JOHN MAYNARD KEYNES: EL PADRE DE LA CRIATURA

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Creador de una escuela de pensamiento económico cuya influencia moldea el mundo en el que vivimos, John Maynard Keynes fue además un ferviente defensor de las artes y los derechos de las minorías. Miembro de la comunidad artística Bloomsbury y crítico del tratado de Versalles, este emblemático pensador pronosticó la crisis que detonaría la Segunda Guerra Mundial. Participó de la creación del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, y escribió una de las obras fundamentales del siglo XX, la Teoría general del empleo, el interés y el dinero. A 70 años de su muerte, su escuela sigue dictando cátedra en las economías del mundo.

Texto: Silvina Miguel / Fotos: Mike Haberman / Alan Rogers / Joe McNeil / David Barnet / Bernie Ferry / Phil Delaney

“Si te prestara cincuenta centavos y tú te los quedaras por mucho tiempo, tendrías que devolverme los cincuenta centavos que te he prestado más otros cincuenta centavos”, respondía el pequeño John Maynard Keynes a la edad de cuatro años y medio, cuando le pedían que explicara qué era el “interés”. Un temprano destello del genio de aquel niño que se convertiría en uno de los hombres más brillantes e influyentes del mundo. Decir que estaba destinado a serlo es prejuicio puro, aunque es verdad que las condiciones estaban dadas. Hijo del economista de Cambridge John Neville Keynes y de Florence Ada Brown, la mujer que se convertiría años más tarde en la primera alcaldesa de esa ciudad, el pequeño John Maynard, nacido el 5 de junio de 1883, contó con una educación a la medida de su capacidad intelectual.

Un temprano destello del genio de aquel niño que se convertiría en uno de los hombres más brillantes e influyentes del mundo.

Niño brillante

Tan malo no fue. El tantas veces malinterpretado padre del “keynesianismo”, evitó por dos veces la bancarrota de Reino Unido.

Tan malo no fue. El tantas veces malinterpretado padre del “keynesianismo”, evitó por dos veces la bancarrota de Reino Unido.

Desde muy pequeño Keynes recibió clases particulares y en 1890 comenzó el jardín de infantes en el Perse School; y, a partir de 1892, asistió a la preparatoria St. Faith’s. Sin embargo, el rendimiento de esos dos primeros años no fue el que sus padres esperaban. Salvo en las clases de aritmética y álgebra, Keynes se aburría en la escuela, y sus maestras lo acusaban de desobediente. Dos años más tarde, sin embargo, el genio de Keynes comenzó a despertar. En diciembre de 1894, uno de sus maestros de matemáticas elogiaba su trabajo escolar y lo calificaba de “brillante”. En 1896, la directora de St. Faith’s lo ubicaba “por encima de los demás alumnos” y recomendaba que Keynes se postulara para una beca en Eton, la prestigiosa escuela pública de varones de Berkshire.

Un año más tarde, y luego de una dedicada preparación que incluía despertarse a tiempo para comenzar a estudiar diariamente a las 7 de la mañana, Keynes aprobaba los exámenes de la beca. Su promedio general lo ubicó en el puesto número diez, entre los veinte aceptados por la institución, si bien la calificación de su examen de matemáticas había obtenido el primer lugar. En 1897, al terminar el primer semestre, conseguía una mejor puntuación en literatura que en matemáticas. No obstante, en 1898, obtenía el Eton’s Junior Mathematical Prize y en 1899 lideraba la lista del acreditado Eton’s Senior Mathematical Prize. Rápidamente se trasnformó en el líder de su clase.

En 1900, cuando estalló la guerra de los bóers con las colonias holandesas de Sudáfrica, Keynes se negó a unirse al entrenamiento militar de los Eton Shooters. Permaneció en la escuela, acumulando premios y reconocimientos. Entre ellos, varias invitaciones de prestigiosos grupos intelectuales que deseaban contarlo entre sus miembros, como la sociedad de debate College Pop. En 1902, Keynes ingresó en el King’s College de Cambridge y dio comienzo a una nueva etapa de su vida que se caracterizó por las actividades sociales y el despegue intelectual más allá de las matemáticas.

