MUSEO DE LAS RELACIONES ROTAS: LA SOCIEDAD DE LOS CORAZONES DESTROZADOS

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Desde esposas de felpa hasta un vestido de novia dentro de un frasco, el Museo de las Relaciones Rotas se presenta como un ámbito donde las rupturas se transforman en arte. Viajamos a la capital de Croacia, Zagreb, y a Los Ángeles –ciudades que atesoran espacios dedicados a los desarreglos sentimentales– para comprobar que existe amor después del amor. Lejos de alentar el sentimiento de tristeza, las exposiciones brindan oportunidades a muchas personas de contar su historia e iniciar una nueva etapa a través de un acto creativo de desapego: donar sus objetos a la colección de estas instituciones.

Texto: Joaquín Cruzalegui / Fotos: Gentileza Museum of Broken Relationships (Zagreb / Los Angeles)

 

Tanto en Croacia como en Estados Unidos, los curiosos visitantes buscan la expresión humana del desamor en objetos bizarros.

Tanto en Croacia como en Estados Unidos, los curiosos visitantes buscan la expresión humana del desamor en objetos bizarros.

  Si se traza un paralelo entre la música popular y el amor, se puede vislumbrar un momento, dentro del rock ‘n roll, que reproduce la solemnidad de la ruptura como pocos. Los versos de Elvis Presley en la canción Heartbreak Hotel caen como pesadas lágrimas en código de blues. En esas líneas, el Rey retrata un lugar donde van a refugiarse los amantes solitarios, todos aquellos que, de una forma u otra, han dejado de creer en el amor y ahora se hospedan bajo el amparo de esas paredes para llorar y llevar adelante su duelo. “Aunque siempre esté lleno / podrás encontrar lugar ahí”, canta Elvis. Y si bien habla sobre un hotel, su letra podría amoldarse tranquilamente a un sitio que actualmente es una parada obligatoria en los recorridos culturales de Zagreb, la capital de Croacia: muy cerca de la iglesia de San Marcos, el Museo de las Relaciones Rotas siempre tiene espacio para los que sufren mal de amores. Y si no queda claro, basta con echar un vistazo.

Existen diferentes formas de lidiar con los momentos del pasado una vez que el amor desaparece para siempre. Las manifestaciones humanas ante el dolor son, en todos los casos, tan singulares como curiosas. El ejemplo perfecto es la vida de los artistas Olinka Vistina y Drazen Grubisic, quienes luego de terminar con una relación de cuatro años decidieron abrir las puertas de sus corazones rotos. ¿Y cómo? Con un museo dedicado a plasmar el amor, su partida y sus aristas, a través de objetos que van desde los más cotidianos a los más insólitos.

“Hemos estado juntos de 1999 hasta 2003 y siempre fuimos muy expresivos el uno con el otro. Los regalos fueron algo fluido en nuestra relación y cuando rompimos no supimos que hacer con todas esas cosas que en algún momento expresaron nuestro amor”, detalla Olinka mientras comienza a recibir a los primeros visitantes y su mirada, detrás de unos anteojos de marco grueso, pasea por las paredes del recinto con tranquilidad. “Deberíamos abrir un museo, bromeamos. Y luego de tres años, recibí un llamado de Drazen proponiéndome esto”, Olinka rememora. Y sin dudar, dice, aceptó.

Olinka Vistina y Drazen Grubisic, luego de terminar con una relación de cuatro años, decidieron abrir las puertas de sus corazones rotos.

Desde ese llamado, la historia de la pareja, una realizadora audiovisual y un escultor, se ha transformado en algo más que la relación amorosa que mantuvieron en el pasado. Y éste es el espíritu que el Museo de las Relaciones Rotas sostiene desde el primer día, cuando estos dos ex amantes comenzaron a recolectar objetos entre sus amistades y en 2006, más específicamente en la ecléctica gliptoteca de Zagreb, estrenaron su primera muestra lejos de las flechas de Cupido y las celebraciones de San Valentín.

“De allí, al mundo”, remata Olinka, y enseña con orgullo la forma de corazón roto que describen las mesas que se hallan en la planta baja del museo. Las repercusiones que tuvo la idea de estos dos artistas croatas fueron tales que no encontraron otra opción más que hacer de la muestra un movimiento itinerante. Argentina, Bosnia y Herzegovina, Alemania, Sudáfrica, Singapur y Estados Unidos, entre otros países, recibieron con agrado la propuesta de exponer, a través de pequeñas piezas íntimas, las rupturas amorosas.

