LA HISTORIA DE UN PUEBLO SOLAR EN ATACAMA: LUZ EN EL DESIERTO

0

Al cierre de esta edición, daba comienzo la cumbre del cambio climático en París (del 30 de noviembre al 11 de diciembre). El mundo se encuentra en tiempos de cambio en los que es necesario buscar energías alternativas y repensar el abastecimiento de los recursos naturales. La aplicación de paneles solares en lugares donde la autonomía eléctrica significa algo vital para sobrevivir es una de las tantas soluciones que pueden plantearse. Es por esto que Liliana y Luisa Terán, habitantes nativas de un austero y mágico pueblo en el norte de Chile, pudieron transformar su destino y el de las 427 personas más que, según dicta la piedra en su entrada, hacen de Caspana un ejemplo a seguir para toda la aldea global. Aquí la historia de cómo dos ingenieras solares indígenas cambiaron el futuro de su pequeño mundo.

Texto: Marianela Jarroud / Fotos: Marianela Jarroud / Valentín Saldaña / Amparo Dupont / Arnaldo Bazterrica

Liliana Terán y su prima Luisa son las dos ingenieras solares populares capacitadas en el Barefoot College de la India.

Liliana Terán y su prima Luisa son las dos ingenieras solares populares capacitadas en el Barefoot College de la India.

La paleta de colores asombra. Sobre una calle de tierra seca, y debajo de un sol anaranjado que se adueña del cielo por completo, aparecen las primeras casas del poblado de Caspana. Un suspiro de vida en medio del manto árido y misterioso que es el desierto de Atacama. Entre las pequeñas casas construidas de barro y piedra liparita, Liliana Terán camina serena mientras esclarece cómo, junto con su prima Luisa, llegaron a convertirse en ingenieras solares. “A la gente le costó aceptar lo que nosotras aprendimos”, sus ojos algo rasgados y piel cobriza acompañan una voz dulce y llena de paciencia. “En un principio no lo vieron con buenos ojos, porque éramos mujeres, pero de a poco se fueron entusiasmando y ahora nos respetan”, comenta Liliana mientras la temperatura asciende y el aire comienza a quemar. Sin embargo, entrega una sonrisa refrescante como un oasis. Gracias a su trabajo, Liliana fue una de las encargadas de cambiar, no sólo su destino, sino el de todo su pueblo.

Hay que remitirse a la India para conocer el origen de la llamativa historia de Liliana y Luisa.

El camino recorrido hasta aquí fue agobiante. El calor, una constante del norte de Chile, alimentó el viaje de principio a fin. La travesía por tierra comenzó en Calama, llamada la capital minera del país gracias a su cobre, pasando la fortaleza precolombina Pukara de Lasana, para luego ascender por un camino de ripio hasta llegar al corazón de una quebrada. El total fue de 84 kilómetros, un tanto largo, pero luego de algunas horas de paciencia por una sucesión de curvas sinuosas y superficies salvajes se llega hasta esta zona profunda del Valle del Alto Loa.

Hay que remitirse a la India para conocer el origen de la llamativa historia de Liliana y Luisa. Cuando las dos primas viajaron en marzo de 2012 a la aldea india de Tilonia, en el desértico estado de Rajastán, sabían que en ese periplo tendrían al alcance de sus manos la posibilidad de adquirir herramientas para construir un futuro distinto para Caspana. Allí se encuentra la sede de la universidad de educación popular Barefoot College, que desde 1972 fomenta la sustentabilidad en aldeas rurales con programas intensivos y cursos de capacitación. Ellas no hicieron el viaje a la India solas, de la aventura también participaron las quechuas Elena Achú y Elvira Urrelo y la aymara Nicolasa Yufla, que viven en aldeas vecinas sobre los 105 mil kilómetros cuadrados de extensión del desierto de Atacama.

Estas ingenieras solares descalzas abastecen el poblado de energía sustentable.

Con la instalación de energía solar en Caspana, en el norte de Chile, ellas lograron cambiar la vida de su aldea y la suya propia.

Con la instalación de energía solar en Caspana, en el norte de Chile, ellas lograron cambiar la vida de su aldea y la suya propia.

“Ingenieras solares descalzas”, reza el diploma de graduación de las primas Terán. Ese título hace de las dos nativas responsables de instalar, reparar y dar mantenimiento a las unidades fotovoltaicas en su aldea, por un período mínimo de cinco años, y armar un taller electrónico rural para guardar los componentes necesarios y mantenerlo funcionando como una minicentral eléctrica con una potencia de 320 vatios por hora. Estas ingenieras solares descalzas abastecen el poblado de energía sustentable. Algunas casas y una iglesia componen la arquitectura agreste de Caspana; emulando el resultado de un censo regional, una piedra en la entrada recuerda que la población es de 429 habitantes.