Como en Eton, las diferentes sociedades de debate lo convocaban a participar de sus actividades, como la célebre Cambridge Union –la suma de tres sociedades de debate universitario fundadas alrededor de 1815–. Keynes no sólo alimentó su intelecto en los años universitarios. Si algo contribuía a su condición de liderazgo era que no respondía al modelo de intelectual recluido en sus pensamientos. Al contrario, disfrutaba de la vida social y de la práctica de deportes como el remo, el golf, el tenis y la equitación. No necesitó mucho más mérito para terminar siendo nombrado secretario de la Cambridge Union, en 1904, y director, tiempo más tarde.

El verano de 1905 en los Alpes suizos fue clave en la existencia de John Maynard Keynes.

Momento clave

Figura. Ojos claros pequeños, labios y nariz desproporcionadamente gruesos, alopécico precoz y un cuerpo blando y corvo.

Figura. Ojos claros pequeños, labios y nariz desproporcionadamente gruesos, alopécico precoz y un cuerpo blando y corvo.

El verano de 1905 en los Alpes suizos fue clave en la existencia de John Maynard Keynes. No sólo porque disfrutó escalando esas magníficas montañas, sino porque además descubrió, en medio de su lectura de verano, a Alfred Marshall, el autor de los Principles of Economics. Ese mismo otoño se lo encontraría en una de sus clases de Cambridge. De hecho, fue el mismísimo Marshall quien, en una carta a sus padres, recomendó que Maynard se dedicara al estudio de la economía. Mientras tanto, Keynes se unía al servicio civil en la oficina de la India. El trabajo era mínimo. Tanto que tuvo tiempo suficiente para desarrollar su “teoría de las probabilidades”.

Pero en 1908 renunció y se concentró en el desarrollo de su teoría en la Universidad de Cambridge. Basándose en esa disertación, el King’s College lo eligió como miembro académico. Un año más tarde, su The Method of Index Numbers ganó el Premio Adam Smith. En 1912, fue elegido como miembro del Consejo de King’s College, el organismo que lo gobernaba. En 1913, completó su primer gran trabajo en economía, Indian Currency And Finance.

El biógrafo e historiador británico Richard Davenport-Hines, en su libro Un hombre universal: Las siete vidas de John Maynard Keynes –publicado a principios de 2015– cuenta que en realidad Keynes se dedicó a la economía y no a las matemáticas o a las artes como había estudiado en el King’s College, porque le ofrecieron un puesto de conferencista en economía que, tras interminables y aburridos años de servicio público, le brindaba al fin la posibilidad de volver a ver a sus amigos y a vivir en un ámbito académico.

A Keynes el amor por el dinero en sí mismo le parecía “una desagradable morbosidad”.

Economist John Maynard Keynes“Keynes siempre consideró a la economía como una cuestión de juicio ético. Para él, la prosperidad liberaba a la gente para que pudieran realizar sus propias elecciones y los ayudaba así a disfrutar de la vida”, comenta Davenport-Hines en su texto y asegura que a Keynes el amor por el dinero en sí mismo le parecía “una desagradable morbosidad”, y que consideraba que el capitalismo tradicional “exaltaba las cualidades humanas más desagradables en lugar de las mayores virtudes”. Y agrega: “Veía como tarea propia salvar al capitalismo de sí mismo”.

Durante la Primera Guerra Mundial, Keynes se sumó a las filas del tesoro británico para asistir al economista Sir George Paish en la tarea de brindar al primer ministro David Lloyd George un tipo de asesoramiento ajeno a la mirada oficial. Al tiempo pasaría a formar parte de la 1 Division, que se encargaba de las finanzas. Fue Keynes quien, mientras trabajaba en ese organismo, desarrolló y aplicó el sistema de préstamos para los aliados. El mismo que adoptaría luego Estados Unidos.

