MORA GODOY: TACONES LEJANOS

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Allá en el sur, en un mundo dominado por hombres como el tango, la bailarina argentina ha sabido construir un nombre y éxito propios. Estudió ballet clásico, pero fue con el compás tanguero que se consagró, en su país y el mundo. Mora Godoy baila el tango como ninguna, y confiesa a ALMA MAGAZINE que sueña con pisar los escenarios de Broadway.

Texto: Fernando Amdan / Fotos: Mario Albarracín

Puede que Buenos Aires no perdone. Que por estos días de pleno verano, a la vuelta de cada esquina el calor y la humedad cobren peaje, que el tránsito agobie. Pero tras la puerta de entrada a su estudio, Mora Godoy se revela impecable, con una inmensa y blanca sonrisa a tono con su vestido. Su cara ya no pasa desapercibida por las calles porteñas, algo inusual para una bailarina de tango que todavía se reivindica como una chica de La Boca, uno de los barrios más tangueros de la ciudad. En las primeras décadas del siglo pasado, el tango no permitía a las mujeres en la pista de baile, y los hombres lo bailaban formando parejas entre ellos. Pero las cosas han cambiado por estas latitudes. Las milongas se abrieron y el talento femenino fue creciendo hasta despuntar en figuras como Mora Godoy. Sus piernas –esas que se escapan a los ojos en movimientos rápidos y precisos, que se elevan, bajan y se entrelazan con las de su pareja de baile– han adquirido fama internacional. “Declaramos a Mora Godoy como la Reina del Tango”, sentenció, el diario chino Shanghai Daily. “Baila de maravillas”, publicó Il Giorno de Italia. De pequeña, Mora se formó en el ballet clásico, pero fue en el tango donde, dice, “tuve la posibilidad de crear un estilo propio”. Su mérito desborda la sola destreza para el baile. Multifacética, como productora y coreógrafa ha innovado en sus espectáculos, inaugurando el musical de tango, un género sin rastros en la historia. Exitos como Tanguera, elogiado en Madrid y China, Tango fatal, estrenado en San Francisco, y Tango emoción, que en 2004 recorrió teatros de Chile, Brasil, Finlandia y Alemania, la han tenido como protagonista. Pero las giras no le han quitado tiempo para otro de sus roles: el de docente, con el que se dio el lujo de enseñar unos pasos a los Rolling Stones.

Pequeño diccionario tanguero

• Milonga Lugar donde los tangueros se juntan a escuchar y bailar tango.

• Firulete En el baile, movimiento usualmente usado por las parejas para mostrar destreza y adornar los pasos más convencionales. El detalle vistoso.

• Cabeceo Gesto mudo con el que un hombre invita a una mujer a bailar el tango en una milonga.

• Planchar En una milonga, dejar de bailar o, en el caso de las mujeres, no recibir invitaciones.

• 2×4 En música, es el compás normalmente utilizado para componer temas de tango.

Musical de tango de Mora Godoy

Mora también destaca como coreógrafa, y en ese rol creó el primer musical de tango.

ALMA MAGAZINE: Cuando llega alguien que no sabe nada ni del tango ni de la Argentina, pero quiere aprender a bailar. ¿Qué es lo primero que le dice?

MORA GODOY: Acá vienen de todas partes del mundo a estudiar. La mitad de los alumnos son extranjeros y la otra mitad son argentinos. Viene gente que sabe bailar, que se perfecciona, y gente que no sabe nada y toma clases por primera vez. Divido en dos. Una cosa es bailar socialmente, que es el tango de salón, y otra es el tango para escenario, para profesionales.

AM: ¿Cuál es la diferencia?

M.G.: Imaginate que venís a aprender tango social, para bailar en milongas, y yo te pongo a saltar y dar vueltas en el aire, como hacemos en el escenario. ¡Me vas a decir que estoy loca! (Risas).

AM: Alrededor del tango hay muchos códigos. ¿Qué necesita alguien para empezar a bailar?

M.G.: Ganas, solamente eso.

AM: Les enseñó algunos pasos a los Rolling Stones, la última vez que estuvieron en Buenos Aires. ¿Tenían buena técnica?

M.G.: (Risas) En realidad, fue un show, pero después nos quedamos explicándoles cómo eran los firuletes. Practicaron conmigo y entre ellos. Jagger se dedicó a mirar, pero terminé bailando con Keith Richards y Ron Wood. Se pateaban o se trababan, y no paraban de reírse.

AM: Las personas se acercan al tango por diferentes razones. Buscando aprender, un amor, por vocación o sólo para pasar el rato. ¿Qué buscaba en su caso?

