MARINO MORIKAWA: EL CAPITÁN PLANETA LATINOAMERICANO

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Marino Morikawa es un científico peruano que destinó todos sus ahorros, incluido un préstamo, y todo su conocimiento adquirido en la universidad japonesa de Tsukeba, para salvar un humedal que visitaba cuando era un niño. El terreno estaba tan sucio y contaminado que las autoridades planeaban cubrirlo, entonces decidió recuperarlo por su cuenta. Para lograrlo, desarrolló un sistema simple y barato de descontaminación, con materiales que se pueden comprar en cualquier ferretería. Un viaje a El Cascajo, el humedal revivido por la nanotecnología.

Texto: Joaquín Cruzalegui / Fotos: Gentileza IPAE Acción Empresarial

El Cascajo, un oasis de vida natural entre el río Chancay y el océano Pacífico, fue descontaminado con la ayuda de los locales.

El Cascajo, un oasis de vida natural entre el río Chancay y el océano Pacífico, fue descontaminado con la ayuda de los locales.

“El activista no es quien dice que el río está sucio. El activista es quien limpia el río”, sostiene Marino Morikawa, el joven científico peruano que purificó El Cascajo, uno de sus lugares preferidos en el mundo, con la aplicación de una nueva tecnología cuando le informaron que éste corría el peligro de dejar de existir en un futuro cercano. Hoy, mientras señala la vasta extensión de agua y el verde que la abraza, Marino sonríe. Su labor aquí ha sido la de un “Capitán Planeta” moderno.

Una gran parte de la Tierra, se estima que un 70%, está conformada por agua, y mucha de ella está siendo contaminada por el hombre. La quinta parte de nuestro planeta actualmente se encuentra desertificada y decenas de miles de especies se extinguen por la falta de espacio para vivir. El caso de los humedales no es muy distinto: más de la mitad de los que se registraron treinta años atrás, actualmente no existen o se encuentran en grave riesgo.

“El activista no es quien dice que el río está sucio. El activista es quien limpia el río”, sostiene Marino Morikawa.

Este científico ambientalista y amante del blues y el jazz creó un sistema de limpieza utilizando burbujas para descontaminar el lago El Cascajo, ubicado en Chancay, al norte de Lima, la capital de su país. Aunque Marino vive en Japón donde se doctoró en Ciencias Medio Ambientales en la Universidad de Tsukuba, su corazón reside en Perú. Es por eso que apenas se enteró de que la solución final para combatir el problema de contaminación del humedal El Cascajo sería sepultarlo bajo tierra, decidió regresar y tomar cartas en el asunto.

Un llamado de emergencia

Con una filosofía sustentable, Marino Morikawa encontró la forma de devolverle un hábitat a más de setenta especies de aves.

Con una filosofía sustentable, Marino Morikawa encontró la forma de devolverle un hábitat a más de setenta especies de aves.

El profesor e investigador de la prestigiosa casa de estudios nipona, que es una de las universidades de mayor renombre en Japón y polo tecnológico en el desarrollo galopante de la industria oriental, rememora que un llamado de su padre años atrás fue lo que encendió su alarma: “¿Recuerdas El Cascajo?, dijo. Bueno, será tapado”. Inmediatamente retornó a Chancay para analizar la situación. La medida, tomada por el gobierno departamental, significaba claudicar toda esperanza de vida sobre este espacio verde. Este pequeño distrito es conocido por el gran castillo construido sobre el valle y por sus puertos pesqueros. Lo que pocos saben es que en esta zona existe un humedal con una historia emocionante detrás.

