JORGE PEREZ CELIS: TODO ESTILO ES UNA CARCEL

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Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1939. Hombre de mundo, desde muy joven Jorge Pérez Celis viajó por toda América y Europa, y llenó los ojos de información, colores e imágenes. Vivió en París, a orillas del Sena, y aunque nunca dejó de tener su corazón en Argentina, tuvo un hogar en New York y hoy vive, junto a su tercera esposa, en la soleada Miami. Involucrado hasta los huesos con sus obras, descree del rótulo que lo denomina artista, e insiste, como si se tratara de un mantra, en llamarse a sí mismo “pintor”. Reconocido por la crítica como uno de los más prestigiosos pintores latinoamericanos, Pérez Celis habló con ALMA MAGAZINE, desde su estudio, durante una de sus tantas tardes de trabajo.

Texto: Valentina Tossi Fotos: Archivo ALMA MAGAZINE

Vuelo al sur Perez Celis

Vuelo al sur: Técnica mixta sobre tela, 42,8 x 56,8 pulgadas. Miami, 2005.

Se dedica de lleno a su arte, aunque prefiere no llamar así a su trabajo. Y tampoco quiere llamar trabajo a eso que le quita el sueño desde que era un niño que pasaba las horas dibujando. Jorge Pérez Celis les ha dedicado la vida entera a los cuadros, las esculturas, los dibujos y a esos murales que hoy retratan, en diferentes lugares de su Argentina natal, las razones de un pasado eternizado en colores. Expuso en todo el mundo: Japón, Estados Unidos, Canadá y Europa, y sus cuadros son piezas fundamentales en grandes museos, como el de Bellas Artes de Buenos Aires y el MoMa, de New York. Es reclamado por las más prestigiosas universidades para dar conferencias y, entre otras intervenciones, ha ilustrado una edición especial del clásico de Walt Whitman, Hojas de hierba. Considerado un pintor popular, de esos que siempre escogen acercan el arte a las masas, Pérez Celis tiene una vocación reflexiva que, al mismo tiempo, cambia permanentemente. Porque las ideas nuevas, dice, le permiten ser libre.

AM: ¿En qué momento se dio cuenta de su popularidad?

PEREZ CELIS: ¡Empezamos fuerte! (Se ríe). No se me había ocurrido pensar en eso. Siempre he respetado a los medios de comunicación, porque creo que son los verdaderos mecenas de nuestro tiempo. Con ese medio se puede llegar a lugares o a gente que a lo mejor no visita asiduamente galerías de arte o museos. Eso es valioso, y es el motivo por el que uno llega a tener cierta popularidad. De todos modos habría que hacer un estudio muy profundo de por qué alguien es popular, porque a menos de que se tenga el dinero de una multinacional, que no es mi caso, no cualquiera logra tener esa llegada a la gente. La popularidad también tiene su precio, sobre todo dentro de lo que yo llamo –entre comillas– la elite cultural. Muchas veces les molesta la popularidad, porque posiblemente no son ellos quienes determinan quién tiene que ser conocido o no.

Estudio Perez Celis

Durante el momento de la creación, Pérez Celis en su estudio de Miami.

AM: ¿Por qué esa elite cultural tiene pruritos con la popularidad?

P.C: Creo que inconscientemente tienen algún prejuicio, suponen que si los conoce mucha gente a lo mejor no es serio. Yo no he hecho una pintura fácil, no he pintado ni florcitas, ni casitas, sin embargo la gente me reconoce.

AM: Usted ha pintado espacios públicos, en diferentes ciudades. Su obra ha tenido una comunicación directa con la sociedad.

P.C.: Intervine espacios públicos, murales para universidades, estadios de fútbol e inclusive he hecho esculturas públicas, porque creo que el arte debe llegar a la gente. Un mural no es solamente un adorno en una pared: es el testimonio espiritual y cultural de una época, de un pueblo, no solamente del artista. Eso lo vemos cada vez que viajamos a Europa y vamos a visitar esos lugares públicos donde hace 300, 400 años hicieron obras que todavía perduran.

