MARCELA VILLAREAL: “LA META ES EL HAMBRE CERO”

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La Organización de las Naciones Unidas se prepara para lanzar a fines de este año una ambiciosa agenda de desarrollo posterior a 2015, y el mensaje de su agencia en Roma es inequívoco: la erradicación del hambre y de la desnutrición deben ser una prioridad en ella. En su informe anual divulgado en la capital italiana, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reconoce que el mundo hizo ciertos progresos en la lucha contra el hambre y la desnutrición, pero subraya que todavía hay un “largo camino” por andar para resolver la crisis. Profundizamos sobre estas cuestiones conversando con la colombiana Marcela Villareal, la directora de la Oficina de Comunicaciones, Asociaciones y Promoción de la FAO.

Texto: Claudia Ciobanu / Fotos: Micaela Gómez / Jonathan Hopper

Bajo el liderazgo de su director general, el brasileño José Graziano da Silva, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) está inmersa en un proceso de profundas reformas para lograr más efectividad en la lucha contra el hambre. “Un elemento transformador en la visión del nuevo director general es crear sinergia entre los varios aspectos de nuestro trabajo, para que podamos estar más concentrados y ser más eficientes en la erradicación de la pobreza”, sintetiza la directora de la Oficina de Comunicaciones, Asociaciones y Promoción de la FAO, la colombiana Marcela Villarreal.
“He trabajado en esta organización por 16 años, y puedo decir que estamos mejor cuando adoptamos un enfoque multisectorial y multidisciplinario. Es este tipo de enfoque el que nos permite encontrar formas innovadoras de solucionar viejos problemas”, afirma. Anteriormente fue directora de Género, Igualdad y Empleo Rural de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) de las Naciones Unidas. Villarreal, ingeniera de sistemas, especializada en sociología rural, nació en Bogotá y desde hace 16 años trabaja para la FAO, con sede en Roma.
ALMA MAGAZINE: ¿Cuáles son los elementos centrales del programa de trabajo propuesto por José Graziano da Silva para la FAO?
MARCELA VILLARREAL: Estamos proponiendo cinco objetivos estratégicos, el primero de los cuales es la eliminación del hambre. Ya no estamos hablando sólo de reducirla. Es importante señalar aquí que, si bien antes pensábamos que incrementando la producción de alimentos podíamos erradicar el hambre, hoy sabemos que no sólo se trata de eso, sino también de garantizar acceso a la comida. El segundo objetivo es incrementar la producción de alimentos en una forma sostenible, y el tercero es erradicar la pobreza rural. El actual programa de trabajo se basa en un estratégico proceso de elaboración. Los Objetivos de Desarrollo de las Naciones Unidas para el Milenio y los indicadores en general se concentran mucho en las áreas urbanas, a pesar de que la pobreza rural es uno de los mayores problemas hoy en día.
AM: ¿Cómo paliarán esto?
M.V.: Nosotros nos concentraremos en tres poblaciones rurales en riesgo de pobreza: los pequeños agricultores, a quienes ayudaremos a ser más productivos; los jornaleros, para cuyo beneficio apoyaremos a los países con el fin de que generen empleo, incrementando así los ingresos y el acceso a los alimentos; y finalmente, los completamente excluidos. Para ayudar a estos últimos, tenemos que asesorar a los países sobre la creación de redes de seguridad, pero de una forma que no sea simplemente dar dinero, sino apoyando la producción o el empleo. Finalmente, los últimos dos objetivos estratégicos se refieren a ofrecerles a los agricultores un mejor y más equitativo acceso a los mercados y a fortalecer la resistencia de las poblaciones, reduciendo su vulnerabilidad ante las amenazas y las crisis. Son nuestros estados miembros los que tendrán que alcanzar esos objetivos. Nuestro papel será contribuir en una forma estratégica y mesurable para lograr esas metas.
AM: ¿Cuánta influencia tiene en verdad la FAO sobre los estados miembros que quizá no estén plenamente convencidos de esta visión?
M.V.: Somos muy optimistas de que podemos implementar esta visión. Ya estamos viendo grandes progresos: semanas atrás, en la 38ª Conferencia Bienal de la FAO que se celebró en Roma, 38 países fueron premiados por reducir los niveles de hambre. El hecho de que ya estemos a mitad de camino nos da un buen indicio de que podemos trabajar para alcanzar el objetivo real, que es el hambre cero. En esta conferencia, es claro que los gobiernos apoyan la visión y el programa de trabajo del director general. Por supuesto, una buena muestra de voluntad política sería ver presupuesto destinado a estos temas.
AM: En los últimos años, la FAO manifestó una creciente disposición a trabajar con la sociedad civil. ¿Participó esta en la redacción de los cinco objetivos estratégicos?
M.V.: No podemos lograr ninguno de esos objetivos sin una asociación con la sociedad civil, el sector privado, organizaciones de agricultores, cooperativas, institutos de investigación y otros. La participación de la sociedad civil es crucial en los procesos de diálogo para políticas nacionales, donde se necesitan oír sus voces y donde estamos facilitando su participación. En el ámbito internacional, la sociedad civil ha estado plenamente involucrada en el Comité Mundial sobre Seguridad Alimentaria.

“Hoy sabemos que no sólo se trata de erradicar el hambre, sino también de garantizar acceso a la comida.”

