LA RUTA DEL PURO: CONFESIONES DE UN FUMADOR DE CIGARROS

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San Juan de Puerto Rico es una alternativa atrayente a los clásicos destinos elegidos por los devotos del habano. Desde que los indios taínos iniciaron el cultivo y la cosecha de hojas, y luego el legendario Sir Walter Raleigh llevó el tabaco a Londres, el país boricua se ha convertido en una escala tentadora para el fumador exquisito. Aquí una radiografía de los sitios claves para no perderse en la ruta del puro.

Texto: Marcelo Biscay / Fotos: AFP

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La isla del tabaco. La Flor de Borinquen, Papa Chan y Don Sotero son un ejemplo mayúsculo del refinado y personal sabor boricua.

Antes de subirse a un avión, es condición sine qua non para todo fumador que se precie tener un humidor portátil, contar con cierto stock de puros y estar adecuadamente provisto de los accesorios necesarios para dar rienda suelta a su afición. Una vez que el vuelo ha concluido, el hecho de visitar tiendas especializadas en tabaco, si bien no llega a ser un deber, es una instancia que puede embellecer notablemente cualquier viaje y deparar unas cuantas sorpresas. Al menos, así sucederá si el destino elegido es San Juan de Puerto Rico. En 2005, la ciudad hizo gala de su pasión por los puros a través de la excitante proeza de un armador que, patrocinado por el gobierno local, la firma fabricante de ron Bacardí y la cadena Telemundo, armó un cigarro de 18,6 metros de longitud. Para concretar semejante empresa, el hombre utilizó nueve kilos de tabaco de Puerto Rico y Pensilvania, con un costo que rondó los 2 mil dólares. De ese modo, Puerto Rico superó el récord cubano alcanzado en 2003, con un habano de 13,5 metros. No habrá que albergar dudas entonces, San Juan es un lugar más que propicio para satisfacer la curiosidad del fumador entusiasta. La leyenda dice que el tabaco arribó por primera vez a Puerto Rico con el asentamiento de los indios taínos, una tribu de los archipiélagos del Caribe que inició el cultivo y la cosecha de hojas. También se sabe que, para ellos, el tabaco tenía la capacidad de funcionar como un efectivo sedante. Ya en tiempos de Cristóbal Colón, las embarcaciones europeas hicieron de Puerto Rico una escala clave en la que asegurarse víveres, muchos de ellos, desconocidos en el viejo continente. Cuando los primeros exploradores llegaron a Borikén, encontraron a la población indígena cultivando, cosechando, mezclando, enrolando y fumando tabaco. La actividad planteó rápidamente una nueva opción movilizadora del comercio. Más de la mitad de los cargamentos que llegaron entre el siglo XVI y XVII a Europa, contenían cigarros puertorriqueños, que constituían un novedoso lujo para la realeza, ávida de nuevas sensaciones. Uno de los grandes exportadores de tabaco fue el célebre Sir Walter Raleigh, quien llevó a Londres el tabaco de Puerto Rico, donde inició una compañía que aún tiene su nombre. El apogeo de la demanda global de cigarros tuvo lugar en los siglos XVIII y XIX, pero Puerto Rico debió soportar en esos años ciertas dificultades para el cultivo dado que su área, relativamente pequeña, tenía menores posibilidades de producir a gran escala. Sin embargo, la industria prevaleció. Como una compensación del destino, mucho tiempo después, la revolución cubana determinó cambios favorables para el sector, porque Puerto Rico asumió el abastecimiento de la demanda estadounidense. La Hoja Prieto es, desde los años de los primeros colonizadores, la planta más importante de la isla y está catalogada por muchos como una de las más sabrosas del mundo. Actualmente, puros como La Flor de Borinquen, Papa Chan y Don Sotero son un ejemplo del refinado y personal sabor boricua. En la zona más antigua de San Juan de Puerto Rico existen atractivas tabaquerías donde se exalta la experiencia de fumar, a través de una gran variedad de puros, accesorios, celebraciones, catas e información sobre la producción, la historia y la manufactura.

LAS TIENDAS INEVITABLES

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Desde tiempos precolombinos a la actualidad, el cultivo de tabaco evolucionó de tal modo que hoy Puerto Rico es sinónimo de puros y ron.

