KARL LAGERFELD: EL KÁISER DE LA MODA

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Hay quien dice que nació en 1933. Karl Lagerfeld empezó a trabajar para Fendi en 1965 y para Chanel en 1983. Cuando era joven quería ser ilustrador. Adora a su gata Choupette, a la que considera su musa. Es un icono al que también conocemos con el nombre del “káiser” –emperador, en alemán–, porque preside el destino artístico de las dos firmas de alta costura más importantes del mundo y la marca que porta su nombre. Podríamos decir que es el rey en el mundo de la moda. Hablamos con él luego de la celebración en Roma de los 90 años de Fendi.

Texto: Isabel Kumar (Euronews.com) / Fotos: Lawrence Freedland / Daniel Marshall

ALMA MAGAZINE: Estamos en Roma para celebrar el 90 aniversario de Fendi, una firma que asociamos al lujo. Sin embargo, ¿qué es el lujo para usted?

Lagerfeld se asoció con el Grupo Trump para su primer proyecto de diseño de interiores en unos edificios de lujo en Miami.

Lagerfeld se asoció con el Grupo Trump para su primer proyecto de diseño de interiores en unos edificios de lujo en Miami.

KARL LAGERFELD: Fendi es un buen ejemplo acerca de lo que el lujo debe y puede ser. Hay todo tipo de lujo. El lujo es también tener tiempo para uno mismo sin estar obligado a vivir bajo una presión continua. Porque hoy en día hay gente pobre que no tiene nada que hacer y otros que están totalmente estresados. Así que eso también es un lujo. El lujo también es una cuestión de calidad, un giro ingenioso. Puedes reinventarte. No son sólo cosas caras, sino que tienen que estar bien hechas, el precio se tiene que justificar y la calidad debe ser impecable.

AM: No obstante, para usted el lujo también puede ser el trabajo. Yo diría que usted no para nunca, ¿cuál es el secreto para tener tanta energía?

K.L.: No hay secretos. No hay que olvidar que tanto para Fendi como Chanel, trabajo en condiciones excepcionales. Trabajo con las mejores personas y en condiciones inmejorables. No tengo un equipo de marketing presionándome. Puedo hacer lo que quiera cuando quiera. Y eso ya es el summum del lujo. Porque en otras casas es distinto: está el diseño, el marketing y a mí no me gusta. Si me hicieran trabajar así, me iría al momento.

AM: La firma Fendi es conocida por sus conocimientos técnicos, por el trabajo hecho a mano, pero ¿cómo utiliza la innovación tecnológica?

K.L.: Una cosa no quita la otra. Si te quedas haciendo sólo una cosa, al final estás acabado. Hay que tener los ojos bien abiertos. Se pueden hacer cosas muy originales, aunque al mismo tiempo hay que utilizar las técnicas más vanguardistas. Si no, no tiene interés.

AM: ¿Roma es una ciudad importante para usted?

K.L.: Es la ciudad que después de París, es la que conozco mejor. Creo que he estado en Roma unas 800 veces… Incluso tengo un piso en la ciudad. Es un lugar en el que me siento –no me gusta la expresión “en mi casa” porque no estoy en ninguna parte en casa y me siento en casa en todas partes pero no es lo mismo–, es un lugar muy familiar para mí.

AM: Usted no sólo está ligado a Fendi, sino que además trabaja para Chanel y para la marca que lleva su nombre… ¿Tiene una triple personalidad?

K.L.: No tengo ninguna y tengo tres.

AM: ¿Tres?

K.L.: Sí, o eso espero. Porque Fendi es mi versión italiana, Chanel es mi versión francesa y el resto soy yo.

AM: Le vi hacer un croquis a una velocidad y una precisión impresionante.

K.L.: De pequeño quería ser ilustrador y eso me ayuda mucho. Porque hoy en día la gente utiliza la computadora, los directores de arte miran las cosas de otra manera. Yo hago todo por mi cuenta. Hago los diseños extremadamente precisos, casi en tres dimensiones. La gente que trabaja conmigo, los primeros, como yo les llamo, no tienen casi la necesidad de hacer ninguna pregunta. Cuando veo las pruebas de la tela o el modelo, son casi exactamente como mi diseño. Si no es así es mi culpa, no la de ellos.

