MEDIO ORIENTE: EL ASCENSO DEL ESTADO ISLAMICO

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Farhang Jahanpour, ex profesor y ex decano de la Facultad de Lenguas de la Universidad de Isfahan, enseña desde hace 28 años en el Departamento de Educación Permanente en la Universidad de Oxford. Y es una voz calificada para dar cuenta de la historia que encierra el surgimiento de los extremistas suníes del Estado Islámico en Medio Oriente. Un modo de conocer más profundamente al nuevo enemigo de Estados Unidos.

Texto: Farhang Jahanpour / Fotos: Adam Salmond / Gordon Perry

Estado islamico

El crudo del califato. Los extremistas del EI ingresan tres millones de dólares al día vendiendo petróleo a través de Turquía.

Cuando sorpresivamente el Estado Islámico (EI) emergió en la escena en 2013 y en pocos días sus combatientes ocuparon extensos territorios habitados por suníes en Irak y Siria, hasta los servicios de inteligencia activos en la región tuvieron que admitir su desconocimiento sobre este nuevo protagonista. A diferencia de Occidente, en Medio Oriente la religión aún juega un papel predominante en la vida de los pueblos.
Cuando se habla de suníes y chiíes, las diferencias no son comparables a las que existen entre católicos y protestantes en el Occidente contemporáneo, sino que hay que retroceder hasta las guerras de religión europeas (1524-1649), que se cuentan entre las más brutales y sangrientas de la historia. Así como la europea Guerra de Treinta Años (1618-1648) no tuvo solamente orígenes religiosos, los conflictos entre suníes y chiíes también obedecen a diversas motivaciones, frecuentemente exacerbadas por las diferencias religiosas.
Desde que Estados Unidos presionó a los gobiernos de Arabia Saudita y Pakistán para que, tras la invasión soviética a Afganistán en 1979, organizaran la contraofensiva de los yihadistas, pasando por la emergencia de Al Qaeda y los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, siguiendo por la invasión de Afganistán en 2001 y de Irak en 2003, y las acciones militares en Pakistán, Yemen, Somalia, Libia y Siria, parece que Washington tiene el efecto contrario del rey Midas: en cada crisis en que interviene su mano, todo se convierte en ruinas.
Ahora, con el levantamiento del EI, antes conocido como ISIS, y otras organizaciones terroristas, todo Medio Oriente está en llamas. Nadie debe cometer el error garrafal de suponer que se trata de un movimiento local destinado a desaparecer, o ignorar su influencia sobre multitudes de militantes suníes marginalizados y desilusionados. En razón de su ideología, fanatismo y crueldad, de los territorios que ya ha ocupado, y de sus ambiciones regionales y quizá globales, el EI configura la mayor amenaza desde la Segunda Guerra Mundial. Tiene el potencial de cambiar el mapa de Medio Oriente y desafiar los intereses occidentales en el golfo Pérsico o Arábigo, y más allá.

“El EI configura la mayor amenaza desde la Segunda Guerra Mundial.”

Desde que el islam apareció en los desiertos de Arabia en el siglo VII, con su mensaje monoteísta y el eslogan “no hay otro Dios que Alá y Mahoma es su profeta”, cambió la condición de los árabes y dio origen a una religión y una civilización que hoy en día tiene unos 1.500 millones de fieles en todo el mundo. A diferencia de otros profetas que no alcanzaron a ver en vida el éxito de su misión, Mahoma no solo logró unir a los árabes en la península arábiga en nombre del islam. También creó un Estado y reinó sobre los convertidos al islam como gobernante y como profeta. Fue así un caso único en la historia de las religiones.
En consecuencia, mientras las demás religiones tienen en mente un estado ideal, el “reino de Dios”, como una aspiración futura, para los musulmanes el estado ideal se encuentra en el pasado, en el gobierno de Mahoma en Arabia, en la vida y las enseñanzas del profeta. Cuando en el bienio 1516-1517 el ejército del sultán otomano Selim I conquistó Siria, Palestina, Egipto y Arabia con sus santuarios, el sultán asumió el título religioso de califa. Por lo tanto, el imperio otomano fue a la vez el califato suní.
La caída del imperio turco otomano y la abolición del califato en 1922 no sólo fueron traumáticas en un sentido político y militar, ya que al mismo tiempo los suníes perdieron la máxima autoridad religiosa con su función unificadora. Para muchos occidentales es difícil comprender el sentimiento de derrota y humillación de los suníes como consecuencia de las pérdidas sufridas en el siglo pasado. Para tener una idea, hay que imaginar la caída de un poderoso imperio cristiano multisecular junto con la abolición del papado.
Con el fin del califato, los países suníes fueron divididos y controlados por potencias extranjeras, que impusieron su dominación en los planos económico, militar y cultural. Antes del colapso del imperio otomano las potencias occidentales y Gran Bretaña en particular, habían prometido a los árabes que a cambio de levantarse en armas contra los turcos, se les concedería la formación de un califato islámico en las tierras árabes sujetas al imperio otomano.

