LINDY WEST: ESTRIDENTE Y RUIDOSA

0

La joven escritora feminista Lindy West tenía dos alternativas: vivir inmersa en la más absoluta autocompasión o reivindicar su existencia. Se cansó de la primera y, con su primer libro, una colección de memorias llamada Shrill: Notes from a Loud Woman, West desafía un ideal de belleza inaccesible que solo daña la autoestima de las personas. Un camino hacia el amor propio y la defensa de los derechos de las mujeres.

Texto: Rhianna Walton (PowellsBooks.Blog) / Fotos: Gentileza Hachette Books

 Lindy West se destaca por su autenticidad, su vulnerabilidad y la claridad de sus argumentos. Y está muy orgullosa de su cuerpo.


Lindy West se destaca por su autenticidad, su vulnerabilidad y la claridad de sus argumentos. Y está muy orgullosa de su cuerpo.

En su reciente libro de memorias, Shrill: Notes from a Loud Woman, Lindy West (Seattle, 1982) traza su mayoría de edad en una cultura que muchas veces es hostil con las mujeres, especialmente aquellas cuyos cuerpos y creencias van en contra de las normas sociales. Cotidianas y sinceras, inteligentes y graciosas, las anécdotas de West y los análisis de ser mujer en Estados Unidos, dan para pensar.

ALMA MAGAZINE: He leído que usted utiliza la comedia para atraer a los lectores a sus ensayos, asegurándose de que se queden con usted a medida que se transforma en material más político o intelectual. ¿El componente autobiográfico de Shrill cumple una función similar?

LINDY WEST: Sí. Parte del propósito explícito de este libro era humanizar a las feministas y a las personas gordas, y deliberadamente atraer a las personas hacia mí como persona, hacer que la gente guste de mí porque soy encantadora o lo que sea. Y después decir: “Ah, te gusta una feminista” o “Ah, te gusta una persona gorda”. Dejar que la gente te conozca como ser humano es realmente valeroso. La comedia y la autobiografía no son dos géneros que estén alejados para mí. Supongo que combinarlos es una de las cosas más poderosas que hago con mi trabajo. Otro de los objetivos de Shrill era contar una historia personal de una forma sencilla para llegar a más gente, con la esperanza de que tal vez cambie sus mentes sobre un par de temas.

AM: Como escritora, usted no elude las metáforas creativas para hablar de sexo o sobre las partes del cuerpo que son vistas como tabú. Es una estrategia muy válida porque pone de relieve lo raro que es leer acerca de los cuerpos, especialmente cuerpos femeninos, sin que todo sea expresado con eufemismos. Sin embargo, a veces el lenguaje que elige es grosero…

“Usar un discurso con malas palabras lo siento como mi única pequeña rebelión feminista.”

L.W.: En primer lugar, solo estoy tratando de ser divertida la mayor parte del tiempo. Algo que es muy importante para mí. En segundo lugar, no me gusta ser deshonesta y los eufemismos son a menudo deshonestos. Creo que todos podríamos estar muy satisfechos hablando de las cosas de una manera más clara, más honesta, diciendo realmente lo que queremos decir en lugar de bailar en torno a algunos de esos temas. Especialmente cuando se habla de ciertos tabúes que limitan la vida de las mujeres de muchos modos. Si no puedes hablar de “períodos” o “vaginas” de una forma franca, ¿cómo puedes confiar en tu cultura para cuidar de ti misma? También me fastidian los estándares vacíos de moralidad que no significan nada.

AM: ¿Cuál es la relación entre el lenguaje que escoge y los argumentos que sostiene sobre el género y los cuerpos?

L.W.: La gente me acusa de ser un censor por ser crítica de ciertas ideas, pero soy muy crítica de… ¿cómo expreso esto? Escribo muchas malas palabras en mis textos porque la reacción negativa a las malas palabras no tiene sentido. Es solo protocolo hueco que usamos para sentirnos superiores a otras personas. Hay ciertas cosas que no digo porque son dañinas y crueles, y sustentan sistemas de opresión, aunque el tabú contra las malas palabras carece de sentido. También creo que es una cuestión de género. Recibo muchas críticas por usar malas palabras, aunque le garantizo que mis colegas varones no reciben mensajes de correo electrónico de la gente diciendo: “Me gusta tu trabajo, pero el lenguaje que usas es un poco vulgar. ¿Tienes que usar tantas malas palabras?” Si se supone que las mujeres somos mansas, suaves y bonitas, el hecho de usar malas palabras lo siento como mi única pequeña rebelión feminista.