AM: En cuanto a las compañías privadas, ¿toman precauciones para no tratar con aquellas cuyos modelos de negocios perjudican a los pequeños agricultores o a los pobres, por ejemplo?
M.V.: Sí, tenemos mecanismos muy claros para evaluar los riesgos y abordarlos. Cuando se trata de empresas, primero llevamos adelante el debido proceso de diligencias para ver si estas tienen problemas con temas laborales, de derechos humanos, ambientales u otros. Luego tenemos un subcomité sobre asociaciones que analiza todos los posibles riesgos, y finalmente tenemos un comité sobre asociaciones presidido por el director general en persona. Así que nos tomamos el tema muy en serio. No podemos ignorar a las grandes corporaciones, que son importantes actores en el mundo, pero si nosotros en el sistema de las Naciones Unidas podemos hacerlas más conscientes del impacto sobre el medioambiente, el trabajo y los temas de género, habremos logrado mucho.

Erradicar el hambre
Texto: Thalif Deen
El director general de la FAO, el brasileño José Graziano da Silva, es inflexible: “Debemos luchar por nada menos que la erradicación del hambre, de la inseguridad alimentaria y de la desnutrición. La única respuesta efectiva a la inseguridad alimentaria es el compromiso político a nivel nacional, regional e internacional por parte de la comunidad de donantes y las organizaciones internacionales”.
Como ejemplos, Graziano da Silva citó el Comité sobre Seguridad Alimentaria y el Reto del Hambre Cero, creados por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. Ban destacó el “espectacular” crecimiento económico experimentado en algunos países, que hizo posible reducir la extrema pobreza a la mitad. “Pero la ola de prosperidad no elevó a todos los barcos. Para tener éxito antes de fines de 2015, necesitamos un esfuerzo concentrado destinado a apoyar a los pequeños productores y a asegurar una mejor nutrición de mujeres, niños y niñas”, indicó Graziano da Silva.
Mientras, el informe de la FAO titulado “Estado de la alimentación y la agricultura” señala que los “costos sociales y económicos de la desnutrición son inaceptablemente altos”. Los números son impactantes: la desnutrición provoca una pérdida de productividad para la economía mundial y gastos en atención médica que equivalen a 3,5 billones de dólares, o 500 dólares por persona. “Es casi todo el producto interno bruto anual de Alemania, la mayor economía europea”, dice el informe.
Las deficiencias de vitaminas y micronutrientes, junto a la obesidad y el sobrepeso, son en los principales responsables de la pérdida de productividad. El subdirector general de la FAO para Economía y Desarrollo Social, el malasio Jomo Kwame Sundaram, coincidió con la estimación del Grupo de Alto Nivel de Personas Eminentes de la ONU para la Agenda de Desarrollo posterior a 2015, de que el hambre extrema y la pobreza podrían ser erradicadas en 2030. “Aunque esto no ocurrirá por sí solo. Se deben aplicar una serie de medidas importantes, políticas y económicas, y adoptar mecanismos adecuados de gobernanza. Nos referimos a la erradicación del hambre en el sentido estricto: acabar con la inseguridad alimentaria y con las deficiencias de micronutrientes”, señaló.
La FAO define la “desnutrición” como la falta de alimentos suficientes para llevar una vida saludable y productiva. Esto afecta a unas 868 millones de personas. El Reto del Hambre Cero procura eliminar el retraso en el crecimiento debido a las deficiencias de micronutrientes, garantizar una agricultura sostenible, minimizar el desecho de alimentos y duplicar los ingresos de los agricultores.
Sundaram dijo, además, que los compromisos políticos para erradicar el hambre deben ser respaldados con recursos. La FAO estimó en 2011 que se necesitaban inversiones públicas anuales por 50.200 millones de dólares para que el mundo pudiera erradicar el hambre para 2025, suma que además debe ser complementada por el sector privado.

 AM: ¿Cómo puede reaccionar la FAO cuando un gobierno permite prácticas dañinas en su territorio, como por ejemplo el acaparamiento de tierras?
M.V.: Somos una organización intergubernamental que pertenece al sistema de las Naciones Unidas, así que trabajamos con los gobiernos, que son nuestros miembros. Nuestro papel es asegurar que tengan el mejor conocimiento y la mejor asistencia técnica para alcanzar los objetivos establecidos. Promovemos la buena gobernanza, que implica transparencia, participación y responsabilidad. Aquí, déjeme citar las palabras de Amartya Sen, quien dijo: “Al generar una discusión pública, tenemos parte de la solución”.
AM: En el plano personal, es curiosa su historia. Usted se graduó en la universidad y se fue dos años a la selva para participar en un proyecto arqueológico, cuando usted no tenía ninguna vinculación con el mundo rural…
M.V.: Vengo de una cultura urbana. Pero siempre he sentido fascinación por las zonas rurales. También he sentido una gran sensibilidad social desde niña. Por norma, la pobreza se concentra en las zonas rurales.
AM: ¿Le costó remontarse casi a la Edad de Piedra desde su cómoda vida en Bogotá?
M.V.: Fueron los años más felices de mi vida. Dormía en el suelo, entre los animales. Sin electricidad y, por supuesto, sin teléfono. Hice muchas de las cosas que contó Ingrid Betancourt, lo que pasa es que yo lo viví todo voluntariamente.
AM: ¿Qué aprendió?
M.V.: Un indígena sabe si alguien ha pasado por un lugar por la leve modificación de una hoja o una rama. Aprendí a conocer a la naturaleza, a tratarla de cerca.
AM: Usted es experta en políticas de igualdad. ¿La mujer rural sigue teniendo más difíciles las cosas que el hombre?
M.V.: La tierra está en manos de los hombres, tanto en número de títulos como en calidad. Las desigualdades de género se notan claramente en el acceso a los recursos agrarios. Esto pone a toda la sociedad en situación de vulnerabilidad.


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