M.G.: Por amor era un tanto difícil porque cuando yo empecé el más joven tenía 75 años (risas). Ahora es distinto. Yo entré por el tango y me encanta que la gente aprenda este baile que es tan lindo. Si además se pueden llevar una pareja, un novio un marido, ¡mucho mejor!

AM: Se muestra como una persona de mucha personalidad, pero en las parejas de tango es el hombre el que manda sobre la mujer, quien guía. ¿Le resulta sencillo dejarse llevar?

M.G.: En el tango, cuando uno baila, es importante darle las riendas al hombre. El tango es así, y si pasa algo sobre el escenario, si perdemos los pasos, el que manda es él. No me fue fácil aprender eso. En este ambiente, cuando entré, siempre te decían: “No te pelees con tu compañero de baile, que mujeres hay muchas pero hombres hay pocos”. “No te ilusiones tanto”, le decían los padres. No desmerecían la pasión de la pequeña Mora por el baile, pero sabían que entrar al cuerpo de baile del Teatro Colón –uno de los más prestigiosos del mundo– era una tarea tan difícil como poco grata. No querían que fuera grande la decepción: “Tomalo como un juego”, siguieron aconsejándole. Hasta que poco tiempo después, tras dar el examen de ingreso, el nombre de Mora adornaba el primer puesto en la lista de calificaciones. Egresada como bailarina clásica, dio sus primeros pasos profesionales y siguió perfeccionándose en Rusia. Pasó con éxito por el jazz, hasta que entró al mundo del tango, en 1993, junto a la compañía Tango x 2. Poco tardaría en destacarse en espectáculos como Perfumes de tango y Una noche de tango, de la mano del legendario Miguel Angel Zotto.

AM: ¿Qué encontró en el tango para relegar la música clásica?

M.G.: Cuando terminé la escuela, el tango no fue lo único que hice. Estudiaba tango, estaba en una compañía de jazz bailando profesionalmente y además estudiaba Ciencias Políticas. De alguna manera me dije que en el Teatro Colón había pocas oportunidades, porque siempre hay que esperar a que algún bailarín se jubile para que haya concurso. Era bastante frustrante. Siempre fui de probar, de jugármela, así que creo que tiene que ver también con la personalidad. El tango no era el furor que es ahora, no era la oportunidad que es en este momento. No fue algo que dije “acá me va a ir bárbaro, acá me quedo porque me conviene”.

AM: ¿Se nota si una bailarina se formó en danzas clásicas o si aprendió el tango en milongas?

M.G.: Venir del ballet te ayuda y no tanto. Creo que como para todo hay que tener un don especial, o una magia especial, o un talento, ángel. El tango es muy difícil, yo lo estudié muchísimo. Siempre me caracterizó la personalidad arriba del escenario y la fuerza con la que desempeño un papel. La cosa de llevarlo en la sangre. Siento mucha pasión al bailar, y cada vez que lo hice fue con tantas ganas que quizás esa potencia me disimulaba la falta de técnica cuando recién empezaba.

AM: ¿Quién la empezó a contagiar con el 2×4?

M.G.: Nadie. Mi papá cantaba tango como aficionado, y mi mamá viene del folklore. Fui solita porque quería estudiar tango. Me encantaba Astor Piazzolla y lo escuchaba. Lo elijo mucho para los shows porque se identifica bastante con la música clásica y no te olvides de que yo vengo del ballet. Hoy me encanta Osvaldo Pugliese, y también hay grabaciones muy buenas de cantantes como Raúl Berón. Uno ve que el tango tiene una belleza ilimitada, una gran armonía, y las letras también.

AM: Pero también es un género que está lleno de “purismos”. ¿Juega a romper con esas reglas, o trata de respetarlas?

M.G.: Al principio sí, no fue nada fácil. Impuse mucho con cosas como la forma de vestir, que no tenía nada que ver con la milonguera de los años cuarenta o cincuenta. Llevo un look mucho más joven, con el pelo suelto, más sexy, muy actual, de vanguardia. Además soy una mujer que contrata, elijo con quién bailar, no lo hago sólo con uno. Dentro del tango era el hombre el que decía cuándo sí, cuándo no, y cómo se manejaban los contratos.

CUESTION DE QUIMICA

AM: Los bailarines de tango dicen tener una pareja para el baile. ¿Cómo se encuentra? ¿Se siente un cosquilleo en la panza? ¿Es una mirada?

