MIJAÍL JODORKOVSKI: “ESTOY SEGURO QUE LA DEMOCRACIA VOLVERÁ A RUSIA”

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Su caída en desgracia fue espectacular. Mijaíl Jodorkovsky llegó a amasar una de las mayores fortunas de Rusia al frente de la petrolera Yukos. Pasó más de diez años en la cárcel por fraude y evasión fiscal. Algunos consideran que se debió a que estaba financiando a los partidos políticos de la oposición. El presidente Vladímir Putin lo indultó en 2013. Ahora vive exiliado en Suiza. No es ningún secreto que Jodorkovski quiere ver una revolución en Rusia, ni tampoco su intención de ayudar a lograrla.

Texto: Isabelle Kumar (Euronews) / Fotos: Velimir Lisniánskaya / Vera Hippius

ALMA MAGAZINE: Algunos podrían decir que usted es un valiente, otros que es todo un temerario, porque después de diez años encarcelado en instituciones penitenciarias en algunas de las partes más remotas de Siberia, todavía está decidido a echar al presidente Vladímir Putin.

MIJAIL JODORKOVSKI: No se trata de echar al presidente, sino al sistema que encarna. Creo que Rusia se merece algo mejor.

AM: Usted trabaja entre bambalinas apoyando a la oposición política. ¿Hay ahora mismo una alternativa al gobierno del presidente Putin y a su permanencia en el poder en Rusia?

M.J.: En primer lugar, no trabajo entre bambalinas. Declaro abiertamente mi posición. En segundo lugar, creo que no debemos sobrevalorar el papel de Vladímir Putin en el sistema que encarna. Sabemos que este sistema es tan solo el régimen autocrático de costumbre. Así era en los tiempos de los secretarios generales del Partido Comunista. Cuando Stalin, que era bastante diferente a Putin, perdió su cargo al morir, mucha gente lloraba y decía: “¿Quién podrá reemplazarlo?”. Y no hubo ningún problema. Y hoy creo que también existe la alternativa. Nuestra tarea, mi tarea, es hacer todo lo posible por esta alternativa democrática.

AM: Esto va a ser un trabajo a largo plazo. ¿Alguna vez se ve a sí mismo volviendo a Rusia y disputando la presidencia a Putin?

M.J.: Sin duda voy a volver a Rusia, pero sobre cuál vaya a ser mi postura, si me presentaré o no, es algo en lo que no estoy interesado ahora. Creo que lo importante es tener un equipo político que pueda apoyar las reformas necesarias después del cambio de régimen. Esto es algo que no teníamos a principios de la década de 1990, y tal y como lo veo ahora, ha provocado estas consecuencias tan complicadas.

AM: ¿No es algo que descarte, entonces?

Rusia Abierta. El magnate ruso apoyará a una veintena de candidatos en las elecciones legislativas del 18 de septiembre.

Rusia Abierta. El magnate ruso apoyará a una veintena de candidatos en las elecciones legislativas del 18 de septiembre.

M.J.: No es que no lo descarte, es que estoy absolutamente seguro de que la democracia va a volver a Rusia, pero ahora no es el momento adecuado para discutir qué posiciones ocupará quién en la Rusia post-Putin. Al día de hoy nuestra tarea es formar un equipo que sea capaz de hacer las reformas necesarias durante la transición con el fin de organizar las primeras elecciones libres. AM: Cualquiera que esté involucrado en la política rusa, obviamente, tiene que pronunciarse sobre la cuestión de Crimea, sobre si debe ser devuelta a Ucrania; es un arma caliente para la oposición. Con claridad, ¿qué opina sobre ello? ¿Cree que Rusia debe devolver Crimea a Ucrania?

