JORGE EDWARDS: OFICIO DE LA MEMORIA

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El reconocido escritor chileno, que durante años fue demonizado por su libro Persona no grata, es considerado hoy uno de los grandes memorialistas hispanoamericanos. En esta entrevista exclusiva con ALMA MAGAZINE evoca su relación con muchos escritores latinoamericanos y también alguna crisis que vivió como diplomático.

Texto: Héctor Velarde / Fotos: AFP

La fama le llegó al chileno Jorge Edwards con Persona no grata. Pero esa obra también le costó ser satanizado por la izquierda latinoamericana representada por Fidel Castro, y la extrema derecha dictatorial de Augusto Pinochet. Este libro de memorias, en el que narra sus peripecias como diplomático del gobierno socialista de Salvador Allende en Cuba, llegó a ser tan popular en su momento que opacó a todo el resto de su producción literaria por años. Casi dos décadas después publicó un nuevo libro de memorias: “Adiós poeta”, un homenaje a su compatriota el poeta Pablo Neruda, que también alcanzó una gran difusión, lo que le valió ser considerado como uno de los más grandes memorialistas hispanoamericanos. Además ha escrito novelas, cuentos, ensayos y crónicas, entre las que se destacan: El peso de la noche; Los convidados de piedra; El museo de cera; La mujer imaginaria y El sueño de la historia. “Yo pienso que todos los escritores auténticos –dice Edward– tienen una relación con la memoria y por lo tanto con el pasado. La memoria es lo más creativo. Cuando uno se pone en la piel del personaje de ficción cuenta cosas que le han ocurrido, habla de su pasado. Una novela es un texto en que el principal personaje es el tiempo”. Por todo esto recibió el premio Nacional de Novela de Chile 1994 y el premio Cervantes, en 2000.

ALMA MAGAZINE: Casi medio siglo después de lo que la crítica llamó el “boom” de la literatura latinoamericana, ¿qué ha quedado de este fenómeno editorial? Usted, con más bajo perfil, integró también ese grupo, ¿cómo lo recuerda?

JORGE EDWARDS: En primer lugar, no creo que haya sido una figura central del boom. Yo era por entonces un diplomático que se ganaba la vida en París. Y no sabía que los diplomáticos tenían tantos compromisos. Yo escribía, pero no podía participar en la vida literaria, aunque estudiaba a escritores como Julio Cortázar o Mario Vargas Llosa, quienes se dedicaban realmente a su obra. Entré al grupo de forma más profesional, digamos, un poco después. Así que yo considero que soy post boom. Ese movimiento fue primero un conjunto de escritores que produjeron grandes novelas: Rayuela (Cortázar), La casa verde (Vargas Llosa), Cien años de soledad (García Márquez), La muerte de Artemio Cruz (Fuentes). Una eclosión de la novela latinoamericana y un fuerte cambio de estética. Hasta entonces éramos lectores de la poesía latinoamericana, leíamos a Pablo Neruda, César Vallejo, Octavio Paz. Pero que con el boom el lenguaje de la gran poesía latinoamericana se trasladó a la prosa. La llegada de estas novelas creó una atmósfera más urbana. No se limita a describir la naturaleza, como la novela regionalista o criollista. Crea un ambiente poético. Después de una generación de grandes poetas, pasamos a una generación de grandes prosistas que no son ajenos a la poesía. Y este movimiento provoca, en Europa y los Estados Unidos, el descubrimiento de una realidad latinoamericana. Es como si nuestro continente hubiera entrado por fin a la escena cultural del mundo.

