MARY-LOUISE PARKER: LA ESCRITORA IMPENSADA

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Usted sabe que Mary-Louise Parker puede actuar. Incluso si nunca la ha visto en su oscura pero muy divertida serie Weeds, por la que ganó un Globo de Oro a mejor actriz, probablemente la haya visto en Bullets Over Broadway, Portrait of a Lady, Fried Green Tomatoes o Angels in America, por sólo nombrar algunos de los muchos proyectos en los que trabajó. Pero seguramente no sepa que Parker también es escritora. Dear Mr. You, su primer libro, es una autobiografía en forma de cartas a varios hombres de su vida (reales e imaginarios).

Texto: Jill Owens (PowellsBooks.Blog) / Fotos: Gentileza Editorial Scribner

ALMA MAGAZINE: ¿Cómo se le ocurrió un libro tan curioso como Dear Mr. You? Es una muy buena idea la construcción de una autobiografía a partir de cartas para personas queridas.

MARY-LOUISE PARKER: La primera que escribí salió publicada en la revista Esquire cuando me pidieron escribir sobre el género masculino. Eso fue hace unos años atrás, me encantó hacerlo; allí mezclaba lo mundano con lo romántico y lo poético. Hasta lo veía como un pequeño poema en prosa. En ese momento quería haber escrito un poco más, pero, por supuesto, tenía un tope de palabras. Era sólo un pequeño artículo en una revista. Si bien un par de personas me lo mencionaron, en verdad yo estaba posando al lado del texto en ropa interior haciendo un pastel, o algo por el estilo, y eso ha eclipsado por completo todo el artículo. (Risas)

AM: En el libro se encuentra la primera carta a su padre y también la última, lo que es precioso y destaca el papel que él ejerció en su búsqueda artística. ¿Es muy grande su influencia e inspiración?

M-L.P.: Sí, él es fundamental. Para empezar, mi padre me enseñó el amor por los libros y por las palabras. Así que gran parte de mi pasión por el teatro y la actuación se debe al afecto por el propio texto y la conexión con éste. Y la poesía. Con mi padre solíamos enviarnos poemas por correo; él disfrutaba de la poesía y leía todo. Hay una gran librería en Nueva York llamada Three Lives and Company. Ellos no tienen clubes de lectura, pero yo armé uno para él y le encantó. Le enviaban un libro el lunes y si hablaba con él el miércoles, ya lo había terminado. Le gustaba sentarse y devorar un libro como si fuera algún tipo de confesión. Amaba ir a las librerías y las bibliotecas.

“La poesía es mucho más directa que la ficción. Es como el tequila: va directo a las venas.”

Mary-Louise Parker como Nancy Boltwin.

Mary-Louise Parker como Nancy Boltwin.

AM: ¿Qué otras cosas recuerda de él?

M-L.P.: Mi padre siempre creyó en mí y nunca trató de influir de ninguna manera en mi trabajo ni en mi vida. Cuando pienso que fui a una escuela de teatro y no a la universidad, puedo ver que él no se comportó como la mayoría de los padres: “Usted tiene que conseguir su título de licenciatura”, me retarían; pero él no quería influir en mi instinto. Algo inusual si considero que era un hombre educado con costumbres militares, que creció en Virginia Occidental; era un chico de campo. Fue veterano de la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Corea; luego fue gerente de banco y juez de paz, entre otros trabajos. Sin embargo, era un gran pensador y sentía que no debía influir en mí en términos de a quién amar, dónde ir, qué hacer con mi vida, dónde vivir. Por eso me hizo creer en mis decisiones, y también me enseñó a no tomar decisiones por miedo. De hecho, que yo debía ser consciente de hacer lo contrario a tomar un riesgo. Ni siquiera sé si riesgo es la palabra correcta. Tal vez lo que otras personas no considerarían arriesgado.

AM: Con respecto a su paso por la escuela de arte, parece como que ese fue un lugar en el que se sintió integrada. Que se sentía menos sola con las cosas que le interesaban. La carta “Movement Teacher”, dedicada a su profesor, tiene un final sorprendente. Se la nota muy reflexiva y consciente de lo difícil que es cambiar de opinión sobre alguien. Me emocioné al leer la manera en que ambos evolucionaron.

M-L.P.: Gracias. Mi profesor me dio esa oportunidad, no sólo para cambiar de opinión, sino también para entender que a veces no se trata de lo que uno quiere. Se trata de preguntarse: “¿Qué es lo apropiado que debo hacer en esa situación?”. Me tomó un tiempo producir “Movement Teacher”. La escribí un par de veces antes de que me diera cuenta de que no estaba siendo totalmente honesta al respecto. Me estaba transformando a mí misma en héroe de la historia. Y no era así. Cuanto más escribía, más tuve que reconocer cuál era el papel que yo jugaba.

AM: Ese encuentro con su profesor le dejó una lección.

