MARIHUANA: CONSUMACION O CONSUMO

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En ningún libro de ciencia ficción hemos leído que un día la producción de marihuana iba a correr por cuenta del Estado. Sin embargo, el gobierno uruguayo lo hizo. En la otra punta del continente latinoamericano, en Ciudad de México, algunos legisladores están instando a una discusión profunda sobre la posibilidad de su uso recreativo. En los últimos años, América Latina ha estado a la vanguardia en el debate sobre la legalización de las drogas como alternativa para combatir la corrupción y derramamiento de sangre que acarrea la llamada lucha contra las drogas. Aquí un paseo inmoral por una problemática que viene encendiendo un caluroso y bienvenido debate.

Texto: Inés Acosta / Emilio Godoy / Fotos: Tomás Fernández / Pilar Piccioli / Yuliano Aguzzi / Charles Krauss

Tras convertirse en el primer país del mundo en que el Estado asume la producción y comercialización de la marihuana, Uruguay dedicará los próximos meses a seleccionar un cultivo que permita una oferta de buena calidad y a un precio al menos similar al del mercado ilegal. El presidente de Uruguay, José Mujica, promulgó el 23 de diciembre la Ley 19.172 de regulación de la marihuana (cannabis), pero su entrada en vigor será recién en abril próximo, al cumplirse 120 días de su aprobación parlamentaria el 10 de diciembre y tras establecer el gobierno su reglamento. Desde entonces, todo el sector quedará bajo regulación y control del estatal Instituto de Regulación y Control de Cannabis, creado por la ley de 44 artículos.
Antes, hay mucho por hacer. Entre lo más importante, definir el tipo de variedad que se plantará, quiénes la cultivarán y a qué costo, así como el precio al que se adquirirá en las farmacias. También deberán establecerse los registros de cada actividad involucrada y de los llamados clubes de cannabis, para asegurar la trazabilidad de la hierba legal. En este punto, organizaciones sociales y activistas estudian el modelo productivo de marihuana que garantice su alta calidad y su precio adecuado y que, además, involucre a pequeños y medianos productores uruguayos y evite que empresas extranjeras se apropien de la actividad. El objeto de la ley fue “poner la disponibilidad de la marihuana para los usuarios en manos del Estado o bajo control del mismo”, explica el senador Roberto Conde, del gobernante Frente Amplio, de izquierda moderada.
En Uruguay, un país con 3,3 millones de habitantes, hay entre 18 mil y 20 mil consumidores permanentes de marihuana –un 8,3% en el total de la población– y entre 79 mil y 100 mil personas que la consumen ocasionalmente cada mes. En el país sudamericano el consumo de marihuana estaba despenalizado ya desde los años 70, pero su cultivo, distribución y venta permanecían ilegales. “No se está constituyendo un mercado libre de drogas ni de marihuana. A la marihuana se podrá acceder por autocultivo individual, en clubes cannábicos o a través del expendio en farmacias, bajo presentación de documento de identidad”, subraya Conde, quien fue ponente del proyecto de ley en el Senado.

Unidos por la marihuana
En Estados Unidos –que en 1917 declaró una “guerra mundial contra la droga”– ya hay 21 estados en los que se permite la marihuana medicinal y en algunos, como Colorado y Washington, ya se admite cultivar hasta seis plantas en un hogar y vender legalmente hasta 28 gramos de marihuana para uso recreativo. Según especialistas, en Estados Unidos –en donde las ventas de marihuana medicinal superaron los 150 mil millones de dólares sólo en 2013– la venta legal de marihuana puede ser un gran negocio.
En lo puntual, el representante demócrata por Arizona, Rubén Gallego, interpuso con apoyo de otros 12 legisladores una iniciativa de ley para legalizar el uso recreativo de la marihuana en ese estado. De acuerdo con una reciente encuesta, el 56% de los residentes de Arizona estaría a favor de la legalización del estupefaciente. El proyecto sería similar a las leyes aprobadas en Colorado y Washington, que han avalado el consumo de la marihuana para uso personal, de una manera similar al del alcohol. De ser aprobada, la iniciativa de Gallego convertiría a Arizona en el primer estado fronterizo con México en legalizar la marihuana.

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Pionero mundial. El propio gobierno uruguayo se encargará de controlar la producción, distribución y venta de marihuana.

