LGTB: SOY LO QUE SOY

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Nos propusimos un desafío: dar cuenta de cómo viven los integrantes de la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales y transgénero (LGBT) alrededor del mundo. Si bien en países como Rusia una gran mayoría cree que la homosexualidad es una enfermedad que puede tratarse, en Estados Unidos ya son siete los legisladores en el Congreso que representan al colectivo. ¿Cómo es el día a día para las minorías sexuales en Pakistán, en Cuba, en Nueva Zelanda, en China? Aquí un mapa lo más amplio posible de una realidad compleja.

Texto: Zofeen Ebrahim (Pakistán) / Pavol Stracansky (Rusia) / Ivet González (Cuba) / Matthew Charles Cardinale (Estados Unidos) / Sudeshna Sarkar (India) / Fotos: Keith Hubard / Pilar García / Rahmatullah Boleh / Andrey Grazhdankin / Johar Jabeen

Ser gay en Rusia

Homofobia en Rusia. La forma de vida de los LGBT suele exponerse como una degradación social importada de Occidente.

El pakistaní Sameer* es padre de dos hijos y ya tiene más de 50 años. Hace tres, luego de más de dos décadas de matrimonio y simulaciones, decidió salir del armario. Ahora vive con Ahmed*, un aspirante a actor a quien dobla en edad. Sameer dice que llegó a un punto en que su vida de “mentiras y más mentiras” se había vuelto asfixiante. “Es como haberme sacado un peso de encima. Finalmente puedo ser yo mismo”, confiesa este empresario de Karachi, la ciudad más poblada de Pakistán.
Es difícil precisar cifras, pero Pakistán cuenta con una considerable población de lesbianas, gays, bisexuales y transgénero (LGBT). Un sitio web de la comunidad tiene 25 mil miembros registrados de todo el país, de los cuales 8.500 son sólo de Karachi. “Obviamente, entre estos figuran sólo los que manejan tecnología informática. Debe haber muchos que no saben usar computadoras o prefieren seguir en el armario”, afirma Akbar*, un médico de 36 años que mantiene una relación con Alí*, de 31, profesional de la publicidad.
La conservadora ley pakistaní, influenciada por la fe musulmana, considera a la homosexualidad un pecado. El artículo 377 del Código Penal castiga los actos “contra el orden de la naturaleza” con hasta 10 años de prisión y una multa. Sin embargo, aún no hay casos de condenas. La sociedad en general es más tolerante, siempre que los homosexuales guarden las apariencias. “Muchos ministros participan en actos homosexuales. ¡Yo mismo he recibido sus atenciones!”, asegura Ahmed.
Es quizá por esto que los gays con los que habló esta reportera no recordaron haber sufrido o presenciado actos de homofobia. “Mientras permanezcas en el armario y no exijas tus derechos, estás seguro”, manifiesta Akbar. Sin embargo, la presión para ser discretos es demasiado fuerte y los homosexuales se sienten restringidos en sus libertades. “Ni siquiera podemos dejar que nos vean juntos en un café, no hay espacios públicos donde podamos ser nosotros mismos”, se lamenta Sameer.
Existen varias zonas de Karachi conocidas por ser puntos de encuentro de homosexuales, como los alrededores del mausoleo de Abdalá Shah Ghazi, patrono de la ciudad, y los jardines del Frere Hall, histórico edificio de la época colonial británica. Los gays más adinerados viajan al exterior y organizan fiestas privadas. El correo electrónico y los mensajes de texto también facilitaron los encuentros. “Ahora podemos reunirnos sólo apretando un botón”, apunta Akbar.

“La conservadora ley pakistaní, influenciada por la fe musulmana, considera a la homosexualidad un pecado.”