Entre 2006 y 2010, la exposición fue visitada por más de 200 mil personas y en el camino se han sumado donaciones extrañas, peculiares y macabras. Como el Hacha del ex que hoy está expuesta en una de las paredes del museo y según reza la descripción que la acompaña, fue donada por una mujer despechada en Berlín. Datada del año 1995, esta herramienta que aun conserva en su punta algunos filamentos de madera, es una de las estrellas del recorrido. “Ella la utilizaba para destruir los muebles de su ex cuando él le comunicó que la dejaría por otra mujer”, complementa, entre risas, Olinka. “El hacha fue usada como un instrumento de terapia.”

Todo lo que el amor puede ser

Los tejados naranjas de la zona vieja de Zagreb son confidentes exclusivos de la edad de este barrio: anclado en el siglo pasado, posee una delicadeza estética como pocos lugares en las costas de la ex Yugoslavia. Templos, viviendas y comercios impregnan la zona de carácter. Su arquitectura y sus tradiciones brindan a los turistas fotografías perfectas y ambientes agradables para disfrutar una cerveza o un café. “Sin la comida callejera esta visita sería un error”, afirma Olinka y recomienda degustar sin demora el ćevapi, una conjunción de carne, pan, cebolla y muchas especias. Rechazar esta invitación, realmente, sería un error. Antes de extenderlo, el vendedor lo rocía con una salsa picante que terminará complementando el bocadillo a la perfección. Si estos sabores son la esencia del centro histórico de Croacia, la ciudad podría resumirse en notas de intensidad, simpleza y pasión.

Varios países recibieron con agrado la propuesta de exponer, a través de pequeñas piezas íntimas, las rupturas amorosas.

El edificio del museo no desentona en la fisonomía de un camino de pintorescas construcciones: cercano al patio de un restaurante, el umbral en la calle Ćirilometodska ahora luce poblado de nuevos curiosos. En el itinerario de este experimento cultural hay un punto de quiebre: en mayo de 2011, el Museo de las Relaciones Rotas recibió el premio Kenneth Hudson, entregado por el Foro de Museos Europeos. Según los expertos, el reconocimiento es para “todos aquellos que expongan las más inusuales, controversiales y provocadoras muestras con el objetivo de desafiar al sentido común y a los parámetros artísticos”.

Anaqueles sin fecha de vencimiento: estos llamativos museos se encuentran rebosantes de historias y anécdotas imperdibles.

Anaqueles sin fecha de vencimiento: estos llamativos museos se encuentran rebosantes de historias y anécdotas imperdibles.

Con la flamante condecoración y con un año de vida en lo que es actualmente la locación fija de la llamativa institución, también aparecieron las críticas. En octubre de 2011 un artículo describía a este espacio de 300 metros cuadrados ubicado en el Upper Town de Zagreb como un museo absolutamente deprimente. “No diría que es un lugar deprimente, es un museo dedicado al amor. Existen algunos estados de mente y cuerpo en las rupturas cuando eres realmente perceptivo que traen consigo una nueva perspectiva de la vida. Es poderoso”, cuestiona la artista visual.

En medio del paseo por la extensa colección de sostenes multicolores que decora una de las paredes, Olinka reflexiona. Deja deslizar sus dedos por las etiquetas rosadas que cuelgan de los mismos y reanuda la conversación: “El museo muestra todo lo que el amor puede ser. No es deprimente. Los objetos tristes no siempre son malos, creo que ese es el mensaje que el museo busca transmitir: que existe esperanza y sentido en una vida que continúa luego del amor”.

“Lo único que ha quedado de un gran amor es mi ciudadanía.” El cartel, escrito a mano por una mujer eslovena, reposa debajo de un documento de identidad francés. La travesía por el museo, además de ser bastante extensiva en lo que respecta a la diversidad de los objetos, también deja un mensaje transparente: desde la ruptura se crece. Bolsas de mareo para aviones, botas viejas y osos de felpa son algunas de las donaciones que las personas ceden, en su cruzada por dejar atrás ese afecto extinto, para que formen parte de la colección.

En mayo de 2011, el Museo de las Relaciones Rotas recibió el premio Kenneth Hudson, entregado por el Foro de Museos Europeos.

