MASACRE EN PARIS: ES OCCIDENTE, ESTÚPIDO

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Los atentados de París han dejado desconcertados otra vez a los países de Occidente. Como luego del 11-S, en la actualidad, políticos, periodistas y académicos europeos aún buscan una justificación de por qué tantos jóvenes musulmanes se están radicalizando. La religión, las carencias económicas y la política exterior de Occidente son todas hipótesis que se plantean como posibles motores del yihadismo. En lo que la mayoría de la gente coincide es que las potencias occidentales no están seguras de cómo responder contra el Estado Islámico (EI).

Texto: Roberto Savio / Fotos: Laurent Rousso / Valérie Grégoire

En estos días, todos los medios condenan unánimemente la masacre de París, exhortan a la unidad de Occidente y a intensificar la acción militar contra el Estados Islámico (EI). Pero, ¿no habría que resolver el problema del terrorismo? ¿No será también tiempo de reflexionar sobre las responsabilidades de Occidente en el aumento del terrorismo? Por supuesto, la masacre de París sólo puede causar horror y luto. Pero ¿por qué alguna gente tan joven puede actuar de manera tan atroz? El municipio de Courcouronnes, el gueto de donde proviene el identificado kamikaze Omar Ismail Mostefai, es también el lugar de origen de Asta Diakite, una de las víctimas. Vamos entonces a hacer tres reflexiones…

En las calles árabes la opinión unánime es que el Estado Islámico no podría existir sin la tolerancia de Occidente.

La primera es que las relaciones entre el mundo árabe y Occidente tienen un historial pesado. Comienzan cuando en 1916, durante la Primera Guerra Mundial, Francia, Gran Bretaña, Rusia e Italia hicieron un acuerdo para dividir todo el Imperio Otomano. La desaparición del Imperio Ruso, y la lucha de Mustafa Kemal Atatürk, que fue capaz de mantener una Turquía independiente, dejó a Francia y el Reino Unido, la repartición del resto. Fueron diseñados países artificiales en la mesa de los negociadores. Así fueron creados Siria e Irak, por citar sólo las dos naciones más relevantes en el presente desorden. En el proceso, los negociadores, Monsieur Picot (Francia) y Lord Sykes (Gran Bretaña), se olvidaron de darle un poco de tierra a los kurdos, que se arrastra como otro grave problema contemporáneo.

En las colonias instalaron nuevos gobernantes de países que no eran legítimos, carentes del apoyo de la gente y que nunca iniciaron un proceso de modernización y democracia. Luego, en un período brutalmente comprimido, llegan los tiempos contemporáneos. La educación crece y aparece internet. Millones de jóvenes educados y desempleados siempre sintieron que Occidente tenía una gran responsabilidad histórica por sus vidas sin futuro.

La primavera árabe trajo más frustraciones. En Egipto, un dictador, Hosni Mubarak, fue reemplazado por otro, Abdelfatah Al-Sisi, con el consentimiento de Occidente. Mientras tanto, Túnez, el único sobreviviente de la democracia, ha recibido poco apoyo sustancial. Una parte importante de esta reflexión es que Occidente tiende a ignorar el hecho de que todo lo que está sucediendo hoy en día se debe a tres intervenciones: Irak, Siria y Libia. Las tres destinadas a lograr un cambio de régimen al eliminar a los dictadores indeseables Sadam Husein, Bashar al-Asad y Muamar el Gadafi, siempre en nombre de la democracia y la libertad. Pero nunca existió un plan de seguimiento después de la intervención y el vacío dejado por los dictadores es lo que se ve.

Al Asad, Presidente Sirio.

Al Asad, Presidente Sirio.

Entretanto, el EI no apareció de la nada. En una sorprendente entrevista con Al Jazeera en agosto de este año (totalmente ignorada en otro lugar), Michael Flynn, ex jefe de la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos (DIA, por su sigla en inglés) dijo que, en 2007, los neoconservadores convencieron al entonces vicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney a respaldar las iniciativas para derrocar el régimen de Al Asad mediante la creación de un seto entre Siria y el Hezbolá apoyando el establecimiento de un “principado salafista” en Siria oriental.

Esto también jugaría favorablemente para Israel. El salafismo, una rama radical y extrema del sunismo, es la religión oficial de Arabia Saudita, que ha gastado grandes sumas en la exportación del salafismo y el Estado Islámico es un producto del salafismo. Lo sorprendente es que en 2012, cuando el EI empezaba a aparecer, Flynn expresó que envió un informe a la Casa Blanca. La falta de respuesta, sostuvo, no fue sólo que hicieron la vista gorda, sino que fue “una decisión deliberada” para permitir que esto suceda, una repetición de cómo se utilizó a Osama bin Laden en la guerra contra los rusos en Afganistán. Pero a estas alturas ya se debería saber que es imposible controlar el fanatismo…

En todo caso, el hecho es que Occidente comenzó a actuar muy tarde contra del EI. Y esta lucha es sólo un pequeño punto en el desorden general de Siria, que es una guerra de poder, en la cual son los enemigos de Occidente –kurdos, Hezbolá, los iraníes– los que están llevando a cabo la lucha real contra el EI. Los aliados de Occidente –Arabia Saudita, los países del Golfo y Turquía– de hecho no están luchando contra el Estado Islámico, sino contra Al Asad, mientras que la intervención rusa era para animar al régimen de Asad, con muy poca acción en contra del EI.