“Cuando me dijeron que eran seis meses, dudé”, indica Liliana al resguardo del sol, que ya pasadas las horas de mayor calor, sigue envolviendo el ambiente con lenguas de temperatura. Una anciana cargada de víveres atraviesa una de las calles ataviada con mucha ropa: un saco y una pollera azules de tela pesada retratan la vestimenta típica de los habitantes del desierto. “¡Era mucho tiempo lejos de la familia!”, exclama la mayor de las Terán mientras bebe un refresco. Impulsada por su hermana, que se hizo cargo de su hija, decidió emprender la travesía, pero sin decir nada a nadie. Una ola de viento templado sacude el sombrero negro de la mujer caminante, que lo sostiene con su mano libre.

Las hijas de la hondonada

Liliana Terán, de 45 años, tiene cuatro hijos y cuatro nietos. Sus tareas cotidianas en Caspana son dos: limpia el refugio del pueblo y se dedica a la pequeña agricultura familiar. Cultivan manzanas, ajo y tunas, entre otros frutos de la tierra. También finalizó la escuela secundaria y cree que el turismo gestionado por los nativos atacameños es la solución para el éxodo que sufre su pueblo año tras año. Por otro lado, Luisa, su prima, es soltera y con una hija de crianza. Ejerce de agricultora familiar y artesana en pintura rupestre. Después de terminar la secundaria en Calama, la capital del municipio ubicada a casi 90 kilómetros, se interesó por la pedagogía y completó algunos cursos orientados a la enseñanza. Ahora, a los 43 años, destaca que sigue practicando deportes ya que la actividad física la mantiene activa. Las primas conversan sonrientes acerca de su travesía en el país asiático y no vacilan cuando afirman que es insuperable la belleza de este pueblo ubicado en el corazón de una quebrada en pleno desierto de Atacama, el más árido del mundo.

Caspana se encuentra en las alturas, bastante cerca del sol. Más específicamente a 3.305 metros sobre el nivel del mar.

En Caspana, los habitantes aún aplican los mecanismos de la agricultura andina prehispánica, como el cultivo en terrazas.

En Caspana, los habitantes aún aplican los mecanismos de la agricultura andina prehispánica, como el cultivo en terrazas.

Caspana se encuentra en las alturas, bastante cerca del sol. Más específicamente a 3.305 metros sobre el nivel del mar. Se respira pesado y ráfagas de polvo cubren el cabello, la ropa y se adueñan de los pliegues de la piel. El viento y la sensación de quietud aquí son intensos. Gracias a la bondad de la Pacha Mama, la tierra posee el permanente riego del río que favorece el cultivo agrícola en terrazas. Este río llamado también Caspana, que en la lengua kunza, extinguida a fines del siglo XIX, significa “hijos de la hondonada”, atraviesa el pueblo y abastece la región de agua. Su rugido constante es parte del paisaje y a veces, luego de algunas horas de conversación, parece fundirse con el silbido del viento que surca el altiplano.

Volviendo a India. El aviso de la Barefoot College –o universidad descalza en español– ofrecía algunas cosas que, al llegar, Liliana y Luisa se dieron cuenta de que no iban a cumplirse. Se encontraron con una realidad opuesta a la que, aseguran, les habían prometido. Dormían en colchonetas sobre camas duras de madera, las habitaciones estaban llenas de bichos, no podían calentar agua para asearse y la comida era completamente distinta. Ante la madre adversidad, como diría el pensador francés Jean-Jacques Rousseau, sólo cabía adaptarse.

“Sabía a lo que iba, pero igual me tomó tres meses acostumbrarme, principalmente a las comidas y al calor húmedo que hacía”, relata Luisa. Mirando para atrás, recuerda que pasó mucho tiempo sufriendo del estómago. “Eran demasiadas frituras. Adelgacé muchísimo porque en los seis meses sólo comí arroz”, alega. Luego, dirigiéndole una mirada jocosa a Liliana, estalla en risas y recuerda: “Ella también comió sólo arroz, aunque engordó”. El parecido físico entre las primas es notable y tranquilamente podrían ser hermanas.

Aquí la comida es sabrosa y se puede comprender por qué las nativas del altiplano extrañaban sus platos en la India: el asado y las sopaipillas, una especie de masa frita, son componentes cotidianos en las mesas de Caspana, pero lo que reamente hace de la gastronomía atacameña algo especial es la cazuela. Este guisado se compone de carne, papas, algún calabacín y especias regionales. El resultado: una poderosa mezcla de sabores.

Caspana, como toda población nativa, gira en un ciclo de rituales: festejos, ceremonias y homenajes dan vida al páramo ubicado a 1.400 kilómetros de Santiago de Chile. Las primas hablan sobre uno de estos rituales: el ceremonial de la limpieza de canales. “Es tradición de este pueblo realizar la limpia de canales en forma comunitaria”, explica Luisa. Se sobreentiende que la labor va más allá de su quehacer funcional; puede ser considerado como una conducta simbólica social alrededor del funcionamiento del río Caspana.

Hasta 2013, la aldea contaba sólo con un generador eléctrico que le otorgaba a cada casa dos horas y media de luz en la noche.