POR AMOR AL ARTE

AM: Prefiere no definirse como artista, sino que se presenta como pintor. ¿Por qué esa diferencia?

P.C.: No puedo determinar yo mismo si lo que hago es una obra de arte, como harían otros artistas. Yo hago un cuadro, una escultura, un mural. Y si eso es obra de arte lo dirá la permanencia en el tiempo. He visto a mucha gente que le da a uno una tarjeta y dice debajo “artista”. Yo digo, qué suerte que sabe que es artista (risas).

AM: A partir de esta definición, ¿qué considera que debe tener una pieza para ser una obra de arte?

Semilla Astral Perez Celis

Semilla Astral: Técnica mixta sobre tela, 36,4 x 30,4 pulgadas. Miami, 2006.

P.C.: Me hicieron esa pregunta hace un tiempo y dije sangre. En realidad, quise decir la obra tiene que estar viva. No ser solamente un hecho estético, que puede ser agradable en ese momento, y que posiblemente cuando pase el tiempo, como la estética cambia igual que cambian las ideas, ya no tenga ninguna vigencia. Para una obra de arte el tiempo pasa, pero siempre va a dar emociones diferentes. He visto en muchos casos obras que en su momento parecían muy interesantes, incluso sacaban su premio, eran una novedad, pero después no resistieron el tiempo. Y como dijo Jorge Luis Borges, no hay nada más efímero que la novedad. ¿Cuántas cosas nuevas tenemos y luego nos damos cuenta de que ya están viejas? El arte es lo único que hace permanente al ser humano, porque no envejece.

AM: ¿Cuánto tiempo le dedica a la pintura en su vida cotidiana?

P.C.: Soy muy autodisciplinado. Me levanto y vengo al estudio. No me gusta utilizar la palabra trabajo, porque he comprendido que no vengo al estudio a trabajar: yo vengo a vivir. Generalmente uno hace un trabajo por alguna imposición, una necesidad. Uno sabe cómo hacerlo y cuánto va a costar. Pero cuando uno hace una obra no puede estar pensando en nada de eso, ni cómo hacerla ni para quién hacerla, ni mucho menos cuánto va a costar. Por eso tampoco me gusta la palabra profesión, profesional. Cuando dicen “es un buen profesional”, allí hago la gran diferencia: un buen profesional, sea un médico, un abogado o un plomero, hace algo sabiendo para qué lo va a hacer, cómo lo va a hacer y cuánto va a costar. Pero cuando uno va a hacer una obra de arte, en lo único que puede pensar es en la obra. El verdadero artista pinta, como bien lo dice la palabra, por amor al arte. Y no por otra cosa.

AM: ¿Qué tipo de pinturas son las que más le satisface hacer?

Van Gogh Perez Celis

Van Gogh: Técnica mixta sobre tela, 69 x 59 pulgadas. Miami, 2003.

P.C.: Yo siento mucho la variedad. Siempre digo que no hay un átomo de nuestro cuerpo que sea el mismo en un segundo diferente; nosotros mismos vamos cambiando permanentemente. No creo en tener ideas fijas. Para llegar a la creación hay que estar dispuesto a sentir, esperando y recibiendo algo nuevo y diferente. Ahora estoy haciendo una serie de papeles que voy a exponer en Buenos Aires, a fines de agosto. Es un homenaje a Brancusi, un gran escultor de origen rumano del siglo XX, ya fallecido, que vivía en Francia y que junto con Henry Moore y Giacometti fue uno de los tres grandes escultores del siglo. Estoy trabajando sobre papeles, en distintas técnicas, mixta, acrílicos y grafito, motivándome con sus esculturas. Esto no tiene nada que ver con lo que estaba haciendo hace dos meses y con lo que estaré haciendo, seguramente, en una semana.

“A veces pretender querer ser de un lugar determinado es forzado. Llega a transformarse simplemente en un folklorismo que no aporta a la universalidad del arte. Por eso uno nunca tiene que estar pensando en su identidad”.

AM: Su estilo ha cambiado mucho con los años. ¿Esto está relacionado con estar siempre abierto a nuevas motivaciones?