Resolver la frustración y el espíritu de venganza que está detrás del terrorismo es harina de otro costal.

Quizá París va a cambiar esto, porque Vladímir Putin no puede aparecer haciendo caso omiso del EI, especialmente después que hicieron explotar un avión ruso. Hasta ahora, Occidente no ha efectuado realmente una acción militar contra los 50 mil combatientes que se estima con que cuenta el Estado Islámico… a menos que los bombardeos aéreos se consideren una acción seria. También es importante señalar que en las calles árabes la opinión unánime es que el Estado Islámico no podría existir sin la tolerancia de Occidente. Si bien esto es sólo un rumor, ayuda a alimentar el resentimiento.

Es necesario recordar que el objetivo del Estado Islámico es deponer a todos los reyes y dictadores y crear un califato salafista que redistribuya toda la riqueza del Golfo hacia todos los países, lo que inicialmente era mucho más que un asunto interno del mundo musulmán entre sunitas y chiitas. El vicepresidente estadounidense, Joe Biden, puso las cosas claras en declaraciones públicas en octubre de 2014, cuando indicó: “Nuestros aliados en la región estaban muy decididos a acabar con Al Asad y esencialmente con una guerra suní-chií. ¿Qué hicieron? Repartieron cientos de millones de dólares y decenas de miles de toneladas de armas a cualquiera que quisiera luchar contra Asad. Sólo que las personas que estaban siendo pertrechadas fueron elementos extremistas del yihadismo del frente al Nusra y Al Qaeda que venían de otras partes del mundo”.

Callejón sin salida

La segunda reflexión se debe hacer sobre la situación de los musulmanes en Europa, es que están cada vez más ligados al Estado Islámico. Francia tiene una situación especial, con 6 millones de musulmanes, equivalente a alrededor de la población de Noruega. Hace diez años, los mismos guetos de París, que ahora son los principales campos de reclutamiento del EI, fueron sacudidos por una revuelta repentina que duró 20 días, con más de 10 mil autos quemados. Todos los informes de los guetos hablan de jóvenes desempleados rechazados por la sociedad francesa. Ellos son la segunda o tercera generación de inmigrantes que ya se sentían franceses, pero que a diferencia de sus padres, tienen una crisis de identidad y de futuro. Ven en el califato la venganza y la dignidad. Hay unanimidad en que desde las revueltas de hace 10 años, la frustración sólo ha aumentado y lo mismo se puede decir de muchos jóvenes musulmanes en toda Europa.

La acción simultánea en París llevada a cabo por tres grupos, con varios kamikazes procedentes de fuera de Francia, muestra lo que podemos esperar en el futuro. El terrorismo del Estado Islámico recurre principalmente a una técnica de reclutamiento. Cada acción aumenta el prestigio del califato y aporta más musulmanes europeos frustrados a su seno. ¿Por qué nadie ha escrito que en la actualidad se estima que al menos el 50% de los combatientes del EI procede del extranjero, cuando inicialmente eran sólo iraquíes y sirios?

La tercera reflexión es que trágicamente, Occidente está ahora en un callejón sin salida. Si interviene militarmente, en realidad se profundizará la convicción de que es el enemigo real del mundo árabe, sunitas y chiítas por igual. Militarmente, se puede derribar fácilmente al Estado Islámico, pero resolver la frustración y el espíritu de venganza que está detrás del terrorismo, es harina de otro costal. La masacre de París creará una brecha aún mayor entre los musulmanes europeos y la población europea, con una mayor radicalización, lo que también entra en los cálculos del EI. Occidente interviene porque acontecimientos como los de París son políticamente imposibles de ignorar.

El periódico The New York Times publicó una carta de Michael Goodwin, un importante neoconservador, exhortando al presidente de Estados Unidos Barack Obama a renunciar. En varios países europeos se han oído llamamientos similares de la oposición al gobierno a dimitir y los pedidos para formar un ejército europeo integrado provienen de varios lados, entre ellos de la ministra italiana de Defensa, Roberta Pinotti. Entonces, en conclusión, ¿quién va a beneficiarse de París? En primer lugar, todos los partidos de extrema derecha xenófobos, que ahora están en mejores condiciones de pedir el cierre de Europa a los refugiados.

La nueva primera ministra conservadora de Polonia, Beata Szydlo, ya ha declarado que, a la luz de los ataques de París, su país no puede aceptar las cuotas de la Unión Europea para los solicitantes de asilo. La popularidad de varios líderes como Matteo Salvini (Italia), Marine Le Pen (Francia) y los Patriotas Europeos Contra la Islamización de Occidente (Pegida, Alemania) está aumentando. Sin duda, la inevitable animosidad contra los musulmanes fortalecerá el atractivo por el EI. De modo que se incrementará la polarización, en lugar de la tolerancia, el diálogo y la inclusión: la violencia engendra más violencia.

Parece que vamos a ir de una época de codicia a una de miedo… Todo esto se une al creciente impacto del calentamiento global, que se está sintiendo cada vez más detrás de la simple retórica y las declaraciones fáciles.


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