MARIO ESCOBAR: “EL PAPA DEL FIN DEL MUNDO”

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Francisco: el primer Papa latinoamericano, del historiador Mario Escobar, se destaca entre las biografías recientes del nuevo pontífice por aportar detalles sobre la vida del papa dentro de un amplio contexto histórico. Especialista en historia religiosa, Escobar identifica momentos significativos de la trayectoria eclesiástica de Jorge Mario Bergoglio y los explica de manera accesible. Entrevista al experto español que posee un profundo conocimiento de la historia de la iglesia católica y que reflexiona sobre las expectativas que despierta el argentino Jorge Mario Bergoglio.

Texto: Alex Gasquet / Fotos: Gentileza Grupo Nelson

Escobar

En sus peores épocas. Para Escobar, el Papa tiene un reto complicadísimo para concretar un cambio y restaurar la iglesia.

Licenciado en Historia por la Universidad de Madrid, Mario Escobar es especialista en la iglesia de la era moderna. Editor e historiador, ha escrito numerosos artículos y ensayos sobre la historia de la iglesia para diversas revistas prestigiosas. Además, ha publicado algunas biografías de personajes como Steve Jobs, Martin Luther King o Winston Churchill, pero también ficción histórica. En estos días vio la luz un nuevo libro: Francisco: el primer papa latinoamericano.
Escobar exhibe a lo largo de las casi 160 páginas del texto lanzado por Grupo Nelson un abordaje profundo del flamante pontífice. La única salvedad –y para ser justos tampoco la hemos hallado en los medios de comunicación– es que no encontramos en el libro de Escobar la opinión de Francisco acerca de la protección radical que tanto Benedicto XVI como Juan Pablo II le brindaron a uno de los pederastas sistémicos más descarados de la iglesia: el padre Marcial Maciel, el fundador mexicano de los Legionarios de Cristo. Ante este comentario, Escobar se justificó: “La iglesia legalmente no puede juzgar a sus miembros, sólo a los que están y son miembros de la ciudad vaticana. Por eso se juzgó, luego de los Vatileaks, al mayordomo del papa porque residía dentro del Vaticano”.
ALMA MAGAZINE: En la mayoría de los centros de poder organizado, la historia contemporánea evidencia que sus principales líderes no tienen el espacio suficiente para consolidar cambios radicales. En general, el sistema los corrompe o los expulsa. ¿Puede el papa Francisco ser una excepción?
MARIO ESCOBAR: Pienso que sí. Porque su arribo al Vaticano se da en un momento muy complicado para la iglesia católica. Esta se encuentra en un momento clave, llena de problemas y escándalos. Hay una crisis institucional importante y hay temor a perder más fieles. Por eso hasta los más conservadores han asumido que algo debe cambiar. Es verdad que la iglesia es una institución que tiene dos mil años y la ciudad vaticana es un verdadero laberinto burocrático que el papa va a tener que enfrentar. Pero se ve que las primeras medidas que ha tomado van en esa dirección. Además, no le queda más remedio. Los escándalos son muchos: el Vatileaks, el Banco Vaticano y los casos de pedofilia, no le han dejado mucho margen para mirar hacia otro lado.
AM: ¿Cuál sería la decisión más acertada del nuevo pontífice para frenar ese drenaje de fieles y dinero?
M.E.: Dentro de la iglesia hay muchas fuerzas que son difíciles de controlar, no es una unidad. Hay órdenes religiosas, grupos de presión. El Opus Dei ha tenido mucho poder y la Compañía de Jesús se ha acercado a lo que fue la teología de la liberación: entró en una posición más social. Creo que Francisco, que es jesuita, tiene algunas ideas que van por ese lado social aunque es muy conservador en ciertos aspectos doctrinales. Para no dinamitar su poder, no va a dejar de lado a la gente más conservadora. Es que la iglesia ha llegado a una situación tan grave que era urgente cambiar su estructura, pero para lograrlo el papa necesitará de continuadores que prosigan con su obra. Deberá anunciar cambios radicales aunque habrá que ver hasta dónde avanza, porque encabeza un grupo que quiere cambiar y que enfrenta a los que quieren seguir haciendo de la iglesia una fortaleza. Francisco es un hombre que va a cambiar muy poco en relación a la doctrina, porque es muy ortodoxo al respecto. Esto lo hace un hombre de consenso, que podría hacer modificaciones en costumbres para hacer más transparente a la iglesia, aunque haya temas en los que no va a cambiar.
AM: ¿Cómo llega un cardenal jesuita, una orden de por sí polémica, a convertirse en papa?
M.E.: Por lo pronto, Jorge Mario Bergoglio había dejado la orden jesuita porque no era compatible con su cargo eclesiástico. Ahora bien, hay algunos rasgos que provienen claramente de los jesuitas. En primer lugar, la sencillez; él está en contra de la ostentación o el lujo; la orden siempre ha sido bastante austera. En segundo término, su acercamiento a la pobreza: su trabajo de base en lugares con mucho desamparo social, reclamando más justicia social, es fundamental.
AM: Si hacemos hincapié en las primeras señales de Francisco, enfatizando gestos de austeridad, ¿lo ve como una vocación genuina de la iglesia en búsqueda de cambios o se trata de una campaña de marketing para obtener nuevos adherentes?
M.E.: Hay dentro de la misma jerarquía eclesiástica muchos miembros que ven mal esta actitud del papa porque es dejar de lado cierto ceremonial que es la impronta del papado. Igual, Francisco lo ha hecho adrede. Estas señales vienen de lejos, desde los días en que Bergoglio era arzobispo en Argentina. Iba a las barriadas de infraviviendas, tomaba transporte público… Aún cuando fue al Cónclave de 2013, lo hizo en un avión regular y llegó en taxi al Vaticano. A lo mejor es que se siente cómodo en ese papel porque ha sido un bonaerense que se ha comprometido con la vida cotidiana de la gente. Y es algo que tal vez irrite a los que piensan en las imposiciones que debe asumir un pontífice. Sin embargo, esto le viene bien a la iglesia porque es una manera de demostrar humildad. Y esta nueva actitud es más una cuestión personal del papa que del marketing que puedan armarle alrededor.

