MYANMAR: DESCONOCIDA Y EXOTICA

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Myanmar se ha transformado en el destino turístico de moda del sudeste asiático. Los centenarios templos de Bagan, el exuberante lago Inle o la figura de la Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi son algunos de los atractivos que han transformado a la antigua Birmania en una atrayente travesía turística. Un territorio imperturbable y casi desconocido se nos ofrece como un viaje único y maravilloso.

Texto: Jorge Saldaña / Fotos: Saw Nweh / San Zin Aung / Bert Ko Kyaw / Pai Win / Naing Lin Oo / David Zaw / Yan Soe

un paraiso

Maravillas. Myanmar es un destino culturalmente particular, con su budismo omnipresente y la amabilidad extrema de su gente.

Situada en el sudeste de Asia, la antigua Birmania limita con países como China, India, Tailandia, Bangladesh y Laos. Myanmar es un país muy étnico con una enorme cultura real. El gran patrimonio de este país son sus templos y pagodas. Sólo hay que darse un pequeño paseo por Rangún, la vieja capital, para descubrir muchísimas de ellas, todas de gran belleza.
Con cerca de 60 millones de habitantes y un tercio de la población por debajo del umbral de la pobreza, Myanmar es un país eminentemente agrícola, rico en recursos minerales como gas, cobre y piedras preciosas, pero que carece de cualquier tipo de industria elaborada. Esta falta de desarrollo concede a los paisajes un halo de autenticidad, una sensación de misterio por desentrañar que todavía irradia la vieja Birmania y que se convierte en uno de sus principales encantos.
En la actualidad Myanmar es uno de los destinos turísticos más exóticos y desconocidos del mundo. Un itinerario clásico debe incluir, al menos, las cuatro ciudades más interesantes: Bagan, Amarapura, Mandalay y Rangún. Tras décadas de aislamiento internacional a causa del autoritario régimen impuesto por las distintas juntas militares que rigieron el país desde 1962 hasta 2011, las previsiones más optimistas calculan llegar a los 7,5 millones de turistas en 2020, un avance notable comparado con el millón de visitantes registrado en 2012. Este incremento del turismo permitiría a su vez aumentar los ingresos hasta los 10 mil millones de dólares, un capital económico muy deseado para uno de los países más pobres del sudeste asiático. Desde 2006 su capital es Naipyidó. Hoy en día Myanmar es, también, un destino de moda porque anteriormente no se permitían las visitas de extranjeros.

Rangún. La capital hasta 2006 es una ciudad pintoresca y caótica, que combina la modernidad con el estilo clásico inglés. Su vida urbana es muy atractiva por su cosmopolitismo y riqueza étnica. Callejear por el centro permite visitar muchos monumentos budistas, como el templo Suye Paya o el sugerente Chauk Htat Gyi, en el que se encuentra la célebre imagen del Buda reclinado, de 65 metros de longitud. El trasiego de los monjes budistas alrededor de la icónica pagoda dorada de Shwedagon, de casi cien metros de altura y referencia central de Rangún, es otra de las escenas más ensalzadas por los viajeros. Fue construida en el siglo VI y alberga en su interior las reliquias de los cuatro últimos Budas. Para los budistas es el lugar más sagrado. Resulta curioso que para ellos la verdadera identidad sexual de Buda es todavía un misterio. De hecho, algunas de sus monumentales figuras lo muestran con rostro afeminado. No dejar de recorrer el célebre mercado Bogyoke Aung San, un paraíso de dos mil tiendas para los buscadores de gangas. También llaman la atención el Memorial de Guerra, el Parque Nacional Hlawga, la Catedral de Santa María y el Museo Nacional de Myanmar.

Política y turismo. La liberación de la Premio Nobel de la Paz y opositora del régimen birmano, Aung San Suu Kyi, en 2010, y la disolución de la última junta militar al año siguiente, fueron el detonante del interés turístico renovado por un país que ha vivido virtualmente aislado durante cerca de medio siglo. Desde entonces, las reformas aplicadas por un gobierno civil comandado por el presidente, Thein Sein, primer ministro en el régimen anterior, han remodelado no sólo el paisaje político, sino también el económico y social.

para los sentidos

Sitios naturales. A partir de su nuevo escenario político, muchos más viajeros pueden disfrutar de este espectacular país.

Bagan. Es el centro espiritual birmano. Bagan, una ciudad casi fantasmagórica, fue arrasada por el ejército de Kublai Khan en el siglo XIII. Aquí no vive nadie, pero se conservan tesoros como el Gran Templo de Ananda. Miles de antiguas estupas y templos en esta zona han hecho de Bagan uno de los sitios arqueológicos más importante de Asia. La visita comienza con la pagoda Shwezigon y su magnífica estupa dorada. Después viene el cercano Wetkyi-In Gubyaukgyi, un templo cueva con exquisitas pinturas murales jatakas y el elegante templo Htilominlo –notorio por sus delicadas esculturas de yeso y sus decoraciones areniscas. Es ideal acabar la jornada con un paseo en carruaje tirado por caballo en medio de los templos: se da inicio por Ananda y se pasa por Thatbyinnyu, el templo más alto de Bagan, el macizo templo Dhammayangyi y Sulamani.

