NATIONAL GALLERY DE LONDRES: FORTALEZA DEL ARTE

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Fundado sobre la colección privada de un magnate ruso, la National Gallery de Londres es un orgullo para los ingleses. Reúne a una de las mayores colecciones de arte de los Países Bajos e Italia. Resistió los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, cuando debió guardar los cuadros en cuevas. Hoy conserva su protagonismo y su vigencia como uno de los museos más importantes de Europa.

Texto: Camilo Abrantes / Fotos: Cortesía National Gallery

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Un ángel esculpido por Tino di Camaino en 1320.

Qué mejor lugar que el Trafalgar Square, plaza que recuerda la victoria de la armada inglesa sobre las tropas napoleónicas, para exhibir el poderío, la riqueza y la tradición cultural de Gran Bretaña. Mucho tiempo ha transcurrido para que la colección de la Galería Nacional de Londres sea reconocida en el mundo entero por poseer más de 2.300 pinturas europeas desde 1290 hasta 1900, que permiten admirar la evolución de los diferentes períodos desde el comienzo del Renacimiento hasta el Posimpresionismo. Su origen se remonta a la vocación artística de John Julius Argenstein, poderoso banquero y exquisito mecenas, nacido en San Peterburgo, supuesto hijo ilegítimo de la casa reinante en Rusia, según un mito popular de la época que nadie pudo confirmar. Un año después de su muerte, en 1824, la Casa de los Comunes ordenó el pago de 54.000 libras esterlinas a su familia para nacionalizar la colección que reunía a obras de renombrados artistas que habían fascinado a las cortes europeas en los últimos siglos. En un principio, el museo funcionó en la misma casa del ex chairman del Lloyd’s Bank despertando numerosas críticas en la prensa, que comparaba a ese edificio con los museos de las naciones rivales, y también grandes debates en los círculos intelectuales que lo consideraban inadecuado para la correcta conservación del patrimonio. El gobierno escuchó las voces disonantes y destinó fondos especiales para ampliar la colección real y acondicionar un edificio acorde con la categoría de los tesoros albergados. De ese modo, en 1838 se construyó el actual edificio, capaz de abrigar a toda la colección. Diseñado por William Wilkins con un estilo neoclásico y una lógica racionalista adecuada para cumplir plenamente sus funciones expositivas, la National Gallery de Londres posee una soberbia y majestuosa fachada de 150 metros. Uno de sus primeros visitantes ilustres fue la –recién coronada– reina Victoria, generosa al momento de destinar fondos para las artes.

Orgullo británico

El Puente Japones

El Puente Japonés, obra en óleo de Claude Monet.

Las sucesivas adquisiciones a lo largo de más de cien años demostraron la necesidad de ampliar sus salas. La primera reforma se realizó en 1975 y la última en 1991, en la cual se preparó el ala Sainsbury para exhibir exclusivamente la colección de pintores del Renacimiento. Desde la gestión de su primer director, sir Charles Eastlake, la galería se dedicó a recolectar obras italianas hasta conformar la mayor colección de esta categoría fuera de la península mediterránea. En sus salas se encuentran obras de los principales maestros del Renacimiento. Entre ellos se destaca Venus y Marte, de Botticelli, el Retrato del Papa Julius II y la Madonna de las Rosas, de Rafael, y la Madonna de Manchester, de Michelangelo. También se puede admirar el controvertido cuadro de Leonardo da Vinci, La Virgen de las Rocas, que había sido robado en Florencia durante las guerras napoleónicas. La disputa surge porque el Museo del Louvre posee una obra similar, sólo diferenciada por la utilización de los claroscuros, y tanto franceses como ingleses dicen poseer “la auténtica Virgen”.

La silla de Van Gogh

La Silla expresa el carácter tortuoso de Van Gogh.

