JUAN MANUEL SERVIN: ESCRITOR ILEGAL

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Juan Manuel Servín nació en México, pero su espíritu nómada lo llevó a viajar por Estados Unidos y Europa, para ponerse en la piel de un inmigrante. Y como tal vivió: tuvo empleos mal pagos, sufrió el maltrato de sus pares y se sintió pasajero de una pesadilla extraña. Pero aún así jamás dejó de dedicarles tiempo a la literatura y al periodismo. De regreso a México escribió Por amor al dólar, una crónica ácida y descarnada sobre sus tiempos en Estados Unidos, y recibió excelentes críticas. Servín se reunió con ALMA MAGAZINE en el Distrito Federal y expuso sus polémicas opiniones sobre la camaradería entre emigrados, el idioma español y la inutilidad de los muros.

Texto: Samuel Mesinas / Fotos: Alfredo Pelcastre

Juan Manuel Servín es uno de esos escritores que llevan al extremo la dicotomía vida- literatura: escribir para vivir, vivir para existir. J. M. Servín, como se hace llamar este novel escritor –44 años– en el mundo de las letras mexicanas, es nativo de la mega ciudad de México. Y como buen mexicano contemporáneo de clase obrera que es, también tuvo la necesidad económica de emigrar a los Estados Unidos. Pero Servín no es el caso de un emigrante analfabeto que abandona su medio rural para insertarse en una realidad citadina. Que para llegar a la tierra del sueño americano deja el alma enredada en peñascos y dunas del desierto, o en manos de crueles traficantes de humanos. A principios de la década de 1990 viajó a los Estados Unidos en avión, con una visa de turista. “Cruzo la frontera desesperado y sin empleo. Una hermana que ya trabajaba en Nueva York me presta para el boleto. Una vez que llego a los Estados Unidos me doy cuenta de que la aventura consistía en no esperar nada de nadie”, recuerda. Servín se convierte en un ilegal más, que busca trabajar en donde el destino le ordene: restaurantes, campos de golf, gasolinerías. “Me encuentro con un entorno de trabajo duro y competitivo que me exigía responder al aquí y ahora, así que decido internarme en el mercado de trabajo indocumentado sin otras pretensiones que ganar dinero que me permitiera seguir en movimiento. El periplo duró casi diez años y creo que aún no termina”, señala. Aún así, nunca abandonó su vocación de escritor y su pasión por la literatura de escritores como Jack London, Herman Melville, Ernest Hemingway, Nelson Aldren. “Mi formación como lector y literato tiene una fuerte deuda con la literatura realista, sobre todo anglosajona. En México con Manuel Payno, Mariano Azuela, José Revueltas. Estos escritores entendieron la literatura como un compromiso con la vida misma y con la épica del paria, del hombre común, con la cual me siento muy a gusto”, acota. En 1995, después de cinco años de vivir en Nueva York, decidió extender el periplo hacia Europa y, so pretexto de acompañar a una francesa de la cual se enamoró, llegó a la Ciudad Luz, París, y a la Dublín de James Joyce.

ENAMORADO DEL DOLAR

Por Amor al dolar

En Por Amor al dólar, el autor relata su propia experiencia como inmigrante.

“… Sabía que mientras estuviera en Estados Unidos no volvería a traer zapatos remendados ni ropa de tianguis. En Estados Unidos sería un pobre de primera”, ironiza en su reciente libro, Por amor al dólar, publicado por Joaquín Mortiz, de la Editorial Planeta. En él, J. M. Servín detalla su estancia en Europa y en los Estados Unidos. “Nueva York no es los Estados Unidos. Más bien asemeja a una especie de Vaticano sin prédica”, dice, mientras deposita la ceniza de su tabaco en el cenicero de la cantina en donde transcurre la entrevista con ALMA MAGAZINE. El bar se ubica en una de las fronteras citadinas imaginarias: la que divide el aguerrido barrio de la zona dorada con el Centro Histórico, ahora conocido como Ciudad Slim, debido a que el mexicano más rico del mundo, Carlos Slim, ha comprado gran parte del corazón comercial de la capital mexicana. Servín es de baja estatura y mirada callejera; incisivo e intenso. Escribe en cuanto suplemento, revista o periódico –mexicano– se lo permite, y parece tener un imán para las rémoras nocturnas. En Por amor al dólar reafirma su voluntad de hacer de él y de su cotidianidad una pieza de arte literaria, al colocar como argumento principal su condición de inmigrante mexicano. Sus crónicas son fragmentos del mundo pesimista de los inmigrantes latinos que mutan de acuerdo con el contexto nuevo al que se adaptan. En él plantea un “periodismo charter”, con el que no tiene empacho en desmitificar las costumbres de sus “paisanos” en los Estados Unidos y el temor de perder sus trabajos ilegales ante la llegada de un nuevo migrante.