En 1917, Keynes asumió en la Treasury ‘A’ Division. Ese puesto sería el de mayor jerarquía en la función pública al que accedería el emblemático pensador en toda su vida, y el que lo pondría en el epicentro de la economía de los aliados como en la mira del mundo. Mientras tanto, apoyaba la Revolución Rusa y la consideraba “el único resultado de la guerra que (por ahora) vale la pena”. Así se lo confesaba a su madre en una de las muchas cartas que le escribiría a lo largo de su vida.

En una nueva misiva enviada a fines de 1917, reafirmaba sus convicciones: “Mi pensamiento en esta Navidad es que si la guerra se prolonga, con el giro que ha tomado, probablemente el orden social que conocemos desaparezca. A pesar de que lo lamento, no estoy del todo triste. La abolición de la riqueza será más que nada un alivio. Lo que me aterra es la perspectiva de pobreza generalizada. El único camino para mí es ser alegremente bolchevique; y lo pienso con gran satisfacción, ya que los que nos gobiernan son tan incompetentes, como perturbados y perversos, una era de la civilización está llegando a su fin”.

El intento de despertar de una pesadilla

Bisexual. Pasó de tener un carrusel de amantes masculinos, hasta que a los 33 años se casó con la bailarina rusa Lidia Lopkova.

Bisexual. Pasó de tener un carrusel de amantes masculinos, hasta que a los 33 años se casó con la bailarina rusa Lidia Lopkova.

La Primera Guerra Mundial culminó con el armisticio firmado el 11 de noviembre de 1918. Sin embargo, las condiciones del mismo no fueron respetadas, violando los términos del acuerdo; por ejemplo, no ingresaría alimento en Alemania durante cuatro meses. Esta situación desvelaba a Keynes, que además observaba que el monto de las reparaciones que el país teutón debía pagar era escandaloso. El 5 de junio de 1919, Maynard le envió la siguiente carta al primer ministro británico: “Debo comunicarle que me salgo de esta pesadilla. No hay nada más que yo pueda hacer aquí. Inclusive durante las últimas espantosas semanas mantuve la esperanza de que usted encontraría la manera de que el tratado fuera justo y apropiado. Pero ahora veo que ya es tarde. La batalla está perdida”.

Más tarde, ese mismo año, Keynes escribía The Economic Consequences of Peace. “Si apuntamos deliberadamente al empobrecimiento de Europa Central, la venganza, me animo a predecir, no será blanda.”, podía leerse en un libro que fue celebrado por la izquierda y criticado por los conservadores. Aunque estos últimos con el tiempo le terminaron dando la razón. El surgimiento de Adolf Hitler, en medio de una Alemania desesperada, es estudiado como prueba del pronóstico expresado por Keynes en su texto. Es más, The Economic Consequences of Peace fue visto como un juicio contrario a la clase dirigente. Sin embargo, la reputación de Keynes en el ámbito académico permaneció intacta.

Su rutina personal diaria lo mantenía sumamente ocupado, con jornadas que comenzaban en King’s College, llevando a cabo sus responsabilidades académicas y bursátiles, ya que también estaba a cargo de las finanzas de la institución. Publicaba habitualmente en la Cambridge Review, en el periódico Manchester Guardian, en la revista estadounidense The Nation, ejercía el puesto de editor del prestigioso Economic Journal y continuaba siendo miembro activo del club de “los lunes por la tarde” en King’s College y del grupo de Bloomsbury, en el que dejaba la economía de lado y se abocaba a las artes tanto como al cotilleo y a las fiestas.

Su exposición del caso en la Reserva Federal fue considerada por los presentes como la mejor de toda la historia.