“Francisco enfrenta a los que quieren seguir haciendo de la iglesia una fortaleza.”

AM: Las palabras de Bergoglio suelen ser oportunas y, en general, una prueba de lucidez. Ahora deberá probar que su pensamiento tiene un pragmático camino de aplicación. ¿Cuánto hay de ingenuidad en su discurso?
M.E.: Si hay algo que no es Francisco, es una persona inocente o ingenua. Cuando un hombre tiene 76 años y ha luchado dentro de una institución como la iglesia católica –con todo lo que la rodea–, sabe a lo que se enfrenta. Ha llegado a tal colapso la iglesia en estos tiempos, que aquellos que se oponen, no tienen otra alternativa. Y esa la fortaleza de Francisco. Aunque algunos lo han llamado “el papa protestante” o “el papa bolivariano”, eso está dando cuenta de la posición que ha tomado su papado.
AM: Usted que es un erudito en estos asuntos, ¿qué es el lobby gay en el Vaticano?
M.E.: Eso es curioso. Después de todo el escándalo del Vatileaks, Benedicto XVI inició una investigación a fondo no sólo de cómo se hicieron públicos los papeles que manejaba su mayordomo, sino también sobre los actos de corrupción que se estaban dando en la jerarquía católica. Ese informe quería mostrar hasta qué punto la iglesia es un mercado de intereses. Y creo que Francisco quiere acabar con eso.