Establecida hace alrededor de 30 años en pleno casco histórico, The Cigar House se muestra como un verdadero paraíso para el fumador. Se trata de un lugar amplio y acogedor que despliega una enorme selección de cigarros provenientes de todo el Caribe. La lista, que parece interminable, incluye etiquetas como Cohiba, Royal Jamaica, Rocky Patel, Ashton, La Aromade Cuba, Perdomo, Macanudo y Partagas, entre muchas otras. No faltan los saborizados de alta gama como Cojimar, Don Guillermito, Córdova, Island Collection o Tatiana. Por otra parte, The Cigar House tiene la particularidad de ofrecer, además de todos los accesorios tradicionales, una seductora colección de sombreros entre los que se destacan el Monterrey y el Scala, de estilo típicamente caribeño y terminación impecable. También, aquel que pase por allí durante la temporada alta, tendrá el privilegio de acceder a una buena variedad de actividades que incluyen catas y animadas muestras de enrolado. Don Collins Cigars, emplazado en la Calle del Cristo, es, por su parte, uno de los sitios más indicados para conocer el detrás de escena del mundo de los puros. Allí, un enrolador experimentado elige un bloque de tabaco para comenzar su faena, ante la mirada de los visitantes. La ceremonia mantiene un aire de rito ancestral. Cuando el tabaco ya ha sido escrupulosamente hidratado y separado, se apilan las hojas para que sus venas se crucen y luego pasen a ser enroladas en paquetes. Más tarde, las hojas ya mixturadas en cantidades justas y precisas, son colocadas dentro de unos pesados bloques tubulares de madera, tallados hacia el centro, que confi eren al tabaco su característica forma cilíndrica. La presión se aplica hasta que el especialista dice que están listos. Con dosis equiparables de riguroso profesionalismo y labor artesanal, el espectáculo merece ser visto, mientras se paladea, por qué no, alguno de los productos de la casa. Si se buscan sabores desconocidos, Don Collins Cigars también es un lugar conveniente, ya que cuenta con algunas rarezas 100% puertorriqueñas como el Quilambo. Un cigarro pequeño pero picante y sabroso, recomendado para acompañar con coñac, vino tinto o scotch. Asimismo, vale sobradamente la pena dejarse tentar por otras variedades como el Lonsdale. Es un puro que comienza con una planta de tabaco fresca y está armado con una capa de la tradicional Hoja Prieto, curada durante tres meses con semillas de vainilla. El Churchill, a su vez, es fruto de la combinación entre tabaco de Puerto Rico, República Dominicana y Honduras. Es de tripa larga y su tiempo de combustibilidad es de una hora y media a dos horas. Los asesores de Don Collins Cigars aseguran que es el cigarro más propicio para un día de relax o un extenso partido de póquer. Para aquel que visita Don Collins en el verano, la experiencia cuenta con un plus pintoresco e inesperado, gracias a la celebración que la cigarrería efectúa en la noche de San Juan Bautista. Se trata de una tradición española que comenzó hace varios siglos y que consistía en un acto ritual en el que hombres y mujeres caminaban sobre carbón caliente, en honor al santo. En el presente, la gente celebra de otro modo, más liviano y refrescante, echándose de espalda en la playa tres veces y esperando por ello obtener abundantes bendiciones para el resto del año. Por otro lado, el fumador que se jacte de un espíritu gourmet, no debería dejar de probar el Puro Indios, un cigarro cuya capa es sumergida en ron Del Barrilito 3 estrellas, añejado durante 10 años. Está disponible en cantidades limitadas y se muestra como el ejemplo quizá más acabado de la antigua tradición puertorriqueña de enrolar cigarros a mano. A lo largo de los años y al ritmo del mambo, la salsa y el merengue, los artesanos boricuas forjaron el fi rme maridaje del ron con el tabaco, erigiéndolo como la combinación más celebrada de la isla. Así es como algunos sitios añadieron a su oferta habitual de puros, una buena selección de bebidas que siempre incluye los clásicos locales Don Q y El Ron del Barrilito. En la Avenida San Patricio se encuentra Habana Cuba, destacado, en primera instancia, por la atmósfera refi nada que surge de su decoración sobria y cálida. Paredes revestidas en madera, vitrinas y silloncitos donde sentarse a degustar algún habano mientras se medita en la ineludible compra de productos, defi nen el estilo del lugar. Allí pueden adquirirse varias marcas muy celebradas como Baccarat, Cigar Pequeño, Arturo Fuente, Compay y Cuban Parejo, entre otros, además de una enorme variedad de humidores y accesorios. Habana Cuba ofrece, por otra parte, una extensa selección de vinos importados, licores, coñac, ron, whisky y otras tantas bebidas espirituosas de calidad premium, que refuerzan y acompañan el placer de fumar.


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