MASACRE EN ORLANDO: LAS ENSEÑANZAS DE AUSTRALIA

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Tras la masacre que dejó sin vida a cuarenta y nueve personas en una discoteca gay en Orlando, Florida, la venta de armas en Estados Unidos se incrementó en un 40%. Analizamos la experiencia de Australia, que luchó fuertemente para generar un cambio cultural respecto a la violencia armada y lo logró. En abril de 1996, un hombre disparó a mansalva contra un grupo de turistas en Port Arthur, Tasmania, asesinando a treinta y cinco personas e hiriendo a otras veintitrés. Apenas doce días después del ataque, el gobierno conservador australiano anunció un acuerdo bipartidista para implementar medidas de control de armas. Desde que se aprobaron estas leyes, hace ya 20 años, no ha habido ningún tiroteo masivo en Australia, y la violencia por armas de fuego ha descendido en un 50%.

Texto: Amy Goodman y Denis Moynihan (Democracy Now!) / Fotos: Vince Keating / Paul Butler

Noche macabra, arma macabra. El rifle AR-15 utilizado en la masacre de Orlando cuenta con un sangriento historial.

Noche macabra, arma macabra. El rifle AR-15 utilizado en la masacre de Orlando cuenta con un sangriento historial.

“Es una dulce armita”, dijo Martin Bryant respecto a su rifle de asalto semiautomático AR-15 cuando fue interrogado por la policía. Hace veinte años, el 28 de abril de 1996, Bryant tomó esa arma y llevó a cabo una masacre en el estado australiano de Tasmania. En 24 horas, en lo que se conoció posteriormente como la masacre de Port Arthur, mató a treinta y cinco personas e hirió a otras veintitrés. La violencia e irracionalidad del hecho, la mayor matanza que ha tenido lugar en la historia poscolonial de Australia, impactó de tal manera a ese país que en el transcurso de doce días se acordó una extensa y completa legislación para el control de las armas de fuego. Desde entonces, no ha habido otro tiroteo masivo en Australia. Esto nos lleva a Orlando, Florida, y a otra arma semiautomática.

Aproximadamente diez días antes de cometer la mayor masacre perpetrada por un solo individuo en la historia moderna de Estados Unidos, Omar Mateen ingresó al Centro de Tiro de St. Lucie, en Port St. Lucie, Florida, y compró un rifle semiautomático similar al AR y una pistola semiautomática de 9mm. El propietario del comercio y ex agente de policía de Nueva York, Ed Henson, sostuvo que Mateen “pasó el control de antecedentes que debe pasar toda persona que adquiera un arma de fuego en el estado de Florida”.

Muchos de los muertos en la masacre eran jóvenes, hispanos y miembros de la comunidad LGTBQ.

Mateen, con 29 años, era ciudadano estadounidense nacido en Nueva York y poseía un documento de identidad con fotografía emitido por el estado de Florida que le permitía portar armas. En la madrugada del domingo 12 de junio entró a Pulse, un discoteca gay de Orlando, donde se celebraba una “Noche Latina”, y abrió fuego. Asesinó a cuarenta y nueve personas e hirió a más de cincuenta.

Rebecca Peters, de la Red Internacional de Acción contra las Armas Pequeñas (IANSA, por sus siglas en inglés), sostuvo: “En Estados Unidos, el control de antecedentes generalmente consiste en mirar en una computadora si una persona tiene una condena penal. Eso no es un control de antecedentes. En la ciudad de Nueva York, si una persona quiere alquilar un apartamento o si quiere anotarse en la universidad, hay un verdadero control de antecedentes. Las autoridades hablan con gente que conoce a esa persona. Le piden su opinión acerca de ella. Y de la misma manera, en Australia y en la mayoría de los países desarrollados, un control de antecedentes consiste en pedir referencias: al médico de la familia, al cónyuge o ex cónyuge, y se les pregunta si hay algo por lo que preocuparse”.

Si Omar Mateen hubiera sido sometido a un control de antecedentes más completo, podrían haber surgido detalles acerca de que agredía a su primera esposa, Sitora Yusufiy, con tal intensidad que ella lo abandonó solo cuatro meses después de haberse casado. O que Dan Gilroy, un compañero de trabajo de la compañía de seguridad en la que trabajaba Mateen, G4S, sentía que Mateen era “inestable”, que estaba “desquiciado” y “lleno de rabia”, y que era racista y homofóbico, según declaró a ABC News.

