JR, EL “ARTISTA URBANO”, NO EL DE DALLAS

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La historia parece soñada. De cómo un adolescente que realizaba grafitis en las calles de París junto con sus amigos termina siendo un puntal del arte callejero mundial en menos de diez años. El muchacho en cuestión es JR, un francés que ya con tres décadas de vida viene insuflando los límites del arte, tornándolos ostensiblemente en una cuestión de cambio y transformación social. Salta a la vista la comparación con el británico Banksy, pero el poder y los efectos del trabajo de JR recorren o apuntan a algo más político. Donde Banksy ve la potencia de desacralizar al arte y denunciar el peso del negocio, JR rescata la oportunidad que tiene el arte de incluir a sectores sociales expoliados e implicarlos en la tan mentada revolución. Una revolución de las mentes: el arte, en especial el arte callejero, puede ayudar a cambiar la percepción que tenemos de nuestro entorno, eso cree JR.
Para que esta historia tenga todo el condimento de una biopic –algún día tendremos que analizar nuestra facilidad o sensibilidad para que todo relato con características singulares acabe en formato de película–, en sus inicios como grafitero el joven se topó en un metro con una cámara fotográfica olvidada. El comienzo de todo. El momento epifánico. De ahí a combinar fotografía, litografía y grafiti y hacer retratos en blanco y negro en formatos enormes (que primero exhibió en las paredes de su ciudad) sólo un paso. O el paso de un par de años.
En 2005, mientras observaba por televisión los graves disturbios que se estaban multiplicando en los suburbios de París, JR contempló con extrañeza en la pantalla las fotografías que él había efectuado y colocado en las paredes de la banlieue (el extrarradio), un año antes. Quedó atónito: esos jóvenes a los que había tratado no eran unos ángeles, pero tampoco unos monstruos. Así que volvió al lugar de los hechos y registró con su cámara a los vecinos lozanos –con expresiones variopintas que los mostraban en su cotidianeidad–. Después imprimió esos retratos en gran formato y los pegó por los distintos barrios acomodados de París.
Más tarde, este “artivista urbano” –como se definió– se desplazó a Medio Oriente con una idea provocadora en la cabeza: nuclear en una misma imagen a un palestino y a un israelí que tuviesen la misma profesión. Y lo hizo: Face2Face (Cara a cara) se llamó lo que aseguran fue la exposición ilegal de fotografía más grande del mundo. Para ello, cubrió con esas imágenes casas y fachadas e incluso el muro de separación de ambos estados y en las torres militares que se encuentran anexadas a él. Según JR, ante el asombro de los transeúntes que lo escudriñaban con desconfianza mientras pegaba las fotos, él los exhortaba a que descifrasen cuál de las dos personas de las imágenes era el palestino y cuál el israelí. La mayoría de las veces no lograban diferenciarlo, lo que probaba la intención del proyecto.
La próxima aventura fue tan exitosa que hasta fue aclamado cuando se presentó como documental en el festival de Cannes en 2010. Con Women are Heroes recorremos tras su lente varios países de Africa en donde las mujeres –pese a que parecen estar a la sombra de los hombres– son puntales de estas comunidades en las cuales la pobreza, la violencia y la injusticia son moneda corriente. El proyecto homenajeó a estas mujeres anónimas, muchas de ellas víctimas de conflictos bélicos, empapelando con enormes fotografías de sus retratos el entorno en el que ellas habitaban.
Sin embargo, JR cobró relevancia mundial cuando ganó en 2011 el premio que brinda la fundación TED. En su exposición argumentó que está convencido de que el arte debe de estar al alcance de cualquier persona, aunque ésta no tenga acceso a la cultura, a exposiciones o a los museos. Con los 100 mil dólares del galardón lanzó Inside Out, un proyecto artístico a gran escala que transformó mensajes personales en piezas de arte. Todo el mundo fue invitado a realizar retratos en fotografías blanco y negro para revelar y compartir historias que no han sido contadas.
Decía el sitio web de JR: “Toma tu foto, súbela a la página (insideoutproject.net), será impresa como poster y te será enviada para que la puedas exhibir en tu propia comunidad, en tu entorno. Los posters se pueden pegar en cualquier espacio y superficie. Se puede pegar una imagen solitaria en la ventana de una oficina, hasta una pared de retratos en un edificio abandonado. Cada una de estas intervenciones será documentada, archivada y expuesta en línea, digitalmente.”
Algo de todo esto y mucho más podrán ver cuando llegue a los cines el documental Inside Out, The People’s Art Project, que se estrenó a mediados de abril en el festival de cine Tribeca.
Que nos sea leve,
Gustavo Alvarez Núñez


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