MAYO DEL 68: LA IMAGINACION AL PODER

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Han pasado 40 años: 1968 no fue un año cualquiera. En varios puntos del planeta, los estudiantes del baby boom (nacidos luego de la Segunda Guerra Mundial) cuestionaron las ideas y los modelos vigentes de las sociedades occidentales con una vehemencia tal, que aún persisten ecos de ese big bang. Frente a la idea común de que el escenario fundamental fue el mayo francés, esta nota abre el espectro y visualiza el amplio campo de batalla en que se puso el mundo patas para arriba. Aquí una radiografía del impacto que produjeron tanto en lo social como en lo cultural esos meses revolucionarios que modificaron radicalmente las relaciones familiares, dinamitaron los tabúes de las relaciones sexuales, promovieron un cambio en la enseñanza y arrasaron con los últimos baluartes del poder masculino.

Texto: Carlos Genovino / Fotos: AFP

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Mayo Frances.

Dentro de un siglo, los historiadores tal vez escribirán que el mundo moderno nació de las convulsiones que estremecieron a los cinco continentes en 1968. De ese terremoto político y social –que tuvo varios epicentros– surgieron las ideas, los comportamientos, las costumbres y las aspiraciones que ayudaron a transformar la humanidad en los últimos 40 años. Incluso, no es imposible que esa revolución sin programa siga influyendo durante un largo tiempo. Desde el punto de vista social y cultural, los 366 días de ese año bisiesto fueron un verdadero punto de inflexión que modificó el rumbo de la historia. En ese sentido, 1968 es comparable a la invención de la imprenta, un episodio casi imperceptible en su momento, hacia 1450. Pero que, con el correr de los años, transformó la cultura universal. Sobre 1968 el debate es más arduo porque se trató de un movimiento universal profundamente idealista y romántico, un espíritu libertario y liberador que corrió como un reguero de pólvora de un extremo a otro del planeta, pero sin una articulación orgánica. Algunos teóricos sostienen que, en ese sentido, 1968 es análogo al período de ruptura que corre entre la independencia de Estados Unidos (1776) a la Revolución Francesa (1789). En verdad, la importancia de 1968 en la historia no proviene de los événements (acontecimientos), como dicen púdicamente los franceses. Contrariamente a una idea difundida como una verdad inmanente, el movimiento transgresor no nació en París, sino en los campus de las universidades de Estados Unidos y como consecuencia directa de la guerra de Vietnam. El 31 de enero, 80 mil vietcongs lanzaron la ofensiva del Tet, invadieron un centenar de ciudades, durante 28 días ocuparon Hue –la capital histórica de Vietnam– y penetraron hasta los suburbios de Saigón. A partir de ese momento los norteamericanos empezaron a descubrir el horror de la guerra a través de la televisión. Todas las noches, a la hora de cenar, Estados Unidos contemplaba con estupor las informaciones que transmitía Walter Cronkite para CBS, mostrando a los jóvenes GI’s sumergidos en los pantanos, con brazos y piernas arrancados por las bombas, fumando un joint sentados al pie de un árbol calcinado por las bombas de napalm o entrando a sangre y fuego en una aldea ocupada sólo por mujeres y niños. Los norteamericanos nunca habían imaginado que la guerra de Vietnam era “eso”. En 1963, a la muerte de John F. Kennedy, en ese país lejano de Asia, desconocido para la mayoría, sólo había 16 mil consejeros militares. En 1968, descubrieron que el presidente Lyndon B. Johnson había ocultado la verdad. En realidad, había más de 500 mil soldados en ese conflicto infernal que devoraba un promedio de 13 mil muertos por año. Cada jueves, la televisión difundía el balance semanal de