, es una locura.”

AM: ¿Y qué sucedió?

J.H.: El panel se pone a trabajar durante un año y medio, dirigido por un hombre increíble llamado João Goulão, y al regresar, dicen: “Bueno, despenalicen todo, desde el cannabis hasta el crack. Pero, además –y esta es la parte fundamental–, transfieran todo el dinero que se gasta actualmente en arrestar a los consumidores, en encarcelar a los consumidores, en juzgar a los consumidores, y todo eso, a un tratamiento contra las drogas realmente bueno”. Ahora, una parte de eso es la rehabilitación, el apoyo psicológico y ese tipo de cosas. Pero, en realidad, es mucho más, es el aprendizaje que sale del experimento de Rat Park. Nosotros podríamos estar borrachos en este momento. Nosotros tres podríamos estar bebiendo vodka, ¿cierto? No lo hacemos, porque tenemos un trabajo que nos encanta, tenemos algo que queremos hacer, nuestras vidas tienen sentido. El objetivo de la despenalización en Portugal fue reconocer que cada persona adicta necesita encontrarle sentido a su vida. De modo que una de las cosas más grandes que se hicieron fue dar subsidios laborales. Si alguien había trabajado como mecánico y su vida se había desmoronado, iban a un taller y le decían: “Emplea a esta persona durante un año y el gobierno pagará la mitad de su salario”. La idea era que los adictos pudieran volvieran a conectarse. Sacarlos de la primera jaula y llevarlos a la segunda jaula, por decirlo de alguna manera.

AM: ¿Cuánto tiempo pasó desde aquel logro y cómo siguen las cosas hoy?

J.H.: Esto fue hace 15 años y los resultados están a la vista, son impresionantes. El uso de drogas inyectables se ha reducido en un 50%. Es decir, todos los estudios muestran que la adicción se ha reducido significativamente. Las sobredosis se han reducido significativamente. Y una de las entrevistas más movilizadoras que hice fue a un tipo llamado João Figueira, que había sido uno de los principales opositores de la despenalización, como jefe de la policía antinarcóticos de Portugal. Y él me reconoció: “Todo lo que yo había dicho que iba a pasar no sucedió. Y todo lo que los otros tipos dijeron que iba a pasar, sí paso”. Es más, habló sobre la vergüenza que sentía por haber pasado 20 años arrestando consumidores de drogas. Y dijo que esperaba que todo el mundo siguiera el ejemplo de su país.

AM: Para terminar, ¿qué nos podrías decir sobre el ex presidente uruguayo José Mujica?

J.H.: Oh, es una de las personas más increíbles que he entrevistado. Mujica fue dirigente del movimiento guerrillero tupamaro. Como disidente y preso político, la dictadura uruguaya lo confinó en un aljibe durante dos años. Y años más tarde llegó a ser el presidente de su país. El vive en una choza. Yo lo visité allí. No estoy exagerando si digo que David Cameron y Barack Obama no se animarían siquiera a pisar el lugar donde vive Mujica. Y él generó las condiciones para la legalización de la marihuana en Uruguay. Es el primer país que legalizó la marihuana desde que comenzó la guerra contra el narcotráfico en los años 30. Y fue así porque él pudo ver lo que pasaba, y yo también fui a ver lo que sucedía en el norte de México. Allí las drogas ilegales son una gran parte de la economía y las bandas criminales armadas tienen más dinero que el Estado. Por eso pueden tomarlo, apoderarse de él. Lo bueno fue que Mujica reconoció que si aquello llegaba a suceder en su Uruguay, estarían jodidos.

Traducción: María Constanza Sánchez Chiappe


Compartir.

Dejar un Comentario