“A esta una laguna la recuerdo años atrás. Era muy limpia. Cristalina”, Marino Morikawa padre no esconde el placer y sus ojos se iluminan cuando habla de la laguna que, como sucede con varias generaciones de locales, constituye un lugar casi sagrado en su tradición y costumbres: “Había épocas que llegaban hasta flamencos ahí”. Bordeando el cerro y bajando unos metros, el aire se respira limpio y las aves sobrevuelan el agua tranquila. No alcanzan los ojos para ver la cantidad que hay. Muchas se posan sobre el agua tranquila creando una sábana blanca. Miles de aves retornan aquí cada año cumpliendo sus ciclos migratorios. El paisaje, lleno de pájaros viajeros, es majestuoso. No hay otra cosa más que la naturaleza convergiendo en su máxima expresión. Mientras camina, Marino padre comparte secretos de pesca y dice que, embarcados, las horas se hacen eternas y el goce de interactuar con los animales no tiene precio.

Antes. El humedal desprendía un olor putrefacto y estaba cubierto por unas plantas acuáticas conocidas como lechugas de agua.

Antes. El humedal desprendía un olor putrefacto y estaba cubierto por unas plantas acuáticas conocidas como lechugas de agua.

Sin embargo, claro, esto no fue siempre así. El padre del científico recuerda que antes la superficie se encontraba recubierta de basura. El lugar que fuera un bullente corazón de vida se convirtió con el tiempo en un pozo negro y contaminado por la acción del hombre y la aparición de una especie de lechuga acuática que depredó la flora y fauna del sitio. Padre e hijo retoman la historia de este humedal que según comentan, tiene nombre de cantera.

“Fue muy triste ver como habían convertido el lugar en una chanchería y luego en un basural”, dice el patriarca, que rondando sus sesenta años mantiene un excelente estado físico, y recuerda las cantidades de desperdicios, tanto del criadero de cerdos como de los residuos depositados en sus aguas y suelo, que hacían del Cascajo un ambiente tóxico. Para 2010, esta laguna se encontraba contaminada en su totalidad y era considerada “un recurso perdido” por la comunidad política del norte chico, como llaman a esta región.

“Luego de casi cuatro años de comenzado el proyecto, un 90% del agua se encuentra recuperada”, comenta Marino con orgullo y afirma que su vida, su infancia y sus más gratos recuerdos están arraigados a este humedal. Allí iba con su padre a pescar y a nadar con sus amigos, disfrutaba de la biodiversidad que envolvía este ecosistema y pasaba largas horas contemplando la belleza absoluta de la naturaleza.

“¿Dónde está? ¿A dónde se fue mi niñez?”, se preguntó el joven apenas conoció el desolador páramo en el que se había transformado el espejo de agua de su juventud. Aquel momento y ese interrogante fueron cruciales. Como punto de partida, Marino llevó todo lo aprendido en Japón para su querido, y herido, poblado del norte peruano. “Por dentro dije, vamos a hacer algo”, concluye.

DSCN2030Es clave conocer otras experiencias y empaparse de avances técnicos y ambientales de otras culturas. El caso de Marino es un caso evidente: el muchacho peruano aprovechó una beca de la Embajada de Japón para especializarse. “Estudiar fuera me resultó muy favorable. Creo que es algo muy recomendable para aprovechar cada investigación, técnica y cultura del país al que el investigador decide viajar. Para ello, la persona tendría que escoger bien el lugar donde pueda conseguir las satisfacciones para el mejoramiento profesional, pero con la condición de regresar a su terruño y brindarlo todo para la mejora de su lugar”, subraya Morikawa.

El predica con el ejemplo, lleva una vida lo más libre de contaminación que puede: reutiliza el agua de la ducha para lavar su ropa y nunca vierte aceite en el drenaje, sino que limpia con el mismo aceite sus woks y sartenes aplicándolo con pequeños trozos de trapo que ya no usa. No hace estas cosas solo porque en Japón el agua sea costosa, sino porque su conciencia ambiental es tan fuerte que el reciclado y la reutilización de recursos forman parte de su vida cotidiana. “Mucha gente ignora que los aceites son lo que más contamina las aguas y es lo más difícil de purificar en mares y océanos”, explica.

Este científico ambientalista creó un sistema de limpieza utilizando burbujas para descontaminar el lago El Cascajo.