M.J.: Inmediatamente después de la anexión de Crimea hablé en Ucrania y dije que ésta era una acción totalmente ilegal, que no era una forma de comportarse en el mundo moderno. Pero lo que ha pasado, ha pasado, y hoy en día se trata de un problema a largo plazo. Sí, es un problema importante desde el punto de vista de Ucrania. Sí, es un problema muy importante desde el punto de vista del mundo. Sí, por supuesto, para Rusia se ha convertido en algo sin vuelta atrás, pero para nosotros queda en el pasado y el gobierno que resuelva el problema de Crimea, tendrá que tener un mandato de la sociedad para hacerlo. Esto es algo que solo puede ocurrir después de las primeras elecciones libres. Tengo mi propia visión de la situación, pero sé que esto no se resolverá en el período de transición.

AM: Por lo que usted dice parece que no va a ser posible revertir la situación.

M.J.: La sociedad hoy discute esta cuestión con menor virulencia y, en mi opinión, de una manera mucho más equilibrada. Y hay diferentes puntos de vista. Naturalmente mis puntos de vista y las opiniones de mis seguidores se basan en el hecho de que fue una acción ilegal. Necesitamos solucionar el problema. Y esta solución debe tener en cuenta las opiniones de la gente que vive en Crimea, sin duda, pero también la de los ciudadanos rusos y los ciudadanos de Ucrania. Creo que no habrá una solución rápida al problema, pero estoy seguro de que se la encontrará.

AM: Usted ha dicho que cuenta con volver a Rusia en algún momento, pero ¿cómo cree que le ven los rusos de hoy: en su antiguo papel de oligarca o conscientes de quién es el Mijaíl Jodorkovski que tengo delante?

M.J.: Tengo mi esperanza puesta en que la gente me verá como un ser humano, como lo soy ahora, después de diez años de cárcel y después de lo que yo llamaría un exilio. Pero todo esto es mucho menos importante que la cuestión de cómo van a ver su propio futuro. Me gustaría que mis compatriotas no vean su futuro encarnado por una sola persona, quien quiera que sea, sino el futuro en un país democrático con un parlamento normal, con división de poderes, donde la vida se defina por el propio pueblo. Esta es la forma en que la veo nuestra tarea a largo plazo.

“Los ricos en Rusia nunca han tenido ningún poder real, en comparación con el poder del Kremlin.”

AM: A corto plazo usted afronta acusaciones por asesinato en Rusia, su nombre está empañado y va a tener que limpiarlo. ¿Cómo se puede limpiar su nombre en Rusia?

M.J.: No me preocupa lo que la propaganda del Kremlin diga sobre mí. Los ciudadanos rusos, en general, son más bien escépticos ante la televisión; y cuanto más vacía está la nevera, menos le hacen caso al televisor. Pero incluso la persona más crédula le diría a las autoridades: “¿Qué saben de nuevo sobre Jodorkovski ahora, dieciocho años después de las acusaciones sabiendo que quince de esos dieciocho años Jodorkovski estuvo en sus manos, en la cárcel?”. Vamos a ver si hay una respuesta a esta pregunta. Si la respuesta es cero, como lo era antes, entonces la confianza será igual a cero.

AM: Usted sigue siendo, sin embargo, le guste o no, un símbolo de la oligarquía rusa. ¿Siguen teniendo influencia?

M.J.: En mi opinión, la idea de que los oligarcas rusos son influyentes, la impuso con éxito en el imaginario de los rusos y curiosamente también en el de nuestros colegas occidentales Borís Berezovski. Aunque, en realidad, Rusia es un país completamente diferente. Es el poder, las autoridades, las que manejan el dinero en nuestro país, pero no a la inversa. Los ricos en Rusia nunca han tenido ningún poder real, en comparación con el poder del Kremlin. El Kremlin de Yeltsin, el Kremlin de Putin define el comportamiento político del país. Y tenemos un proverbio que dice que “el acero decide más que el oro”. Así es como funciona en Rusia.

AM: En algún momento de su vida, el presidente Putin le consideraba una amenaza. ¿Sabe si todavía le considera así ahora que está en el exilio?

