JUANES: DIARIO PERSONAL

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El cantante colombiano forma parte de un selecto grupo de artistas que oscila entre el pop melódico y el rock y que, entre las canciones de amor y desamor, deja filtrar cierto discurso político y, sobre todo, buenas intenciones. Además, Juanes se destaca por su capacidad para el hit, el respeto por sus propias raíces folclóricas y la curiosidad por indagar otros territorios. Unos meses atrás lanzó disco nuevo (La vida… es un ratico), y desde principios de marzo hasta mediados de mayo lo presentará a lo largo y ancho del país.

Texto: Marina Zucchi / Fotos: Gentileza Universal Music

Cantante colombiano Juanes

Cantante colombiano Juanes.

Versátil es un adjetivo que al colombiano Juanes le calza de maravilla. Pocos se han atrevido a una paleta de colores tan variada a la hora de intentar duetos. Desde Tonny Bennett a Laura Pausini, de Miguel Bosé a Nelly Furtado. Ahora el muchacho nacido en Medellín que se crió con ritmos como el vallenato, la cumbia y la guasca volvió a las andanzas, con nuevo dúo y disco: esta vez estrena dupla con el argentino Andrés Calamaro y el alemán Campino, líder de la banda punk Die Toten Hosen; y lanzó su cuarto álbum La vida… es un ratico. El chico bonito transita un punto de quiebre. En medio de un momento turbulento de su vida sentimental –que se pelea y que vuelve con Karen Martínez, madre de sus dos hijas–, no tiene vergüenza en admitir que sus discos son autobiográfi cos. Que la soledad le duele y lo documenta en sus temas. Que también le duele su país y de allí la canción sobre las minas antipersonales (artefactos diseminados en su territorio), interpretada junto a un ex Abuelos de la Nada como invitado. Melancólico, suave en el decir. Cualquier fanática aprovecharía la ocasión para abrazarlo, para darle una palmadita de aliento antes que pedirle un autógrafo. Es que Juan Esteban Aristizábal (35 años) inspira hoy cierta ternura. “El nombre del disco fue una conversación que tuve con mi madre hace unos meses”, cuenta mientras enseña sus cuatro marcas de “guerra” (sus tatuajes): una jota, un tribal, un ojo y una cabeza de toro. Y reanuda. “Ella tiene 78 años y un día, sentados a la mesa, dijo una frase que me despertó, a raíz del fallecimiento de un familiar: La vida es un ratico. Por eso tienes que levantarte y cambiar tu chip. Se me grabó eso de que hay que hacer este viaje agradable”.

ALMA MAGAZINE: Cantas sobre lo que te pasa. ¿No temes que tu música te ponga al descubierto en muchos aspectos, que te exponga?

JUANES: No. Sé que las canciones me exponen mucho en este disco, pero eso es lo que soy y no podría aparentar otra cosa. Siempre hice lo que siento. Cuando estuve enamorado, como cuando me vi en crisis. Creo que es válido usar la música como reflejo.

AM: En medio de la grabación del álbum te separaste y en muchas letras hablas de eso…

J.: Las relaciones humanas son difíciles y la convivencia también. Yo hablo sin temor a la separación porque es totalmente humano. A cualquier pareja le sucede y quizás éste fue el momento en que nos sucedió a nosotros. Pero el cariño y la amistad son grandes. Estábamos separados pero hablábamos muchísimo porque sobre todo somos papás de dos hijas que son nuestro lazo. Soy humano y para mí la música es terapéutica. El tema Difícil, dice, por ejemplo, quiero gritar. Y eso me pasó. Es mi forma de liberarme.

AM: ¿Y ya estás liberado?

J.: Sí, claro. Cuando escucho mis discos terminados siento que detrás de cada canción hay un dolor horrible, una vivencia que tuve que pasar para hacerlo. Es chévere poder ver reflejado el pasado de uno. Mis temas son momentos, el resumen de estos años. Mis canciones son como un diario personal. No puedo escribir sobre lo que no siento.

“Cuando escucho mis discos terminados, siento que detrás de cada canción hay un dolor horrible, una vivencia que tuve que pasar para hacerlo. Es chévere poder ver reflejado el pasado de uno. Mis temas son momentos, el resumen de estos años. Mis canciones son como un diario personal. No puedo escribir sobre lo que no siento.”

AM: En tus comienzos tocabas rock metálico. Sin embargo, en tu carrera solista te inclinaste por indagar en las raíces folclóricas y la efectividad del pop. A lo lejos, ¿qué recuerdos tienes de tus primeros pasos?

