MORTON BARTLETT: PASIONES SECRETAS

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La historia del estadounidense Morton Bartlett podría haber pasado desapercibida sin pena ni gloria. Sin embargo, todo cambió el día en que una vendedora de antigüedades compró en una feria una caja con muñecas y una pila de fotos que fueron descubiertas en el sótano de su casa después de su muerte. La muestra Playthings: The Uncanny Art of Morton Bartlett es la gran oportunidad para ver de cerca las imágenes de esas quince muñecas que el escultor autodidacta y fotógrafo realizó casi en secreto.

Texto: Florencia Rolón / Fotos: Gentileza Los Angeles County Museum of Art (LACMA)

Mas de su obra

Las 15 muñecas fueron descubiertas en un sótano después de su muerte junto a dibujos, trajes y cerca de 200 fotografías.

Podemos imaginar la cara de sorpresa de Marion Harris, una vendedora de antigüedades y arte, cuando regresó a su casa con semejante “tesoro en polvo”. Corría 1993, en Pier Show –la mayor feria de antigüedades de Nueva York– había comprado una colección de muñecas y partes de ellas en cajas, además de un paquete con un montón de fotografías. El material provenía de una casa en el South End de Boston. Su anciano propietario, un hombre llamado Morton Bartlett, había muerto. Podemos imaginar cómo Harris abrió los ojos bien grandes al ir sacando de los viejos papeles de diario un grupo de exquisitas 15 muñecas muy pero muy realistas. Tres de ellas representaban a un chico de ocho años, y el resto eran figuras de chicas entre los 8 y los 16 años.
De esos días a hoy corrió mucha agua bajo el puente. Pero el estupor y el asombro siguen siendo los mismos. Como el que vivirán todos los que se acerquen a Los Angeles County Museum of Art (LACMA), que hasta fines de enero de 2015 tiene abierta las puertas para que los visitantes se sorprendan con la muestra Playthings: The Uncanny Art of Morton Bartlett.

Un tesoro escondido

El matrimonio entre el arte y la excentricidad viene sumando adeptos de manera silenciosa y persistente. Lewis Carroll, Hans Bellmer, Edgar Degas y Henry Darger, son algunos de los más relevantes exponentes de esa institución tan preciada; están también los outsiders, que vivieron recluidos o demostraron ser unos grandes autodidactas como son los casos de Joseph Cornell, Martín Ramírez, Adolf Wölfli, Bill Traylor y James Castle. Entre unos y otros se inscribe la “escasa” biografía de Morton Bartlett (Chicago, 1909 – 1992).
Es que se sabe muy poco de su vida. La visión más común, basada en su obra y la exigua información sobre su existencia, ha destacado que él era un hombre excéntrico y huraño, un solterón que, trabajando en completo secreto, sublimó sus deseos anómalos ante las carencias de su vida real con objetos substitutos como las muñecas. Y si bien quizá la verdad nunca se conozca, el testimonio de gente cercana le ha sacado un poco de romanticismo trágico a esta postal.
Una pareja muy amiga (Jean y Kahlil Gibran) puso en duda cada uno de los puntos que hicieron de Bartlett una leyenda del arte marginal y un continuador de las vanguardias más excéntricas. El matrimonio insistió en que su amigo no era un ser antisocial ni que habitaba en él un psicópata sexual o un pedófilo. Es más, remarcaron que Bartlett contaba con muchos conocimientos de arte, que no era ningún artista outsider. Y desmintieron que el proyecto de las muñecas haya sido secreto: “Nosotros estábamos al tanto de su trabajo con las muñecas. El quería conseguir una compañía de juguetes para que las fabricaran. El estaba convencido de que podían ser un gran negocio como el de las Barbies”, aseguraron.
Ahora bien, la realidad es que el escultor autodidacta y fotógrafo quedó huérfano a los ocho años. Adoptado por la familia Bartlett de Massachusetts, hizo de Boston su ciudad natal. Tras estudiar dos años en la Universidad de Harvard entre 1928 y 1930, Bartlett emprendió varios trabajos. Estuvo al frente de una gasolinera y vendió muebles. Al regresar de la Segunda Guerra Mundial –estuvo en el ejército–, comenzó una carrera como diseñador gráfico y fotógrafo.
No fue hasta su muerte en 1992, mientras se hacían sus arreglos funerarios, que su colección privada de muñecas de niñas y niños fue descubierta. Se cree que desarrolló estás elaboradísimas figuras durante un período de treinta años, terminando en los albores de la década de 1960. Dejó quince muñecas de infantes: tres niños (muchos vinculan esto a su propio recuerdo infantil) y el resto son niñas. Lo maravilloso es que utilizaba libros de anatomía para estar seguro de tener todas las proporciones en orden, lo cual demuestra qué tan compulsivo era en cuanto al detalle.
Construir cada una de estas pequeñas personas –de aproximadamente la mitad del tamaño real de un niño– primero en ego en yeso le llevaba cerca de un año. Bartlett buscaba un nivel máximo de realismo, con lo que cada detalle era tratado con minuciosidad y un correcto sentido de la anatomía. A continuación las pintaba, les colocaba una peluca, las vestía con trajes especialmente confeccionados para ellas y las fotografiaba en distintas situaciones: sermoneando a un perro, durmiendo en la cama, llorando, tocándose el pelo… y en ocasiones en actitudes con connotaciones eróticas.
En este punto, la muestra Playthings: The Uncanny Art of Morton Bartlett además de acercar al gran público este tesoro escondido, presentas materiales de trabajo –pertenecientes a la colección de Barry Sloane– provenientes del archivo personal de Bartlett nunca antes exhibidos en ninguna institución pública. Lee Kogan, curadora del American Folk Art Museum en Nueva York, dijo: “Sin dudas, Bartlett fue un gran artista. Su trabajo es convincente, fascinante y seductor”.

Playthings: The Uncanny Art of Morton Bartlett se exhibe hasta el 31 de enero de 2015. LACMA, 5905 Wilshire Blvd., Los Angeles.
www.lacma.org

 

 

 

 

 

 

 


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