Pero las relaciones homosexuales estables son más complicadas, y no necesariamente incluyen fidelidad. Aunque Sameer y Ahmed se profesan amor mutuo, no definen su relación como monógama. “Todos en nuestra comunidad tienen sexo con otros”, acepta Sameer. Akbar admite que puede tener relaciones casuales con otras personas a pesar de estar “enamorado de Alí”. Y lo esclarece así: “Al menos no engañamos a nuestras parejas, como hacen algunos hombres heterosexuales. Casi todos los hombres heterosexuales casados que conozco conservan una relación extramarital. No tienen reparos en ser infieles siempre que tengan la oportunidad y no sean descubiertos”.
Esta cronista consultó a un banquero heterosexual casado, que no quiso ser identificado, sobre su opinión al respecto, y este respondió: “Me sorprende que estas personas, que se quejan de ser reprimidas por la sociedad, parezcan ser tan moralistas con nosotros como nosotros lo somos con ellas”. Ahmed asevera conocer muchas personas que guardan una fachada de vida matrimonial tradicional y tienen un amante de su mismo sexo. Además, señala que muchas mujeres amigas no rechazan la idea de casarse con un hombre homosexual: “Conozco a muchos gays que tratan bien a sus esposas, e incluso se desempeñan bien en la cama. De hecho, estamos muy en armonía con las necesidades de las mujeres, y por lo tanto podemos ser mejores esposos”.
Pero mientras Ahmed está dispuesto a llevar esa doble vida, Sameer ve al matrimonio como una prisión: “Es más fácil tener una relación homosexual cuando eres joven. Ir a una escuela de varones, tener amigos hombres o incluso pasar la noche con ellos nunca llama la atención. Sólo cuando llegas a la edad de casarte es que comienza la presión”.
“Incluso cuando tu familia lo sabe, intenta atraparte y piensa que el matrimonio te curará de esta ‘fase pasajera’”, comenta Akbar, que también se siente frustrado. Pese a que mantiene una relación con Alí desde hace ocho años, no puede hacerla pública, aún cuando su familia ha aceptado su orientación sexual. “Estoy cansado de decir que es mi primo o mi amigo. Quiero decirle al mundo que somos una pareja”, revela. La situación se complica todavía más a la hora de tratar de obtener un seguro o cobertura médica, como lo descubrió Akbar. Un día intentó comprar un seguro de vida y le dijeron que no podría incluir a Alí como beneficiario. “Tenía que ser un familiar de sangre o una esposa”, subraya.

Rusia acorrala a los homosexuales
“En Rusia está bien ser gay si uno vive en una ciudad grande como San Petersburgo o Moscú, estudia en la universidad o trabaja en una empresa liberal, pero incluso así no puedes sentirte absolutamente seguro”, proclama Nikita Mironov, describiendo el clima de temor que impera en su país.
Mironov es editor del sitio web Queerculture.ru y vive en San Petersburgo, la segunda ciudad del país. “Si uno es abiertamente gay en estas ciudades, de todos modos tiene temor de besar a su novio en público o simplemente de tomarlo de la mano. Pero si uno vive en una localidad pequeña o en áreas rurales, tiene que mantener su sexualidad en secreto. De lo contrario, te golpearán o te matarán”, alega.
Esta es la realidad cotidiana para las personas LGBT en toda Rusia, que enfrentan en simultáneo una creciente estigmatización y ataques de grupos neonazis homofóbicos, mientras los políticos intensifican la retórica contra la población homosexual y aprueban leyes que penalizan los estilos de vida no heterosexuales. “Las minorías sexuales son ‘socialmente desiguales’ según la ley, y hay personas que son despedidas de sus empleos por su orientación sexual, otras son golpeadas o asesinadas”, explica Natalia Tsymbalova, coordinadora de la Alianza de Heterosexuales por la Igualdad de los LGBT en San Petersburgo.
Aunque la homosexualidad se legalizó poco después de la caída del comunismo, nunca fue aceptada en la sociedad rusa. En una encuesta realizada en abril pasado, el 80% de los entrevistados dijeron creer que la homosexualidad es una enfermedad que puede tratarse, mientras que en otro sondeo realizado en junio, el 42% de los consultados expresaron que debería considerarse un delito penal.

“Los políticos rusos intensifican la retórica contra la población homosexual.”

