MADELEINE ALBRIGHT: “HILLARY CLINTON ES LA PERSONA MÁS PREPARADA PARA SER PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS”

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Madeleine Albright nació en la antigua Checoslovaquia en 1937, y se tuvo que exiliar con su familia tras la ocupación nazi de su país en 1939. Gran parte de su vida la ha pasado como diplomática. Albright fue nombrada secretaria de Estado en 1997 bajo la presidencia de Bill Clinton, algo que la transformó en la primera mujer en ocupar ese cargo. Desde entonces, se ha mantenido próxima a la actualidad internacional y ahora apoya a otro Clinton, Hillary, en su carrera a la Casa Blanca. Encuentro con una de las mujeres más influyentes de los últimos 30 años.

Texto: Isabelle Kumar (Euronews.com) / Fotos: Jesse Snapes / Evan Walsh / Juliet Preston / Danny Minsker

Ex embajadora en la ONU (1993-1997) y ex secretaria de Estado de EE. UU. (1997-2000), Albright acaba de cumplir 79 años.

Ex embajadora en la ONU (1993-1997) y ex secretaria de Estado de EE. UU. (1997-2000), Albright acaba de cumplir 79 años.

ALMA MAGAZINE: Le pido que vuelva la vista atrás, parece que ahora el mundo está siendo bombardeado por múltiples crisis. ¿Cree usted que la situación actual es peor que cuando era secretaria de Estado?

MADELEINE ALBRIGHT: Creo que la situación actual es peor que cuando estábamos en el gobierno, en los años 90, cuando había muchas esperanzas y entusiasmo ante el final de la Guerra Fría. Viendo cómo Europa podía formar parte de la OTAN y de la Unión Europea, y con la sensación de que Naciones Unidas podía funcionar. Creo que fue un momento de mucha esperanza y entusiasmo.

AM: Por lo pronto, no estaría mal analizar la situación actual en Europa. Y me gustaría recordar que usted misma fue una refugiada que se marchó de lo que entonces era Checoslovaquia por la ocupación nazi. Ante el aumento del populismo en todo el continente, ¿observa las sombras de los oscuros días de su infancia?

M.A.: Es diferente. Pero creo que populismo y nacionalismo son fuerzas muy peligrosas porque están llenas de extremismo y se basan en el odio contra alguien. Una cosa es estar orgulloso de quién eres, de tu identidad. Y otra, decidir que la gente que vive al lado tuyo es inaceptable.

AM: Uno de los problemas que está causando el alza del populismo –y Europa realmente ha luchado por encontrar una manera de tratar el tema– es la crisis de los refugiados. Como antigua refugiada, ¿aprueba la política europea que se resume en un sirio deportado por Europa igual a un refugiado reasentado en Europa?

M.A.: Matemáticamente suena muy bien, la cuestión es cómo llevarlo a cabo, cómo se elige a la gente y, en primer lugar, por qué la gente se marcha. Creo que las personas desean vivir en el país en el que nacieron. Creo que la forma en la que son elegidas para regresar o quedarse constituye un juicio muy difícil. He sido refugiada dos veces, una con mis padres durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los nazis ocuparon Checoslovaquia, y luego en Estados Unidos, después de que los comunistas volvieran a ocuparla. Creo que la cuestión es cómo se trata a los refugiados. Eso marca una gran diferencia. Cuando llegamos a Estados Unidos, la gente nos decía: “Sentimos mucho que vuestro país haya sido tomado por un sistema horrible. ¿Cómo podemos ayudarles? Son bienvenidos aquí. ¿Cuándo les van a dar la nacionalidad?”. Ya no escuchamos eso.

“Una cosa es estar orgulloso de quién eres, de tu identidad. Y otra, decidir que la gente que vive al lado tuyo es inaceptable.”

AM: Entonces, ¿qué le parece la respuesta europea?

M.A.: Es muy difícil criticar, porque creo que Estados Unidos debería estar haciendo más. Resulta complicado decirle a alguien qué hacer cuando nosotros mismos no estamos admitiendo a más gente. Esto puede sonar extraño, pero me gustaría que se viera a los refugiados como un valor. Muchas de las personas que están marchándose de Siria tienen formación y talento, son emprendedores. Creo que si empiezas tratando a la gente como a perros, no reconociendo su condición de seres humanos, llevándola a lugares donde sólo son un número, se actúa en contra del espíritu multiétnico que debería ser la seña de identidad del siglo XXI.

