NOAM CHOMSKY: ESTADOS UNIDOS ES EL PAIS MAS TERRORISTA DEL MUNDO

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Sus apariciones públicas han alterado a más de un anfitrión de la Casa Blanca. Filoso en sus críticas, se opuso firmemente a las incursiones bélicas de los Estados Unidos en Medio Oriente, cuestiona sin tapujos a la sociedad de consumo, al poder detrás de demócratas y republicanos, y respalda a los gobiernos que Bush incluye en el supuesto “eje del mal”, como Bolivia y Venezuela. A su regreso de una gira por América latina, en esta entrevista, Noam Chomsky enciende la mecha con su aguda visión de la actualidad. Y lo hace sin anestesia.

Noam Chomsky

Chomsky brindó la conferencia “The Great Soul of Power”, en la American University of Beirut.

Podría decirse que Noam Chomsky resucitó. O al menos así lo informarían las principales cadenas de noticias tras el confuso episodio de la Asamblea de las Naciones Unidas, a fines del año pasado. En ese entonces – “tradutore, traditore”– malinterpretaron el discurso de Hugo Chávez, cuando el presidente venezolano mencionó Hegemonía y supervivencia, uno de los títulos de la extensa producción bibliográfica de Chomsky. “Una de las cosas que reportaron los medios estadounidenses acerca de ese discurso fue que Chávez supuestamente dijo que le hubiese gustado conocerme a mí antes de mi muerte”, recuerda Chomsky, con un dejo de sorna. “Fue realmente gracioso, los medios fabricaron todo eso. Lo que Chávez dijo, y fue muy específico, aunque en español, fue: ‘Soy un lector asiduo de Noam Chomsky, como lo he sido de un norteamericano, profesor, que murió hace poco’. Se refería a John Kenneth Galbraith, que falleció el año pasado”. Del otro lado del teléfono, de tono coloquial y paciente, comienza a hilar palabras la voz cansina de quien se sabe un crítico artero. Aunque forjó su nombre como uno de los lingüistas más importantes del siglo XX, es por su activismo social y militancia que Chomsky se ha vuelto uno de los intelectuales más respetados y más odiados. Nacido hace 78 años en Filadelfia, hijo de inmigrantes judío-ucranianos, se convirtió en uno de los principales críticos de la Casa Blanca, cualquiera sea el presidente de turno. En los sesenta se mostró abiertamente en contra de la guerra en Vietnam, y publicó American Power and the New Mandarins, un compilado de ensayos antibélicos. Ha sido acusado, por igual, de liberal y de antiamericano, sionista y antisionista. Alguna vez le preguntaron a Chomsky si se sentía solo con su forma de pensar. “Casi me gustaría sentirme un poco más solo. Pero no es así. Naturalmente no estoy en el mundillo, no estoy en los medios de masas, pero tampoco lo espero”. Lejos de encerrarse en su oficina del Massachusetts Institute of Technology, donde trabaja como profesor emérito, Chomsky es invitado por instituciones de todo el mundo para brindar conferencias. “Ciertamente no me siento solo. No puedo aceptar ni una pequeña parte de las invitaciones que recibo”. Recién llegado de una gira por Chile y Perú, donde siguió de cerca el panorama actual de América latina, polémico, Chomsky no deja tema a la deriva, habla de los latinos y afila sus críticas contra la administración de George W. Bush.

ALMA MAGAZINE: “La democracia no es perfecta, pero es lo mejor que tenemos”. ¿Está de acuerdo con esa afirmación?

NOAM CHOMSKY: “La democracia es perfecta y debes tenerla”, es lo que más se escucha por parte de nuestro gobierno. Claro que se trata de una democracia con todos los “condimentos” estadounidenses. Cada país tiene sus propias atmósferas. Bolivia, por ejemplo, tiene un nivel muy alto de democracia. Estados Unidos, no tanto. Se puede ver comparando la participación en las elecciones. En Bolivia hubo una masiva participación en los comicios presidenciales, y los debates centrales fueron muy claros. No es que los bolivianos simplemente fueron a votar. Aparecieron cientos de organizaciones, luchando por temas como las reformas a la Justicia, el control de los recursos de agua, los derechos de los aborígenes. Asuntos realmente importantes sobre los que la gente sabía y entendía muy bien, con un nivel altísimo de compromiso político. Y así eligieron como su presidente a Evo Morales, alguien de su propia raza. Todo eso es Bolivia, el país más pobre de América latina. Del otro lado está el país más rico del planeta, Estados Unidos, y mire usted lo que viene pasando en las últimas elecciones; recuerde el recuento de votos en la Florida, cuando se postuló Al Gore…

“Bush ha hecho de todo para pretender que el calentamiento global no está sucediendo. Porque su preocupación no tiene que ver con la preocupación de los estadounidenses, o de las generaciones futuras. Su única preocupación es llenar con más y más dólares los bolsillos de sus amigos ricos”.

