MUJERES BOXEADORAS: LUCHANDO POR UNA VIDA MEJOR

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El fotógrafo alemán Johann Peter Bauza ha viajado con su cámara a cuestas por varios puntos del mundo, en muchos de los cuales las condiciones de vida son penosas. Su trabajo porta un alto componente solidario: Bauza colabora con una fundación que ayuda a comunidades con escasos recursos. Una de sus experiencias más recientes la vivió en un barrio marginal de Katanga, la capital de Uganda, donde testimonió la batalla diaria de unas mujeres a las que el boxeo les cambió la vida.

Texto & Fotos: Johann Peter Bauza

Luchando por una vida mejor

Razones. Helen Baleke comenzó a boxear cuando tenía 16 años, luego de ser atacada por un hombre en un tugurio de Katanga.

Uganda, también conocida como la Perla de Africa, esconde detrás de su belleza silvestre –que alberga aguas como las del Nilo–, talentos deportivos abandonados que viven en entornos de extrema pobreza. Katanga, en Kampala, es una comunidad de slums (barrios marginales), donde más de 20 mil personas subsisten en medio de la indigencia, sin infraestructura básica como agua potable permanente, casas de ladrillo o espacios verdes para respirar. Un riachuelo principal y estancado atraviesa el centro de este vecindario y sirve de fuente de agua para el lavado, la cocina y a menudo como inodoro. No disponen de baños sanitarios centrales debido a su alto costo.
En medio de este panorama poco amable trata de emerger un grupo de atletas apasionados por el boxeo, quienes como medio de supervivencia recolectan cáscaras de banana y arrastran el desprecio del resto de la sociedad por sus condiciones de existencia. Boxean para acceder a una vida mejor, llena de sueños y expectativas, y tratan así de cubrir sus necesidades y las de sus familias y lograr algún reconocimiento nacional e internacional, así como una merecida recompensa monetaria.
El Boxer Club Rhino es “este lugar”, dentro de los barrios pobres de Katanga, donde sólo por un instante los boxeadores olvidan sus privaciones, dolores y miseria. El club se estableció en 1995, gracias al ímpetu y la buena voluntad de un vecino que donó una parcela de 70 metros cuadrados para los “Rhinos” con el fin de construir un gimnasio básico entre cuatro paredes que se derrumbaban, un techo de chapa oxidado y perforado y un piso de barro.
El gimnasio acoge a 58 boxeadores, entre los cuales cuatro mujeres y seis niñas también persiguen una manera de salir de sus pesares con un fuerte entrenamiento diario. Las cuotas de inscripción de 20 mil shillings –equivalente a 8 dólares–, así como los 500-1000 shillings por día de entrenamiento son a menudo inalcanzables.
Los boxeadores cuentan sólo con equipos básicos: guantes arrugados y desgastados, vendas sucias, gomas de camiones viejas y una bolsa de ejército llena de arena como saco de boxeo. No disponen de un ring, ni videos o dietas especiales, ni programas o entrenadores internacionales que podrían mejorar su rendimiento.
Helen Baleke, atleta y boxeadora de 22 años, allanó el camino para que su hermana menor, Diana Tulyanrabo, de 19 años y madre de gemelos, también pudiera unirse a este deporte. Algunas situaciones desagradables en los slums subrayaron aún más la decisión de iniciarse en el boxeo. Ambas cuentan con el título de campeonas nacionales amateurs de Uganda –cada una en su categoría– y atraen a un número creciente de mujeres y niñas a acoplarse a esta práctica.
Helen –que se destaca en la categoría superligero– habla con orgullo de sus quince peleas oficiales en Uganda y Kenia en las que obtuvo catorce victorias. Riendo, confiesa que su hermana la knockeó una vez durante una pelea no oficial: “Ella es de temer”. Diana, muy tímida cuando era niña, cambió cuando se incorporó a los Rhinos. Muestra mucha confianza y autoestima. Ahora recuerda sonriendo sus peleas y se siente imbatible. Cuenta también con diez victorias. Afortunadamente puede asistir, aparte del boxeo, a un curso de enfermería.
panoramaSucede que además de sus entrenamientos diarios, Helen y Diana también deben alimentar a su numerosa familia. Veinticinco personas que habitan en apenas veinte metros cuadrados sin ventanas, comparten el espacio con el ganado y duermen en literas y en colchones en el piso. La extrema pobreza no les permite acceder a agua corriente en el hogar. El transporte de agua en bidones de 20 litros es una rutina diaria, asimismo de la venta de cáscaras de bananas –que su madre vende al costado de la carretera cerca de Katanga como alimento animal por un dólar el paquete–.
El boxeo en Uganda es considerado un deporte para hombres y las mujeres aquí son despreciadas. Esta actividad atlética no cuenta con apoyo financiero ni por parte del gobierno, ni tampoco del público en general. El interés popular está concentrado en el fútbol. Sin embargo, Helen y las chicas están decididas a salir adelante, sin importar los retos que se les presenten. Es que reglas poco claras y arreglos sucios rodean este juego. Las promesas de altos premios por peleas terminaron después de victorias con sólo 1.200 shillings (50 centavos de dólar) y sin billetes de regreso a sus casas. Un dinero que no cubre ni un plato de comida.
Con un sólo par de guantes, zapatos y vendas mugrientas ellas entrenan 2,5 horas diarias. Formadas por un ex boxeador igualmente apasionado y ambicioso, Kapalata Inocente, las hermanas creen que algún día el boxeo femenino en Uganda podría dar lugar a la participación en el Campeonato del Mundo. Con sus pasiones, Helen y Diana alientan a los jóvenes a formar parte del club, abandonando así las peligrosas calles, donde se ha reportado un promedio de once asesinatos por día recientemente.
Para el Rhino, el boxeo no es sólo un deporte sino una lucha llena de entusiasmo, ilusiones, necesidades, sueños e ingresos. En este sentido, el Dream Team de Helen y Diana desafió a varios clubes más prósperos como el Kampala Boxing Club –el que a menudo se menciona como el club de boxeo de Uganda más antiguo (fundado en 1951)– y el Costa Este Boxing Club, que acredita los mejores boxeadores del país. Ellas lograron regresar siempre a casa con honores, medallas y victorias celebradas, pero sin el tan anhelado efectivo.
box y vidaEsperanzados, los Rhinos apelan a la sociedad y al gobierno por ayuda y asistencia, que les permitirían participar en próximos campeonatos. Con el lema de “Nosotros, los Campeones del Boxer Club Rhino, Kampala, Uganda, somos imbatibles y retables”, los Rhinos intentan acceder a un mundo más digno. Su futuro dependerá mucho de la atención inmediata y la respuesta positiva de las instituciones implicadas, partes oficiales, donantes apasionados, entrenadores y boxeadores internacionales como voluntarios temporales, asociaciones y clubes de boxeo.
La buena nueva: a finales de agosto pasado, gracias a un mecenas, los Rhinos llevaron a cabo una “primera pelea no oficial” en Katanga sólo para boxeadoras. La otra gran novedad fue que pudieron repartir pequeños premios –igual que sucede en los combates que realizan los hombres–. Eso les permitió pagar el transporte y alojamiento para ir a pelear a Kenia en septiembre.
Una vez más las hermanas cierran los ojos y empiezan a soñar con ser reconocidas por la prensa internacional, boxeadores, entrenadores, clubes y entidades. En esta ocasión, ¿será la “salida” para las hermanas y demás miembros de este club?

Para más información y colaboración con la tarea humanitaria que desarrolla el autor, contactarse a: jpeter.bauza@gmail.com
www.peterbauza.com


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