MONACO: DE PRINCIPE Y PRINCESAS

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Junto a Francia e Italia se encuentra uno de los destinos más coquetos y pudientes de Europa, que no es otro que el principado de Mónaco. En este diminuto país, el segundo más pequeño después del Vaticano, el príncipe Alberto II es su jefe de Estado. Pese a sus reducidas dimensiones, no tiene nada que envidiar al resto del mundo ya que en su interior alberga numerosos encantos de los que disfrutar y los cuales visitar.

Texto: Romina Serra / Fotos: Geraldine Pasquesoone / Eric Bonnet / Jean-Daniel Huisman / Jean-Luc Bellan / Valérie Podalydès

Monaco

Puerto de yates. Vista panorámica única que congrega a algunas de las embarcaciones más costosas y bellas de Europa.

Mónaco es una ciudad-estado que, por extensión, es el segundo país más pequeño del mundo tras el Vaticano. Su privilegiada situación a orillas del Mediterráneo lo convirtió en un lugar codiciado por muchos pueblos de la antigüedad, llegando a ser colonia fenicia. Durante siglos, Mónaco ha vivido numerosas vicisitudes pivotando entre la independencia y su pertenencia a otros estados. Desde finales del siglo XIII es gobernada por los Grimaldi. Los españoles la ocuparon en el siglo XVII. Durante la Revolución Francesa volvió a perder su independencia. A partir de 1848, el principado dilapidó dos de sus tres comunas, quedándose finalmente con el actual territorio de Mónaco.
Hoy en día, es un país independiente con una estrecha relación con Francia. A pesar de no formar parte de la Unión Europea sí ha aceptado el euro como su moneda oficial. En plena Costa Azul, su situación geográfica y el hecho de que los monegascos no pagan impuesto sobre la renta –lo que favorece a que tengan el ingreso global per cápita más alto–, ha hecho que sean muchos los millonarios y famosos que han fijado en Mónaco su residencia. Además, ostenta el metro cuadrado de construcción más caro del mundo. Juego, hoteles, enormes operaciones inmobiliarias, y una de las redes bancarias más seguras –y sospechadas– del planeta son los intereses que se mueven detrás de la luminosa frivolidad.

Política. Se dice que Maquiavelo comenzó a escribir El príncipe durante el breve período que vivió exiliado en Mónaco, en el siglo XV. Por esa razón, acaso, los habitantes de este minúsculo peñasco de 2 kilómetros cuadrados llevan en los genes un gusto desmedido por las intrigas palaciegas y los juegos de poder. Para muchos el principado de Mónaco es un país casi irreal. Para empezar, es el único del mundo con una tasa cero en robos, aunque ni soñar con emigrar allí, pues sólo se obtiene el estatus de ciudadano monegasco tras cinco generaciones.
En 1956, cuando el príncipe Raniero III contrajo matrimonio con Grace Kelly, una de las actrices más adoradas en la historia del cine, Mónaco comenzó a ser visto como el escenario de un cuento de hadas. No en vano, llegó a ser uno de los destinos predilectos para las lunas de miel o las vacaciones románticas del jet set internacional. Sin embargo, con la trágica muerte de la princesa Grace en un accidente automovilístico, la atmósfera idílica de Mónaco cedió.
Alberto II es el actual soberano, sucediendo a su padre Raniero III desde 2005. Casado con la sudafricana Charlene Wittstock, recibe el trato de Alteza Serenísima. Antes de suceder a su progenitor fue príncipe heredero y marqués de Baux, así como regente del país durante la enfermedad de su padre. No hay que olvidar a su hermana, la princesa Caroline Louise Marguerithe Grimaldi Kelly, más popular por su apodo Carolina de Mónaco.

Atracciones turísticas. El principado está situado en una península de bordes escarpados que se adentra en el mar unos 800 metros. En ella se agrupan las construcciones residenciales y públicas. Por tratarse de un lugar tan pequeño, si lo que se busca es conocer destinos rápidamente, con un día o algunas horas alcanza. Sin embargo, el resplandor de tanta belleza y majestuosidad hechiza de tal manera que puede aseverarse que tan poco tiempo no es suficiente para vivir y disfrutar del ambiente del lugar.

Palacio del Príncipe. Deambular por las callejuelas monegascas observando la perfecta simetría entre calidez y sublimidad arquitectónica se transforma en un contacto íntimo con la serenidad que identifica al principado. No obstante, hay varios atractivos clásicos. Entre sus célebres palacios, una de las primeras visitas debe ser el Palacio del Príncipe, sitio ideal para adentrarse en la historia de la monarquía de este principado. A las 11:55 horas de cada mañana se lleva a cabo, a las puertas del palacio, la ceremonia del cambio de guardia. Residencia oficial del príncipe Alberto II, su construcción data de 1191 como una fortaleza. Desde el siglo XIII ha sido el hogar de los Grimaldi hasta hoy en día.

Museo Napoleónico. El Museo Napoleónico se encuentra emplazado en un ala del Palacio del Príncipe y alberga una colección de objetos, creada por el príncipe Luis Napoleón II, el abuelo de Rainiero III. También se incluyen en esta parte del edificio una miscelánea de medallas y condecoraciones y una amplia gama de mapas, grabados y pinturas de Mónaco a través de los siglos.