La iglesia ortodoxa tiene una influencia importante en las actitudes sociales; es considerada la autoridad moral suprema de Rusia y sus líderes denuncian, abierta y regularmente, orientaciones no heterosexuales, catalogándolas como una perversión o una enfermedad. Sin embargo, en los últimos años los políticos adoptaron una posición antihomosexual cada vez más virulenta. Ellos también etiquetan la homosexualidad como una perversión y propagan la idea de que está vinculada a la pedofilia.
Muchos analistas sostienen que aunque los legisladores invoquen sus propias creencias para formular sus declaraciones y políticas, persiguen una agenda oculta. El Kremlin intenta desviar el descontento social creciente, retratando como “el enemigo” a grupos particularmente vulnerables y ya impopulares como los LGBT y los inmigrantes. Esta política forma parte también de la estrategia del gobierno ruso de poner coto a la libertad de expresión, con el pretexto de promover “valores tradicionales” y sostener una ideología antioccidental.
Una polémica ley aprobada este verano boreal determina que la “promoción de estilos de vida sexuales no tradicionales” a menores es un delito penal. Según encuestas, la norma contó con un apoyo popular de casi el 90%. “El grado de ignorancia de la sociedad rusa hacia las personas LGBT es muy alto, y es fácil incitar al odio. Todo gobierno totalitario necesita un enemigo. El presidente Vladimir Putin está construyendo una nueva ideología, estatista, conservadora y antioccidental”, exhorta Tsymbalova.
Antes y después de la aprobación de la ley, aumentaron los ataques físicos de grupos homofóbicos contra personas LGBT, algunos particularmente violentos. Las imágenes fueron luego subidas a internet. La comunidad internacional condenó la ley y hubo llamados a boicotear los Juegos Olímpicos de Invierno que se llevarán a cabo el año que viene en Sochi. Putin replicó que “no se discrimina a las personas de orientación sexual no tradicional”, que no tiene ningún problema con ellas y que le encantaría reunirse con organizaciones LGBT.

“Polis subraya sentirse muy entusiasmado por esta presencia récord en el Congreso de miembros de la comunidad LGBT.”

No obstante, entidades de derechos humanos ponen en duda sus intenciones, y hasta ahora no tuvo lugar ninguna reunión. En tanto, los legisladores han presentado un proyecto para prohibir la paternidad a las parejas homosexuales. Hay pocas esperanzas de que el Kremlin incorpore cambios a la ley o de que se produzca un viraje en las actitudes de la sociedad rusa. Sin embargo, la presión internacional puede obligar a algunas transformaciones según organizaciones de derechos humanos. “Los aliados internacionales de Rusia deberían dejarle en claro a Putin y a su gobierno que debe tomar medidas concretas para revocar la ley y proteger a las personas LGBT de la discriminación y la violencia”, protesta la directora del programa para Rusia en Human Rights Watch, Tanya Lokshina.
Por su parte, Tsymbalova retrata un panorama aún más funesto: “La vasta mayoría de la gente LGBT en Rusia no sale del armario, y un porcentaje muy pequeño de la población conoce a alguna persona homosexual. Rusia tiene la mayor cantidad de suicidios de adolescentes en Europa, y una gran proporción de ellos son LGBT. El ambiente de odio homofóbico convierte sus vidas en un infierno”.

Madres y padres gays cubanos demandan cambios legales para adoptar
Muchas lesbianas y gays de Cuba logran por distintos medios cumplir su sueño de ser madres y padres y constituir familias, aunque afrontan situaciones complejas en un país donde no se reconocen las uniones ni la adopción por parte de personas no heterosexuales. “Es muy difícil, duro… y hasta frustrante que legalmente no tenga ningún derecho sobre el niño. Yo no soy su papá biológico, pero lo tengo en mis brazos desde que nació. No hay nada legal que defina ni proteja nuestro vínculo”, manifiesta Junior del Toro, quien carga en su regazo al pequeño Adrián, de tres años.
Este empleado de una empresa estatal habanera y su pareja decidieron tener un hijo tras 15 años de relaciones. “Hablamos con varias personas hasta que una amiga accedió, sin ningún interés, a compartir con nosotros la realización de tener un hijo”, recuerda Del Toro. “Mi pareja es el padre biológico y la madre comparte la crianza con nosotros. Pero yo soy el más afectado en el tema de los derechos, incluso en lo cotidiano. Si al pequeño lo ingresan en un hospital y sólo estoy yo para enfrentar la situación, no tengo potestad legal para decidir nada sobre su enfermedad”, ejemplifica, con angustia.
La historia de Del Toro se repite entre otras personas LGBT, una comunidad que espera desde hace años que el Parlamento analice una propuesta del nuevo Código de Familia, que pretende actualizar al vigente desde 1975 e incluye aperturas como el reconocimiento de la unión legal entre personas del mismo sexo. Esta constituye la demanda más recurrente entre las personas LGBT de Cuba y es vista como el primer paso a dar en el reconocimiento de más derechos sexuales por el estatal Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), una institución que lleva una campaña sistemática por el respeto a la libre orientación sexual e identidad de género.