“El lujo es una cuestión de calidad, un giro ingenioso.”

AM: Es interesante porque pensé que las personas que traducen sus imágenes son perlas raras que podían…

K.L.: No, yo traduzco antes con anotaciones y diseños en tres dimensiones. Tardo mucho en hacerlo pero me encanta. Como ya dije, al principio, yo quería ser caricaturista y retratista.

AM: Usted es un icono, aunque ¿quién es su icono?

K.L.: Son iconos que quizá la gente no conozca. Harry Graf Kessler, que fundó la Bauhaus y que ha creado la Fundación Nietzsche en Weimar; o sino Walter Rathenau, la primera víctima de los nazis en Alemania. Sin embargo, no pienso en la gente como iconos. Mis iconos, el gran público no los conoce.

AM: Y las musas, ¿son importantes para usted?

K.L.: Sí, mi musa es Choupette.

AM: Choupette es su gata. ¿Cómo le inspira?

K.L.: No es algo analizable. En verdad, su simple presencia tiene un efecto muy relajante. De hecho, es un medicamento reconocido. La gente que tiene un gato tiene menos problemas de salud que los que no lo tienen. Parece ser que es una terapia increíble. Leí un artículo científico acerca de esto.

AM: Yo también creo que los animales nos calman más…

K.L.: Yo necesito tranquilidad. Soy un poco histérico. Es algo reciente, ella tiene cinco años. Antes, nunca imaginaría enamorarme de un gato pero ella es excepcional y conocida en todo el mundo.

AM: ¿Ella viaja con usted?

K.L.: En algunos viajes, no en todos. En algunos lugares, viajar con animales es problemático. Pero son países que evito. Por ejemplo, no voy a Inglaterra. Pero ahora con el Brexit ya no tenemos que preguntarnos esto.

AM: Algunos dicen que el Brexit puede ser el primer paso para la desintegración de Europa. ¿Qué cree usted?

karl-lagerfeld-1-c2a9-karl-lagerfeldK.L.: Lo que me ha chocado es la gente que ha provocado la salida y ahora se retira, una vez hecho el mal. Es horrible, este hombre, el ex alcalde de Londres, Boris Johnson. Y el otro, muy pretencioso y populista: Nigel Farage. Para mí, David Cameron, en cierto modo, es el sepulturero de Europa. Ellos tenían ventajas que los otros no tenían. Y la gente que vota no es obligatoriamente la que genera el futuro. Eso es lo que pasa cuando se hacen tonterías.

AM: ¿Qué piensa usted de la situación de Europa? Porque vemos cómo aumentan los nacionalismos. ¿Le preocupa?

K.L.: Me preocupa pero no creo que eso pueda llegar a pasar. Lo que ocurre en Austria o Polonia no es gracioso. En Francia también existe un pequeño movimiento.

AM: ¿Cuáles pueden ser las repercusiones, por ejemplo, para los jóvenes que se dedican a la moda?

K.L.: La moda va a existir siempre. Habrá más tiendas de H&M que de grandes marcas de lujo aunque la moda siempre existirá.

AM: ¿Usted piensa que tienen las mismas oportunidades que tuvo usted?

K.L.: No, no. Yo empecé en otra época y tengo conocimientos que ninguna escuela da. Acumulo conocimiento. Francamente no quiero desalentarlos pero es mejor que tomen otro ejemplo.

AM: ¿Cuáles serían sus consejos para esos jóvenes?

K.L.: No doy consejos. Sólo de forma individual aunque no de manera generalizada. Depende del talento que tenga cada uno, de las ganas y de las circunstancias en las que ellos vivan. No hay libros de recetas.

AM: Usted dice que siempre mira hacia delante…

K.L.: Si, para delante, seis meses, porque la moda es así. Decir que esto es vanguardia, que lo llevaremos en 20 años… ¿Usted se acuerda de la vanguardia de los años 60? Nadie se viste así ahora. Eso era una farsa de primera.

AM: ¿La industria de la moda a qué se parecerá en 50 años? ¿Usted se puede proyectar?

K.L.: No tengo una bola de cristal. No lo sé.

