NICOLAS CAGE: HOLLYWOOD NUNCA SUPO SI YO ERA UN ACTOR O UN LOCO

0

A pesar de sus varios matrimonios y divorcios resonantes, Nicolas Cage es un actor que prefiere mantener un perfil bajo. Protagonista de tres estrenos casi simultáneos, Ant Bully, The wicker man y la superproducción dirigida por Oliver Stone, World Trade Center, Cage reconoce que este último film le sirvió para conocerse a sí mismo, a la vez que le permitió interactuar con “verdaderos héroes”. Reconocido por sus pares y la crítica como uno de los grandes actores de Hollywood, Cage –nombre de un superhéroe de comic– siempre cultivó una imagen ligeramente excéntrica. Hoy, pasados los 40 años, se muestra sereno, reconoce la importancia de los fanáticos en su carrera y recuerda sus inicios, cuando pensaba que un buen guión podía cambiar al mundo.

Texto: Megan Medrano / Luciana de Luca – Fotos: AP / AFP

Nicolas Cage

Para Nicolas Cage, ser actor es como ser un criminal: hay que romper reglas para conseguir algo nuevo.

David Lynch, que lo dirigió en la extraña Wild at heart (1990), se refirió a él como “un músico de jazz de la actuación”. Aludía a esa desconcertante capacidad de improvisación, ese uso instintivo de los ritmos del bebop (esos que utilizaban los beatniks en sus escritos) para subir y bajar las intensidades expresivas de sus interpretaciones. Esa habilidad feroz para ser sombrío, torpe, dramático y ligeramente excéntrico de un minuto a otro. Como un pase de magia, o un dado girando –¿en qué rostro finalmente se detendrá? – sobre un tapete. “Para ser un buen actor tienes que ser algo parecido a un criminal, estar dispuesto a romper las reglas para conseguir algo nuevo”. Para Nicolas Cage hay una línea muy delgada entre el método actoral y la esquizofrenia. Y lo sabe porque siempre se ha sentido observado así, extraño, como a alguien siempre al borde. “Hollywod nunca supo si yo era un actor o un loco o los personajes delirantes que interpretaba. Yo siempre mostré una imagen un poco inusual, diferente. Salvaje”. Ahora, cara a cara, Cage –cuyo apellido real es Cóppola, el mismo de su tío Francis Ford, pero que decidió cambiar para caminar libre y sin prejuicios por las tierras del casting permanente– luce más como una buena persona, un hombre común que sonríe poco y se las arregla para derrochar carisma en la primera oportunidad. Llega a la entrevista solo. No hay guardaespaldas enormes a la vista, ni una limusina infinita estacionada en la puerta; apenas un reloj de diamantes en la muñeca izquierda es un inequívoco signo de que se trata de una estrella del cine. Está atravesando uno de los momentos más atareados de su carrera. En poco tiempo estrenó, en los Estados Unidos, tres películas en las que interpreta roles completamente diferentes. La cinta infantil Ant Bully (en la que hace la voz del personaje Zoc); el thriller The wicker man (trata el misterio de una comunidad neo-pagana en una isla secreta) y la superproducción World Trade Center, dirigida por Oliver Stone. Esta última –considerada por muchos “si no la mejor, la más real de las películas estrenadas este año” – se basa en la verdadera historia de los últimos dos sobrevivientes atrapados entre los escombros de las Torres Gemelas de Nueva York, durante el ataque terrorista del 9 de septiembre de 2001. El desafío que representó World Trade Center fue enorme. Primero, por tratarse de una película que debía abordar coherentemente uno de los temas más sensibles para el público norteamericano. Segundo, porque se basaba en una historia real, y fueron los mismos sobrevivientes los que supervisaron la historia. Tercero, porque Oliver Stone –director de JFK, Pelotón, Nacido el 4 de julio y Nixon, entre otras– encabezaba el proyecto. “Fue una de las experiencias más importantes para mí como actor, porque conocí a verdaderos héroes, como Scott Fox, que fue quien salvó a John McLoughlin, el personaje que encarno en la película”, comenta Cage. “Era un proyecto de altísima presión. Sabía que tenía que ser bueno. No quería decepcionar a nadie. Era abrumador”.

“Los dos o tres primeros años se la pasaron cerrándome la puerta, los directores de casting me rechazaban”.

EL PESO DE LA HISTORIA

SEPT 11 MOVIE

Cage y Oliver Stone juntos, durante la filmación de World Trade Center.