La marihuana legal sólo estará disponible para los residentes en el país sudamericano, en una cantidad máxima de 40 gramos mensuales (unos 40 cigarrillos), para quienes se inscriban en un registro especial. El autocultivo del cannabis psicoactivo estará limitado a seis plantas y 480 gramos anuales de recolección. “Es lo que técnicamente se estima como lo razonable para que no se caiga en un uso problemático de la droga”, afirma el senador.
Para Martín Collazo, del colectivo Proderechos –quien también integra la coalición Regulación Responsable, conformada por organizaciones y personalidades a favor de regular la marihuana–, la salud pública será el área más beneficiada con la ley. “El 85% de los usuarios de drogas ilegales en Uruguay consumen sólo marihuana, con lo que el mercado clandestino podría caer en ese porcentaje. El contacto con el mercado clandestino facilita el acceso a otras sustancias, como la cocaína o la pasta base, que se venden en los mismos lugares”.
Está también pendiente el precio de la marihuana que se venderá en las farmacias. Collazo estima que en esos expendios el precio del gramo de cannabis debe estar entre un dólar y 1,50, su valor en el mercado ilegal. “En la calidad hay una ventaja comparativa muy grande porque la hierba ilegal es muy mala. Pero creo que no puede venderse más cara porque entonces habría un sector de la población que seguiría comprando en el mercado negro”, plantea el activista. Desde noviembre, Proderechos se encuentra trabajando con agrónomos y economistas y ya formuló modelos productivos que confirman que se puede producir marihuana en Uruguay a ese precio.

“En Uruguay, un país con 3,3 millones de habitantes, hay entre 18 mil y 20 mil consumidores permanentes de marihuana.”

El estadounidense Centro de Investigación sobre Políticas de Drogas de California plantea que la producción y el comercio ilegal son más caros por sus elevados costos de seguridad, transporte y protección de la mercancía. Collazo sostiene que la práctica confirmará hasta qué punto esto es cierto. Si la marihuana tiene que ser barata, dice, es probable que su calidad sea inferior a la que se vende en Holanda, donde esta droga se comercializa legalmente en establecimientos especiales.
“Pero no tenemos que llegar a esa calidad en el primer año. Eso tiene que ser visto como un proceso paulatino de desarrollo de la cadena productiva”, señala. Y aclara que, a nivel de productor, la elaboración de una tonelada de marihuana de buena calidad podría costar unos 250 mil dólares, es decir entre 0,25 y 0,30 dólares el gramo, “en un esquema de baja tecnificación y de una a dos cosechas anuales”. El especialista puntualiza que en el mercado clandestino actual se vende el “prensado procedente de Paraguay, que tiene hoja, tallo, muy mala flor y aditivos como amoníaco, que se le coloca al ladrillo para que no se seque durante el transporte. Ahora hablamos de vender cogollo, una flor sin hoja y sin tallo que, aunque no sea grande o hermosa, es una flor de excelente calidad. Estamos generando nuestra propia información con distintos profesionales y estamos generando propuestas que después presentaremos formalmente”.
Para Collazo, el objetivo es “es generar esquemas de producción que sean fácilmente asumibles por pequeños y medianos productores a costos razonables y que coloquen marihuana en el mercado a un precio similar al del mercado negro”. En Uruguay, de hecho, ya hay cultivadores de marihuana, con variedades supuestamente estandarizadas.
Sobre la posibilidad de garantizar la trazabilidad de la droga que circule en el nuevo mercado regulado, Collazo opina que “se puede intentar que quienes producen para farmacias produzcan siempre las mismas variedades. Si los cultivadores toman las variedades habilitadas y producen a partir de esquejes que se toman de la planta madre, siempre vas a tener la misma situación genética”. Ese seguimiento sólo se pierde cuando los productores introducen nuevas variedades.