AM: Volvamos atrás otra vez, a cuando estaba en el gobierno. Usted se implicó mucho en encontrar una salida a la guerra de los Balcanes. No sólo como secretaria de Estado, sino también como embajadora ante la ONU. Habrá visto los juicios que han tenido lugar recientemente. Estos juicios, este tribunal, fueron creados para traer la reconciliación. Algunos argumentan que ni siquiera han traído justicia. ¿Qué ha fallado?

M.A.: Primero de todo, creo que los tribunales lo hicieron muy bien. El hecho de que fuera condenado Radovan Karadzic, uno de los mayores responsables de la guerra, es algo muy importante, porque el propósito del tribunal, como usted ha señalado, era asignar la culpabilidad individual y borrar la colectiva para que pudiera haber reconciliación.

AM: Pero no está habiendo reconciliación…

M.A.: Algo sí, pero no tanta como pensábamos. Me he dado cuenta de que queremos que todo se resuelva rápidamente. Y se va a tardar mucho tiempo en resolver estas cuestiones. Creo que lo más difícil es que la gente acepte las decisiones, como los acuerdos de Dayton, por ejemplo. Se realizan con la mejor voluntad posible ante lo que sucede en un momento dado. Creo que a menudo las cosas deben actualizarse, revisarse de alguna manera.

AM: Entonces, no se crearon para quedar bien…

M.A.: No se crearon para quedar bien. Y creo que las diferentes instancias del gobierno de Bosnia y Herzegovina, su complejidad, junto con la forma en que fueron interpretados algunos de los poderes de la República Srpska profundizaron el problema. Lo interesante es que algunos serbios de Belgrado, principalmente por el aliciente de entrar en la Unión Europea, han intentado ver las cosas de forma diferente. Pero no voy a defender algunas de las cosas que están ocurriendo. En Kosovo, por ejemplo, siguen existiendo problemas entre serbios y kosovares.

AM: Ha mencionado a Radovan Karadzic. Se critica que esta condena de cuarenta años no fuera mucho más larga. ¿Está usted satisfecha con ella?

M.A.: Creo que cuarenta años es mucho tiempo, sobre todo a su edad. Tengo que decir que el Tribunal de Crímenes de Guerra funcionó mejor de lo que mucha gente esperaba en ese momento. Fue uno de mis primeros votos de mi etapa en Naciones Unidas. La gente pensaba que ninguno iba a ser acusado o llevado ante la justicia, y sí lo fueron.

“Una de las cosas más difíciles de decidir fue cómo enviar a la gente a la guerra, qué hacer.”

AM: Uno de los problemas ha sido lo mucho que han durado estos juicios.

A Albright le gustaba lucir broches en la ropa que se transformaron en portadoras de mensajes diplomáticos a sus homólogos.

A Albright le gustaba lucir broches en la ropa que se transformaron en portadoras de mensajes diplomáticos a sus homólogos.

M.A.: Me hubiera gustado que trabajaran más rápido. Prefiero ser positiva y pensar que se ha avanzado. El Tribunal de Crímenes de Guerra y el Tribunal Penal Internacional constituyen un intento de que hubiera responsables, una forma de abordar el genocidio y los crímenes contra la humanidad.

AM: Volviendo a su pasado como funcionaria en Estados Unidos. ¿Cuál fue la decisión más dura que tuvo que tomar en su etapa en el gobierno?

M.A.: Primero de todo, nunca esperé ser secretaria de Estado ni siquiera embajadora ante la ONU. Una de las cosas más difíciles de decidir fue cómo enviar a la gente a la guerra, qué hacer, y el aspecto ético del que hablábamos respecto a Bosnia y Kosovo. No es fácil para una simple y mortal mujer civil discutir sobre el uso de la fuerza y luego enviar tropas a la guerra. Creo que fue una de las decisiones más duras de tomar. Pero se hizo cuando se consideraba aceptable emplear la fuerza para deshacerse de gente que estaba matando a otra.

AM: ¿Sigue de acuerdo con esa decisión?

M.A.: Sí, totalmente. Y sé que hay mucha gente que la critica. Siendo niña viví un tiempo en Belgrado, mi padre fue embajador de Checoslovaquia en Yugoslavia. Ahora no soy bienvenida en Belgrado, pero creo que, ante lo que estaban haciendo Milosevic y Karadzic, nuestros actos estuvieron justificados. Y también quisimos dar la oportunidad a bosnios y kosovares de tomar decisiones sobre cómo dirigir su país.