M.J.: En aquel momento, en 2003, yo no pensaba que fuera una amenaza política para el presidente Putin, porque me consideraba parte del sistema. Yo pensaba en el desarrollo de la industria y de la sociedad civil, pero nunca pensé que la política fuera un tema urgente para mí. Además, había otras personas ocupándose de la política. Cuando salí de la cárcel, por supuesto, yo había cambiado. Era una persona diferente. Ya no me importaban los negocios. Ahora, lo que me importa es el futuro de Rusia y sé exactamente cómo quiero que sea. Quiero que Rusia sea un país democrático y sé lo que se necesita para eso. Así que para responder a su pregunta, observe como Putin se opone a mis esfuerzos y fíjese en la presión que las autoridades tratan de ejercer sobre mí.

AM: Ha habido otras personas que han pasado por lo mismo que usted, por ejemplo, políticos de la oposición que tuvieron una muerte inesperada o que fueron asesinados. ¿No teme por su vida?

M.J.: He pasado diez años de mi vida en la cárcel. Allí me atacaron con un cuchillo y en cualquier momento me podrían haber matado con una simple orden del Kremlin. Donde quiera que esté hoy en día, me siento mucho más seguro que entonces, así que no pienso en eso.

AM: Cuando hablamos de los asesinatos de algunas figuras importantes de la oposición, obviamente surgen muchas conjeturas respecto a quién da la orden. Hay quienes piensan que la orden viene desde lo más alto. ¿Qué le parece a usted?

M.J.: No tengo ninguna información sobre una acusación tan grave contra alguna persona concreta. Pero lo que es evidente, es que lo que se logra como resultado es una atmósfera de odio, de caza de brujas y de conspiración. Y, de alguna manera, el núcleo de la política interna de la actual administración del Kremlin, ha llevado a estas consecuencias. No hay duda al respecto. La responsabilidad política, sin duda alguna, es de Putin. Si él está detrás de una orden directa o bien alguien de su círculo, con el tiempo lo sabremos; o al menos eso espero.

AM: No obstante, el presidente Vladímir Putin es muy popular en Rusia. Una reciente encuesta de opinión le da un índice de popularidad del 82%. ¿Por qué cree que es tan popular?

M.J.: En Rusia, por desgracia, hay una larga tradición de autoritarismo. Y la gente tiene miedo de hablar y decir la verdad, incluso en casa con su familia. Y, por supuesto, nadie va a decir la verdad a los sociólogos o encuestadores, porque todo el mundo sospecha –y en algunos casos puede incluso estar justificado– que una encuesta de opinión tenga alguna conexión con los servicios de contrainteligencia y espionaje. La gente tiene miedo. Esa es una parte del problema. Por otro lado, creo que también hay una especie de síndrome de Estocolmo. Como el destino de mucha gente depende del jefe del Kremlin, tratan, incluso dentro de sus cabezas, de expresar su lealtad hacia él. Sin embargo, si tomamos otros países, por ejemplo, Rumania, todo puede cambiar de la noche a la mañana. El ex presidente Ceausescu tenía un 92% de popularidad, y dos meses después, le llegó un final muy triste. Y se trataba de la misma región. Solo espero que el régimen actual no lleve la situación a esos extremos. Espero que el miedo, de Occidente y también por parte de los rusos, el miedo al cambio, me refiero, no nos lleve a cometer errores catastróficos, como sería el no entender que estos cambios son inevitables.

AM: Usted habla de esto y al mismo tiempo la economía rusa está maltrecha no sólo por la caída de los precios del petróleo, sino también por las sanciones. Usted obviamente tiene un deseo profundo de que haya una revolución en Rusia. ¿No cree que la semilla de la revolución podría germinar al calor de las dificultades económicas que sufren los rusos?

M.J.: Las sanciones tienen un significado más bien simbólico. Pero, por supuesto, todos entendemos que si la economía rusa tuviera un desarrollo normal, si pudiéramos tener hoy en día una administración del estado normal, ya no digo excelente, solo normal, entonces la gente viviría mucho mejor. Y los precios del petróleo no tendrían esta influencia abrumadora que tiene ahora. Sin embargo, desgraciadamente, como usted y yo sabemos, una gestión moderna y eficaz es imposible cuando en un país enorme, todo lo decide una sola persona.

