NARCOCORRIDOS MEXICANOS: LA CEREMONIA DE LOS MUERTOS

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La crónica negra dice que Jorge Antonio Sepúlveda Armenta, conocido como el Koquillo de Sinaloa, y Jesús Rey David Alfaro Pulido, alias el Gallito, son los cantantes de música norteña mexicana asesinados en 2008. Pero sus nombres se suman a una larga lista que tiene al Gallo de Oro, Valentín Elizalde, en el centro de una complicada trama de narcotráfico y música, con comandos de sicarios que riegan de balas la región. Ya en diciembre, Sergio Gómez, del grupo K-Paz de la Sierra, y la cantante Zayda, habían puesto de luto a la escena. ¿Quién está detrás de la muerte de los cantantes y hasta cuándo continuarán?

Texto: Javier Sinay / Fotos: AP / AFP

Adónde te irás volando por esos cielos/ brasita negra que lustra la claridad?”, canta el mariachi en la iglesia de San Pío V, y la gente llora mientras deposita flores y lágrimas al paso del féretro, en un día frío de llovizna insistente. Dentro del cajón, tortura y tatuajes mediante, el cuerpo de Sergio Gómez busca su último descanso. Es martes 11 de diciembre y hace ocho días su cadáver fue encontrado desfigurado con quemaduras y cortes, al costado de un camino rural en Michoacán, sobre la costa mexicana del Pacífico. Había sido secuestrado antes del show en el que iba a presentar su nuevo disco, Capaz de todo por ti. Cuando apareció, al poco tiempo, sólo pudo ser reconocido gracias al tatuaje de una pantera negra que muestra sus garras, amenaza de tinta negra en su brazo izquierdo. Este es el último de cinco homenajes que recibe Gómez en el vecindario azteca de Pilsen, en Chicago, donde vivió y comenzó a forjar al grupo K-Paz de la Sierra, máximo exponente del pasito duranguense, un género que se desprende de la música norteña. Como el Gallo de Oro Valentín Elizalde, como Zayda la Dama del Sentimiento, como Jorge Antonio Sepúlveda Armenta, el Koquillo de Sinaloa, y como Jesús Rey David Alfaro Pulido, el Gallito de Tijuana; Sergio Gómez ahora es otro de los cantantes de música norteña asesinados aparentemente por la mafia narco, en crímenes que tienen por denominador común la brutalidad y el misterio. Y ahora sigue el mariachi: “Vuela, vuela, vuela, golondrina/ Vuelve del más allá/ Vuelve desde el fondo de la vida/ Sobre la luz, cruzando el mar…/ ¡Cruzando el mar!”. El ataúd ya está colocado al frente del altar. Muy cerca se ubican su padre, Baldomero Gómez (que desea una calle de Chicago con el nombre de su hijo, como ya se rumorea del otro lado de la frontera, en Ciudad Hidalgo); sus hijos (Edith, de 17 años, Naveli, de 12, y Pablo Sergio, de 10; todos estarían beneficiados con un testamento que dejó Sergio Gómez y que administra su abogado, el Dr. Manrique Moreno); Javier Rivera (representante de K-Paz de la Sierra, que ya pone en marcha el lanzamiento del tributo Querido amigo); José Luis Terrazas (vocalista del grupo Montéz de Durango, que opina que esta muerte debe servir para unir más a los grupos musicales); y Rafael Pulio, alias El Pistolero (locutor de radio, dice que al menos Sergio cumplió su sueño de dejar huella en la música). Un poco más atrás, los integrantes que quedan del grupo K-Paz murmuran algo entre sí. Hace unos minutos interpretaron un popurrí, y luego le dejaron el escenario a Diana Reyes, que cantó para Sergio “Amor eterno”. El Padre Brendan Curran, un irlandés que aprendió a digerir el picante cotidiano, ofició misa. Antes de sacar de la iglesia el féretro, pide a los presentes una última oración por el descanso eterno del ídolo del pasito. La salida se hace lenta, tediosa, con un embudo de caras tristes. Sergio Gómez emprende su último viaje, rumbo al cementerio de West Ridge Park en Indianápolis, donde es sepultado.

K PAZ DE LA SIERRA

Narcocorridos.