Entre Obama y Phiilip Morris
Phillip Morris, el mayor productor mundial de cigarrillos, anunció que empezará a producir cigarros de marihuana. Comercializado bajo la marca Marlboro M, estarán a la venta a través de puntos de venta de marihuana con licencia en Colorado y en Washington. Tras mantener conversaciones con países como México y Paraguay –países productores del estupefaciente– se avanzó, incluso, en la iniciativa de crear un anillo de distribución en América del Norte y del Sur. La compañía tabacalera está negociando con las principales redes y editores para iniciar la mercantilización del producto a principios de 2015.
Las acciones de Phillip Morris alcanzaron un máximo histórico con la noticia y se dispararon desde 83,03 dólares a 998 dólares, apenas unas horas después de que se hiciera pública. Todo esto sucedió mientras se conocían las declaraciones que el presidente Barack Obama realizó a la revista New Yorker: “Como ha quedado bien documentado, fumé marihuana de joven, y lo veo como un mal hábito y un vicio no muy diferente a los cigarrillos que he fumado durante mi juventud y en gran parte de mi vida adulta. No creo que sea más peligroso que el alcohol”.

En el esquema de alta regulación y control del mercado que regirá para la marihuana uruguaya, el especialista alega que será fácil mantener la trazabilidad para la venta en las farmacias. Pero “en los autocultivos y en los clubes de cannabis ya habría que analizar otras cosas, porque es una conducta mucho más difícil de controlar”. El senador Conde, en cambio, lo ve fácil “porque desde el punto de vista científico hoy los avances son tan enormes que se puede hacer una trazabilidad molecular de la sustancia, y en Uruguay hay tecnología suficiente muy desarrollada, y la que no la haya la pediremos. No se fijará un precio sino una tasa que paga un usuario por el servicio público de poner a disponibilidad del usuario un producto químicamente controlado desde todo punto de vista”. Conde añade que en el gobierno “es un punto en discusión” si el Estado subsidiará en alguna forma la marihuana: “Esto va a definirse dentro de los 120 días de reglamentación de la ley. No sé si será necesario o no un subsidio para implementarla. Si fuera necesario, no sería un subsidio aislado, sino un costo más de nuestra política general de salud”.

La ignorada faceta productiva del cannabis
El cultivo del cáñamo índico (Cannabis sativa), del cual se obtienen el hachís y la marihuana, puede ser una opción para uso medicinal, alimentario e industrial, como el textil, que atraiga importantes inversiones y desarrollo en México si se legaliza y regula su cultivo y comercialización, plantean especialistas. “Es una alternativa de gran producción agrícola, pues crece en todos lados y los usos actuales y potenciales representan una oportunidad innegable y muy atractiva para el desarrollo económico”, asegura el cineasta y fotógrafo Julio Zenil, uno de los promotores más activos en México a favor de la regulación de la marihuana, conocida popularmente como “mota”.

“El esquema antidrogas mexicano está lleno de contradicciones.”

Zenil, quien a fines de la década pasada importó ropa hecha con tela elaborada a partir del cáñamo, escribió junto a Jorge Hernández y Leopoldo Rivera el libro La mota. Compendio actualizado de la mariguana en México, que según sus autores trata de “desmitificar una planta cuyo problema principal es la histeria y manipulación mediática que se padece ante su presencia en nuestra sociedad”. Este tipo de planta, presente en casi todo el mundo, crece en alrededor de un año y puede alcanzar una altura de siete metros, sin necesidad de agroquímicos y con capacidad de capturar grandes volúmenes de carbono. La corteza del tallo desarrolla muchas fibras, pero sólo una pequeñísima cantidad de resina.
Además, en el texto se aclara que el tallo no es psicoactivo y la fibra es más larga, más fuerte, más absorbente y más aislante que la del algodón. Sus usos abarcan el alimento, el forraje, los cosméticos, los aceites, los textiles, el papel, la fabricación de cuerdas y los biocombustibles. En cuanto a su semilla, se indica que es muy nutritiva, contiene una gran cantidad de ácidos grasos, rica en vitaminas y una buena fuente de fibra dietética.
El esquema antidrogas mexicano está lleno de contradicciones. La Ley General de Salud permite en México la tenencia de cinco gramos de esa hierba para consumo personal, pero está prohibida su producción, distribución y venta. La legislación mexicana impide también toda actividad ligada a la producción y transformación del cáñamo industrial, pese a que acuerdos que mantiene con otros países, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, vigente desde 1994 con Canadá y Estados Unidos, y el firmado con la Unión Europea, asienten el intercambio de varios de sus derivados.
La Convención Unica de 1961 sobre Estupefacientes, la Convención de las Naciones Unidas Contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas, de 1988, y el Convenio sobre Sustancias Sicotrópicas de 1971 no restringen la producción de cáñamo industrial, aunque sí censuran la siembra, producción y comercio del cannabis como droga. Algunos países también la vetan al confundirla con la marihuana, que se procesa de la planta femenina del cannabis.
El cultivo “tiene una arista económica a la que hay que ponerle atención. Tenemos que ver cómo lo regulamos”, aclara el economista Pedro Aspe, quien fue secretario de Hacienda del gobierno del conservador Carlos Salinas de Gortari (1988-1994). El uso del cáñamo se remonta a 8 mil años en la antigua China, donde se lo utilizaba para producir papel, aunque también hay señales de su existencia en otras partes del mundo. Los conquistadores españoles introdujeron la planta en el siglo XVI y 200 años después impulsaron su siembra como fuente de materia prima.