“Estuve en Nueva York con John McLoughlin y su familia. Hablamos bastante, igual que con otros sobrevivientes de aquella tragedia. Quisimos ser tan reales como podíamos. Hace tiempo que yo quería trabajar con Oliver Stone y esta película me pareció una buena oportunidad por los puntos tan positivos que muestra sobre la condición humana. Los edificios en sí no explotan y ni siquiera se ve el techo de las torres. Más que nada, muestra lo que pasó entre estos hombres cuando cayó el edificio, hacia dónde fueron para sobrevivir y cómo lo lograron”, cuenta sobre la experiencia. John McLoughlin es un sargento (ahora retirado) de la policía portuaria de Nueva York, que aquel día fatídico quedó sepultado, junto a varios de sus compañeros, durante casi 24 horas, hasta que fue rescatado. Para Nicolas Cage, el papel fue una puerta abierta que le permitió buscar dentro de sí mismo. “Fue, literalmente, la respuesta a mis plegarias. Era lo que estaba buscando: una manera de utilizar la actuación en una forma sanadora. Llegó a mí en un momento en el que estaba meditando, pensando y reflexionando sobre el tema”. Y repetirá esa palabra, sanación, como un mantra durante toda la entrevista. “Creo que la película es sanadora porque habla sobre una herida muy abierta de los Estados Unidos. Y demuestra cómo este puñado de gente superó esa situación increíble”. Probablemente uno de los puntos más impresionantes de su interpretación sea que gran parte del trabajo transcurre mientras su personaje –al igual que le sucedió a McLoughlin– está atrapado entre trozos de mampostería, oscuridad y terror. A Cage le resultó irónicamente liberador, asegura, interpretar a alguien en esas circunstancias. “Era un desafío increíble porque no podía moverme. Y también fue liberador porque me permitía dejarme ir hacia dentro de mí y no pensar en mis estados de ánimo. Tan sólo podía pensar en aquel día, en cómo fue para John. Y al mismo tiempo, hacia dónde necesitaba ir yo mismo”. Para prepararse y recuperar lo más fielmente posible las emociones reales de McLoughlin, Cage se aisló más que de costumbre. Llegaba al set de filmación y se sepultaba en su sofocante hueco de ficción. Y para completar la identificación, pasó horas sumergido en un tanque de agua cerrado, flotando en cientos de galones de agua salada. En completa oscuridad. “Se me ocurrió durante los ensayos, porque John había pasado en la oscuridad parte de esas 24 horas.

Nicolas Cage 2006 World Trade Center

Representar a John McLoughlin significó para Cage un gran trabajo de introspección.

¿Cómo había sido pasar por tanto dolor sin poder ver? Para mí fue un elemento de horror que quería explorar”. Tanto Stone como Cage tuvieron largas charlas con McLoughlin y William Jimeno, el otro sobreviviente. Ambos actuaron como una suerte de consultores del film. Para McLoughlin, el trabajo de Cage fue asombroso. Y reconoce que Stone, más allá de algunas polémicas que abrieron familiares de otras víctimas, tiene la versión correcta de los hechos. “Creo que está muy bien hecha. No sé cómo hicieron, especialmente Nicolas Cage, para retratar el sentimiento de estar atrapado en un hueco. Cómo hizo para entender y reflejar la emoción y los sentimientos que me provocaron estar allí. Parece que ellos mismos hubieran atravesado la misma situación”. Esta podría ser, para Cage, su mejor actuación desde Leaving Las Vegas. Otro hecho relacionado con la película tomó estado público: Nicolas Cage decidió donar su salario completo a la Cruz Roja Americana. “Eso coincidió –dice el actor, aunque preferiría no hablar del tema– con el huracán Katrina. Luego de los impuestos y las comisiones, quedó la mitad de lo que había ganado, y lo doné porque quería tratar de ayudar de algún modo. Ese fue el espíritu. Ahora, ¿cómo digo esto? Eso es algo que quiero promover”. Con esto se refiere a que eligió promocionar la película solamente en medios gráficos, periódicos y shows de TV que se vinculen con noticias reales. “No quiero ir a programas como Access Hollywood, o Entertainment Tonight, y no quiero hacer una canción y bailar y hacer todo eso para vender tickets porque no creo que esté bien. Quiero ser muy cuidadoso. No quiero ser explotado u obvio”.