FICCION. Si quieres ser un cantante de música regional mexicana, ésta es la regla fundamental que tienes que memorizar: aquí, los cantantes entonan, cuentan algunos billetes y luego mueren a plomo. El narcocorrido, el pasito duranguense y la música grupera son las tres ramas principales del género. La violencia, el miedo y el dinero sucio, algunas otras. El cuadro se completa con un elemento más: la venganza. En un México con regiones enteras dedicadas de una u otra forma al tráfico de drogas, no es de extrañar el fenómeno de las odas a los narcos. Y los cantantes, comprometidos en mil y un asuntos non-sanctos, terminan pagando con su vida. Las investigaciones, sin embargo, no logran llegar al fondo del asunto ni develar las causas particulares de estos crímenes. Lo que no explican los comunicados policiales lo explica la ficción. El escritor mexicano Yuri Herrera recrea, en su novela Trabajos del reino (Periférica. Cáceres, 2008), este oscuro mundo, un show business donde los secuestros y los sicarios reemplazan a las portadas y a los paparazzi; y donde los autógrafos se firman con sangre. Nacido en Actopán (México) en 1970, Herrera sigue los pasos de Lobo, un compositor de corridos al servicio de un narco, y se interesa especialmente en la relación entre el poder y el arte. La novela de Herrera no es la única historia que en 2008 surge de este universo: el director azteca Francisco Joel Mendoza prepara un film sobre Sergio Gómez, El grupero. La muerte de un cantante. En una primera instancia, se iba a tratar de la historia de K-Paz de la Sierra, e iba a llevar el título de Volveré. Pero el cantante murió antes de que el guión recibiera su punto final, y obligó a un giro de 180 grados. “Ahora la idea es rendirle un homenaje a Sergio y darle algo a sus seguidores para que lo recuerden. No lo veo por el lado económico”, dijo el realizador, que viene de estrenar Patrulla 81. Y admitió que tiene miedo: “Temo por los actores, por la gente que me acompaña. Pero no estamos haciendo nada malo. Esto es entretenimiento”. Y, por las dudas, aclaró: “La idea no es afectar a terceras personas. No lo hago para que la gente ate cabos. Diremos lo que todo mundo sabe; no más”. ¿Tiene gusto a poco? Es que así se habla aquí. Se miden las palabras, se admiten los silencios. Y, si hace falta probar cuán seria es la cuestión, sólo hay que darse un paseo por la crónica negra de los diarios de diciembre. Allí aparece, una y mil veces, el resonante nombre de Zayda.

Como el Gallo de Oro Valentín Elizalde, como Zayda la Dama del Sentimiento, como Jorge Antonio Sepúlveda Armenta, el Koquillo de Sinaloa, y como Jesús Rey David Alfaro Pulido, el Gallito de Tijuana; Sergio Gómez ahora es otro de los cantantes de música norteña mexicana asesinados aparentemente por la mafi a de los narcos, en crímenes que tienen por denominador común la brutalidad y el misterio.

Valentin Elizalde

Valentín Elizalde, el “Gallo de Oro”, uno de los mayores exponentes de la música grupera fue el primero de una serie de músicos asesinados presumiblemente por los narcos. Infinidad de versiones intentan explicar un hecho policial que ya tomó proporciones míticas.

NO FICCION. Zayda Peña Arjona, del grupo Zayda y los Culpables, murió el sábado 1º de diciembre de 2007, a los 28 años, en la sala de terapia intensiva del Hospital General Alfredo Pumarejo, en la ciudad de Matamoros. Había llegado con un tiro en la espalda, de salida en el cuello. Pero de nada le sirvió un diagnóstico alentador: a las tres de la mañana, un sicario logró llegar a la sala y la ejecutó. Esta es la lista de hits que Zayda ya no volverá a cantar: “Amor ilegal”, “Narco”, “Lo quiero a morir” y “Tiro de gracia”. La tragedia de Zayda se inició pocas horas antes de llegar al hospital, en un motel llamado Mónaco, que fue escenario de un baño de sangre. Allí, un hombre no identificado llega hasta la habitación 11 y fuerza la puerta, buscándola. Lejos, los empleados sólo se enteran cuando comienzan a sonar las detonaciones. Uno de ellos, el más rápido, llega primero y se cruza en la línea de fuego, muere. También muere la amiga que estaba con Zayda en la habitación, sin siquiera poder levantarse de la cama para buscar refugio a la balacera. Pero la cantante sobrevive. Y el asesino, que tiene que huir, no se perdona el error. Meticuloso, se inmiscuye en el hospital de noche, aprovechando que el sereno duerme y las enfermeras toman café. La busca y la encuentra, débil, entubada y dormida. Carga su arma de nuevo. Y con dos balas corrige el desliz. Desde Brownsville, Texas, del otro lado de la frontera, el Sheriff del Condado de Cameron indicó que colaboraría en la investigación, ante la presunción de que el culpable pudiera haber cruzado la frontera. Muy cerca de Matamoros fue hallado un Dodge Intrepid con placa de Texas, con una pistola 9 milímetros en su interior. Creen que fue la que se usó para matar a Zayda. Hay dos hipótesis: una apunta a relaciones con el narcotráfico; la otra, a una venganza pasional. Especulan con que Zayda estaba en el motel con su nueva novia, cuando las encontró el ex y, en ataque de celos, empezó a los tiros. La hipótesis surge de las sospechas que imponen las circunstancias de muerte de Ana Bertha González, la amiga de Zayda, desnuda en la cama al recibir los impactos. Muerta Zayda, sus discos se agotaron en Matamoros. Y hasta se dice que los empleados del motel piden 20 mil pesos mexicanos (unos 1.840 dólares) para abrir las puertas de la trágica habitación 11, y mostrarle a la prensa los pisos de cerámico torpemente limpiados, aún manchados con sangre.