J: Si tengo que recordar lo primero que toqué con la guitarra a los 6 o 7 años, fueron canciones de Los Chalchaleros, de Los Visconti, de Carlos Gardel, de Lucho Gatica. Más tarde, a los 10 u 11 años, la trova cubana: Silvio Rodríguez, Vicente Feliú y Pablo Milanés. Después llegó el metal a mi vida: a los 14 era un metalero bestial. Aquí y ahora existe un retorno a esos comienzos, pero sumando muchos de los elementos que me gustan de ambos universos. Creo que al final hay una mezcla de esos dos mundos musicalmente tan distintos.

EL AMOR DESPUES DEL AMOR

En su nueva aventura musical también hay dos imaginarios que se mezclan: el costado romántico y los temas “sociales”, según define. Y en esta última senda sobresalen los dos temas con invitados: en el que participa Calamaro y Bandera de mano con el cantante alemán. Son 13 temas atravesados por vallenato, cumbia, flamenco y tango. El colombiano y el rockero argentino se vieron las caras por primera vez recién en el estudio de grabación y grabaron juntos Minas piedras, una de las mejores canciones del álbum. El dúo lleva la firma de otro argentino: su productor, Gustavo Santaolalla, quien hizo de puente para el encuentro. En boca de Juanes, uno puede imaginar perfectamente la postal porteña: es de noche en los estudios Ion y un operativo secreto ocupa a Santaolalla. El coterráneo de Gabriel García Márquez cruza la puerta y las pulsaciones se elevan a quinientas cuando escucha el piano. Una melena inconfundible lo recibe y agradece el regalo de cumpleaños (una mochila hecha por manos indígenas), que llega desde Santa Marta. “Juro que fue mágico. Me emocionó porque él es muy grande. Gustavo Santaolalla fue el hilo conductor de esa energía. Y créeme que fluyó increíble”, narra. “Fueron cuatro horas. La canción ya no es mía. Tomó nueva vida: ahora es de los dos”, opina.

AM: ¿Por qué te acercaste a Calamaro?

J.: Surgió por admiración y respeto profundo a su trabajo desde Los Abuelos de la Nada. Le mencioné a Gustavo (Santaolalla) la posibilidad de grabar con Andrés. El le mostró la canción, Andrés aceptó y estoy honrado, porque hay algo especial. No es un tema que tenga la intención comercial de ir a la radio y ese tipo de cosas, sino que es artístico. Habla de un tema complejo en mi tierra, las minas antipersonales. Sólo en 2006 han causado más de mil víctimas. Es muy grave el problema de los campos minados. Son enemigos silenciosos que se encuentran debajo de la tierra. Y poner estas palabras en voz de Andrés, es significativo. El es gigante. Habla desde las entrañas. Andrés es un poeta y un músico del alma. Lo suyo está entre el virtuosismo y la capacidad de transmitir.

AM: ¿En qué contexto la escribiste?

J.: Con la Fundación Mi sangre visitamos un municipio afectado y nos reunimos con 30 víctimas y sus familias. De la visita, nació la canción, la fotografía del momento. Lo violencia no cesa, pero ellos bajan con esperanza de la montaña. Lo que más desean es llevar a sus hijos a estudiar. Que no tomen un arma, sino la palabra. Es bonito. Bajan de la guerra pero buscan un sitio para amar. Colombia es un país agrícola por excelencia, aunque los campesinos no pueden sembrar la tierra porque tienen pánico de pisar una mina y perder sus piernas. Viven aterrorizados completamente. Al final no pueden vivir en el campo, deben abandonar sus tierras e irse a la ciudad. Todo este cuadro genera una desestabilización social muy grande que acarrea desempleo, pobreza y criminalidad.