De la escuela barroca encontramos a Caravaggio, dueño de un volcánico carácter, según las descripciones de su contemporáneo. Sus obras se destacan por un uso magistral de las técnicas de claroscuro que otorgan dramatismo y teatralidad, como puede observarse en Salomé con la cabeza de Juan el Bautista, o en La cena de Emaus, donde se percibe el delicado trabajo gestual de sus personajes. Expuestas por orden cronológico y abarcando todos los períodos, la colección de pinturas de los Países Bajos –contó con el apoyo de la reina Victoria, quien donó gran parte de su colección personal– merece especial atención por su minuciosa búsqueda de la perfección realista. Al iniciar el recorrido se encuentra el retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa, del artista flamenco Jan van Eyck, nacido en 1385 y considerado uno de los últimos grandes maestros de la Edad Media. Luego sobresalen las obras de sir Anthony van Dyck, quien estudió en Italia, pero se radicó en Londres en 1632 para retratar a las principales personalidades de la corte de la mano del rey Carlos I de Inglaterra. A su muerte en 1641, marcado por la tristeza, el monarca le erigió un monumento en la iglesia de St. Paul. De la Edad de Oro de Holanda puede apreciarse El Banquete de Belshazzar, basado en el relato del Antiguo Testamento, de Rembrandt, que generó una escuela propia y dominó toda una época. Por último, pueden admirarse pinturas de Vincent van Gogh, cuya vida artística no comenzó hasta 1880, a la edad de 27 años, y debió sufrir los embates de enfermedades mentales. Produjo más de 2.000 trabajos pero en la National Gallery encontrará sus pinturas más emblemáticas: Los Girasoles y La Silla.

LOS 400 AÑOS DE REMBRANDT

Anatomy Lesson of Dr Tulp

La lección de anatomía consagró a Rembrandt.

Con motivo de los 400 años del natalicio de Rembrandt Harmenszoon van Rijn, la National Gallery presentará del 27 de junio al 16 de septiembre una retrospectiva dedicada al arte de la Edad de Oro de Holanda, que corresponde al siglo XVII, época en la cual su comercio, cultura, ciencia e influencia política lograron el punto máximo. La exposición será integrada por sesenta pinturas de entre 1599 y 1663, período dominado por Rembrandt (1606-1669) de quien podrán encontrarse nueve obras. Entre ellos, La lección de anatomía (1632), retrato colectivo pintado por encargo del gremio de cirujanos para conmemorar la lección pública que impartió su primer anatomista, el doctor Nicolaes Pieterszoon Tulp, sobre el cuerpo de un ajusticiado. Este impresionante lienzo lo consagró como el pintor más importante de su momento.

Tiempos violentos

Salas del museo de Londres

Las salas de esta galería albergan a 2.300 pinturas.

En 1917, la Gallery recibió donaciones del coleccionista irlandés y amante del impresionismo galo sir Hugh Lane, que incluía una gran cantidad de pinturas francesas del siglo XIX y ciertas destacadas obras de Manet (La Musique aux Tuileries) y Renoir (Les Parapluies). Las obras no fueron del agrado de las autoridades del museo, que hasta entonces no habían dado muestras de reconocimiento hacia el arte de Francia. La polémica despertada por Lane lograría que la institución viera con mejores ojos las escuelas pictóricas de la otra orilla del Canal de la Mancha. Durante la década del 30 se realizó una de las adquisiciones más importantes de los últimos tiempos: el Retrato de Madame Moitessier, unas de las últimas obras maestras del francés Ingres. En agosto de 1939, la Galería Nacional cerró sus puertas por primera y única vez debiendo evacuar la colección ante la inminente declaración de la Segunda Guerra Mundial. Un plan estratégico se había diseñado para evitar que el patrimonio fuera destruido por los bombardeos o robado en caso de una invasión. Las obras fueron trasladadas a edificios públicos y casas particulares de Gales y el condado de Gloucestershire, en el sudeste de Inglaterra. Sin embargo en 1940, tras la caída de Francia en manos del enemigo alemán, Gales también corría peligro de ser bombardeada. Por lo cual se pensó que la colección debía ser traslada a Canadá. El tema era un secreto de estado. El mismo Winston Churchill envió un telegrama ordenando que los cuadros “se oculten en sótanos o en cuevas, pero que ninguno salga de esta isla”. Así, un patrimonio de valor incalculable fue escondido en un oscuro túnel de una mina perdida en las montañas galesas. Las previsiones no habían sido en vano. En octubre y noviembre de 1940, varias bombas cayeron en Trafalgar Square causando cuantiosos daños en la estructura del monumental edificio. Ya en 1941, los intelectuales británicos propusieron la exhibición pública de un cuadro por mes como una estrategia para mantener en alto la estima popular y continuar con la misión de todo museo: la difusión de la cultura a las nuevas generaciones.

Infanta Maria Teresa in Pink, 1638.

Diego Velázquez retrató a la Infanta María Teresa en 1652.

Tras la guerra y con el mapa de la vieja Europa ordenado bajo nuevas relaciones de poder, la Nacional Gallery sumó destacados trabajos de Cézanne y Monet, configurando una colección de importancia y magnitud dedicada a mostrar la vitalidad y poderío del arte francés que –curiosamente– se puede apreciar en el centro del Square construido para celebrar la victoria sobre Napoleón.


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