PC.: Claro, sin embargo mi obra ha ido cambiando, en muchos sentidos según los lugares donde he ido viviendo. Tengo la etapa de la pampa, la etapa peruana, la venezolana, la de París, la de New York y la de Miami, actualmente. Los lugares influyeron mucho en mis elecciones, en mi obra, pero hay una cosa que ha advertido más de un crítico: es que sin embargo, siempre soy Pérez Celis. No me preocupo por tener un estilo. Alguna vez dije: “Todo estilo es una cárcel”. Yo hago lo que quiero, y si lo hago porque lo siento, siempre voy a ser yo.

AM: ¿Cómo es su relación con la crítica, en función de estos cambios?

P.C.: Como todo, tengo amigos y tengo otra gente que no me considera. Supongo que es parte de este juego, es inevitable. Yo hago mi obra, después los que la juzgan son los demás.

AM: Eso entraría dentro de la idea de que es difícil juzgar una obra objetivamente…

P.C.: Se supone que hay ciertos niveles. Muchas veces hay críticos que se basan solamente en el conocimiento. Como todos sabemos, el conocimiento es el pasado, uno no puede conocer algo que no pasó. La creación es lo desconocido y cuando lo enfrentan, se escapa de sus conocimientos. Por eso son pocos los artistas verdaderamente originales que pueden mantenerse al margen. No todos lo ven así, por supuesto, hay críticos que son más creadores y arriesgan más.

LO INUTIL DE LA IDENTIDAD

Vuelo de las Americas Perez Celis

Vuelo de las Américas: Técnica mixta sobre tela, 81,2 x 72 pulgadas. Miami, 2006.

AM: ¿Cómo ve la evolución del arte latinoamericano, si cree que se puede mantener esa distinción en una época de información globalizada?

P.C.: Posiblemente no sea lo mismo un pintor mexicano que un alemán, un peruano o un norteamericano. Creo que hay acentos que hacen al lugar donde se han desarrollado. Latinoamérica tiene tres grandes componentes: por un lado está Indoamérica –Perú, Ecuador, México–; por otro lado está Afroamérica –el Caribe y parte de Brasil– y por ultimo Euroamérica, que es el Cono Sur, Uruguay, Argentina y Chile. Cada uno aporta lo recibido. Pero la globalización de las informaciones ha hecho que eso cada vez se fusione más, y a veces pretender querer ser de un lugar determinado es forzado. Llega a transformarse simplemente en un folklorismo que no aporta a la universalidad del arte. Por eso uno nunca tiene que estar pensando en su identidad. Muchas veces se habla de la búsqueda de la identidad, pero en realidad la identidad se tiene. Si es peruano, argentino o chino y hace lo que siente, entonces va a conseguir ser lo que verdaderamente es.

AM: ¿Será que esa búsqueda de afirmar la identidad es un vicio de los pintores latinoamericanos, de artistas que siempre han tenido influencias extranjeras?

“Los inmigrantes han dado y siguen dando mucho. Aquí va a ser un hecho grave que haya limitaciones con los inmigrantes, porque muchos son los que trabajan realmente, en las cosechas y en tantas otras cosas”.

P.C.: Eso es un complejo que tenemos. Ahora a los mexicanos se les ha dado a todos por meter los corazones ensangrentados, como Frida Kahlo. Por supuesto que hay algunos que se han liberado de eso, y hacen una gran obra. Pero es como que ya buscan de México ese dramatismo. Es como querer ser indoamericano y copiar las guardas, como algunos pintores geométricos que cuando se aburrieron de hacer una geometría vacía y pobre se les ocurrió copiar las guardas mayas o aztecas o incas. Como si con eso quisieran hacer una pintura latinoamericana. Y hay un medio que lo acepta, porque dice “¡qué originales que son!”, pero lo único que han hecho es copiar algo externo. Esas son cosas que no nos tienen que preocupar, tenemos que ser nosotros mismos, y no estar buscando. En el arte hay una palabra que se utiliza mucho, que es la palabra búsqueda; la utilizan los críticos, los pintores y, como bien dijo Picasso, “yo no busco, encuentro”. Cuando el artista está alerta y receptivo, encuentra. Porque cuando uno sale a buscar, sale a buscar algo que ya sabe qué es. Uno sale a buscar dinero, petróleo, una mujer, pero nadie sale a la calle a buscar algo que no sabe. Y si la creación es lo desconocido, no se puede buscar lo que no se conoce.