DE CIFRAS Y CORAZONES ROTOS

No es una novedad: Juanes es una máquina de generar dinero. Hay que atenerse a las cifras: el primer simple de su nuevo álbum, Me enamora, ha logrado tener más de 6 millones de descargas digitales. El lanzamiento de La vida… se ubicó enseguida en el primer puesto en ventas de varias naciones de Centro y Sudamérica; mientras que aquí arrancó en el tope entre los discos latinos. En el medio, el cantante se asoció con Sprint para que sus seguidores bajen archivos musicales de su obra. Además, la conocida marca de telefonía celular auspició los primeros dos conciertos de lanzamiento de La vida…: el 22 de octubre en Nueva York y el 25 en Chicago. No sólo esto: Sprint será el patrocinador de telefonía celular exclusivo de la gira EE.UU. 2008 de Juanes, que comienza el próximo 6 de marzo en el Madison Square Garden de Nueva York. En total serán 35 conciertos entre marzo y mayo. Los otros escenarios: Washington el 30 de marzo; Rosemont, Illinois, el 2 de abril; Duluth, Georgia, el 9 de abril; Orlando y Miami, Florida, el 10 y 12 del mismo mes; el 7 y 9 de mayo en Los Angeles y el 16 en San José, California. Pero no todo es dinero y cifras en la trayectoria del ganador de 12 premios Grammy latinos: “Trato de sentir mi propia música, de bucear entre mis preocupaciones. Si uno sólo está atento a lo que pasa en el mercado, siempre se va a confundir porque la industria cambia a cada rato”. En este sentido, La vida…, su cuarto disco, es producto de las intermitencias del amor, ésas que afectan a cualquier ser humano y que en un instante provocan todo tipo de movimientos sísmicos. Sin olvidar el pulso de canciones pegadizas y llevaderas, varias de las piezas que hacen a La vida… retoman esta circunstancia paradigmática y se ponen a tono de la madurez que tal situación conlleva. Tu y yo, La mejor parte de mí o el hit Me enamora así lo expresan. La vida… no sólo se queda en el registro de los cimbronazos del amor. Juanes indaga a su modo sobre los problemas que aquejan a su querido país. Bandera de manos (“Hagamos todos una bandera con manos mestizas / una bandera con manos inmigrantes por un mundo mejor”) y Minas piedras son la clave. Y también asoma esa retórica casi de autoayuda que se cuela en canciones como No creo en El jamás (“No voy a darme por vencido / no voy a darle mi vida al miedo”) o la misma balada medio tiempo que le da título al álbum. Pese a los encontronazos que la vida amorosa depara, parece que hay luz al fi nal del camino: es la enseñanza que sobrevuela. Cuando una fan le preguntó–en una suerte de rueda de prensa para admiradoras organizada por Univisión– qué opinaba Juan Esteban de Juanes, el cantante respondió: “Cada mañana me despierto y es como un sueño. Me siento muy agradecido, las cosas que pensé que nunca pasarían, pasaron. Miro hacia atrás y no lo puedo creer, ha sido maravilloso.” Tan maravillado como se sintió en el pueblo en que pasó su infancia, Carolina del Príncipe, un poblado ganadero y lechero a 310 kms al noroeste de Bogotá, el viernes 12 de octubre. ¿La razón? Sus paisanos levantaron una estatua de bronce en su honor. Más adelante en la entrevista que le hicieron sus seguidoras, otra devota le propuso que piense en su mundo ideal, y el hombre que compuso el nuevo álbum en medio de las montañas de Medellín, dijo: “La igualdad para todos. Creo en algo y espero que algún día llegue ese momento.” Puede resultar demagógico, pero es un Juanes al 100%, un artista que delata su buen corazón.

Cantante Juanes

Juanes.

AM: ¿Para qué crees que sirve una canción?

J.: Creo que una canción nunca va a cambiar la mentalidad de una persona. Pero da la posibilidad de visualizar un problema. Si Calamaro canta conmigo, otra gente que no sea de Colombia la va a escuchar atento. El presta su voz y su credibilidad para hablar sobre un tema serio. Visualizar un problema es buen comienzo, ¿no? Necesitamos más ayuda que nunca.

DEVOTO DE LAS PALABRAS

Negado extrañamente hasta hoy a ganar el mercado anglo desde la lengua inglesa, suena firme en su argumento: “No es nada contra el inglés, pero no me interesa. Hay otras formas de conectarse con el público. Si La camisa negra se ha escuchado en Alemania, Taiwán, Rumania, Finlandia, Grecia… Cantar en el idioma en el que piensas y sueñas es lo que vale”, razona. Diplomático, agradecido con Santaolalla (“Hace años me sacó de un momento oscuro. Yo vivía en Los Angeles, renuncié a lo que tenía en Colombia y fueron años de comer mierda hasta que él iluminó mi camino”, dice), el hombre que se atrevió a 170 conciertos en 31 países con su último disco (Mi sangre) va por más. En su marcha no deja hueco sin pedir por la paz. ¿Marketing? “Conozco muchos músicos solidarios. Y otros que no tienen nada de eso. Cada cual hace lo que quiere. A mí Colombia me interesa y me duele. Siento que debo hacerlo como ciudadano. Hay que invertir en los niños. En unos años ellos van a decidir si tomar un arma o… la palabra”.


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