AM: Tiene los pies en la tierra pero vive en un mundo de excentricidades. ¿Cómo hace?

K.L.: No lo sé. Soy pragmático, lúcido y no me hago ilusiones, sobre todo, conmigo mismo.

AM: Los creadores se quejan a veces de que el mundo de la moda va demasiado rápido.

K.L.: En ese caso no firman contratos con grandes empresas que necesitan cierto ritmo. Sé que soy un poco responsable de un ritmo infernal, por eso cuento con un equipo para hacerlo y clientes que necesitan eso. Si te desarrollas hasta ese punto y si haces trabajar a tanta gente, hay que ir más allá de uno mismo. No creo en el concepto de que tengo que estar en una playa para buscar inspiración. En francés se dice que el apetito llega comiendo y la inspiración llega trabajando.

AM: Escuché decir que incluso durmiendo…

Portrait_of_Karl_holding_the_glassK.L.: Yo tengo como flashes electrónicos, veo de repente algo. Incluso en mi vida cotidiana, en la bañera, es algo muy extraño. No sé de dónde viene. Eso prueba que estoy completamente inmerso en mi profesión. Soy feliz.

AM: ¿Siempre tuvo esos flashes?

K.L.: No, es algo que se agravó con el tiempo.

AM: ¿Qué es lo más complicado a lo que se tuvo que enfrentar durante su carrera?

K.L.: No hay algo que recuerde especialmente. Todo fue bien así que no tengo un recuerdo de algo que fuera muy complicado. Mi pasado profesional y privado es muy denso, por eso no me acuerdo.

AM: ¿Siente que tiene que transmitir su conocimiento?

K.L.: No, no puedo. Pero tengo asistentes, gente que hace prácticas y hasta un punto sí. No obstante, la gente tiene que contar consigo misma. Yo siempre conté conmigo mismo. Cuando era joven, era un inconveniente porque no tenía experiencia y no era bueno. Hoy, con el pretexto de que uno es joven, ya eres genial. Si eres un poco menos joven, ya no interesas a nadie. E incluso hay personas que se hacen pasar por “young designers” y tienen 45 años.

AM: ¿Qué ha aportado usted a la firma Fendi?

K.L.: Sobre todo, al principio, hacer alta costura de piel de diferente manera. Antes era algo rígida, burguesa, pesada. Después Fendi y ahora muchas más casas, no tienen miedo de utilizar la piel porque sea un elemento caro. Hay que romper moldes y hacer cosas nuevas.

AM: Usted ha llevado a cabo varios desafíos, ¿hay alguno en concreto que fuese de mayor importancia?

K.L.: No los veo como desafíos sino como algo lógico que forma parte de mi trabajo. No hay desafíos. No tengo que dar cuentas a nadie, sólo a mí y eso me da igual. Si es algo que aún no he hecho, es un desafío interesante. Evidentemente que si me proponen tonterías, las rechazo, pero no me las proponen. Con la gente que trabajo, ese riesgo no existe. Ni aquí ni en París.

AM: Usted no sólo es modisto, sino también un gran fotógrafo.

K.L.: Eso parece. Eso es continuidad. Si sólo me muevo en el mundo de la moda, pierdo contacto con el mundo exterior. Haciendo fotos para los periódicos y la publicidad existe una continuidad con la gente de la moda, las chicas del momento. Y eso es muy importante porque el aislamiento es la muerte. Cuando la gente empieza a meterse en una torre de marfil, está acabada. No estamos en la época en la que se hacen vestidos llenos de pliegues y se escucha a Verdi. Eso se acabó.

AM: Usted crea pero tiene un estilo inalterable, ¿por qué?

K.L.: No tan inalterable sino que se adapta a mí. Es perfecto porque no me gusta la dejadez. Y en última instancia, que quede grabado en la mente de las personas. No puedo cruzar la calle, nunca salgo a la calle.

AM: ¿Nunca sale a la calle?

K.L.: No, de la puerta de casa al auto y del auto a la puerta. Nunca voy a lugares públicos. Es un horror el tema de las selfies y todo eso. Adoro el progreso. No me acuerdo cómo era la vida antes del iPhone, aunque personalmente no tengo ganas de aparecer en fotos con desconocidos.


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