Sería en ese ámbito artístico donde conocería a su futura esposa, la bailarina rusa Lidia Lopokova, con quien se casaría en 1925. Según Un hombre universal: Las siete vidas de John Maynard Keynes, Keynes era bisexual, y el pintor escocés Duncan Grant, el padrino de su boda con Lopokova, había sido hasta ese momento el amor de su vida. Un año después de su casamiento, mientras visitaba a su familia política en Rusia, Keynes dio una conferencia en la que se manifestó a favor del control de la natalidad, lo que despertó duras críticas entre la audiencia. Con respecto al acceso restricto a los anticonceptivos, la falta de educación sexual, el menosprecio por la posición de la mujer manifiesta en el matrimonio y en las leyes de divorcio, la condena criminal a la homosexualidad, la discriminación laboral contra las mujeres y la diferencia salarial, Keynes advertía: “El estado de la ley y de la ortodoxia es aún medieval y ajeno a la opinión y a la práctica civilizada”.

El 24 de mayo de 1924, The Nation publicaba un ensayo de Keynes en el que proponía que el gobierno británico invirtiera 100 millones de libras esterlinas por año en el estímulo de la economía, específicamente en viviendas, caminos y distribución eléctrica. Y asimismo, que el dinero del tesoro fuera utilizado en empleos británicos más que en inversión en el extranjero. En diciembre de 1930, lanzó su A Treatise on Money, cuyo punto principal era la distinción entre inversión y ahorro. “Si la inversión excede al ahorro habrá inflación. Si los ahorros exceden la inversión habrá recesión.” En medio de la depresión provocada por la caída de Wall Street en 1929, Keynes sugería que el camino correcto sería estimular el gasto y disuadir el ahorro, “porque la máquina que mueve a la empresa no es el ahorro sino la ganancia”.

Teoría general del empleo, el interés y el dinero

Keynes intentó disfrutar al máximo de sus 62 años de vida. Su cita más célebre fue: “A largo plazo, todos estaremos muertos”.

Keynes intentó disfrutar al máximo de sus 62 años de vida. Su cita más célebre fue: “A largo plazo, todos estaremos muertos”.

En enero de 1935, en una carta a su amigo, el dramaturgo inglés George Bernard Shaw, Keynes le comentaba que “debes saber que estoy escribiendo un libro que ampliamente revolucionará –no de inmediato supongo, pero en el curso de los próximos diez años– la manera en la que el mundo concibe los problemas económicos”. Un año más tarde, The General Theory of Employment, Interest and Money veía la luz. En 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, publicó un pequeño libro llamado How to Pay for the War, en el que proponía que los intereses debían ser bajos y que el ahorro compulsivo debía ser utilizado como un mecanismo para prevenir que se generara la inflación que había sucedido a la Primera Guerra Mundial.

En 1941, Keynes fue elegido para ser parte de la corte de directores del Banco de Inglaterra. Durante 1942, se involucró en las propuestas y discusiones que terminarían dando forma al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y al sistema Breton Woods de manejo de la moneda internacional; a su vez, asesoró a su colega William Beveridge en la expansión del seguro social, que más tarde se convertiría en el servicio nacional de salud británico, y obtuvo un lugar en la Casa de los Lores. Con el título de Baron Keynes of Tilton, se unió al Partido Liberal.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, en 1945, viajó a Estados Unidos con la esperanza de asegurar un préstamo para que Gran Bretaña pudiera recuperar su economía. Su exposición del caso en la Reserva Federal fue considerada por los presentes como la mejor de toda la historia. Al cabo de tres meses de discusiones, Gran Bretaña obtuvo el préstamo libre de intereses por seis años y con un interés del 2% de ahí en adelante.

La salud de John Maynard Keynes era frágil. En 1937, una trombosis en la arteria coronaria lo había obligado a retirarse de la vida pública y a disminuir el volumen de su trabajo considerablemente. Había sufrido dos paros cardíacos menores: en 1944, durante un viaje a Estados Unidos; y en febrero de 1946, mientras asistía a la reapertura de la Royal Opera House que, junto con la creación del Consejo de las Artes británico, el mismo había ayudado a concretar. Finalmente, en su última visita a Washington, en marzo de 1946, sufrió un serio ataque que terminó por debilitarlo. El 21 de abril de 1946, a los 62 años, moría en su casa de Firle, Susex Oriental, Reino Unido.


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