Museo Oceanográfico. Mónaco también posee una interesante catedral románica-bizantina, pero no se destaca especialmente por sus construcciones religiosas, y sí por sus edificios, villas y palacios privados, verdadera seña de identidad arquitectónica del principado. Además, cuenta con interesantes centros culturales como el Museo Oceanográfico que tiene uno de los mejores acuarios de Europa y un importante centro de investigación. Está edificado sobre un acantilado que domina el Mediterráneo y tardaron 11 años en construirlo: usaron 100 mil toneladas de piedra. En su sótano hospeda alrededor de 4 mil especies de peces y 200 familias de invertebrados.

La Condamine. Emplazado en el centro del principado, el distrito de La Condamine, nombre que le viene del geógrafo y explorador francés Charles Marie de La Condamine, es la zona comercial. Ubicado entre el casco viejo y Montecarlo y conformado en forma de terrazas sobre el puerto, ostenta una hermosura simple y agradable. Es posible que su mayor encanto resida en sus jardines y en esa inquietante sensación de húmedos perfumes subtropicales. Además, en La Condamine se halla el afamado balneario, lugar de encuentro de los amantes del mar y de esa serenidad que parece ser atributo solamente de esa costa.

View of Port de Fontvieille of Monaco

Una visita de lujo. La atmósfera monegasca cautiva a los turistas con su mágica serenidad y su estilo aristocrático.

Fontvieille. En una zona ganada al mar, el distrito de Fontvieille centraliza las industrias. Esta nueva actividad comercial y financiera ha desplazado al juego del primer lugar como productor de recursos. Industrias farmacéuticas, electrónicas, textil, cerámica y vidrio, tienen en Fontvieille su centro operativo.

Casino. La zona más célebre del principado es Montecarlo, localizada en la parte más alta. Recibe el nombre del príncipe Carlos III quien inauguró su celebérrimo casino para evitar la quiebra del estado monegasco. El éxito de este sitio permitió décadas después abolir los impuestos. Al casino se accede por una espectacular escalinata de mármol que lleva al salón Renaissance, de allí se pasa al salón Europa, donde 16 pilares de ónix sostienen la decoración Luis XV. Por supuesto, la visita a este templo del juego es una de las más recomendables. El edificio lo diseñó el arquitecto Charles Garnier, a cargo también de la Opera de París y de la de Mónaco.

Hotel Chateau de la Chevre d´Or. Una maravilla para los ojos y el paladar es este hotel considerado como uno de los mejores hoteles de lujo de Europa. El jardín y su entorno son preciosos, levantado en un lugar privilegiado, único, al borde de un acantilado con unas vistas maravillosas a Mónaco hacia la izquierda y a St. Tropez hacia la derecha.

Plage Larvotto. Con más de 300 días de sol al año, los residentes del principado pueden disfrutar del Mediterráneo, con sus múltiples actividades náuticas, y de los Alpes del Sur, con maravillosos días de esquí, gracias a que las estaciones están a menos de una hora en auto. La Plage Larvotto o playa Larvotto es la principal de Montecarlo. Es ilustre por su belleza y por la cantidad de turistas que atrae. Orgullo de los monegascos.

Jardín Exótico. En el distrito de La Condamine se encuentra el exuberante Jardín Exótico, un magnífico escenario donde más de 6 mil especies de plantas extrañas se tornan atracciones al aire libre. La rica flora mediterránea armoniza con ejemplares llegados de los más distantes lugares del mundo. Transitando los sinuosos senderos y asomándose a los balcones que de trecho en trecho invitan al visitante, es posible admirar a todo el principado con su mar impávido y espejado y su península adentrándose en él calmosamente.

Automovilismo. En Mónaco se celebran todos los años el Rally de Montecarlo, la Copa Kart de Mónaco y el popular Gran Premio de Mónaco de Fórmula 1. El GP de Mónaco fue organizado por primera vez en 1929. La carrera del principado, preparada en un circuito urbano de tan sólo 3,34 kilómetros, ofrece siempre grandes emociones. El circuito se retuerce entre los edificios del centro histórico. Curvas estrechas, subidas repentinas y sobre todo la casi total ausencia de vías de escape. Si por la pole position cuenta el auto, durante la carrera gana casi siempre el piloto más audaz.

Sabores. La gastronomía de Mónaco acredita fama mundial y está basada en maricos, pescados, verduras frescas, arroz y aceite de oliva. Uno de sus platos más reconocidos es el stocafi, o bacalao deshidratado con salsa de tomate y especias locales. El espagueti a la monegasca también es otro plato característico. La salsa monegasca consiste en tomate, queso, anchoas, aceitunas y especias. La pastelería de Mónaco también es de primer nivel. El barbagium es un tipo de pastel relleno con calabaza o espinaca, arroz, queso y puerro para agregarle más sabor. Es excelente para degustar como tapas. Los socca son panqueques hechos a base de harina de garbanzos con acompañamientos variados (mariscos, carne, entre otros).


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