¿Revolución o gatopardismo en el Vaticano?
Texto: Fabiana Frayssinet

“Negociamos bien: el papa es argentino y Dios es brasileño”, bromeó Francisco cuando los periodistas le preguntaron cómo era tan amado en Brasil, donde convocó a millones de personas, teniendo en cuenta la histórica rivalidad futbolística entre ambos pueblos. Mientras, analistas religiosos se preguntan hasta dónde está dispuesta a “negociar” la iglesia católica, como institución, en temas tabú para su tradición como la ordenación sacerdotal de mujeres, la integración de los divorciados y el rechazo a los homosexuales.
El cardenal argentino Jorge Bergoglio, hoy el papa Francisco, tuvo especial cuidado de dejar esos asuntos fuera del protocolo de la Jornada Mundial de la Juventud, motivo de su visita al país sudamericano del 22 al 28 de julio último. En respuesta a los periodistas en el avión que lo llevó de regreso al Vaticano, respondió en entrelíneas lo que ahora muchos leen como una “revolución” del “papa que llegó de la tierra de nacimiento del Che Guevara” o, como mínimo, el inicio de una apertura de la iglesia católica. “Si una persona es gay y busca al Señor con buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla? El catolicismo enseña que no hay que discriminar, sino acoger”, agregó al condenar, sin embargo, al “lobby gay” que como otros grupos de poder no son “cosa buena”.
“En su visita a Brasil, Francisco se mostró abierto, incluso en temas que, hasta ahora, estaban prohibidos en la iglesia católica, como la homosexualidad y el papel de la mujer”, recordó el escritor y teólogo brasileño Frei Betto. “Fue muy importante lo que dijo sobre el respeto a los gays y la necesidad de una teología de la mujer, lo cual espero que represente un primer paso para que en el futuro se permita la ordenación sacerdotal femenina”, añadió. Pero también hay que tener en cuenta que, “en la iglesia, todo camina lento. No es fácil mover un elefante que pesa 2 mil años de tradición”, advirtió.
Betto señaló que se trata de un jefe de la iglesia católica dispuesto a hacer concesiones, un hombre de diálogo y no de disciplina. En cambio, para el sociólogo Luiz Alberto Gomes de Souza –director del Programa de Ciencia y Religión de la universidad Cándido Mendes– son concesiones y no revoluciones lo que nos esperan. El sociólogo no ve en la figura del pontífice argentino la de un “rebelde” que llegó al Vaticano a cambiar la doctrina: “El papa no cambió la doctrina tradicional sobre una serie de temas, pero sí, al evitar una condena, de cierta manera emitió un silencio que es liberador. O sea, un silencio que permite que se comiencen a discutir estos temas”.
El obispo de Roma, como prefiere ser llamado Francisco en esta nueva postura de humildad papal, cerró una puerta para otros asuntos como el aborto y el matrimonio de personas del mismo sexo, a los que se opuso férreamente como cardenal en Argentina. “La iglesia ya se ha expresado perfectamente sobre eso. No había necesidad de volver a hablar de eso”, respondió a los periodistas.
Sin embargo, Gomes de Souza entiende que Francisco habría abierto otra puerta: la de un nuevo “clima propicio para el debate” en cuestiones “congeladas” en las parroquias, como el celibato obligatorio de sacerdotes, la moral sexual, la castidad de los jóvenes, la condena a usar métodos anticonceptivos y la diversidad sexual. “La gente de la iglesia tenía miedo de discutir esos asuntos. Ahora de cierta manera, él los descongeló”, opinó el experto. La constante sonrisa y el reguero de bromas que dejó Francisco en Río de Janeiro muestran ese camino. Lo cual, ante el rostro siempre adusto y serio de Benedicto XVI, no deja de ser una revolución.