“Hace una década, muchos hoteles se negaban a dar habitaciones con camas dobles a parejas del mismo sexo.”

Cada mayo desde 2008 acontece el momento cumbre de esa campaña institucional, la Jornada Cubana contra la Homofobia –en el Día internacional contra la homofobia y la transfobia–, que incluye actividades educativas, académicas y deportivas. La sexta edición de la iniciativa se dedicó a la familia, “por ser el espacio, junto al laboral, en el que más se vulneran los derechos de las personas LGBT”, según la experiencia de la Consultoría Jurídica del Cenesex. En los debates de la cita, salió también a colación el derecho de este sector poblacional a formar familias.
El asunto de la adopción de niñas y niños, ya sea de sus parejas o sin amparo filial, por personas no heterosexuales “es una preocupación presente aunque no ha sido mayoritaria entre los casos atendidos por la mencionada consultoría”, indica el abogado Manuel Vázquez, a cargo de ese servicio institucional. Pero el activismo cubano incorpora más demandas, mientras espera por la aprobación de la unión legal y observa los avances de algunos países de América Latina en los derechos LGBT. Argentina, Uruguay y la capital de México permiten la adopción de pequeños por parte de matrimonios homosexuales. En la región del Caribe, donde muchas naciones incluso castigan la homosexualidad, sólo Aruba y las Antillas Neerlandesas reconocen las acogidas de menores efectuadas en el extranjero.
El médico y activista Alberto Roque, fundador de HxD, defiende que los servicios de reproducción asistida en Cuba se extiendan a las mujeres solas y parejas lésbicas. “En estos casos se utilizan técnicas de reproducción asistida de baja complejidad tecnológica, pues no se trata de personas infértiles”, aclara en su blog HOMOsapiens. Colectivos de mujeres lesbianas como Oremi, en La Habana, Las Isabelas, en Santiago de Cuba, Fénix, en Cienfuegos, y Atenea, surgido este año en la central Ciego de Avila, analizan asuntos relativos a la maternidad de lesbianas y buscan mecanismos para sensibilizar a la población al respecto.
“Algunas buscan a un hombre interesado en ser padre o un donante y se autoinseminan con métodos rústicos, a veces hasta poniendo en riesgo su salud. Todos debemos tener el derecho a formar descendencia, ya sea propia o adoptada”, ilustra la psicóloga Norma Guillard. No obstante, el proyecto de una norma que legalice la adopción y la crianza de pequeños en familias homoparentales es un tema tabú y polémico en Cuba, donde se penalizó la “ostentación pública de la homosexualidad” hasta los años 90. “Estoy de acuerdo en que los homosexuales se casen, pero no que adopten hijos, que siempre sufren el trauma del rechazo social”, comenta Rosario Cruz, una empleada doméstica.
“La mayor parte de nosotros nacimos de familias heterosexuales. Si fuera lógico que la homosexualidad se contagie o se aprende en la casa, hubiéramos sido como nuestros padres. Este argumento no es viable y hay que combatirlo”, denuncia el transformista Riuber Alarcón.