K- PAZ

Días de gloria. La banda K-Paz de la Sierra, con Sergio Gómez a la cabeza, posa durante una conferencia de prensa en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México. Corría agosto de 2007 y antes que terminara el año Gómez moriría asesinado. Todavía sus fieles lo lloran.

CONEXION 2008. México no terminaba el duelo de diciembre por las muertes de Sergio Gómez y de Zayda, cuando un nuevo cantante grupero fue encontrado asesinado. El lunes 14 de enero de este año, le tocó a Jorge Antonio Sepúlveda Armenta, el Koquillo de Sinaloa. Con 20 años, su obra era incipiente. Sin embargo, sus asesinos no tuvieron compasión: le dedicaron doce balazos a él y tres a su hermano Oscar Raúl, que sobrevivió. Además, prendieron fuego al vehículo en el que viajaban. Todo, a cincuenta metros de una carretera vieja, con tierra y pozos, que conduce a El Burrión, en el municipio de Guasave. Siete casquillos percutidos calibre 9 milímetros y dieciséis de fusil AR-15 fueron encontrados en el pastizal. La Policía, esta vez, detuvo rápidamente a los sospechosos: tres sicarios, cuyos nombres llevan las iniciales de R.S.M., G.A.S. y M.C.G. Entre los puntos principales de la investigación se menciona una riña a las 23 horas, y las conexiones del cantante con Valentín Elizalde, el Gallo de Oro, otro intérprete muerto en noviembre de 2006 a manos de la mafi a. Hasta ahora, Jesús Rey David Alfaro Pulido, el Gallito, es el último cantante muerto (fue asesinado en febrero, aparentemente el 12). El crimen salpicó también a dos de los suyos. Al Gallito, que no había editado ningún disco, le metieron tres balas en la cabeza; y a su manager, Israel Torres, le cortaron los dedos, lo estrangularon y lo dejaron atado de pies y manos junto a una vía. Su asistente también fue ejecutado. Sin embargo, su hermano, David Pulido, exigió que no se vincule su muerte con el narcotráfico. Dijo que no le interesa saber quién lo mató, para “dejar las cosas como están”. ¿Que de dónde viene el mote de Gallito? Se lo ganó cantando canciones del Gallo de Oro. Sí, todos los caminos conducen a Elizalde… Acaso, la muerte clave que anuda estas tragedias.

Si quieres ser un cantante de música regional mexicana, ésta es la regla fundamental que tienes que memorizar: aquí, los cantantes entonan, cuentan algunos billetes y luego mueren a plomo. El narcocorrido, el pasito duranguense y la música grupera son las tres ramas principales del género. La violencia, el miedo y el dinero sucio, algunas otras. El cuadro se completa con un elemento más: la venganza.

SANCHEZ

En una iglesia californiana homenajean a Adán Sánchez, una joven promesa que falleció en 2004 a los 19 años en un accidente automovilístico en Sinaloa, México. Un caso de un músico que muere joven sin que el cartel de esa ciudad haya extendido su larga mano.

EL GALLO CANTA HASTA MORIR. La muerte de Valentín Elizalde, ocurrida la madrugada del 25 de noviembre de 2006, lleva el dudoso honor de haber sido la más espectacular: el cantante, su chofer y su manager fueron acribillados dentro de una camioneta negra Suburban por las metralletas de tres sicarios que los emboscaron en el estacionamiento de un palenque en Reynosa (Tamaulipas), y los ultimaron delante de cientos de fans que esperaban por un autógrafo. Luego, completaron la sangrienta faena con remates a distancia corta. Tres meses antes del crimen, un video había comenzado a circular en internet, en el popular sitio YouTube, con fotos de ejecuciones y de supuestos integrantes del Cártel del Golfo y su comando de sicarios, los Zetas. La imagen final era del líder del Cártel de Sinaloa, con un bebé en un brazo y un rifle en el otro. Y todo, al ritmo de “A mis enemigos”, del Gallo de Oro. El video fue colocado en la web por supuestos integrantes o simpatizantes del Cártel de Sinaloa, en afrenta a sus rivales del Cártel del Golfo. Siguiendo esta hipótesis, los Zetas asesinaron a Elizalde en respuesta. Un nuevo video subió online luego del crimen: el cadáver, desnudo y sangrante, fue filmado con un teléfono móvil por los empleados de la funeraria. Un año y medio después de esa muerte, en el peligroso oficio de cantar canciones populares norteñas, las historias de tiroteos, las aventuras del tráfico ilegal y los crímenes por encargo ya dejaron de ser elementos de la fantasía compositiva, para ser parte de la rutina. Así las cosas, la muerte es un gaje más del oficio.


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