LATINOS VS. LATINOS

“No puedo hablar de comunidades de latinos sino de inmigrantes. Si tú partes de lo macro, los trabajadores ilegales en Estados Unidos pueden ser vistos como un grupo social que amerita toda nuestra solidaridad. Sin embargo eso no los deslinda de que, como individuos, puedan tener los mismos prejuicios y ser tan mezquinos, egoístas, revanchistas y oportunistas como cualquier persona”, apunta. “A mí me pasó con poblanos (de Puebla, México): cerraron filas para que no aprendiera el trabajo ni nunca se solidarizaron con la fajina del restaurante donde trabajaba. Pero no fue por ser mexicano. Pasaba con colombianos, chilenos, haitianos, chinos. No es una situación de razas, sino de la mezquindad de la explotación del hombre; es una condición humana y eso no me deslinda de ser tan hijo de la chingada como el explotador”. Ese es el personaje principal de Por amor al dólar: él mismo, el J. M. Servín de los empleos vólatiles, el filósofo de bohardilla, el lector empedernido. En Por Amor al dólar, el autor relata su propia experiencia como inmigrante. gente que manda divisas. Y para los gringos es una manera de presionar política y económicamente al país que le provee de drogas y oro negro”, observa.

TESTIGO Y PROTAGONISTA

En México, J. M. Servín escribió su novela Cuartos para gente sola (Nitro Press, 1999), que se convirtió en finalista del Premio Internacional de Literatura Independiente de la Editorial Opera Prima de Madrid. Ya en Europa armó su segundo libro, Periodismo charter, una bitácora de crónicas escritas con un corrosivo estilo, que en 2001 ganó el Premio Nacional de Testimonio otorgado por Instituto Nacional de Bellas Artes. Más recientemente con Por amor al dólar, en el que exorciza su condición de inmigrante, recibió unánimes elogios en su país. Con las obvias diferencias, Servín bien podría ser un Hunter Thompson a la mexicana; uno de esos escritores autodidactas que exploran el mundo anglosajón empleándose en cualquier oficio que le permita sobrevivir y acrecentar su experiencia de ciudadano marginal.

LA LENGUA DE LOS INMIGRANTES

Escritor Juan Manuel Servin

“Que un grupo de imbéciles se manifiesten para repeler inmigrantes habla de un temor patológico al otro.”

“El flujo de inmigrantes es incontenible, sobre todo cuando los actores políticos son incompetentes. Pero afortunadamente las sociedades son más dinámicas y así, aunque los Estados Unidos militaricen la frontera, nadie impedirá el paso de los inmigrantes”, reflexiona Servín, y profundiza: “Mi trato en ese país fue el mismo de cualquier ilegal. Poco importaban mis aspiraciones literarias en mi trabajo como asalariado de 15 o 20 horas diarias. Dime, ¿de qué sirve en un trabajo como ésos decir que lees dos o tres libros por mes; cuál es el beneficio o la pretensión? Lo único que ahí importa es la capacidad para realizar la chinga”.

ALMA MAGAZINE: ¿Cuál es el principal problema de la adaptación?

J. M. SERVIN: Llegan con una preparación escolar pobre y deben trabajar muchas horas. Así no puedes pedirle que aprendan inglés. Porque es como solicitarles que de nuevo aprendan a hablar. A los gringos sí les interesa el español, pero de manera pragmática, por una relación laboral. También hay que recordar que somos nosotros los que emigramos a un lugar donde se habla inglés.

AM: ¿Por qué no les interesa el idioma?

J.M.S.: Claro que les interesa, de alguna manera y tal vez para otros fines. Lo que me parece aventurado es idealizar al español de un inmigrante indocumentado. Decir que enriquece una lengua por sí mismo, cuando sabemos que una gran parte son analfabetos. El spanglish es un reflejo de eso, la incapacidad de expresarte bien en algunos de los dos idiomas. Me parece que son propuestas de un grupo de gente que idealiza el mestizaje.

AM: ¿Aún se persigue el sueño americano?

J.M.S.: Creo que ya no hay que preguntarse por el american dream, sino por qué se siguen largando de México. ¿Tú crees que un campesino de la sierra sur de México busca el sueño americano? Lo único que quiere es tragar porque en México no hay qué. ¿Por qué ponerlo todo debajo de un discurso cultural cuando la realidad es que no hay para comer?

EL TEMOR AL OTRO

AM: ¿Qué piensas sobre las voces que se alzan contra los inmigrantes?

J.M.S.: Dondequiera hay reclamos, pero no tienen una incidencia real en el intercambio cultural que se establece a partir de las migraciones. Que un grupo de imbéciles se manifiesten como patriotas para repeler a los inmigrantes te habla de los baches que tienen, no sólo los gringos, sino cualquier cultura que tiene un temor patológico al otro. Pero también es bueno recordar que el gringo no sólo es el de piel blanca, sino que son muchas mezclas. Si no lo mencionara así estaría cayendo en ese discurso separatista de pensar que es un país de puros blancos.

AM: ¿Qué piensas sobre los movimientos sociales que se están dando a favor de la legalización de estos grupos?

J.M.S.: La unión que se dio en las calles es coyuntural y no es nueva. Hay que recordar que en los años ’60 César Chávez ya había organizado a los trabajadores mexicanos para exigir derechos políticos. Pero a mí nadie me dice que sea un movimiento que perdure y beneficie a los que van a irse, porque esos 12 o 13 millones a los que les darán papeles de trabajo, ¿qué van a hacer cuando lleguen los otros? ¿Van a ser igual de solidarios, los van a recibir con los brazos abiertos?

AM: ¿Cuáles son los mayores errores que a tu juicio comete el inmigrante al arribar a los Estados Unidos?

J.M.S.: Su mayor error es no conseguir un buen pollero que le lleve a salvo. Sus aciertos, salir adelante con su vida a través del trabajo y demostrar que no hay muro que impida cruzar fronteras.


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