AM: ¿Es posible ese cambio en la sociedad rusa?

M.J.: Putin puede ser muy inteligente, pero si a la sociedad no se la involucra en la gestión, si no hay división de poderes, si no hay instituciones estatales normales, entonces no hay esperanza para la estabilidad del país. Y si no hay estabilidad, no puede haber una economía que funcione de manera normal. Fíjese, ¿qué pueden negociar los países occidentales con Putin? Si ni siquiera es responsable de lo que dice. Sus palabras no tienen el respaldo de instituciones sólidas, normales. Todos los acuerdos que se puedan firmar con él, solo serán a corto plazo, solo mientras se garantice su presencia. Y como su humor puede cambiar, puesto que es humano, por eso, no hay instituciones fiables. Este es el principal problema, no los precios del petróleo o las sanciones.

AM: Sobre la cuestión de las sanciones, ¿cree que se deberían levantar?

M.J.: Creo que esta cuestión tiene que decidirla Occidente. Vamos a resolver nuestros problemas de forma independiente haya o no sanciones. La política de Occidente hacia Rusia debe basarse en la comprensión del hecho de que Rusia puede resolver sus problemas por sí misma. ¿Qué puede hacer Occidente? Pues, por ejemplo, puede respaldar a la nueva élite política rusa. Y eso evitará que el terreno político no quede baldío para siempre. Porque, en ese caso, solo crecerán malas hierbas e incluso, Dios no lo quiera, plantas venenosas. Occidente puede ayudar, aunque debemos resolver los problemas de Rusia por nuestra cuenta.

AM: Parece que Rusia puede tener un papel muy importante en la escena internacional como, por ejemplo, en Siria. ¿Qué opina usted al respecto?

M.J.: Me he pronunciado sobre esto públicamente en varias ocasiones y sigo teniendo la misma opinión. Creo que ya tenemos bastantes problemas internos. La intervención en Siria, para el régimen del Kremlin, no es un intento de establecer una influencia positiva en la situación mundial. Ni siquiera tiene que ver con proteger los intereses nacionales rusos. Sino que trata de la preservar su propia posición, su propio poder inmutable. Es una forma de desviar la atención de la sociedad rusa de los problemas reales a unos problemas virtuales, que solo existen para nuestra sociedad en la pantalla del televisor. Por tanto, creo que Putin no es un aliado fiable en Siria a largo plazo. El está resolviendo sus propios problemas, pero no resuelve los problemas del mundo, ni los de Rusia.

AM: Para terminar, ¿podría compartir con nosotros algún momento especialmente conmovedor de aquel tiempo que pasó en prisión?

M.J.: Pasé diez años en la cárcel en condiciones muy duras. Por supuesto, he madurado mucho, aunque solo sea porque ahora soy más viejo. Estando en la cárcel tuve tiempo de reconsiderarme a mí mismo. Y ahora el tiempo no significa lo mismo que antes. En la cárcel aprendí a pensar a largo plazo. Quizá, lo más importante para mí fue el hecho de darme cuenta de que Rusia es un país enorme. Pasé parte de aquella época a 6 mil kilómetros de Moscú. Y después estuve también cerca de la frontera con Finlandia, a apenas una hora de Moscú, pero en una dirección diferente. Y, sin embargo, toda esa gente, en ese gigantesco país, incluso quienes están en la cárcel, todos tienen la misma cultura. En cambio, cuando estoy en Europa, veo toda una diversidad multicultural. Por ejemplo, cuando estoy en Alemania, a tan solo una hora en auto me encuentro en Francia, con una cultura totalmente diferente. En Rusia, sin embargo, uno puede pasar siete horas en un avión y la cultura sigue siendo la misma. Creo que eso es un gran logro de nuestro país, y cuando oigo decir que Rusia no tendría que ser grande, y que habría que dividirla, realmente no lo tomo en serio. Quienes dicen eso, no entienden que conformamos una entidad completa.


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