Profeta en su tierra

Dentro de sus planes a futuro el joven científico planea limpiar el Titicaca y el río Chira.

Dentro de sus planes a futuro el joven científico planea limpiar el Titicaca y el río Chira.

Victor Tejada, amigo de la infancia de Marino, comenta que hablando con el científico por teléfono se enteró que El Cascajo podía ser salvado: “Para mí fue una cosa totalmente loca. ¿Cómo lo podíamos recuperar si el humedal se encontraba completamente contaminado?”. La amistad, en la cruzada ambientalista de Morikawa, fue un factor determinante para alcanzar su objetivo.

Si bien el proyecto fue financiado casi en su totalidad por el bolsillo del propio científico, que luego de conocer la situación subió a más de cuarenta aviones alcanzando un total de veinte viajes ida y vuelta Perú-Japón, comenzó a recibir ayuda de los habitantes locales –en su mayoría campesinos–, sus amigos más cercanos y finalmente, la administración local gracias a su empuje y dedicación.

Un llamado de su padre años atrás fue lo que encendió su alarma: “¿Recuerdas El Cascajo?, dijo. Bueno, será tapado”.

Lo primero que hizo Marino cuando presentó su proyecto de limpieza fue dirigirse a la alcaldía. Lo recibieron dubitativos y sin mucha convicción. Ante los múltiples intentos frustrados por parte del gobierno de Chancay años atrás, toda propuesta acercada por parte de un extraño, en este caso muy joven y radicado en otro país, era tomada con ese espíritu. El municipio había enviado trabajadores a quitar las plantas que contaminaban la superficie con sus propias manos más de una vez, aunque estas lechugas, cuyas raíces absorben lo venenoso de los contaminantes del agua, volvían a surgir una y otra vez. Dos años después, Morikawa puso manos a la obra.

Según cuentan los medios de comunicación locales, incluso los concejeros provinciales le dijeron que “se iba a enfermar con el agua contaminada de la laguna”. Esta zona, una porción de agua dulce y salada en partes casi equitativas que se encuentra entre el río Chancay y el océano Pacífico, fue catalogada por la sociedad como un punto de reunión para la delincuencia local. Dos veces campeón de karate, Marino no parece de esos hombres que le teman a los desafíos, pero aun así, su misión no era combatir a los ladrones que, siguiendo los pasos de la pistia stratiotes o lechuga acuática, contaminaban el humedal. Lo que lo desvelaba realmente era ser profeta en su tierra y limpiar El Cascajo.

“Como no podía perder tiempo, lo primero que hice fue llamar a mis amigos”, rememora el joven investigador. Oscar Sánchez, el periodista Martín Llanos, Joe Wilhar, el mismo Tejada y el señor Morikawa, entre otros, fueron los encargados de ayudar a Marino en su trabajo. El apoyo fue absoluto y en menos de tres días se encontraban con los pies sumergidos en el humedal y siendo participes del “milagro” producido por las nanoburbujas.

“Quería un sistema mucho más barato con materiales que encontremos en cualquier ferretería y aplicarlo acá”, esclarece. Se dividió el humedal en ocho sectores con cañas de bambú para retirar las lechugas. Se construyó una plataforma de tubos de plástico sujetados con varas de acero. Ahí se instaló un segmento de filtros para recuperar la calidad del agua del humedal. Como la operación dio resultado, la repitieron hasta limpiarlo todo.

Pequeñas burbujas alcanzan grandes logros

DSCN2043Nanoburbujas es un término raro, futurista, que esconde la solución que Marino planteó para erradicar el problema. Una solución que, según estiman los estadistas ambientales, ha hecho volver al humedal a 70 especies de aves y tres de peces. Un resultado impactante. “Es una burbuja 10 mil veces más pequeña que la de una gaseosa. Posee unos iones positivos y negativos. Eso genera que tenga una concentración alta de energía. Las bacterias, por tener esta concentración, se adhieren a esta nanoburbuja. Al adherirse, como ya no pueden escaparse, se autodestruyen o se mueren por la falta de movilidad o alimento”, relata Morikawa.