AM: Estados Unidos se tomó su tiempo antes de actuar de forma decisiva en el conflicto de los Balcanes. Ahora se critica a menudo al presidente Barak Obama por no estar en primera línea en asuntos de política exterior, especialmente en Siria. ¿Cómo ve usted el impacto de esa decisión?

M.A.: Creo que tanto la forma en la que el presidente George Bush llevó al país a la guerra en Irak, sin seguir una vía diplomática ni formar una coalición para trabajar a través de Naciones Unidas, como la validez de las pruebas sobre la existencia de armas de destrucción masiva fueron asuntos muy cuestionados por diferentes motivos. Obama fue elegido para poner fin a las guerras de Irak y Afganistán. Fue el fundamento de su elección, partiendo de la idea de que estas guerras fueron un error. Obama cree que debemos trabajar junto a otros países para ayudarles a resolver sus problemas, que Estados Unidos no tiene que hacer todo solo. Creo que respondía así a los errores de la administración anterior.

AM: ¿Le apoya entonces en su decisión de echarse a un lado?

M.A.: Creo que Estados Unidos necesita involucrarse más. La cuestión es cuándo. Pero es difícil en términos de…

“Estados Unidos es un país muy peculiar”

AM: ¿Más involucrado en Siria?

M.A.: En Siria. Bueno, en general. Pero la ex secretaria de Estados Hillary Clinton decía ser partidaria de una zona de exclusión aérea en Siria. Creo que eso hubiera sido más fácil de hacer antes. Desearía haber averiguado antes quiénes eran algunos de los grupos rebeldes. Pero lo más duro, y soy muy prudente en esto, es que los juicios fueron hechos basándose en decisiones tomadas durante la administración Clinton. Es fácil verlo desde fuera y decir: “Debería haber pasado esto”. La gente en el gobierno toma decisiones basadas en la información con la que cuenta en ese momento. Personalmente, desearía haber hecho algo antes en Siria.

AM: ¿Qué papel debería tener Estados Unidos en el mundo?

M.A.: Creo que esta es la pregunta más difícil en este momento. Estados Unidos es un país muy peculiar. No somos un poder colonial, no queremos ser la policía del mundo. Y resulta difícil saber cuándo debemos involucrarnos y cuándo no. Y somos criticados por ambas decisiones.

AM: ¿Cuál diría que es el mayor logro del presidente Obama en política exterior?

M.A.: Creo que tiene varios. Por la forma en que lo trató, la cuestión de Osama bin Laden. Era una decisión difícil. Y por lo que tiene de avance, la ampliación de las relaciones con Asia. Creo que, en general, sus intentos y los del secretario de Estado John Kerry por hacer algo en Oriente Medio. Y luego creo sinceramente que uno de sus grandes logros ha sido lo hecho respecto al cambio climático. Reuniendo a los países en París y buscando el acuerdo. Y también intentando demostrar lo que hace Estados Unidos y que actuará junto a sus socios.

AM: Regresemos a su época en el gobierno. Usted provocó una gran polémica hablando sobre las sanciones a Irak. Especialmente por algo que dijo en un programa de televisión sobre la muerte de niños: “500 mil fue un precio que valió la pena pagar por las sanciones”. Sé que se ha retractado por ello…

M.A.: Ya dije que es la mayor estupidez que he dicho nunca. Me he disculpado por ello y lo he explicado. Pero hay gente que parece querer seguir sacando el tema. Sadam Husein había invadido otro país. Había un plan para distribuir comida y medicinas al pueblo iraquí. Pero él no permitió entrar en su país a la gente que lo iba a llevar a cabo. Fue Sadam Husein quien mató a los niños, no Estados Unidos. Intentaba defender una política de sanciones instaurada por la administración Bush. Pero a veces la gente dice estupideces. Me gustaría que todos los que me critican pensaran si alguna vez dijeron algo de lo que se arrepienten. Es una declaración estúpida, pero si la gente quiere seguir hablando de ella, no puedo hacer nada. Lamento haber dicho eso.

AM: Cambiemos de tema. Veamos la presidencia de Estados Unidos ahora. Usted es una ferviente partidaria de Hillary Clinton. Sus oponentes la consideran demasiado artificial y en algún sentido desesperada por ostentar el cargo. Algo que desanima a muchos. ¿Qué responde a esto?