AM: Sus textos se refieren a grupos privados de derechos e incorpóreos más allá de las mujeres, como la comunidad LGBTQ, las minorías raciales y las personas que caen fuera de la rígida idea que tiene Estados Unidos sobre el tamaño del cuerpo. ¿Ha evolucionado el feminismo del siglo XXI para incorporar a todos las víctimas del patriarcado?

L.W.: Por supuesto. El feminismo está cambiando todo el tiempo. Si usted está abogando por las mujeres, eso significa que usted está intercediendo por las mujeres queer, las de color, las empobrecidas y las trabajadoras sexuales. No hay modo de hacerlo responsablemente sin ser interseccional, porque sino usted está ignorando a esos grupos y no está sirviendo a sus necesidades.

AM: ¿Y cuál cree que es el mayor problema con el feminismo?

Especialista en justicia social y la dictadura del físico, West fundó un blog para las adolescentes que sufren algún tipo de abuso.

Especialista en justicia social y la dictadura del físico, West fundó un blog para las adolescentes que sufren algún tipo de abuso.

L.W.: Probablemente sea que a lo largo de su historia, se ha percibido públicamente que está conformado por mujeres blancas y tristes, que están atrapadas en vidas domésticas que detestan. Algo que es una preocupación legítima, aunque no sea cabal. Por ende, es responsabilidad de las feministas –especialmente las mujeres blancas– ser conscientes y responsabilizarse y asegurarse de que están siempre escuchando y haciendo espacio para las personas de esos otros grupos. Ni las mujeres ni las personas de color están separadas. Cuando hablamos de asuntos de mujeres y luego de asuntos de raza por separado, se torna un terreno peligroso, porque borra a personas cuyas vidas no están divididas de esa manera.

AM: En un momento en el que escritoras feministas como Kate Bolick y Rebecca Traister están explorando las ideas de ser solteronas y no contraer matrimonio, es muy interesante que su casamiento con Ahamefule J. Oluo sea una piedra angular en la saga autobiográfica de Shrill. ¿Siente usted que está subvirtiendo la trama matrimonial tradicional?

L.W.: En general, no escribo sobre mis relaciones sentimentales ni sobre sexo. Hay muchas cosas que hago en este libro que nunca planeé realizar. No tenía ningún interés en escribir un libro en donde la moraleja de la historia es que puedes conseguir un novio y casarte finalmente. Pero mientras escribía, la historia se dio de ese modo. Se trataba de mí misma y el hecho de averiguar cómo desaprender a odiarme. Se trataba de la muerte de mi padre. Se trataba de cotejar dónde estaba parada en mi carrera. Todas esas cosas estaban sucediendo en ese mismo instante. Además, la aprobación social no regula mi autoestima.

AM: ¿Entonces todo lo relativo al matrimonio fue accidental en cuanto a la estructura del libro?

L.W.: Sí, la trama matrimonial fue incidental. No obedeció a la idea de: “Encontré a un hombre mágico que ordenó mi vida”; sino más bien: “Me ordené y luego inesperadamente esta cosa que es grandiosa ocurrió”. (Risas) Ni tampoco funcionó como: “Oh, he perdido peso y entonces soy feliz”, que es como regularmente se cuentan las historias, y como siempre me imaginé que sería en mi caso. Una relación sentimental como la que construí no hace que mi vida valga la pena. Es todo lo contrario. Una de las cosas que me encanta del feminismo es que es una colección de seres humanos individuales. No somos todas iguales.

AM: A veces me preocupa que las mujeres sean las únicas que se acercan a la literatura feminista. ¿Pensó en eso cuando organizaba el texto?

L.W.: Intenté cerciorarme de que no fuese un libro solo para mujeres. No porque haya algo malo con el libro de una mujer, pero no sé si deberíamos estar segregando la literatura de las mujeres y vendiéndola solo para las mujeres. De algún modo, eso es destructivo. Obviamente, les estoy escribiendo a las mujeres de una manera bastante directa. Quiero ampararlas. Quiero ser una voz que les habla a ellas y que con algo de suerte les ayuda a sentirse un poco menos solas.

AM: ¿Espera tener lectores masculinos?