AM: Si es así, suena con mucha dureza el término “gay”, más teniendo en cuenta la suma de abusos sexuales dentro de la grey desde los años 50 hasta estos días. ¿Hay cierto sector que encubre los abusos y está detrás del lobby contra el papa?
M.E.: No, son dos cosas distintas. Hay una mala concepción de lo que era afuera y adentro de la iglesia. Es producto de una mentalidad anterior a la revolución francesa y al estado moderno, que sigue presente en cierta parte de la jerarquía eclesiástica. Esa concepción medieval bregaba porque los delitos punibles debían ser purgados puertas adentro. Eso igualmente ha ido cambiando. Al lobby gay –que no sé bien si es gay o no– lo veo más como un sector que busca un acercamiento a posturas en defensa de los derechos de los homosexuales: el matrimonio, la adopción y que la iglesia cambie su postura.
AM: A fines de junio pasado, monseñor Nunzio Scarano fue detenido por supuesto fraude y corrupción. ¿Es éste un caso aislado?
M.E.: No, no es un caso aislado –por eso se va a combatir–, sino generalizado. Desde los años 40 y 50 hubo una serie de escándalos ligados al Banco Ambrosiano y a varios de sus integrantes. Cuando el estado italiano comenzó a cobrarle impuestos a la iglesia, ésta lo que hizo fue sacar el dinero del país a través de paraísos fiscales. Allí se da el origen de la vinculación con la mafia y la corrupción que salpica en la actualidad a la institución. No es nada comparado con lo sucedido 30 años atrás, pero es grave. El papa, ante esto, ha hecho una comisión para investigar el desfalco.
AM: A lo largo de su historia, la iglesia católica ha hecho demostraciones de apoyo a causas de dudoso prestigio. Desde la sobrevaloración divina que Pio VI hizo del dictador Benito Mussolini, a cambio de la creación del estado Vaticano, hasta las relaciones más recientes entre la mafia italiana y el Banco Vaticano. ¿Francisco será un revisionista, aportando algo de autocrítica sobre la historia última de la iglesia?
M.E.: Ya anteriores pontífices han hablado de la colaboración de la iglesia con algunos regímenes dictatoriales, incluso con el nazismo. Por lo pronto, Francisco se va a enfocar más hacia el futuro y hacia el diálogo con otras religiones, como ya lo hiciera Juan Pablo II. En ese sentido, sí va a haber un cambio. Por otro lado, la historia ha juzgado y la iglesia católica ha pedido perdón por la inquisición.

“Hay mucha gente viviendo a costa del dinero de los feligreses, y Francisco va a terminar con esas ventajas.”

AM: ¿Cuál es la verdadera posición de Bergoglio sobre el celibato?
M.E.: En el libro Sobre el cielo y la tierra –que comparte autoría con el rabino Abraham Skorka–, él dice que el celibato se impuso por un Papa; entonces es un mandamiento eclesiástico, no es una ley divina, no proviene de la Biblia. Y como es un mandamiento eclesiástico, él asume que otro papa lo puede cambiar. Claro, en ese momento él era arzobispo de Buenos Aires. ¿Será capaz de dar ese paso porque tal vez sea lo mejor para la iglesia? No lo sabemos pero sin duda entra dentro de lo posible.
AM: ¿La de Francisco será la misma opinión o estará munida por la de la gente que lo rodea?
M.E.: Está claro que él es un papa del fin del mundo. Como está rodeado de europeos que hace 30 o 40 años que viven en el Vaticano, tendrá que estar atento a las conspiraciones. Pero algo similar le ocurrió cuando se transformó en arzobispo de Buenos Aires: necesitó rodearse de gente afín para poder realizar los cambios que tenía previsto. Si tus colaboradores no te son leales, no van a cumplir tus órdenes.
AM: ¿Corre Francisco el riesgo de ser asesinado?
M.E.: El riesgo se puede ver aumentado por su búsqueda de transparencia más que su vocación reformista. Hay muchas personas dentro de la jerarquía eclesiástica que no les interesa que haya limpieza ni transparencia. Hay mucha gente viviendo a costa del dinero de los feligreses, y Francisco va a terminar con esas ventajas. Y esas personas no quieren acabar con sus privilegios, por eso está en riesgo su vida.


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