“World Trade Center fue una de las experiencias más importantes para mí como actor, porque conocí a verdaderos héroes, como Scott Fox, que fue quien salvó a John McLoughlin, el personaje que encarno en la película”.

TRABAJAR Y SERVIR POR PRINCIPIOS

World Premiere Of Paramount Pictures' "World Trade Center"

El actor junto a su nueva y tercera esposa, la ex camarera Alice Kim.

AM: Siempre se lo ve muy calmado y con buen sentido del humor. ¿Nunca se enoja?

N.C.: George Washington decía que hay que contar hasta diez si estás enojado y hay que contar hasta cien antes de hacer algo, cuando realmente estás enojado. Eso hago yo. También trato de transferir mi enojo en el cine, para producir algo positivo con semejante emoción.

AM: ¿Cuándo fue la última vez que trasladó al cine un mal momento personal?

N.C.: Me estaba divorciando cuando acepté la filmación de Weather Man, y en momentos así busco la forma de transformar algo negativo en positivo. Y esa película, por ejemplo, la había aceptado como una especie de terapia. Nicolas Cage se casó y se divorció de dos mujeres sumamente famosas: Patricia Arquette y la hija de Elvis Presley, Lisa Marie Presley. Su tercer matrimonio lo unió con una completa desconocida, Alice Kim, mesera de un sushi bar que con sus 20 años enamoró al actor. De esa unión nació un pequeño al que bautizaron con un nombre kryptoniano: Kal-el, como se llamaba Superman en las historietas, a las que Cage es un gran aficionado. De hecho, su apellido artístico está inspirado en el personaje de comics Luke Cage, el primer superhéroe de raza negra.

AM: ¿Cambió en algo, personalmente, para no repetir un divorcio con su nuevo matrimonio?

N.C.: Creo que vivimos en ciclos, entre olas que suben y bajan. Ahora mismo estoy tratando de negociar mejor con las olas. Quiero ser más neutral que estático o depresivo, más en el medio. Creo que puedo ser mejor como actor, como padre, como esposo, si lo logro. No puedo asegurar que tenga control de mi destino. No lo tengo, pero me gustaría mejorar la forma en que hago surf entre las olas que pasan por los ciclos de mi vida.

AM: ¿La paternidad a los 40 es la nueva terapia?

N.C.: Sin entrar en detalles, puedo decirte que ya tengo experiencia. Estoy bien preparado.

Leaving Las Vegas Nicolas Cage

Una escena de Leaving Las Vegas. Por esta película Cage ganó un premio Oscar.

AM: ¿Se considera un fanático de las historietas?

N.C.: Yo aprendí a leer con los comics. Por supuesto hubo otros métodos, pero me fascinaba la mitología que esconden todos los superhéroes, porque de chico me apasionaban diferentes mitos griegos. Siempre pensé que ese tipo de historietas podían funcionar en cine, mucho antes de que fueran éxito Superman, Batman o El Hombre Araña. Mantienen la fantasía infantil con un perfecto mundo alternativo donde uno se pierde con la imaginación.

AM: ¿Aquella pasión por las historietas influyó en su decisión de convertirse en actor?

N.C.: Desde que era muy chico, te diría a los seis años, veía a Charles Bronson, Sean Connery o Clint Eastwood y me fascinaba la magia del cine. Mucho más que con las historietas, disfrutaba con la TV y el cine. Estimulaban mi imaginación y en aquel entonces me inspiraban bastante.

AM: ¿Heredó algo de su padre?

N.C.: Todos tenemos cierta conexión paternal porque nacemos muy pequeños y nuestros padres son demasiado grandes. Por eso un padre suena tan importante. Mi padre era profesor de literatura, muy, pero muy inteligente. Y siempre traté de buscar inspiración en él, escuchando música clásica o leyendo novelas famosas. Crecí con un aura particular, siendo el hijo de un profesor universitario.

AM: Sin embargo dejó la escuela secundaria por la actuación…

N.C.: Es algo que me gustaría aclarar, porque nunca dejé los estudios secundarios. No es verdad. Puedo decir que no era bueno en matemáticas y por eso le dije a mi padre que no me sentía cómodo. Quería trabajar y la escuela estaba bajando mi autoestima. Y en vez de presionarme, me dijo que estaba bien. Pero yo seguí estudiando, di las equivalencias, tuve mi diploma y recién ahí dejé la escuela, para ir a trabajar. Más allá de toda su experiencia en educación, mi padre siempre me apoyó en mis otras metas.


Compartir.

Dejar un Comentario