A pesar de ello, los informes indican que Mateen fue visto en Pulse en numerosas oportunidades y que utilizaba aplicaciones de citas gays. Mateen, hijo de inmigrantes afganos, fue investigado en dos oportunidades por el FBI por simpatías o declaraciones potencialmente terroristas. Aún así, adquirió dos poderosas armas semiautomáticas sin problema alguno.

Muchos de los muertos en la masacre eran jóvenes, hispanos y miembros de la comunidad LGTBQ. Perris Williams rindió homenaje a las víctimas: “A las cuarenta y nueve personas que murieron en Pulse quiero decirles que no fue en vano, que estoy aquí para ustedes. Soy uno de ustedes y seguiré llevando sus espíritus conmigo por el resto de mis días”. El gobernador de Puerto Rico, Alejandro García Padilla, declaró el viernes17 de junio día oficial de duelo, tras enterarse que veintitrés de las cuarenta y nueve víctimas eran puertorriqueñas. Días antes, más de trescientas personas se reunieron en San Juan, ciudad capital, para honrar a las víctimas. Otras cientos de personas se reunieron en Ponce.

Mientras que cientos de personas se congregaron frente a la sede de la Asociación Nacional del Rifle en Fairfax, Virginia, en demanda de medidas de control de las armas de fuego. Uno de los manifestantes, Troy Petenbrink, expresó: “Es necesario que entre en vigor nuevamente la prohibición de las armas de asalto. Es necesario que estas armas estén lejos de las calles y que no estén disponibles. No hablamos de los rifles de caza, no hablamos de las armas básicas que se necesitan para protección; no hay problema con ellas, todos las apoyamos. Lo que no apoyamos son estas armas que son literalmente de destrucción masiva: cuarenta y nueve personas murieron en cuestión de minutos”.

La experiencia australiana

Tras la masacre de Port Arthur en Australia, Rebecca Peters encabezó la lucha que se libró a nivel nacional por el control de armas. “Para aquel entonces, habíamos luchado durante diez años para reformar las leyes que regulaban las armas, las cuales eran muy débiles en algunos estados y conformaban un desparejo collage a lo largo y ancho del país, como sucede en Estados Unidos. En abril de 1996, ocurrió esta tragedia en la que murieron treinta y cinco personas y en ese momento, nuestro primer ministro dijo: ‘Llegó la hora. Después de la inacción de todos estos años, vamos a hacer algo’”. El primer ministro australiano de ese momento era el conservador John Howard.

Peters continuó: “Una parte crucial de las nuevas leyes es un adecuado control de antecedentes de las personas que solicitan adquirir armas. No se trata solo de la violencia doméstica, sino también de la depresión y el exceso de alcohol, así como de muchos otros factores que pueden ubicar a una persona en riesgo de cometer actos violentos, sin mencionar a personas que son apasionadamente racistas o resentidas”.

Las armas de fuego son aún legales en Australia, dado que, como dijo Peters: “La autoimagen de Australia es con frecuencia la de un hombre a caballo, al aire libre, con algún tipo de arma, no muy distinta de la imagen tradicional de los estadounidenses”. De hecho, los emblemáticos cazadores australianos al estilo “Cocodrilo Dundee” apoyaron la prohibición de las armas semiautomáticas, alegando que los “hombres de verdad” no necesitaban esas armas para sobrevivir en el campo. Australia cuenta actualmente con controles de antecedentes serios y las armas semiautomáticas son ilegales. Cuando la legislación fue aprobada, se obligó legalmente a los propietarios de armas como el AR-15 a vendérselas al gobierno, tras lo cual esas armas fueron destruidas.