víctimas. En esa época en que todavía existía el servicio militar, los estudiantes del baby boom –nacidos después de la Segunda Guerra Mundial– vivían bajo la amenaza del draft, ese sorteo que autorizaba al gobierno a convocarlos para combatir en Vietnam. Para escapar a ese infierno, miles de jóvenes cruzaban la frontera con Canadá y se convertían en desertores. Otros buscaban escapar al acoso de la realidad a través de las drogas más exóticas, presentadas por algunos ideólogos de la alucinación –política e individual– como un acto de resistencia. En esos días, se produjo otro acontecimiento crucial que todavía sigue dominando la actualidad mundial: el dólar –moneda de referencia que expresaba la supremacía de Estados Unidos– dejó de ser convertible en oro a partir del 17 de enero. Las actuales turbulencias financieras son, en gran parte, herederas de esa decisión que pasó prácticamente inadvertida. Fue en esa atmósfera de angustia que en abril estalló la rebelión estudiantil en la Universidad de California, que duró varios meses. Ese movimiento condenaba tanto la guerra como la atmósfera de intolerancia que se vivía en el país, como reveló el asesinato del líder pacifista afroamericano Martin Luther King, en abril. El golpe de gracia sobrevino en junio con el atentado mortal contra Robert Kennedy, candidato demócrata a la presidencia que constituía la última esperanza juvenil para terminar con esa página negra de la historia. De esos duelos, en la primavera utópica que vivieron ese año los estudiantes en el campus de Berkeley surgieron algunos de los movimientos importantes que dieron la vuelta al mundo, como el flower power, el amor libre, el consumo de drogas –desde la marihuana al LSD–, la contracultura o el pacifismo. Todas esas corrientes gravitaron en la historia posterior y –en gran medida– contribuyeron a cincelar el mundo actual. El flower power, según la leyenda, fue inventado por el poeta beat Allen Ginsberg en 1965, pero fue recuperado sobre todo por los hippies como símbolo de la no violencia. Los jóvenes expresaban ese nuevo dogma con las consignas “haga el amor y no la guerra” o “peace and love”, ilustradas con el gesto de la victoria con los dedos, y al compás de músicas que se venían imponiendo en los últimos tiempos, pero que ese año se convirtieron en un componente esencial de afirmación identitaria: el rock, el folk, la psicodelia, el folk rock, y los ritmos afroamericanos y latinos del Caribe entonados por distintos exponentes: desde los Beatles, Bob Dylan, Joan Baez, los Rolling Stones, Creedence Clearwater Revival, The Who y The Doors a Jimi Hendrix, Joe Cocker, Janis Joplin, Ravi Shankar o Carlos Santana. Todos esos intérpretes cantaban en inglés, pero hablaban un lenguaje universal que era comprendido desde Lima hasta Tokio. Muchos de ellos, muertos relativamente jóvenes, se transformaron en iconos de esa revolución que pretendía destruir los valores de la vieja sociedad con la música, el sexo y las drogas. Los popes de esa nueva forma idealista de concebir la existencia eran Timothy Leary, Ken Kesey, Alan Watts y Norman O. Brown. A la música y la ideología pacifista se añadían otros símbolos de liberación, como el pelo largo, los jeans, las camisas floreadas, las minifaldas, el abandono de los sostenes y una actitud de indolencia frente a un mundo despiadado representado, en plena guerra fría, por Estados Unidos y la Unión Soviética, denunciados ambos como igualmente ambiciosos y deshumanizados. Ninguno de esos “marcadores” surgió específicamente en 1968, pero la identidad se creó ese año y los símbolos de la ideología tomaron forma gracias a la extraordinaria difusión que tuvo el movimiento estudiantil de Berkeley, la protesta en los campus de las universidades británicas y la rebelión en París.