M-L.P.: Sí, exacto. Es aprender a disculparse. Hay tanto poder en eso. A mis hijos intento enseñarles algo similar, tratando de hacerles entender que ese cambio no implica un error. Y asumí que eso también vino de mi padre. El lo interpretaba así. Creo que a menudo nos sentimos débiles cuando nos disculpamos, pero realmente estamos generando todo lo contrario. En todo caso, sólo nos da más fuerzas, porque tú admites tus propias falencias.

AM: Usted ha mencionado que la primera pieza que escribió para la revista Esquire la vio como un poema en prosa, y que disfruta mucho de la poesía. Hay una gran intimidad en su libro que tal vez se deba al trazo poético.

M-L.P.: Me gustan todos los tipos diferentes de poesía y poetas, pero Michael (Taeckens, su publicista) me envió recientemente un libro de Linda Gregg que él estaba leyendo. Ella puede ser muy directa, y eso me agrada. A veces, la poesía es mucho más directa que la ficción. Más inmediata. Es como el tequila: va directo a las venas. Me encanta la forma en que puede sacudirte.

AM: Inmediata es una buena palabra. Dear Mr. You es un libro muy inmediato. ¿Cómo eligió a quién incluir y a quién no?

M-L.P.: Eso fue difícil. Más que nada porque había algunas personas que son muy importantes en mi vida pero no publiqué nada sobre ellos. Incluso el actor y cantante Hunter Parrish: él jugó con mi hijo en mi programa de televisión… Estamos muy, muy cerca, aunque las palabras correctas para Hunter no aparecieron. Hubo un montón de cartas que no terminaron en el libro. Hay un pintor, Jules Olitski, al que realmente quería y que éramos amigos. Escribí una carta muy larga para él que terminó en el libro a último minuto. De hecho, me había olvidado de esto, pero tenía una para el físico austríaco Erwin Schrödinger que sólo a mí y tal vez a una persona más le gusta. No obstante, me aferré a ella durante mucho tiempo. Y después acabó en el libro a último momento. Sin embargo, si debo analizar la relación entre los personajes que elegí y los modos en cómo les escribí a cada uno, a veces me daba la sensación de que eran los mismos; y eso es algo que le debo a la escritura. Los veía como si fueran la misma persona pero en una línea de tiempo diferente.

AM: Hablando de tiempos, ¿cómo ordenó las cartas? Porque parecen vagamente en orden cronológico, aunque al final daría la impresión de que hubo otro principio de organización, ya sea el impulso emocional o el ritmo.

M-L.P.: Una carta como “Risk Taker”, por ejemplo, se movió a través del tiempo, al igual que “Dear Future Man Who Loves My Daughter”. La cuestión del orden fue algo que me preocupaba… No sabía que “Grandpa” y “Daddy” debían estar al principio del libro, una al lado de la otra. Ahora me encanta verlas juntas, pero al principio estaba muy preocupada al respecto; estaba convencida de que no debía ser así.

AM: La carta del contador es divertida y dulce. Me preguntaba, ¿por qué usted creía que necesitaba un contador cuando era joven y aún no tenía dinero?

M-L.P.: Es que todo el mundo tenía uno. Estaba empezando a trabajar un poco y tenía un agente. Mis amigos estaban trabajando más que yo. Vivía en la casa de una amiga. En realidad, dormía en su sofá. Fue una especie de locura. Estábamos regresando de hacer una obra de teatro juntas en San Diego, íbamos en la sección para fumadores del avión –esto es de cuando se podía fumar en el avión– y ella dijo: “¿Quieres compartir un taxi?”. Y le contesté: “Sí, pero no sé a dónde voy”. Ella me miró como diciendo: “¿Qué quieres decir?”. Le expliqué: “Casi lo olvido, no tengo un lugar donde vivir”. Ella me miró como diciendo: “Tú estás loca”, y me invitó a vivir con ella. Recuerdo que una mañana se iba a hacer un trabajo y me dijo: “Necesitas un contador. Esto es lo que haces”; y me mostró cómo ponía todas sus facturas en un sobre para enviarlas por correo al contador. Y me señaló: “Ellos lo hacen todo”. Desde esos días, mi contador constantemente ha cuidado de mí. Una pena que se haya retirado el año pasado. Además, era una persona muy buena con mis padres; se portó muy bien con mi padre y siempre fue leal conmigo. Un hombre adorable, maravilloso.

AM: La carta “Dear Cerberus”, ¿por qué decidió combinar las tres relaciones en un solo texto?

M-L.P.: En general, cuando hacemos memoria, solemos polarizar todo de un modo muy dramático, y nos volvemos muy críticos. Yo deseaba que esa heroína que supe ser en mi infancia, luciese casi angelical e inocente, como era en aquel entonces. Me gustaba la idea de que sea un cuento, pero también notaba que en el recuerdo me volvía aún más inocente, casi como si mi vida fuese un dibujo animado o un cuento de hadas. Ahora bien, no quería mendigar simpatía. Sin embargo, lo bueno es que le pude imprimir más ironía, y, al mismo tiempo, no quise que nadie sintiese pena por mí.