El peso de sobrevivir

Patience Carter estaba en la discoteca Pulse con una amiga, Tiara Parker, y la prima de su amiga, Akyra Murray, de 18 años de edad, que murió en el ataque. Murray y Carter habían logrado escaparse del club, pero regresaron a buscar a Parker. Las tres recibieron disparos, pero los que recibió Murray fueron letales. Carter presentó un poema sobre la culpa que sintió por haber sobrevivido. En él, declamó: “La culpa de sentir suerte de estar viva pesa / Es como el peso de las paredes del océano / Devastadoras, sin diques que las controlen / Es como ser arrastrada a través de los vidrios rotos / Con una pierna destrozada y ser arrojada en la parte trasera de una camioneta / Es como ser trasladada de urgencia al hospital / Con gente que te dice que lo vas a lograr / Cuando yaces junto a personas / Cuyas vidas fueron tomadas brutalmente / La culpa de estar viva pesa”.

¿Hasta cuándo?

No solo a lo largo y ancho del país hubo muestras de pesar por las víctimas. También se realizaron en Puerto Rico y España.

No solo a lo largo y ancho del país hubo muestras de pesar por las víctimas. También se realizaron en Puerto Rico y España.

A unos días de la matanza, el senador de Connecticut Christopher Murphy inició una acción obstruccionista en la Cámara Alta y prometió hablar, según dijo, “por todo el tiempo que pueda” para forzar al Congreso a iniciar un debate sobre el control de armas. “Estoy desesperado. Ya he visto suficiente. Ya he visto suficientes matanzas de inocentes y he visto la falta de acción de este organismo. Y es por eso que voy a permanecer en esta Cámara hasta que haya alguna señal, algún indicio de que podemos ponernos de acuerdo respecto a estas dos medidas, de que podemos encontrar el camino que nos permita avanzar para abordar esta epidemia de manera sensata y bipartidaria.”

El jueves 16 de junio, el presidente Barack Obama y el vicepresidente Joe Biden visitaron Orlando, donde se reunieron con los familiares de las cuarenta y nueve víctimas. Allí, Obama hizo un llamado a la acción para el control de armas: “Las personas asesinadas y heridas aquí fueron baleadas por un solo asesino con una poderosa arma de asalto. Lo que motivó a este asesino puede haber sido distinto de lo que motivó a quienes perpetraron las masacres de Aurora o de Newtown, pero los instrumentos de muerte fueron muy similares”.

En tanto, en un artículo de opinión publicado esa misma jornada en The New York Times, el general Stanley McChrystal, ex comandante estadounidense en Afganistán, también pidió un mayor control de las armas con las siguientes palabras: “Nuestras comunidades no deberían sentirse como zonas de guerra. Nuestros líderes podrían empezar por hacer más para mantener las armas fuera del alcance de aquellos en los que no se puede confiar que las manejen de manera responsable. Esa debe ser nuestra misión”. Esto se produjo un día después de que el representante de Massachusetts Seth Moulton apareciera en la portada de The New York Daily News con un rifle de asalto bajo el titular “Ningún civil debería poseer esta arma”.

Es necesario prohibir las armas semiautomáticas

De acuerdo con las estimaciones, en Estados Unidos hay más de 310 millones de armas de fuego en posesión de privados aunque no se tienen cifras oficiales. Con 319 millones de habitantes, se calcula que casi todos los ciudadanos estadounidenses poseen un arma, legal o ilegal. La precandidata presidencial demócrata Hillary Clinton pidió prohibir la venta de armas de asalto. “Creo que las armas de guerra no tienen lugar en nuestras calles”, manifestó en un discurso en Cleveland. Además, prometió que si llega a la Casa Blanca, una de sus prioridades será “identificar y parar a los lobos solitarios” que están dispuestos a cometer ataques terroristas.

Hace cuatro años, Christopher Murphy era miembro de la Cámara de Representantes cuando doce niños en edad escolar y seis adultos fueron masacrados en la escuela primaria Sandy Hook ubicada en su distrito. El asesino, Adam Lanza, utilizó un arma semiautomática similar al AR, al igual que lo hizo James Holmes en el tiroteo perpetrado en el cine de Aurora, Colorado, anteriormente ese mismo año. Estas armas habrían sido ilegales en virtud de una prohibición de las armas de asalto que el Congreso dejó expirar hace más de diez años. Es necesario prohibir las armas semiautomáticas, que no son otra cosa que armas de destrucción masiva, diseñadas para matar eficazmente a tanta gente como sea posible.


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