Cuando se habla de 1968 se piensa, por lo general, en la rebelión juvenil de París. Pero ese movimiento fue, en realidad, un apéndice más politizado del fenómeno que había comenzado meses antes en Estados Unidos. El mayo francés fue por cierto uno de los hechos más significativos.

SE CAE UN MITO

Cuando se habla de 1968 se piensa, por lo general, en la rebelión juvenil de París. Pero ese movimiento fue, en realidad, un apéndice más politizado del fenómeno que se había iniciado meses antes en Estados Unidos. El mayo francés fue por cierto uno de los hechos más significativos. Pero lejos de haber sido una revolución, como suele afirmarse, los enfrentamientos entre estudiantes y policías en el corazón del Barrio Latino se convirtieron en epicentro del movimiento juvenil más festivo, más vasto y más pacífico que conoció el siglo XX. En 34 días hubo de todo: huelgas, manifestaciones, barricadas, choques a pedradas con la policía e incendios de vehículos, miles de detenidos –que pasaban una noche en la comisaría–, 2 mil heridos leves y sólo cinco muertos en confusos episodios de riña, heridas de arma blanca, síncope etílico y otras razones poco románticas. En todo caso, en las acciones de “guerrilla urbana” protagonizadas entre estudiantes y policías, volaron adoquines y cartuchos de gases lacrimógenos, pero no se disparó un solo balazo. Por eso se la define como la revolución sin sangre. “Mayo de 1968 fue la primera revolución en presente. Todos los otros grandes movimientos de la historia fueron revoluciones para el futuro, que convocaban al sacrificio y la muerte”, resumió el filósofo francés Gilles Lipovetsky. Otro aspecto importante fue que, a pesar de su carácter contestatario, el movimiento francés de mayo de 1968 no degeneró en el terrorismo, como en Alemania o Italia, ni se dejó deslumbrar por las experiencias guerrilleras, como ocurrió en algunos países de América Latina. Daniel Cohn-Bendit fue el hombre que simbolizó ese movimiento. A pesar de su apodo Dany el Rojo –por el color de su cabello y por sus ideas– siempre rehusó que la protesta degenerara en violencia. Esa explosión anticonformista, inicialmente limitada al Barrio Latino de París, abarcó toda Francia, inflamó las pasiones de una parte de la juventud latinoamericana y –por último– se convirtió en una bomba de tiempo que cuando estalló, 21 años después, provocó el derrumbe de los regímenes comunistas.

CONSIGNAS DE MAYO DEL 68

Algunas se convirtieron en verdaderas doctrinas políticas: • Prohibido prohibir. • Sean realistas, pidan lo imposible. • La imaginación al poder. • El sueño es la realidad. • La anarquía es el orden. • Tomen sus deseos por realidades. • Debajo de los adoquines está la playa. • Exagerar es comenzar a inventar. • Cuando pegan en la mejilla izquierda, tiende tu puño derecho. • Corre camarada. El viejo mundo está detrás tuyo. • Las paredes tienen oídos. Tus oídos tienen paredes. • Abre tu mente tan frecuentemente como tu bragueta. • Se decreta el estado de felicidad permanente. • Ganándose la vida, uno termina por perderla. • El respeto se pierde. Sobre todo no vaya a buscarlo. • Un hombre no es estúpido o inteligente: es libre o no lo es. • Somos marxistas tendencia Groucho. • Goce aquí y ahora. • Amaos los unos sobre los otros. • Haga el amor y no la guerra. • Haga el amor y recomience. • Cuanto más hago la revolución, más ganas tengo de hacer el amor.

Tanto en Europa como Estados Unidos, los estudiantes del baby boom vivieron esa protesta contra el establishment como un happening liberador de los fantasmas que arrastraba las sociedad estancada, que no habían sabido acompañar la evolución de la economía y del progreso tecnológico: las consignas que pintaban los jóvenes en las paredes de la Sorbona (París) o de la universidad de Berkeley (California), constituían una ruptura con las estructuras opresivas de una sociedad esclerosada, con la moral del pasado, con las ideologías dominantes y con el inquietante “consumismo” que despuntaba en Occidente. “Pertenecemos a una generación a la cual no le falta nada, pero nos sentimos mal al comprobar el universo que heredamos”, decía Tom Hayden, líder del movimiento estudiantil más radical, el SDS (Students for a Democratic Society). La idea nueva era reclamar simplemente el derecho a la felicidad. Esa idea fue expresada más claramente por el filósofo irlandés John Holloway, cuando sentenció: “Cambiar el mundo sin tomar el poder”. Todo estaba dicho en esas siete palabras. Esos brotes de liberación tuvieron un desenlace mucho más dramático en Checoslovaquia y México. La llamada primavera de Praga concluyó el 20 de agosto, cuando los tanques del Pacto de Varsovia invadieron el país para terminar con la insolencia reformista de Alexander Dubcek, que pretendía emanciparse de la tutela de Moscú. Uno de los protagonistas anónimos de ese movimiento había sido Vaclav Havel, que 21 años después –en 1989– fue una de las grandes figuras de la revolución de terciopelo contra la ocupación soviética. La verdadera trascendencia de la brutal intervención de las fuerzas del Pacto de Varsovia en 1968, 12 años después de la despiadada represión de la rebelión húngara de 1956, consistió en haber puesto en marcha –involuntariamente– un proceso irreversible: el agotamiento de un sistema, que culminó en 1989 con el derrumbe de la URSS. El vendaval de pasiones que provocó en Europa el aplastamiento de la primavera de Praga, apenas terminada la rebelión de mayo en París, fue el detonante de una ola de cuestionamientos al imperialismo rojo. Numerosos intelectuales criticaron o rompieron con los partidos comunistas de sus respectivos países. Pero esas dos experiencias dejaron huellas imborrables entre los nuevos filósofos –surgidos del marxismo– que años después fueron los primeros en comparar el gulag soviético con los campos de concentración nazis. La emoción suscitada por los acontecimientos de Praga, en todo caso, eclipsó la matanza de unos 400 estudiantes mexicanos, perpetrada en la Plaza de las Tres Culturas pocos días antes de los Juegos Olímpicos. Ese acontecimiento deportivo fue escenario de otra manifestación política sin precedentes: en el momento de recibir las medallas, dos atletas afroamericanos levantaron sus puños dentro de un guante negro y dieron repercusión mundial al movimiento radical Black Power.

