LOS PODEROSOS NO ESCUCHAN EL TIC-TAC DE LA CRISIS HUMANITARIA

0

La Cumbre Humanitaria Mundial, realizada en Estambul a fines de mayo, logró hacer un fuerte llamado de atención sobre el sufrimiento humano sin precedentes que soporta la población del planeta, pero falló en atraer los fondos necesarios para aliviar la dramática situación. Significativamente, ninguno de los líderes del Grupo de los Siete países más ricos del mundo ni de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas concurrieron a esta ciudad turca, con la excepción de la canciller alemana, Angela Merkel.

Texto: Baher Kamal / Fotos: Gentileza Oxfam Internacional

La crisis humanitaria es una bomba a punto de estallar con 130 millones de personas vulnerables a quienes les urge recibir asistencia. Sin embargo, los países poderosos, principales responsables de la coyuntura actual y que por lo mismo tienen posibilidades de cambiarla, siguen haciendo como que no escuchan ni ven las señales de alarma.

La Cumbre Humanitaria Mundial, realizada en la ciudad turca de Estambul el 23 y 24 de mayo pasado, significó un esfuerzo sin precedentes para las agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los países miembros y cientos de organizaciones no gubernamentales que lanzaron un proceso de consultas con más de 23 mil actores, con el fin de retratar el drama humanitario presente. Acordaron un “gran pacto” con el fin de colocar más recursos en las manos de quienes más los necesitan y son víctimas de crisis que no causaron. La cumbre también logró un apoyo unánime para las cinco responsabilidades fundamentales, que contribuirán a aliviar el sufrimiento humano, a prevenirlo y hasta terminarlo.

La significativa ausencia de los dirigentes políticos de los países más ricos y poderosos envió una señal negativa.

Alrededor de nueve mil participantes de 173 países, entre ellos 55 jefes de Estado y de gobierno y cientos de otros actores clave, alertaron sobre el agravamiento de las crisis existentes y lanzaron llamados fuertes a la acción para evitar que en cualquier momento detone la “bomba humanitaria”. Además, los gobernantes del Grupo de los Siete (G7) países más industrializados y de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU permanecieron al margen de la primera cumbre humanitaria, limitando su presencia a delegaciones con funcionarios de menor jerarquía.

Alianzas inusuales

Sin esperanza. Ciento treinta millones de personas son víctimas de conflictos y desastres naturales y en aumento.

Sin esperanza. Ciento treinta millones de personas son víctimas de conflictos y desastres naturales y en aumento.

Para las organizaciones civiles y defensoras de los derechos humanos, las grandes corporaciones suelen ser sinónimo de “malas noticias” por su objetivo de lograr el máximo de ganancia. Aunque en un contexto de grave crisis humanitaria y de carencia de fondos, surgen alianzas insospechadas en otros tiempos. Cuando la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) está desesperada por conseguir fondos para asistir a 60 millones de refugiados en distintas partes del mundo y en aumento, la gran empresa de muebles prefabricados IKEA, se volvió su mayor donante privado a través de su fundación, con 150 millones de euros (unos 170 millones de dólares) aportados en los últimos cinco años.

La fundación también pasó a ser el mayor donante privado del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP). El 22 de marzo, en el marco del Día Mundial del Agua, la fundación IKEA anunció una nueva donación de más de 14 millones de dólares para water.org para ampliar sus proyectos destinados a proveer agua y saneamiento a un millón de personas en India e Indonesia.

El interés principal de la fundación es la educación de los niños, que es “clave si piensas que pasan toda su infancia en un campamento, donde no cuentan con educación por falta de fondos”, detalló su director ejecutivo Per Heggenes. Lo segundo, es ofrecer oportunidades para que los adultos trabajen, se ganen la vida y puedan cuidar a sus familias, subrayó. El tercer elemento es la energía renovable: “Tenemos un gran compromiso en hacer todo lo posible por reducir el cambio climático y usar energía renovable en lugares donde hay refugiados”.

La fundación está presente en 50 países con iniciativas que contribuyen a sacar de la pobreza a los niños y sus familias. Desde que Heggenes llegó en 2009, la fundación “aumenta sus fondos año a año de forma constante. En especial, en 2016, donaremos 181 millones de dólares, un presupuesto que llegará a los 226 millones de dólares al año en 2020”. En lo que respecta a Acnur, el trabajo consiste en considerar a los “refugiados como valor, y no solo como beneficiarios”, explicó.

Tres días antes de la cumbre humanitaria de Estambul, la fundación IKEA y Oxfam anunciaron una acuerdo de 8,26 millones de dólares para mejorar la respuesta a desastres. En ese contexto lanzaron un programa innovador de tres años para asegurarse que instituciones locales en Bangladesh y Uganda sean más efectivas a la hora de hacer frente a diferentes crisis, desde inundaciones severas hasta asistir a un gran número de refugiados que escapan de conflictos.