L.W.: Sería estupendo que los hombres leyeran este libro. Generar textos graciosos es una forma muy vigorosa de atraer gente. En mi caso, a Shrill traté de convertirlo en un libro divertido, pese a todos los aspectos políticos y personales que desarrolla. Solo deseaba concebir un texto que fuera muy agradable de leer. Además, tenía algunas demandas sobre el diseño. No quería que se utilizara el color rosa ni que tenga la imagen de un zapato en la portada. No hay nada malo con que la gente edite libros con zapatos en la portada. Pero mi anhelo era que se viera literario y no de género. No creo que la forma en que consumimos la política de género deba ser tan generalizada, porque muchas de estas cuestiones son asuntos que los hombres deben solucionar. Dejar la responsabilidad únicamente sobre los hombros de las mujeres es insultante y es muy debilitante para nosotras. Es agotador. Es un drenaje de nuestro tiempo y energía, y también es imposible.

“Quiero ser una voz que les habla a las mujeres y que con algo de suerte les ayuda a sentirse un poco menos solas.”

AM: Shrill contiene notas al pie de página que proporcionan anécdotas adicionales y divertidas. Me recordó la forma en que usted se relaciona con sus lectores online y en Twitter. La conversación nunca se detiene realmente, lo cual es impresionante porque es muy entretenida y esclarecedora, pero también es un poco triste porque implica que su argumento fundamental –que las mujeres importan– requiere una defensa constante.

L.W.: Las notas al pie de página son solo una manifestación de mis procesos de escritura y pensamiento. Hay mucha asociación libre cuando escribo. Me gusta explorar estas extrañas avenidas en donde cae mi cerebro. Siento que es otra forma de conocerme. La mayoría de las notas al pie de página son solo bromas que no funcionan en relación al texto. Por otro lado, me comprometo con los comentarios online por varias razones. No es como ganar una discusión con un troll de internet. Sucede que hay gente trabajando todo el tiempo para desacreditar y silenciar las voces de las mujeres, y por eso tenemos que estar muy alertas. Aunque se podría argumentar que realmente no consigues nada discutiendo con un tipo al azar en Twitter, creo que lo que se logra es que les brinda a otras mujeres un guión para personas como esa en sus vidas reales. Estoy obsesionada con la noción de crear y hacer cumplir las consecuencias de los mensajes online. Si quieres llegar a mí y decir alguna mierda, te morderé. Esto no es un pasatiempo libre de consecuencias para usted.

La joven escritora feminista Lindy West.

La joven escritora feminista Lindy West.

AM: ¿Está satisfecha con el rumbo de nuestra sociedad en términos de igualdad de género y de cuerpos?

L.W.: Creo que sí. Siempre es difícil verlo en el momento, porque el cambio es muy lento. No escuchamos a los acusadores de Bill Cosby durante cuarenta años, y ahora eso se ha convertido en algo común. Hay tantas víctimas de violación que son llamadas mentirosas e ignoradas y cuyos violadores no son condenados. Eso continúa siendo un gran problema. Pero al menos la idea de que a veces las mujeres no están mintiendo, está empezando a arraigarse. Realmente no puedo estar emocionada por ello. Pero al menos tienes que reconocer que si bien no es mucho, el panorama es un poco diferente. Este es quizás el ritmo con el que tendremos que contar, no lo sé.

AM: ¿Por lo tanto tendremos que adecuarnos a este ritmo lento?

L.W.: El otro día estaba leyendo viejos correos electrónicos. Una mujer comediante me envió uno hace cinco años que decía: “Muchas gracias por escribir sobre violaciones, abusos y acosos. En mi comunidad, eso sería imposible. No puedo decir nada así porque sino formaré parte de la lista negra de todos los clubes”. En la actualidad, esto ha cambiado. Hemos sido lo suficientemente audaces y lo suficientemente públicas con algunas de estas conversaciones, y han resistido lo suficiente las reacciones, que ahora las conversaciones sobre la justicia social, el sexismo y el racismo son normales, incluso si no son recibidas con mucho afecto. Hemos creado espacio suficiente para que al menos podamos tener una conversación: “¿Qué tiene de malo esta broma? ¿Vale la pena hacer esto? ¿Le hace daño a la gente? ¿Queremos herir a la gente?” Hay al menos suficiente espacio para llevar a cabo la conversación, incluso si las conversaciones en sí no han llegado a ser todavía particularmente productivas.


Compartir.

Dejar un Comentario