“El cáñamo es uno de los más versátiles y fuertes productos agrícolas y es utilizado en más de 2.500 productos.”

⁄LTIMA MARCHA CON LA MARIHUANA ILEGAL

Por primera vez en un sondeo de Gallup, el 58% de los estadounidenses se declaró a favor de la legalización de la marihuana.

El gobierno mexicano aplicó en 1920 la primera condena al cultivo y comercio de la marihuana, antes incluso que la Ley del Impuesto a la Marihuana de Estados Unidos, que marcó el inicio del prohibicionismo de esa variedad de cáñamo. La siembra ilegal de marihuana se concentra en estados del oeste y el sur de México, producción destinada al lucrativo mercado estadounidense. El cáñamo es uno de los más versátiles y fuertes productos agrícolas y es utilizado en más de 2.500 productos y subproductos.
La firma The Latin America Hemp Trading y la campaña para el Año Internacional de las Fibras Naturales en 2009 midieron el mercado mundial de cáñamo para fibra en más de 90 mil toneladas anuales, de las cuales China es responsable de producir el 50%, la Unión Europea el 25% y el resto se lo reparten Canadá, Chile, Corea del Sur y Australia, entre otros. El rendimiento óptimo de la fibra de cáñamo rebasa las dos toneladas por hectárea, mientras que el promedio es de 650 kilogramos. Entretanto, el rendimiento promedio de semilla se sitúa en una tonelada por hectárea, según datos relevados para el Año Internacional de las Fibras Naturales, promocionado en 2009 por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
En México se tolera la importación de semillas, cáñamo en bruto, textiles, hilos y fibra para la elaboración de cuerdas. Desde 2007 se han presentado al menos ocho iniciativas en el Congreso legislativo mexicano y parlamentos estaduales para despenalizar la marihuana, de las cuales al menos tres plantean el aprovechamiento industrial de la variedad. Esas iniciativas concuerdan en que permitir y regular el cultivo legal del cáñamo representaría una opción de desarrollo para miles de productores rurales y estimularía la incursión en nuevas industrias, como papeleras, textiles, de alimentos, médicas, cosméticas o de la construcción, entre otras posibles.
En estos días, congresistas del oficialista Partido de la Revolución Democrática (PRD) quieren extender el límite de posesión de 5 a 35 gramos y autorizar dispensarios para uso terapéutico del cannabis en la capital mexicana. El congresista Vidal Llerenas indicó que también se prevé en su iniciativa crear un Comité de Disuasión que analizaría cada uno de los casos en los cuales hay personas detenidas por portar más de 35 gramos, a fin de establecer si se trata de un problema de consumo personal o de narcomenudeo.
En caso de permitirse en México la siembra de marihuana, uno de los interesados en invertir en su producción rápidamente es el empresario Guillermo Torreslanda: “Tenemos que legislarlo. Se podría ir copiando lo que se ha hecho en otros sitios y adecuarlo a nuestras condiciones. Se podría pensar en esquemas de producción, con apoyos agrícolas y financiamiento”. Torreslanda sugiere modelos de producción y distribución separados, para que no haya monopolios y se alimente la competencia.
“El caso de México es paradójico. El comercio de productos de cáñamo es completamente regular, pero dado que es legalmente imposible sembrar u obtener ningún beneficio de la planta, es también imposible crear una industria normal del cáñamo”, señala Zenil. “En otros partes esto es un auténtico programa de sustitución de importaciones y lo están logrando”, subraya Aspe.


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