AM: Fue por esos años que usted publicó un libro muy polémico: Persona no grata…

J.E.: Sí, un poco después de la eclosión del boom. Ese libro es fruto de mi experiencia como diplomático en Cuba. El gobierno chileno de Salvador Allende, que acababa de ser elegido, me encomendó abrir una embajada en La Habana. Hasta entonces no teníamos relaciones con Cuba. Fui nombrado para adelantarme al embajador. Yo estaba en una situación que podríamos llamar dual. Era un diplomático de carrera, pero a la vez era escritor y amigo de escritores cubanos. Por un lado participaba en las ceremonias oficiales, con todo el cuerpo diplomático, y en esos lugares se hablaba muy poco de la situación real interna de Cuba .Pero después, en la noche, yo me reunía con poetas como Heriberto Padilla, José Lezama Lima y otros. Ahí aparecía una realidad diferente. Muchos de esos escritores estaban censurados, como Padilla, o habían tenido problemas como Lezama Lima. Mi amistad con ellos provocó que el gobierno me vigilara, desconfiara de mí y finalmente me obligaran a salir. Fue una situación de conflicto, tuve una larga discusión con Fidel Castro, que duró como cuatro horas, en las vísperas de mi salida.

A.M.: ¿Cómo se decidió a escribir y a publicar el libro en aquellos tiempos?

J.E.: No fue nada fácil. Yo me decía: “Voy a poder escribir este libro, pero seguro no lo voy a poder publicar”. Como era diplomático en servicio activo no podía publicar un libro así. Después, en París, con Pablo Neruda como embajador, lo escribí y él me dijo: “Yo te voy a decir cuándo lo puedes publicar”. A mediados de 1973, en plena crisis chilena, me decidí, voy a pedir permiso en el Ministerio de Relaciones Exteriores y voy a publicar mis memorias. Yo pensaba que conocer la realidad cubana, tan sectaria y difícil, con tantas tensiones, con una desconfianza brutal contra los intelectuales, era importante para Chile, para que no se cometieran los mismos errores. Me decía: “Ojalá el socialismo chileno fuera un socialismo democrático y no caiga en estas cosas”. Ingenuidad mía, utopía mía.

AM: ¿Ahí se produjo el golpe de Estado y comenzó la dura represión de la dictadura?

J.E.: Cuando el libro estaba a punto de salir sobrevino el golpe de Estado. Yo lo retuve y escribí el epílogo. Como consecuencia, el libro tiene dos censuras, la de Fidel Castro y la de Augusto Pinochet. Curiosamente este libro, durante mucho tiempo, impidió que mi ficción literaria fuera apreciada. Todos me conocían como el autor de Persona no grata. Por mucho tiempo proyecté la imagen de escritor de un solo libro.

AM: Pero también era conocido por otro libro de memorias, Adiós poeta.

J.E.: Ese libro nació de mi conocimiento cercano de Pablo Neruda. Cuando publiqué mi primer libro en Chile se lo mandé por correo, y luego de tres meses, un amigo en común me dijo que Neruda me quería conocer. A partir de ahí nos frecuentamos mucho. Al principio era una relación del maestro con el joven discípulo, pero después pasamos a ser amigos, durante 21 años. Con Adiós poeta algunos me dijeron: “Haz hecho un Neruda en pantuflas”. ¿Por qué no? ¿Por qué dar la imagen de una estatua y no la de un ser humano?

AM: Alguna vez Plinio Apuleyo Mendoza le preguntó a García Márquez si le tenía rencor a Cien años de soledad. Ese libro parecía haber oscurecido el resto de su obra literaria. ¿Le tiene rencor a Persona no grata?

Edwards escritores latinoamericanos

Edwards se considera parte del “post boom” de escritores latinoamericanos.

EMBAJADOR DE LAS LETRAS Jorge Edwards nació en Santiago de Chile en 1931, en una familia de la alta sociedad. Estudió leyes en la Universidad de Chile e ingresó a la Cancillería en 1957. Fue designado para abrir la sede diplomática de Chile en La Habana, pero terminó siendo expulsado por Castro. Tuvo variedad de destinos diplomáticos, y fue también embajador en la UNESCO durante el gobierno de Eduardo Frei. Recibió el premio Cervantes, y Francia le otorgó la medalla Caballero de las Letras y las Artes. Es miembro de la Academia Chilena de la Lengua y de la Real Academia Española. El año 2000, el Ministerio de Educación de Chile le invistió con la Orden al Mérito Gabriela Mistral. Desde 1952, año en que publicó el cuento El patio, ha publicado más de 20 libros, el último de los cuales es la novela El inútil de la familia.