El joven científico se especializó en control de calidad de alimentos y cuando trabajaba en agroindustrias descubrió dónde termina el agua una vez contaminada: en el mar o en el río. Desconcertado con esa realidad, armó un plan de tratamiento de aguas residuales y ganó la beca para estudiar en Japón. Ahora dirige un laboratorio en la Facultad de Ciencias de la Vida y Medio Ambiente de la Universidad de Tsukuba.

Morikawa replicó artesanalmente un sistema nanotecnológico, conocido como micro-nano burbujeo, desarrollado por él mismo en su estadía como becario. El dispositivo bombea las nanopartículas, que en su camino a la superficie, atrapan bacterias, metales y otros contaminantes hasta evaporarlos: “Este proceso puede tardar unas ocho horas y los biofiltros que reducen la carga contaminante forman películas en el humedal que protegen el ecosistema de nueva polución”.

Marino asegura que la experiencia puede llevarse adelante con materiales de uso cotidiano que pueden conseguirse en cualquier ferretería. Hoy en día, en El Cascajo, su nombre significa recuperación y este lugar, donde Marino Morikawa nadaba con sus primos y pescaba con su padre y tíos, parece devolverle el agradecimiento con belleza natural.

Lagrimita de felicidad

Marino Morikawa 1027En japonés, kiritsu significa disciplina y, como es sabido, la cultura nipona, y más específicamente, la tradición samurái, asocia de manera directa la disciplina con la pasión: hacer las cosas con la misma dedicación es fundamental. Los guerreros incas también son recordados por la rigidez de su organización militar y su fervor a la hora de marchar. Piqueros, gaviotas de cola negra, zarcillos y pelícanos habitan El Cascajo –o Santa Rosa, como la llaman los vecinos más devotos– luego de más de veinte años sin aparecer por la zona. Estas aves y las aguas negras devenidas en cristalinas nuevamente son señales indudables del rigor con el que actúa un entusiasta científico con sangre inca y japonesa.

“Desde pequeño tuve la dicha de que mi padre me llevara a la playa, a las montañas, y siempre me decía: ‘Antes de pisar la tierra de la Pachamama, primero salúdala’. Eso es algo que hasta el día de hoy realizo en cada trabajo o visita que tengo que hacer a ese terreno. El agradecimiento para todo”, alega Marino, quien actualmente reside en Tsukuba con su esposa e hija pero viaja hasta aquí de forma fluida.

El predica con el ejemplo, lleva una vida lo más libre de contaminación que puede.

Su próximo desafío, indica, es recuperar el lago Titicaca y el río Chira, ubicado al sur del Ecuador y norte del Perú: “No es nada imposible, es algo sencillo y lo bueno que ya se están formando los grupos de trabajo. El Chira lo podemos recuperar en menos de dos años y el lago Titicaca en seis meses”. Con un sistema mejorado y recibiendo ayuda de organizaciones de la sociedad civil, Marino afirma que nada es imposible si uno se empeña en creer.

En los últimos tres meses ha logrado intervenir otra decena de humedales. “Muchas personas se equivocan al tratar de remediar un lugar sin antes haber realizado un estudio científico. Uno no puede arriesgarse en instalar un sistema de tratamiento ya que podría afectar el ciclo biológico de la flora y fauna que debe tener un hábitat”, reflexiona el presidente de directorio de la empresa que siempre soñó tener: la proveedora de servicios NANO+7.

Al respecto de las explicaciones científicas o teorías relacionadas con la aplicación práctica de su sistema, Marino es contundente y se remite a la naturaleza como epicentro de todo esto: “La naturaleza nos brinda su sabiduría, entre ella la felicidad, que al apreciar su belleza externa e interna nos llena de una vasta tranquilidad que sería difícil de explicar y entender. Así que invitamos al mundo entero a que visite nuestra ‘lagrimita de felicidad’ cuando gusten”.


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