Lago Inle. De agua dulce, está ubicado en el municipio de Taunggyi Nyaungshwe, que a su vez forma parte del distrito del estado de Shan, en la región de las montañas del mismo nombre, siendo el segundo más grande de todo el país, con una superficie que se estima alrededor de los 16 kilómetros cuadrados. Asimismo, es una de las formaciones de este tipo con mayor cantidad de especies endémicas, más de 20 según los especialistas, muchas de las cuales incluso no se pueden encontrar en otras partes del mundo. El Inle es hogar desde hace siete siglos de los intha, una minoría deportada hacia esa zona en el siglo XII, y a la que no le quedó más que poblar el lago en sí mismo, pues las tierras de los alrededores estaban ocupadas en su totalidad. A consecuencia de eso, desarrollaron un particular modo de vida que hoy en día constituye el principal atractivo para los visitantes. Los intha viven en pueblos construidos sobre pilotes, tienen cultivos flotantes y pescan de una manera única en el mundo: con lanzas y trampas de bambú, mientras, parados en la popa del bote, manejan el remo con uno de los pies.

Mandalay. Es la segunda ciudad en importancia de Myanmar. Mandalay fue la última capital del país que cayó en manos de los británicos y por esa razón sigue teniendo una gran importancia como sitio cultural y religioso del budismo. Reseca y polvorienta durante la temporada de calor, es una extensa urbe que sigue un trazado extremadamente recto en forma de rejilla. Entre los monumentos de visita obligada se halla la pagoda Mahamuni, reconstruida a finales del siglo XIX tras un incendio. Es la que concentra más fieles en la ciudad. Tampoco debe perderse las pagodas vecinas de Kuthodaw y Kyauktawgyi. El monasterio de Shwemawdaw presenta una admirable arquitectura, inspirada en los palacios reales. De todos los mercados que posee, el más recomendable es el mercado de la Torre del Reloj (Clock Tower), lleno de puestos de todas clases y un colorido único. La Colina de Mandalay ofrece una puesta de sol inolvidable con impresionantes vistas de la ciudad.

Playas. Myanmar tiene 2 mil kilómetros de costas y algunas de las mejores playas de Asia. Muchas de las de la bahía de Bengala y del mar de Andamán aún no han sido descubiertas por los turistas y el desarrollo no las ha arruinado. Muchas están orientadas hacia el oeste, así que se producen grandiosas puestas de sol. La más popular es Ngapali, a 45 minutos de Rangún en avión. Los casi tres kilómetros de arena blanca están bordeados por palmeras que miran al mar de Andamán. Ngwe Saung está menos desarrollada: es una playa bellamente conservada –y una de las más largas de Asia, con 13 kilómetros de longitud– que se encuentra a cinco horas en auto desde Rangún.

Longy. La prenda birmana tradicional es el longy: una falda envolvente que usan tanto hombres como mujeres. Los hombres atan la suya al frente y las mujeres al costado. La líder de la Liga Nacional para la Democracia (NLD), Aung San Suu Kyi, es célebre por sus hermosos longys y blusas a la medida. En cuanto a la ropa interior, es cuestión de gusto personal. En las ciudades, los birmanos suelen utilizar ropa interior debajo de sus longys, aunque en casa la usan al igual que los escoceses con sus kilts. Para un extranjero es completamente aceptable utilizar un longy y puede ser una buena forma de iniciar una conversación.

Yangon

Los birmanos toman muy en serio el Año Nuevo, Thingyan (Festival del Agua), que se celebra en la segunda semana de abril.

Año Nuevo. Thingyan significa en el idioma birmano “pasar de un año a otro”. Es, de hecho, la fiesta del Año Nuevo en Myanmar, que cae siempre en la segunda semana de abril. Se celebra en todo el país, aunque con modalidades diferentes, desde hace 500 años, y es la principal fecha del año. El evento se denomina también Festival del Agua porque se celebra arrojándose agua de todas las formas posibles, mientras se recitan oraciones y se purifican simbólicamente los espíritus de los pecados del año anterior. Algunos también compran peces para dejarlos libres en ríos o lagos. El último día del festival es el primero del Año Nuevo, y es una tradición visitar a los mayores, llevándoles tazas de agua y champú para lavarles el cabello.

Sabores. Una típica comida birmana incluye arroz al vapor, pescado, carne, vegetales y sopa y todos los platillos llegan al mismo tiempo. Los budistas usualmente evitan comer carne de res y los musulmanes no comen cerdo. No perderse de probar lethok son (ensalada picante), la mohinga (sopa de pescado con tallarines) y el oh-no khauk swe (arroz, pollo y agua de coco). El té se bebe con especias que le dan un color rojo brillante. Además, mascar nuez de betel es un pasatiempo nacional. Por todas partes hay pequeños puestos donde venden las hojas verdes del tamaño de la palma de la mano.


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