M.G.: Creo que es una cuestión de piel, una cuestión de estilo, de energía y dinámicas parecidas. He bailado con distintos bailarines, y yo elijo como bailarín a Junior Cervilla, con quien trabajo hace seis años. Hay una cuestión con él de estar conectados, de saber lo que está pensando el otro en ese momento, lo que transmitimos al público. Somos una pareja fuerte, y cuando protagonizamos un espectáculo tratamos de transmitir mucho.

AM: ¿Por eso muchas veces se mezcla en las parejas el baile y el romance?

M.G.: Y sí…

AM: ¿Le costó diferenciar eso en su caso?

M.G.: Tuve una historia con un bailarín de tango. Pero después me dije “nunca más”. Es muy aburrido bailar con esa persona, comer con él, dormir con él, vivir, ensayar… Después de esta historia bailé con un montón de personas y nunca más me ocurrió nada. Y con Junior Cervilla nos conocemos de toda la vida. Los dos estuvimos casados, y ahora hace un año que estamos juntos (en pareja, fuera de los escenarios). Su primera esposa fue también su compañera de baile, y él también se dijo “nunca más”. Pero nos pasó. Entonces, hay eventos que los hacemos juntos, pero después hacemos cosas por separado. Cada uno tiene su propia compañía y nos permitimos elegir a otros bailarines.

AM: Por más química que haya, si el hombre es más petiso que la mujer se hace difícil mantener una pareja de baile así…

M.G.: (Risas) Sí, y eso que yo no soy demasiado alta…

AM: Ahora que es conocida en todo el mundo, ¿se animan los hombres a sacarla a bailar?

Bailarina Mora Godoy

“Si pasa algo sobre el escenario, el que manda es el hombre. No fue fácil aprender eso”, dice la bailarina.

M.G.: Poco. Plancho bastante porque me tienen un poco de miedo. Las milongas cambiaron mucho y ya no voy tanto. Pero cuando lo hago, me relajo mucho y me divierto con las reglas de la milonga. Todavía rige esa cosa machista del cabeceo. Pero si querés bailar, tenés que aceptar las reglas de juego.

SUEÑOS

AM: ¿Hay un punto donde choca la vocación artística con el negocio, la productora con la bailarina?

M.G.: Hasta ahora no lo sentí así. A veces es difícil combinar todo, porque se hace mucho trabajo y llego a un gran nivel de stress. Los castings los hago personalmente y claro que me identifico con el otro. Estoy parada en el medio. Me ubico como productora, pero no dejo de ser bailarina. Veo quiénes son miserables y tratan mal al artista, y quiénes se preocupan por producir un buen espectáculo.

AM: ¿Hay alguno de sus espectáculos del cual se sienta especialmente orgullosa?

M.G.: Sí, de Tanguera. De haber creado un espectáculo que trascendió muchísimo los niveles que venían presentándose desde lo coreográfico. Estoy muy orgullosa de que se haya presentado en ciudades importantísimas del mundo. Soy muy exigente con los elencos y los ensayos, y a veces los productores no cuidan esas cosas.

AM: ¿Y le cuesta delegar protagonismo en los espectáculos?

M.G.: ¿Sabe que no? Creo que tiene que ver con que he bailado muchísimo y lo hago mucho. Me siento tan feliz, tan realizada sobre el escenario, y tan querida por el público, que cuando hay otra bailarina en el espectáculo también lo disfruto. No sé el día de mañana, si me retiro, cómo será. Por ahí lo sienta un poco más. Yo creo que no. Me queda tanto por bailar…

AM: ¿Es muy diferente la recepción del tango en otros países?

M.G.: No, generalmente está muy aceptado, entienden muchísimo y han visto otras cosas. A los que ven tango por primera vez les encanta. En todos los lugares me llamó la atención la buena respuesta. En Londres, en China, Japón, Rusia. Claro que cada país tiene su idiosincrasia, sus costumbres. De repente hay públicos que están todo el tiempo callados y al final ovacionan, y piden otra y otra. Y hay otros que gritan en todos los bailes.

AM: Donde no parece tener mucha llegada es en Estados Unidos.

M.G.: Todo lo contrario, pasa mucho con el tango. Yo no he ido tanto… ¡Porque estoy esperando mi entrada triunfal a Broadway! (Risas) Hablando en serio, he rechazado ofertas de trabajo en Estados Unidos porque creo que tengo que entrar en ese mercado de otra manera. Soy una admiradora de Nueva York y Broadway. Trato de ir todos los años a ver todo lo nuevo que hay y me he inspirado muchísimo con obras de ahí para crear Tanguera. Creo que algún día voy a cumplir mi sueño de presentar un espectáculo en Broadway.


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