¿Qué subsiste de ese año alegre y turbulento? Los escépticos suelen decir que esa “rebelión de niños mimados” propició en cierto modo la “revolución conservadora” que conoció el mundo una década más tarde. Cuarenta años después de ese turbulento período, la herencia de 1968 se extiende –a veces en forma invisible– sobre todos los sectores de la sociedad moderna.

CUANDO LA CULTURA ATACA

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Mayo del 68.

El impacto más profundo de los valores de mayo de 1968 se sintió a nivel social y cultural. Las ideas sembradas con desorden durante esa primavera revolucionaria modificaron radicalmente las relaciones familiares, dinamitaron los tabúes de las relaciones sexuales, promovieron un cambio en la enseñanza y –sobre todo– arrasaron con los últimos baluartes del poder masculino. En 1968 no sólo cobraron fuerza las ideas feministas, sino que empezó a equilibrarse la relación de fuerzas hombre-mujer en la sociedad y comenzaron a desaparecer los últimos vestigios del machismo en la vida cotidiana. Ese cambio fue simbolizado por la espectacular irrupción del Movimiento de Liberación Femenina (MLF). El 3 de junio, mientras Berkeley y París todavía estaban en ebullición, la intelectual Valerie Jean Solanas alcanzó una repentina celebridad cuando efectuó tres disparos contra el gran sacerdote del pop art Andy Warhol, a quien consideraba el mayor símbolo de la falocracia dominante. Extremista en los actos y en las ideas, Solanas postulaba en su libro Scum Manifiesto la castración de los falócratas. La comercialización de la píldora anticonceptiva –que se dio a partir de 1960 en Estados Unidos y de 1967 en Europa– dio un impulso inesperado a las principales reivindicaciones del MLF, como el derecho a la anticoncepción y al aborto. La mujer, que había entrado al mercado de trabajo a partir de 1939 para reemplazar a los hombres enviados a combatir en la Segunda Guerra Mundial, exigió en 1968 un lugar cada vez más importante en la vida profesional y la igualdad de derechos con los hombres, incluso en materia salarial. En el marco de esa evolución, la píldora representó el origen de una nueva forma de concebir la existencia. Para las jovencitas, que por primera vez podían gozar libremente del sexo sin los riesgos de embarazo que habían acechado a sus madres durante toda la historia de la humanidad, el gran ideólogo de la emancipación sexual era el psiquiatra y psicólogo alemán Wilhelm Reich, que había teorizado The Function of the Orgasm: Discovery of the Orgone (Discovery of the Orgone, Vol 1) en un libro de 1927 dedicado a Sigmund Freud. Cuando otra revolución haya derribado los iconos de ese año utópico, la única evidencia que quedará es que, desde entonces, las mujeres no volvieron a ser las mismas. Esa fue probablemente la herencia más importante que dejó 1968 a la humanidad. ¿Qué subsiste de ese año alegre y turbulento? Los escépticos suelen decir que esa “rebelión de niños mimados” propició en cierto modo la “revolución conservadora” que conoció el mundo una década más tarde. Cuarenta años después de ese turbulento período, la herencia de 1968 se extiende –a veces en forma invisible– sobre todos los sectores de la sociedad moderna. Esa rebelión, que transformó el orden moral y las costumbres sociales de la primera mitad del siglo, fue la insurrección insolente y pacífica de una generación que –cuando en los albores de su rebelión– aún tenía el pelo corto, vestía traje y corbata, y creía en el paraíso soviético. Cuando terminó esa ebullición –que provocó el derrumbe del orden moral vigente– los jóvenes habían comenzado a adoptar el pelo largo, la minifalda y la píldora anticonceptiva. 1968 fue el laboratorio donde se experimentaron los nuevos modelos de comportamiento que, luego de escandalizar a las sociedades occidentales, terminaron por imprimir un código más humanizado a las relaciones humanas. “El año 68, como movimiento político, no tuvo futuro –sintetiza el filósofo Gilles Lipovetsky–; pero su mayor contribución fue de orden social y cultural: el movimiento que nació con la ambición de derrocar al sistema capitalista fue, en cambio, el partero de una nueva sociedad”.