AM: El encuentro con esas personas también le dejó enseñanzas…

M-L.P.: He aprendido mucho de esa gente. Y calculo que se debió a que yo era cómplice. Tuve que colgar el teléfono en un punto determinado. Sólo tenía que dejar de mentir sobre las pistas. Creo que muchas mujeres aprenden eso, en mi caso lo aprendí de una forma difícil porque nunca fui alguien que persiguió a un chico. Siempre sentí que podía pasar de uno al otro. Pero terminé atrapada en situaciones muy duras, creyendo que las cosas iban a evolucionar. No dejaba de pensar: “Seguramente esto va a cambiar si amo a esta persona lo suficiente”. En un sentido, eso es lo que creía que era el amor. Mis padres estuvieron juntos por 64 años, así que creía que había una gran cantidad de apego por alguien. Ya no lo creo más.

AM: Bueno, 64 años de un vínculo sentimental es algo bastante raro.

“No entender la poesía es como decir que no entiendes la comida. Es como decir que no entiendes la música.”

M-L.P.: Creo que es sólo una excepción salvaje. Estoy muy contenta de haber llegado a vivirlo. Es hermoso que haya sucedido, pero no creo que sea normal.

En el libro, Parker recuerda el consejo que le dio su padre poco antes de morir en 2010: “Sólo escribe, sigue escribiendo”.

En el libro, Parker recuerda el consejo que le dio su padre poco antes de morir en 2010: “Sólo escribe, sigue escribiendo”.

AM: Usted utiliza estas cartas, en cierto modo, para profundizar en algunas ideas sobre cómo nos conectamos como seres humanos. A medida que usted recordaba a cada uno de los personajes, mientras estaba escribiendo estas piezas, ¿pensó que estaba aprendiendo algo? ¿O fue más gradual que eso?

M-L.P.: No, creo que fueron momentos. Como cuando recordé el momento de los pies de ese niño en el hospital y por qué esa imagen me persigue. El momento en la iglesia con el padre Bob cuando le pregunté sobre el infierno. O cuando estaba en la oficina de Abe y me quedé dormida en su sofá. Fueron momentos en los que alguien fue muy amable conmigo y me dejaron algo. No creo que había algo consciente de querer incluir cualquier cosa temática. Sin embargo, muchas cosas se hicieron evidentes mientras escribía estas piezas.

AM: ¿Qué le ha enseñado la actuación sobre la escritura y viceversa?

M-L.P.: No lo sé. Entiendo el valor de economía, ritmo y detalle. Estas herramientas han estado siempre muy presentes en mi trabajo. Aunque la escritura ha sido algo privado. Nadie lo sabía hasta que comencé a escribir para Esquire y un par de otras revistas. Incluso la gente me preguntaba si era yo quien había escrito ese artículo. Ellos creían que otro lo había hecho por mí. Para un cumpleaños, a veces regalo un soneto o una historia corta. La escritura siempre ha sido una parte de mí. No sé dónde comienza una y termina la otra.

AM: Puesto que la escritura siempre ha sido algo muy privado, ¿por qué usted decidió publicar estas cartas?

M-L.P.: No era algo privado solamente porque yo quería que así lo fuese. Había otras razones. En verdad, no hubo una oportunidad para hacer algo más con estos materiales que tenía a mano sobre los hombres. Además, en esa época estaba ocupada con la actuación, los niños y otras cosas. Pero siempre me ha gustado escribir. Algunas personas me abordaron para que escribiese un libro más típico sobre mi vida, aunque no estaba interesada en esa temática. Me tomó un tiempo toparme con un agente literario que me gustase, y cuando lo encontré, ya tenía esta idea y él me ayudó a sostenerla.

AM: ¿Qué está leyendo actualmente?

M-L.P.: Como ya lo dije, adoro la poesía de Linda Gregg. Y acabo de terminar de leer el libro de poemas de Kevin Young Book of Hours, que es hermoso. Aparte, estoy leyendo The Love Object, de Edna O’Brien, una colección de historias cortas. Ella me encanta. Y leí un libro increíble de Mary Karr, The Art of Memoir. Además, estuve leyendo algo de Franz Wright, y siempre estoy con un libro de Mark Strand a mano. Ah, también leí H Is for Hawk, de Helen Macdonald. Ese libro es increíble. Sí, mucha poesía.

AM: Me hace feliz que le guste tanto la poesía. Siempre me alegra cuando la poesía tiene algo de publicidad.

M-L.P.: Es duro, porque cuando la gente dice: “No entiendo la poesía”; uno se pregunta: “¿Cómo puede ser que no la entiendan?”. Es como decir que no entiendes la comida. Es como decir que no entiendes la música. Si bien hay muchos poetas con los que no conecto, igual sigo amando la poesía. Creo que leer poesía es muy interesante y estimulante.


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