UN HOMBRE DE TODOS LADOS

Danza Suite Perez Celis

Danza Suite: Técnica mixta sobre tela, 36,4 x 30,4 pulgadas. Miami, 2005.

AM: ¿Qué lo llevo a vivir en los Estados Unidos?

P.C.: Creo que no he elegido nada, todo ese recorrido que le mencioné se fue dando. Nunca dije: “Voy a hacer primero un recorrido latinoamericano, después voy a ir a Europa, y después a los Estados Unidos”. Yo no planifiqué nada. Creo que las cosas más importantes de nuestras vidas nos suceden sin que nos demos cuenta. Yo nunca soñé (bueno, lo pude haber soñado pero nunca planifiqué) que un día iba a vivir en París, sobre el Sena, frente a la Conciergerie, o en el Soho en New York. Nunca pensé que fuera a vivir en Miami, posiblemente si hubiera un lugar en el mundo en el que menos se me hubiera cruzado por la cabeza vivir sería Miami. Sin embargo, por distintas circunstancias aquí estoy y lo acepto. Y como no tengo ideas fijas y siempre he tenido cambios, es probable que dentro de poco cambie otra vez.

AM: ¿Cómo es su vida como latinoamericano en los EE. UU.? ¿Cómo se ha sentido integrado socialmente?

P.C.: Primero entré a los Estados Unidos por New York. Viví varios años allí, que además es un poco el centro actual del arte contemporáneo, como en algún momento lo fue París, en la época de los impresionistas. El destino me llevó ahí, aprendí muchas cosas, recibí mucho, también hice mucha obra, y después vine a Miami porque mi segunda esposa no estaba bien. Pensamos que quizás aquí se iba a reponer, pero finalmente falleció aquí. Esas circunstancias hicieron que me haya quedado. Pero no es algo que yo haya elegido. Como yo vivo mucho adentro mío, lo externo es importante porque ha infuenciado en mi obra, pero ahí, está en mi obra. En mi persona no ha influido tanto. He tenido una inconsciente resistencia para aprender el idioma. Cuando vivía en París recién al final aprendí el francés, porque tengo muchos problemas auditivos y no es algo en lo que me concentro. Para mí la única concentración es la pintura. Actualmente mi esposa Tamara, que se ha criado con el francés y el inglés, es quien me ayuda. Hay gente que se ríe y me pregunta: “¿Cómo no hablas inglés?”.

AM: ¿No echa en falta hablarlo?

Cono Sur Perez Celis

Cono Sur: Técnica mixta sobre tela, 81,2 x 70 pulgadas. Miami, 2005.

P.C.: Bueno, sí, hay momentos para los que hubiera sido necesario, pero como no tenía que trabajar de mozo y atender a la gente, no lo necesité. Me he pasado siempre la mayor parte del día dentro de mi estudio, pintando. Y cuando tenía que resolver algunos contactos, estaban mis mujeres, que dominaban muy bien el idioma. He sido invitado a hacer talleres en la Universidad de Syracusa, en el norte de New York, con traductores simultáneos, sin problemas. Nunca me he sentido limitado en ese sentido. Pero conozco a muchos artistas latinos que hablan perfectamente el inglés, han estado aquí y no pasó absolutamente nada con ellos.

AM: ¿Cómo evalúa las últimas políticas norteamericanas hacia los inmigrantes?

P.C.: Me parece desastroso. En un país que se ha mantenido y desarrollado justamente por la inmigración, tener ahora estas limitaciones me parece inexplicable, totalmente lamentable. Y además esto habla de la mala política interna y externa que ha tenido Estados Unidos. Eso lo sabemos todos. Los inmigrantes han dado y siguen dando mucho. Aquí va a ser un hecho grave que haya limitaciones con los inmigrantes, porque muchos son los que trabajan realmente, en las cosechas y en tantas otras cosas. Lo van a lamentar.


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