Señal negativa

La significativa ausencia de los dirigentes políticos de los países más ricos y poderosos envió una señal negativa generando una gran frustración dados los gigantescos esfuerzos realizados por la ONU para preparar la cumbre y movilizar conciencias, por no mencionar a los millones de personas más vulnerables, presas de dramas humanos que no generaron.

De hecho, el mayor flujo de refugiados es el resultado de guerras, no solo en Afganistán e Irak, ambos sometidos a vastas operaciones militares encabezadas por coaliciones del G7, sino también del conflicto armado en Yemen, con apoyo de Estados Unidos y Europa, y en Siria, donde los miembros del Consejo de Seguridad, salvo China, suministran armas a las partes enfrentadas desde hace seis años.

Otras víctimas del actual drama humanitario son los “refugiados climáticos”, quienes escapan de la amenaza de la muerte que significan las sequías, las inundaciones y otros desastres sin precedentes, derivados del cambio climático, cuyos principales responsables son los países más industrializados.

La única excepción fue la canciller alemana (jefa de gobierno) Angela Merkel, quien participó en la cumbre, aunque se dice que viajó a Estambul a reunirse con el presidente turco Recep Tayyib Erdogan para tratar de aliviar la creciente tensión entre Ankara y la Unión Europea (UE), por acusaciones mutuas de no cumplir con el acuerdo de deportación de refugiados que concretaron en marzo.

En resumen, el acuerdo UE-Ankara convierte a Turquía en un gran “depósito” de millones de personas que huyen de guerras y otros desastres causados por las actividades humanas y que pretenden llegar a Europa. A cambio, Ankara recibe de la UE tres mil millones de euros (unos 3.340 millones de dólares) al año para financiar la manutención, alojamiento y alimentos, de tres millones de refugiados que ya están en su territorio. El bloque también prometió autorizar el ingreso de ciudadanos turcos a los países miembro sin visa.

No obstante, al final de la cumbre, Erdogan lanzó una amenaza a la UE al declarar que si no implementa su parte del acuerdo, el parlamento turco no ratificará la ley que habilita a recibir a esas personas. Es decir, Turquía no solo dejará de recibir “retornados”, sino que abrirá sus fronteras a los refugiados y a otros millones de persona que pasan por su territorio rumbo a los países de la UE.

Pero a pesar de los reveses, la cumbre de Estambul fijó un nuevo rumbo. “No es un punto final, es un punto de inflexión”, opinó el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, al cierre del encuentro. Los gobiernos, las personas perjudicadas por las crisis, organizaciones no gubernamentales, el sector privado y agencias de la ONU, entre otros socios, se juntaron y expresaron su apoyo a la Agenda para la Humanidad y sus cinco responsabilidades fundamentales, destacó.

“Es necesario implementar esta agenda si queremos que las personas vivan con dignidad y prosperidad, y cumplir con los históricos acuerdos de la Agenda de Desarrollo Sostenible y el del cambio climático”, remarcó Ban, refiriéndose al Acuerdo de París. “Los gobiernos se comprometieron a hacer más para prevenir conflictos y construir la paz, respetar el derecho humanitario internacional y cumplir con su compromiso hacia la Carta de la ONU”, recordó. Ban también anunció que en septiembre de este año informará a la Asamblea General de la ONU los logros de la cumbre y presentará propuestas para “promover nuestros compromisos mediante procesos intergubernamentales, foros interagencias y otros mecanismos”.

Se precisa un nuevo enfoque

Sin embargo, cada vez más organizaciones acusan a la UE de sellar con Turquía un acuerdo inmoral, poco ético y, sobre todo, ilegal en lo que respecta al trato de refugiados. Mientras, en Europa crecen rápida y peligrosamente los movimientos y los partidos de extrema derecha que alimentan el odio, la xenofobia y la islamofobia. Y entretanto, decenas de miles de refugiados y migrantes siguen intentando llegar a Europa, muchos de ellos pereciendo en el mar, víctimas de prácticas inhumanas y de la manipulación de contrabandistas.

Organizaciones y agencias humanitarias como Médicos Sin Fronteras, Save the Children, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), entre otras, alertan de que un número creciente de niñas y niños menores de edad sin acompañantes adultos cruzan el mar Mediterráneo y las fronteras europeas y constituyen una de cada tres personas en esa situación, según estimaciones recientes.

Dos días antes del Día Mundial de los Refugiados, que se celebró el 20 de junio, Ban Ki-moon visitó la isla griega de Lesbos, convertida en el punto de entrada de numerosos refugiados a Europa. En ese lugar pidió a “los países de la región” que respondieran con “un enfoque basado en el derecho humanitario y los derechos humanos, en vez de con el cierre de fronteras, con barreras e intolerancia”.

“Me reuní con refugiados de algunos de los lugares más problemáticos del mundo. Vivieron una pesadilla, que todavía no se ha terminado”, advirtió Ban a las organizaciones no gubernamentales, voluntarios y medios de comunicación presentes. El tic-tac de la “bomba humana” que se escucha en las puertas de Europa contrasta con la inexplicable pasividad de sus gobernantes.

Traducción: Verónica Firme.


Compartir.

Dejar un Comentario