“Claramente no es un cementerio del amor, como muchos dicen. Es casi todo lo contrario, aquí honramos el pasado y tratamos a estas relaciones como puntos de partida hacia nuevas emociones”, completa la responsable del único museo en Croacia que se encuentra abierto los siete días de la semana. “Este lugar es hermoso, no hay otra galería en el mundo que sea tan fiel con un sentimiento como ésta”, enfatiza Dante, un viajero dedicado a recorrer el mundo. Es bastante alto y cada vez que dedica una sonrisa, su parecido a alguna estrella de Hollywood es rotundo.

Mientras guarda en su ceñido abrigo de cuero un par de gafas oscuras, el joven de 26 años recuerda que la primera vez que visitó una de las colecciones del Museo de las Relaciones Rotas fue en el Festival of Love llevado a cabo en el Southbank Centre de Londres. Dante comenta que allí, a orillas del Támesis, se topó con objetos que sintetizaban el concepto social de la ruptura: “Tranquilamente podrían ser regalos míos para todas las novias que he tenido. Fue algo sorprendente”, detalla. Esta vez, y al pasar por Croacia, decidió visitar el museo. Ahora toma unas fotos que pronto subirá a su blog especializado en arte urbano y sostiene que “sin dudas donaría una vieja camiseta de un conjunto de rock local la próxima vez que esté de paso por Zagreb”.

Las historias alrededor de esta colección de objetos son muchas y la curiosidad que despierta el museo crece a medida que Olinka avanza sobre sus pasos. Reacciona cuando se le pregunta acerca de sus objetos favoritos y del depósito del lugar, un espacio que, según los rumores, alberga unos setecientos u ochocientos objetos sin exponer: “Drazen siempre tiene una frase para esta cuestión. El dice que es como preguntarle a una madre cuál de sus hijos es el predilecto. No puedo elegir uno en particular porque hay muchos que me representan. Cuando sostengo alguno de ellos, siento cierto escalofrío único”.

La visita al depósito donde, es verdad, reposan centenares de objetos que aun no vieron la luz, es como visitar otro museo: Olinka habla sobre un antiguo reloj de pulsera con una nota de puño y letra de un hombre que explica que dejó a su novia por su obsesión con los objetos viejos y unos guantes de portero, fruto de una relación de amor entre dos mujeres fanáticas del balompié.

Con más de mil visitantes por semana, el museo no se detiene. La experiencia de retratar las relaciones rotas implica puro movimiento. “Hay mucho interés en abrir muestras en otras ciudades, incluidas Róterdam, Tel Aviv y muchas más”, indica Olinka y resalta: “Ese es el placer de esta exhibición, no es permanente; cambia todo el tiempo con las vidas de las personas. Tengo el sentimiento que este proyecto tiene vida propia y nosotros simplemente lo seguimos”. Y estas palabras, que parecen disolverse en la inmensidad de una sociedad de corazones heridos, confirman que sí hay amor después del amor.

Corazones rotos al sur de California

Las relaciones no terminan con una ruptura: en estos tiempos modernos los corazones rotos inspiran al arte de vanguardia.

Las relaciones no terminan con una ruptura: en estos tiempos modernos los corazones rotos inspiran al arte de vanguardia.

Gracias al éxito masivo que significó la inauguración del Museo de las Relaciones Rotas en Zagreb, la idea de localizar en tiempo y espacio las rupturas y sus sinsabores, comenzó a expandirse. Y en poco tiempo arribó a Estados Unidos. Más específicamente, allí a donde todos quieren llegar: la ciudad de los sueños. Por eso Hollywood hospeda desde mayo de 2016 una exhibición permanente que según sus responsables “muestra lo que sucede con las relaciones al despertarse de los sueños”.

El sol resplandece afuera y el ritmo, en el centro de Los Angeles, es vertiginoso. No hace tanto calor, claro, como siempre en esta época. Pero los días hermosos nunca faltan y el verde de las colinas resplandece enmarcando una ciudad que está pensada para alojar al arte en su máxima expresión. “Tenemos cerveza fría, como el corazón de tu ex”, manifiesta un cartel a modo de bienvenida. Aquí, el salón tiene las características de un museo como cualquier otro: las paredes blancas y el mobiliario de madera entregan un ambiente sencillo y relajado. Objetos como un teléfono destrozado, un vestido de novia en un frasco o un puñado de dreadlocks ayudan a transformar esta esquina del Hollywood Boulevard en un auténtico relicario del desamor.