M.A.: Creo que se equivocan. Es una mujer excepcional que ha sido una servidora pública muy buena y dedicada. La conozco desde hace mucho tiempo. Hillary es muy inteligente, trabaja muy duro y es mejor y tiene más experiencia que cualquier otra persona que haya participado nunca en la carrera a la presidencia de Estados Unidos. Escucha a la gente, tanto en casa como en el extranjero. Siendo senadora estaba en el comité de servicios armados, sabe cómo funciona, y como secretaria de Estado restableció la buena reputación de nuestro país. Creo que no hay nadie mejor preparado que ella.

AM: Ustedes tienen un dicho: “Hay un lugar especial en el infierno para mujeres que no se ayudan entre sí”. Si Hillary Clinton fuera un hombre, ¿lo apoyaría con la misma fuerza?

M.A.: Por supuesto. Porque preferiría apoyar a un hombre con la visión correcta antes que a una mujer opuesta a todo. Hillary Clinton es la persona mejor cualificada para ser presidente de Estados Unidos, ya sea hombre o mujer.

AM: En cuanto a Donald Trump, ¿es una amenaza para Estados Unidos o todo lo contrario?

M.A.: Creo que las dos cosas. Porque parte del problema es que nadie tiene la menor idea de lo que hace o piensa. Ha reconocido que habla consigo mismo, que se aconseja a sí mismo… Encuentro muy difícil cuando viajo al extranjero intentar explicar las cosas que dice, que son muy peligrosas para Estados Unidos y para el mundo.

“Desarrollé el arte del beso diplomático, creo que esto siempre rompe el hielo.”

AM: ¿Qué ha hecho tan popular a alguien como Donald Trump?

La ex funcionaria recién supo que sus padres eran judíos a los 59 años, poco antes de ocupar el cargo en el gabinete de Clinton.

La ex funcionaria recién supo que sus padres eran judíos a los 59 años, poco antes de ocupar el cargo en el gabinete de Clinton.

M.A.: Creo que la prensa ha sido cómplice en su gran ascenso. Porque es una historia interesante y ha aumentado la audiencia en una serie de canales. Creo que eso es parte del problema. Pero hay algo que debemos recordar, él es popular entre una muy pequeña fracción de un partido. La gente no se da cuenta de la diferencia que hay entre un reality show y la realidad de presidir un país como Estados Unidos.

AM: Donald Trump ha sido criticado por sus declaraciones sexistas. Como primera mujer secretaria de Estado, su género debe de haber sido un lastre en algunas situaciones, pero también le debe de haber ayudado. ¿Puede contarme algún momento clave donde fue útil ser mujer?

M.A.: Obviamente, no todas las mujeres somos iguales. Sin embargo, creo que intentamos desarrollar un determinado tipo de relaciones personales. Una de las principales reglas de la diplomacia es ponerse en el lugar de la otra persona. Creo que las mujeres somos buenas en eso. Desarrollé el arte del beso diplomático, creo que esto siempre rompe el hielo.

AM: Por favor, ¿qué es un beso diplomático?

M.A.: Es complicado, cuando se llega a un país, ya sabe. En algunos –los latinos, por ejemplo– es más difícil. No puedes visualizar a mis predecesores haciendo esto. Pero en algunos países latinos se besa la mejilla derecha y en otros la izquierda. Pero yo los confundía, y nos chocábamos la nariz. Luego los franceses dan dos besos, y los holandeses tres. Y es muy difícil… De todas maneras, es una buena forma de comenzar una reunión.

AM: Resulta imposible entrevistar a Madeleine Albright sin acabar con el broche final. ¿Podría hablarme de su broche más significativo?

M.A.: ¿Más significativo? Tengo que decir que hay varios. A veces hago las cosas bien, otras me equivoco. Mi mayor error fue llevar en un encuentro con el presidente Vladímir Putin un broche con los tres monos que no ven, no escuchan y no hablan sobre el mal. Mientras caminábamos le dijo al presidente Bill Clinton: “Siempre vemos los broches de la secretaria Albright. ¿Por qué lleva esos tres monos?”. Y yo dije: “Porque creo que su política en Chechenia es mala”. Se enfadó mucho conmigo y con razón. Ahora volvería a llevarlos porque creo que algunas de las cosas que está haciendo Putin son malas.


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