El papel de Estados Unidos
Texto: Jim Lobe

Estados Unidos podría enviar tropas terrestres para combatir al grupo extremista Estado Islámico (EI), si la estrategia que anunció el presidente Barack Obama contra la organización suní no tiene resultados contundentes, advirtió el Jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Martin Dempsey. A la declaración de Dempsey siguió el debate legislativo de una solicitud del Poder Ejecutivo de 500 millones de dólares para entrenar y equipar a los rebeldes sirios comprometidos con la lucha contra el EI y el gobierno sirio de Bashar al-Asad. Seguramente su posición reforzará las dudas sobre el plan de Obama, dado que el presidente había prometido el 10 de septiembre que “no nos van a arrastrar a otra guerra terrestre en Irak”. Además, se comprometió a reunir una coalición internacional que incluye a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) y los principales estados árabes gobernados por suníes, para luchar contra el EI en Irak y Siria.
Turquía, cuyo ejército es el mayor y más potente de la región y cuya porosa frontera con las zonas bajo control del EI en el este de Siria fue aprovechada por el grupo rebelde, es una de las principales desilusiones de Washington. Y según expertos estadounidenses, la exclusión de Irán de la coalición se debió principalmente a que Arabia Saudita y Emiratos Arabes Unidos amenazaron con no participar de la misma si se incluía a Teherán. Esto refleja no sólo el conflicto en curso entre suníes y chiíes en la región, especialmente en la guerra civil de Siria, sino también la dificultad de Washington para persuadir a gobiernos con intereses muy dispares entre sí a unirse en torno a una causa común.
De hecho, es posible que el éxito de la estrategia de Obama dependa menos del poderío militar de Estados Unidos que de su capacidad para reconciliar a los actores regionales, como Irán. “Mientras Arabia Saudita e Irán no hagan causa común, toda coalición para combatir a los fanáticos islamistas será un esfuerzo a medias, en el mejor de los casos, y sin raíces en la región, en el peor”, opinó Chas Freeman, quien fuera embajador de Washington en Arabia Saudita durante la primera Guerra del Golfo (1990-1991).
Los funcionarios estadounidenses creen que las fuerzas peshmergas kurdas y el ejército iraquí, con combatientes chiíes apoyados por Irán y el respaldo aéreo de Estados Unidos y sus aliados, son capaces de expulsar al EI de las zonas recientemente conquistadas en Irak, pero llevará mucho más tiempo sacarlo de lugares que gobierna desde hace meses, como las ciudades de Faluya y Ramadi. En tanto, el presidente Obama anunció que enviaría 500 militares más a Irak, lo cual eleva el número de efectivos de Estados Unidos a 1.600, en su mayoría instructores y asesores de los peshmergas y el ejército iraquí.

Además de traicionar esa promesa, Francia y Gran Bretaña secretamente fraguaron el acuerdo Sykes-Picot (1916) para repartirse las tierras árabes. Y en virtud de la Declaración Balfour (1917), Londres ofreció al movimiento sionista un territorio en Palestina que no era suyo, para “dar un hogar al pueblo judío”. Cuando terminó la era de la colonización, en todo Medio Oriente ascendieron al gobierno, golpes de Estado mediante, regímenes de militares que habían luchado contra la dominación extranjera: el general Kemal Ataturk en Turquía, el general Reza Khan en Irán, el coronel Gamal Abdel Naser en Egipto, el coronel Muammar Gaddafi en Libia. También los golpes militares en Siria e Irak, que sucesivamente llevaron al poder al partido Bath, con el general Hafez al-Asad en Siria, y el brigadier Abd al-Karim Qasim, el coronel Abdul Salam Arif y Saddam Hussein en Irak.
Prácticamente todos los países de Medio Oriente alcanzaron la independencia mediante golpes de militares que ignoraban el bagaje histórico, cultural y religioso de sus propios países y eran completamente ajenos a los conceptos de democracia y de derechos humanos. Los gobiernos castrenses lograron establecer cierto orden, a punta de bayoneta. Ante la ausencia de organizaciones de la sociedad civil, de tradiciones democráticas y de libertades sociales, el único camino abierto a las masas deseosas de sacudirse las dictaduras militares fue el de volver a la religión y utilizar las mezquitas como sus cuarteles.
La aparición de movimientos religiosos como la Hermandad Musulmana en Egipto, Ennahda en Túnez, el Frente Islámico de Salvación en Argelia, Al Da’wah en Irak y otros, representó la mayor amenaza para los regímenes militares, que los reprimieron y proscribieron. Es así que tras repetidas derrotas y humillaciones entre los militantes suníes, especialmente entre los árabes cuyos países fueron divididos y sometidos al colonialismo occidental y después a dictaduras militares, fue creciendo la añoranza por el califato.
Cuando se pronuncia la palabra califato islámico, los suníes comprometidos experimentan un sacudón de adrenalina. El fracaso de los regímenes militares y la marginalización y la eliminación de agrupaciones de inspiración religiosa han desembocado, ahora, en la irrupción de un movimiento extremista. El grupo terrorista EI se vale de esta situación y basa su atractivo en la convocatoria para el resurgimiento del califato.


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