Las caminatas se dan sobre las estrellas del Paseo de la Fama, peros dentro de este museo, las visitas se dan sobre corazones rotos. “El propósito, como en cualquier otro museo, es entender. Es una oportunidad para que el visitante entienda sobre la conexión humana y la variedad de experiencias de otros, entender que no están solos ni que son los únicos que han pasado por ello”, explica el fundador de la filial norteamericana de las relaciones rotas, John B. Quinn.

Este reconocido abogado y coleccionista de arte, simple de palabras, alega que abrió el museo en Los Angeles porque “las personas aquí, en general, son más abiertas que en otros lugares para hablar de sí mismas, para revelar y compartir sus cosas. Además, aquí viene gente de todo el mundo para buscar sus sueños, sueños que envuelven relaciones en el trayecto y que a veces funcionan y a veces no”.

Siendo uno de los creadores de la firma Quinn Emanuel Urquhart & Sullivan, John tuvo contacto cercano con el reconocimiento internacional, y hoy con la iniciativa de insertar el concepto del arte a través de las rupturas, las vanguardias lo aclaman: la idea de abrir un sitio así en Estados Unidos nació tras una visita que Quinn realizó junto con su familia a la ciudad de Zagreb. “Pensamos que fue muy conmovedor el ver cómo la gente compartía sus experiencias y apreciar la variedad de relaciones que tiene”, indica John.

Divertido y dinámico, el abogado recuerda cómo fue el chispazo que llevó a muchas personas a donar sus cosas. “La campaña para recolectar los objetos que se exhiben se inició con un simple mensaje en internet: ‘Si alguna vez has tenido el corazón roto, dona aquí’. El efecto fue inmediato: las ofertas llegaron de todas partes, sobre todo de Estados Unidos, pero también del extranjero”, evoca John, que cierra la entrevista con un efusivo apretón de manos. Es un hombre tan atareado como la ciudad que lo hospeda.

Los implantes de una relación perdida

En septiembre pasado, el museo angelino vivió un momento impactante y no necesariamente por lo que exhibía en sus prolijos anaqueles: a principios de mes, el Hollywood Boulevard se vio reducido a la mitad de su circulación habitual y la calle McCadden –lindera a las inmediaciones del edificio– cortada por la policía. Un automóvil se estrelló contra la fachada del museo, atropellando a dos peatones previamente.

En el Museo de las Relaciones Rotas, como diría Elvis, hay lugar para todos, siempre.

Las pasiones nunca envejecen y los recuerdos sobreviven dentro de las galerías.

Las pasiones nunca envejecen y los recuerdos sobreviven dentro de las galerías.

“Las autoridades nos han informado que la mujer estaba conduciendo bajo las influencias de alguna sustancia”, alude Alexis Hyde cuando halla un momento libre para recorrer los pasillos rebosantes de elementos bizarros. “Intoxicada o no, aquel día causó más revuelo que la colección de nuestro museo”, dispara con una sonrisa. El cabello corto de Alexis y su vestimenta negra la acercan más al imaginario de una rock star que a la figura de una curadora.

“Las relaciones románticas son probablemente lo primero que viene a la cabeza, pero aquí cabe todo: relaciones de pareja, de amistad, trabajo, familia, con la religión, con un lugar o con el alcohol y las drogas, por ejemplo”, indica Alexis, la directora del museo desde su inauguración. Al instante, agrega: “Aunque no estés atravesando una situación de ruptura, seguro que conoces a alguien que lo está o tienes algo con lo que te quedaste y que ya no lo quieres más”.

Y la variedad de los objetos en la versión estadounidense del Museo de las Relaciones Rotas es impresionante: desde piezas cotidianas como un dentífrico gastado, un cepillo con restos de cabello o prendas de ropa, hasta algo tan inesperado como dos implantes mamarios de silicona. Alexis ríe cuando llega hasta las dos prótesis de goma que se encuentran detrás de un vidrio como si fueran piedras preciosas o la corona de una reina. Dando pequeños golpes en el cristal con los índices recuerda que la mujer que los donó quiso desprenderse de todo aquello que le remitiese a su ex. El tamborileo de sus dedos, la expresión jocosa en su cara y las miradas de asombro de los visitantes confirman que en el Museo de las Relaciones Rotas, como diría Elvis, hay lugar para todos, siempre.


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