1968 EN FECHAS

7 de enero – Checoslovaquia. Alexander Dubcek, el hombre que encarnará la primavera de Praga, es elegido secretario general del Partido Comunista. Enero – Cuba. Un congreso cultural reúne en La Habana durante seis semanas a 400 intelectuales de América Latina, Estados Unidos y Europa.

31 de enero – Vietnam. Comienza la ofensiva del Tet. Los norteamericanos descubren a través de la televisión el horror de la guerra.

17-18 de febrero – Alemania. Gran concentración juvenil en Berlín para protestar contra la guerra en Vietnam. 1 de marzo – Italia. Choques de estudiantes y policías en Roma.

8-9 marzo – Polonia. Agitación estudiantil en Varsovia.

17 de marzo – Gran Bretaña. Manifestación de 25 mil personas frente a la embajada de Estados Unidos en Londres para protestar contra la guerra en Vietnam.

22 de marzo – Francia. Empieza la agitación estudiantil en la Universidad de Nanterre, suburbio contiguo a París.

23 de marzo – Estados Unidos. Protestas de hippies contra la guerra en Vietnam perturban la convención del Partido Demócrata en Illinois.

28 de marzo – España. La dictadura de Franco cierra sine die la Universidad de Madrid.

4 de abril – Estados Unidos. Asesinato del líder pacifista afroamericano Martin Luther King, en Memphis.

6 de abril – Estados Unidos. El movimiento de los Panteras Negras jura vengar la muerte de Martin Luther King.

23 de abril – Estados Unidos. Estudiantes blancos y negros toman la Universidad de Columbia, en Nueva York.

3 de mayo – Francia. La policía ocupa y cierra la Universidad de la Sorbona, en París. Se originan los disturbios estudiantiles en el Barrio Latino.

7 de mayo – Gran Bretaña. Policías con perros desalojan a los estudiantes que habían ocupado el campus modelo de Essex.

10-13 de mayo – Francia. Barricadas y enfrentamientos con la policía en el Barrio Latino, y grandes manifestaciones en París y ciudades de provincia.

3 de junio – Yugoslavia. Ocupación de universidades en Belgrado.

5 de junio – Estados Unidos. Asesinato en Los Angeles de Robert Kennedy, candidato demócrata a la presidencia.

5 de julio – Japón. Comienza una huelga estudiantil de cuatro meses en las universidades de Tokio.

20 de agosto – Checoslovaquia. Los tanques de la URSS aplastan la primavera de Praga.

25 de agosto – Unión Soviética. Un pequeño grupo de estudiantes manifiesta a favor de los derechos humanos en la Plaza Roja de Moscú.

2 de octubre – México. Entre 200 y 300 estudiantes son asesinados por el ejército y la policía en la Plaza de las Tres Culturas.

12-27 de octubre – Juegos Olímpicos de México. Dos atletas afroamericanos muestran sus puños dentro de un guante negro en solidaridad con el movimientos del Black Power.

27 de octubre – Gran Bretaña. Campaña de solidaridad estudiantil con Vietnam.

5 de noviembre – Estados Unidos. Elección presidencial de Richard Nixon.


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