Comunidad LGBT tiene su bastión en el Congreso
Un récord de siete políticos abiertamente homosexuales o bisexuales integran la actual asamblea legislativa en Estados Unidos. Aunque todavía pequeño, el número representa un significativo aumento respecto de la legislatura anterior, cuando sólo había cuatro. “En 2012, casi duplicamos el número de miembros del Congreso que eran de la comunidad LGBT, incluyendo al primer senador”, destaca Denis Dison, vicepresidente de comunicaciones de Victory Fund, organización que recolecta fondos para candidatos abiertamente homosexuales.
Los cuatro congresistas LGBT de la pasada legislatura fueron los representantes Barney Frank, de Massachusetts, Tammy Baldwin, de Wisconsin, Jared Polis, de Colorado, y David Cicilline, de Rhode Island. La situación para la comunidad LGBT se complicó el año pasado cuando Frank, legislador progresista que estuvo en el Congreso desde 1980, decidió retirarse, y Baldwin optó por abandonar su banca para postularse al Senado. Esto dejaba a Polis y a Cicilline como las únicas voces de la minoría gay en la Cámara de Representantes. Sin embargo, luego fueron electos otros tres políticos abiertamente homosexuales: Sean Patrick Maloney, de Nueva York, Mark Pocan, de Wisconsin, y Mark Takano, de California. Además, ocupó una banca Kyrsten Sinema, de Arizona, primera congresista en declararse abiertamente bisexual.
Polis subraya sentirse muy entusiasmado por esta presencia récord en el Congreso de miembros de la comunidad LGBT: “Aunque no refleja la proporción en la población general, al menos es un movimiento en la dirección correcta”. Polis puntualiza que alrededor del 5% de los 331,5 millones de estadounidenses se reconocen parte de la comunidad LGBT: “Tendrían que ser entre el 20 y el 30% legisladores de la comunidad LGBT, de un total de 435 miembros del Congreso. Tampoco tenemos una justa representación de mujeres. Estamos haciendo avances, pero todavía estamos en deuda con otros grupos minoritarios”. Esto es algo que tiene en claro Dison: “Nuestro Congreso nunca refleja cómo es Estados Unidos en realidad. Las mujeres nunca estuvieron adecuadamente representadas ni las personas de color. Los hombres blancos y heterosexuales tienen una representación absolutamente exagerada en la política, y la han tenido por muchos, muchos años”.
El primer congresista abiertamente homosexual, Gerry Studds, de Massachusetts, fue obligado a abandonar su banca en 1983 debido a un escándalo por una relación con un adolescente de 17 años. Barney Frank fue elegido por primera vez en 1980, pero pasaron siete años para que saliera del armario. Pero los tiempos han cambiado. Baldwin se convirtió en la primera persona abiertamente homosexual en acceder a un escaño cuando fue electa para la Cámara de Representantes en 1998. Ella declaró su homosexualidad a los 21 años y sus padres la apoyaron con entusiasmo, dijo a la revista Metro Weekly en 2009.
Polis ya se había declarado homosexual cuando trabajaba como empresario. Ayudó a abrir varias escuelas subsidiadas en Colorado antes de postularse al Congreso. El y su pareja, Marlon Reis, tienen un hijo, Caspian Julius, nacido en 2011. Ambos se negaron a informar si el pequeño fue adoptado o nació a través de una madre sustituta. Polis le recalca a este cronista que, desde que ingresó al Congreso, no ha sufrido abierta discriminación ni homofobia de otros legisladores: “Nunca hubo problemas. Todos entienden que cada uno fue elegido como corresponde. El tema es que aún no tenemos beneficios para nuestras parejas. Esa es una gran frustración”.
Baldwin introdujo un proyecto de ley para extender los beneficios del Estado a las parejas de empleados federales, incluyendo a los miembros del Congreso, pero el texto se estancó en la Cámara de Representantes. No obstante, eso podría cambiar. “Tener seis miembros permite a nuestra comunidad estar presente en diversos comités. Se produce una discusión diferente cuando hay una persona LGBT en la sala. El Congreso funciona mejor cuando está representado Estados Unidos como un todo”, advierte Polis.
Todos los actuales congresistas homosexuales o bisexuales pertenecen al gobernante Partido Demócrata. Sin embargo, en el pasado hubo dos legisladores homosexuales del ahora opositor Partido Republicano: Jim Kolbe, de Arizona, y Steve Gunderson, de Wisconsin. La creciente apertura en Estados Unidos hacia una representación más diversa en la política quizá quedó mejor ejemplificada en el discurso de campaña de Mazie Hirono, de Hawái, elegida el año pasado para ocupar una banca en el Senado: “Traigo una cuádruple diversidad al Senado. Soy mujer. Seré la primera mujer asiática en ser elegida para el Senado. Soy inmigrante. Soy budista. Cuando comento esto en mis reuniones, algunos me dicen: ‘Sí, ¿pero es usted gay?’ Y yo les respondo: ‘Nadie es perfecto’”.