J.E.: Rencor no. No me arrepiento de haberla escrito. Lo que sentí cuando lo publiqué fue que me había metido en un lío mayor. Sentí mucha presión, abierta y soterrada. Me vetaban en las editoriales. Adquirí una fama negra. Pero hubo varios escritores que se acercaron y me defendieron, como Vargas Llosa, Pablo Neruda y su viuda, Matilde. Me quedé bastante solo, pero con buenos amigos.

AM: Por aquellos años se hablaba mucho de “literatura comprometida comprometida”, especialmente Jean Paul Sartre. ¿Todavía son vigentes esas ideas?

J.E.: No creo que hayan desaparecido totalmente. A veces el escritor siente un compromiso con la sociedad moral y político, aunque no sean compromisos literarios. Uno no puede forzar una novela, porque las novelas tienen una autonomía. Hacer novela comprometida no resulta, serían malas novelas.

AM: Respecto de la literatura chilena, su narrativa parece no agotarse nunca, desde José Donoso, pasando por Roberto Bolaño y ahora Alberto Fuguet…

J.E.: La literatura chilena cayó, durante mucho tiempo, en un lugar común, que decía que en Chile sólo había poetas. Creo que eso lo hemos superado. Roberto Bolaño se está transformando en un mito literario. Pero el pobre Bolaño se tuvo que morir para que lo convirtieran en mito. Eramos amigos. En Barcelona presenté su libro Los detectives salvajes y nadie lo conocía. La sala estaba vacía.

AM: También es amigo de varios escritores peruanos…

J.E.: Sí, conocí a José María Arguedas, un tipo muy melancólico, era muy amigo de Nicanor Parra. Arguedas se casó con una chilena, Sibila Arredondo, quien terminó vinculada con Sendero Luminoso. Cuando fui diplomático en Lima, Arguedas me llevó en una ocasión a una fiesta indígena peruana con bailarines que usaban tijeras. No msorprendió que se suicidara. Y a Vargas Llosa lo conocí en París, en 1962. Me invitaron a un programa para comentar libros. Pero lo mejor venía a la salida, porque nos reuníamos en un café a hablar de literatura. Todavía no había publicado La ciudad y los perros. Al comienzo no sabía quién era ese joven que me habían advertido que era muy lector. Me dijo una cosa que me pareció extravagante y escandalosa. Que prefería a León Tolstoi y no le gustaba Fedor Dostoievsky. Yo le dije que a mí me gustaban ambos. Le pregunté por qué y me respondió: “Porque Dostoievsky es pura subjetividad. Sus libros son como una memoria de una enfermedad mental y son de un espiritualismo un poco decadente. En cambio, Tolstoi es un creador de mundos exteriores a él”. Y después salió diciendo que la novela de caballería era creadora de mundos exteriores, llenos de fantasía, en cambio el Quijote le parecía muy subjetivista también. Mario ha cambiado, pero entonces era muy joven y tenía un talento literario muy particular.

AM: Pasando a la política, ¿qué opina sobre el triunfo de Michelle Bachelet en Chile, y el triunfo de otros candidatos de izquierda en Latinoamérica? ¿Está virando nuestro continente hacia la izquierda?

J.E.: Bachelet va muy bien, aunque es muy pronto para dar una opinión más exacta. Ahora, yo no creo que Latinoamérica esté girando hacia la izquierda, está girando hacia una cosa poco clara que no sé si llamarla nacionalista. Es muy confusa la situación. Recuerdo que estuve un año en Perú como diplomático, en la época de Velazco Alvarado, y siempre pensé que podría ser elegido en elecciones, como fue elegido en Chile un dictador, Carlos Ibáñez, quien ganó después de ser dictador, por una amplia mayoría.


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