“El objetivo de la limpia de canales es simple y hace que toda una comunidad trabaje, sacando fuera los escombros y desperdicios que se han ido acumulando durante el año, los que complican el ir y venir del agua”, manifiesta. Este es parte de un conjunto de ritos andinos que remarca la importancia de la energía que puede brindar la tierra. Cada rito tiene su significado especial, como, por ejemplo el uso de las chuspas con hojas de coca, que simbolizan el poder; el empleo de los cachos y látigos, que reflejan la autoridad; los abrazos, cantos y perdones, que atañen a la renovación; el baile del chau-chau, que representa la fuerza del agua.

Entre la subsistencia y la innovación

Hasta 2013, la aldea contaba sólo con un generador eléctrico que le otorgaba a cada casa dos horas y media de luz en la noche. Cuando el generador fallaba, lo que era frecuente, quedaban a oscuras hasta conseguir refaccionarlo. Ahora, el generador es sólo una alternativa para las 127 casas que adquirieron autonomía de tres horas diarias de luz, gracias a la instalación solar que las dos primas realizaron.

Actualmente los paneles solares ya son parte del paisaje desértico. Las Terán lograron que las autoridades municipales pusieran paneles solares para iluminar las edificaciones públicas y sus pocas calles. Además, la comunidad le paga 75 dólares a cada una por el mantenimiento bimensual del mecanismo de abastecimiento eléctrico.

Los números de la universidad descalza son asombrosos. Hasta el momento, 700 mujeres de 49 países de Asia, Africa y América Latina tomaron este curso para convertirse en ingenieras solares descalzas. El mecanismo que implementan es simple: para la generación de energía, cada casa cuenta con un kit de energía solar. Lo conforman un panel de 12 voltios, una batería, una bombilla LED de cuatro amperios y una caja de control de ocho amperios, que según comentan no se averían ni fallan como lo hacían antes.

El temperamento del desierto de Atacama es extremo, el altiplano chileno es un verdadero desafío a la hora de ser habitado. La amplitud térmica, por ejemplo, es un factor complicado en la región: las mañanas bajo cero son crudas, y no hay mucha diferencia entre el invierno y el verano dada su ubicación geográfica. Este es un problema central para desarrollar la agricultura y la pequeña ganadería que constituyen las principales fuentes de subsistencia y abastecimiento para los locales. Las noches, aunque hermosas, pueden ser letales y el “invierno altiplánico”, como acreditan los locales, produce numerosas tormentas eléctricas y alguna lluvia aislada en enero y febrero. La supervivencia del pueblo atacameño, que ocupa el noroeste de Argentina y el norte de Chile, puede remitirse a su carácter fuerte y su sentido de ubicación en un plano difícil.

Las Terán lograron que las autoridades municipales pusieran paneles solares para iluminar las edificaciones públicas y sus pocas calles.

“Me gustaría que existiera mayor ayuda. A veces nos sentimos un poco abandonados y aislados”, afirma la atacameña Luisa Terán.

“Me gustaría que existiera mayor ayuda. A veces nos sentimos un poco abandonados y aislados”, afirma la atacameña Luisa Terán.

La estructura machista de las sociedades nativas fue uno de los principales contratiempos que tuvieron que atravesar Liliana y Luisa para concretar su idea. Antes de viajar a Asia, comenta Luisa, en el pueblo había más de 200 interesados en contar con energía solar, pero cuando supieron que serían ellas las encargadas de la instalación y el mantenimiento de paneles y baterías, el número se redujo a 30. “Muchos ‘viejos’ tuvieron que esperar a ver el primero de los paneles instalados para convencerse de que esto servía, que nos podía ayudar y que valía la pena. Y hoy, el resultado, ya lo ve: hay lista de espera”, comenta Liliana.

Cuando habla de “lista de espera” se refiere a que todavía hay 40 casas que esperan la llegada de la energía eléctrica provista por el sol. En el mercado, el kit de energía solar que instalan las primas no vale más de 45 dólares. Este precio, si consideramos su funcionalidad, es realmente accesible. Sin embargo, aquí muchas veces es imposible de pagar. Es por esto que también reciben donaciones: desde frutas y verduras hasta abrigo y otros productos manufacturados.

Otra noche en Caspana

Unas horas después se puede comprobar la hermosura indómita del desierto de Atacama de noche. Ostenta una belleza sin igual: la luna perlada sale desde la quebrada e inunda el pueblo de una luz metálica entre blanca y celeste. Un enorme mapa de estrellas completa el firmamento, que ahora se encuentra frío y susurrante. Se puede ver movimiento en el cielo. Los astros titilan, algunos se mueven, van y vienen de su estatismo para entregar una ceremonia sin igual en Caspana. En el corazón de la quebrada pueden verse algunas casas iluminadas como pequeños faros en el desierto. La luz, como todo en este pueblo, la provee la Madre Tierra.


Compartir.

Dejar un Comentario