El dólar rosa es la nueva moneda del turismo asiático
Cuando Naomi Fontanos se fue de vacaciones en 2002 no vio personas transgénero en hoteles, restaurantes u otras empresas de Boracay, el popular destino turístico del sur de Manila, Filipinas. Pero ahora percibe un cambio. Boracay reflejaba “la estrechez mental generalizada en la sociedad filipina de aquel tiempo hacia las lesbianas, gays, bisexuales y transgénero”, especifica la fundadora de Gender and Development Advocates Filipinas, una organización de defensa de los derechos de las personas transgénero en su país. “Muchos nunca habían visto una mujer transgénero”, relata. Sin embargo, en la última década, innovaciones importantes transformaron los destinos turísticos. Al regresar a la isla, en noviembre de 2012, Fontanos vio que en su hotel flameaba una bandera con los colores del arcoíris, señal de bienvenida a turistas LGBT. Otros establecimientos también se promocionaban como amigables con los homosexuales.
Tris Reid-Smith, director y editor de Gay Star News, un sitio de noticias sobre cuestiones LGBT en todo el mundo, asimismo observó los cambios en Londres. Reid-Smith está reformando la sección de viajes de su sitio para aprovechar la creciente importancia de los “dólares rosa” en la industria turística: “Las familias LGBT son más pequeñas, y viajar es más accesible para ellas”. Este giro económico ayudó a que la industria de los viajes se diera cuenta de que, si quería mejorar los márgenes de ganancias, tenía que cortejar a este segmento cada vez más importante. A raíz de las promociones para atraer a visitantes de Australia y China, dos de sus mayores mercados turísticos, Tourism New Zealand (TNZ), la organización responsable de “vender” Nueva Zelanda como destino de viajes, ahora se centra en este sector desatendido.
El disparador es la nueva Ley de Enmienda Matrimonial, que legalizó los casamientos entre personas del mismo sexo en ese país a partir del 19 de agosto. El día anterior se descargaron de internet más de mil formularios matrimoniales, triplicando el promedio habitual. TNZ organizó una de esas bodas mediante un concurso. La ganadora fue la pareja gay australiana conformada por el veterinario Paul McCarthy y su novio Trent Kandler. La aerolínea nacional Air New Zealand patrocinó el casamiento a bordo de uno de sus aviones de las lesbianas Lynley Bendall y Ally Wanikau.

“China dejó de señalar la homosexualidad como una enfermedad mental en 2001.”

Hace una década, muchos hoteles se negaban a dar habitaciones con camas dobles a parejas del mismo sexo que tenían que soportar la discriminación. “Pero ahora, con leyes que las reconocen como 100% iguales a otros ciudadanos, las parejas gay esperan más respeto”, sostiene Reid-Smith. Internet y las redes sociales han desempeñado un rol clave. Cuando el activista gay Eric Ohene Lembembe fue asesinado en julio pasado en Camerún, estallaron protestas en Londres. “Es importante que la comunidad LGBT muestre que está dispuesta a boicotear acontecimientos, países o individuos homofóbicos. Podemos llevar nuestro dinero a otra parte”, destaca Jean Chong, fundadora de Sayoni, una plataforma para mujeres lesbianas, bisexuales, transgénero y queer con sede en Singapur.
Este país asiático es percibido como más tolerante que sus vecinos Malasia, Indonesia y Brunei, de mayoría musulmana. Es anfitrión de festivales de cine gay y su reunión anual de gays Pink Dot convocó este año la friolera suma de 21 mil personas. Aparte de que allí el opositor Vincent Wijeysingha pudo convertirse en el primer político en salir del armario. De todos modos, tiene leyes que penalizan las relaciones sexuales entre hombres y desalientan el turismo.
Nepal, otrora un reino hindú conservador cerrado al mundo exterior, reconoció a los homosexuales como “personas naturales” en 2008. La Corte Suprema pidió al gobierno que legislara para proteger sus derechos y permitir matrimonios entre personas del mismo sexo. Sunil Babu Pant, fundador del movimiento de los homosexuales en Nepal, cree que China e India, los países vecinos, están quedando rezagados. China dejó de señalar la homosexualidad como una enfermedad mental en 2001, y las muestras públicas de afecto entre gays son vistas con indulgencia durante el festival de Qi xi, paralelo chino del Día de San Valentín. Pero el festival de cine Queer de Beijing ha sido clausurado por el Estado. Y aunque Shanghai, la capital comercial, realiza un festival gay anual desde hace cuatro años, aún no están permitidas las marchas públicas.
En India aumentó la aceptación social desde 2009, cuando la Corte Suprema revocó parte de una ley antihomosexual que había transformado en delito penal las relaciones sexuales entre hombres. “Vemos más personas gays salir del armario, una vibrante vida nocturna gay y marchas del orgullo en ciudades importantes”, recalca Suraj Laishram, asesor turístico en Indjapink, una agencia de viajes gay con sede en Nueva Delhi. Sin embargo, todavía no es suficiente.

*Los nombres han sido cambiados para proteger sus identidades.


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