AM: ¿Cree usted en la idea “del mal menor”, o el voto negativo, es decir, por ejemplo, de apoyar a los demócratas sólo para que no gane Bush?

N.C.: Mire las elecciones pasadas. Los dos candidatos de entonces (John F. Kerry y George W. Bush) nacieron ambos en familias de mucho poder, fueron a la misma universidad de elite, pertenecieron a los mismos clanes sociales, ambos estaban respaldados por casi los mismos sectores de poder corporativo, y proponían prácticamente las mismas políticas. Esas cuestiones simplemente nunca fueron abordadas durante las elecciones. Las quitaron del medio y de los medios. Los estadounidenses no sabíamos qué había detrás de cada candidato. Richard Nixon, cuando sucedió lo del Watergate, atacó a la otra mitad del poder privado en Estados Unidos: el Partido Demócrata. Y el poder puede defenderse. En verdad, no ocurrió nada. Según parece, yo estaba en la lista negra de Nixon y nunca me enteré, ni me pasó nada. La mitad del poder estadounidense se defendió contra un presidente que claramente se había pasado de los límites. Y el hecho de que la prensa pensara que eso era importante, demuestra que consideran que la gente importante debería poder defenderse.

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Participó del III World Social Forum, organizado en 2003, en Porto Alegre, Brasil.

AM: Entonces, ¿cuáles son las opciones políticas en Estados Unidos, de cara a las próximas presidenciales, además de votar por republicanos o demócratas?

N.C.: La alternativa es reconstruir esta fallida democracia. En Estados Unidos hay una inmensa brecha entre la opinión pública y las esferas políticas. Ahí está el déficit democrático. Supuestamente la democracia es una sociedad donde los espacios públicos tienen un rol central en las políticas públicas. Hoy eso está restringido casi exclusivamente a los asuntos de política exterior, por encima de las cuestiones domésticas.

AM: ¿Cree que los hispanos, tal vez por su experiencia en sus países y por los asuntos migratorios, podrían cambiarle la cara política a los Estados Unidos?

N.C.: Pueden ser parte del cambio, de algo significativo. En su mayoría, los latinos apoyan una sociedad democrática, la impulsan y la alimentan social y culturalmente. Se ve en los barrios hispanos en desarrollo, en la lucha por los derechos civiles y en su apoyo a la distancia para que sus países sean cada vez más democráticos.

AM: Entonces suscribe a la idea del multiculturalismo como un factor positivo…

N.C.: Es un hecho que esta sociedad ha devenido multicultural. Siempre ha sido así, desde los tiempos de la colonia hasta hoy día, en el siglo XXI. Probablemente el 20 por ciento de la población estadounidense no habla inglés. Una sociedad multicultural es en definitiva una sociedad más enriquecida, más viva, y los hispanos aportan mayor vitalidad al país.

En los años 50, el presidente Eisenhower promovió una discusión interna con la pregunta: “¿Por qué existe una campaña de odio contra nosotros?”. Hoy, la pregunta se orienta sobre el rechazo hacia Estados Unidos entre las personas de los países árabes. Creo que el plan de acción del Consejo de Seguridad Nacional también responde a eso.

AM: ¿Es diferente el rol político de los medios en Estados Unidos y América latina?

N.C.: Tengo la impresión de que es mucho peor en América latina. Acabo de llegar de Chile y Perú, y los principales medios de allá son increíblemente reaccionarios, incluso con sus propias historias políticas. Deforman la historia. Se trata de versiones incluso pasadas de moda en relación con los medios del hemisferio norte. Los medios estadounidenses, por otro lado, son también grandes corporaciones, pero no pertenecen puntualmente a familias adineradas. Claro que también reflejan los intereses de sectores que concentran mucho poder, y en ese afán cometen errores importantes.

AM: Desde aquel discurso en la ONU, Chávez ha asumido su segundo mandato y ha tomado fuertes medidas, como la nacionalización de empresas. ¿Cómo observa ese proceso?

N.C.: Creo que la nacionalización de empresas de petróleo es un camino posible, y Venezuela está avanzando en esa dirección. Es un país con muchos recursos petrolíferos y lo tienen muy presente en su relación con Estados Unidos; como Arabia, pero los sauditas son aliados. Creo que es Chile el país que hoy tiene un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, y su economía ha tenido cambios drásticos, aun para los parámetros latinoamericanos. La economía chilena está basada básicamente en sus exportaciones, mayormente de cobre. Y la mayor productora de ese metal en el mundo es Codelco, que ha sido nacionalizada hace años, y todavía permanece así, con un buen funcionamiento en manos del Estado chileno, y sin cuestionamientos por parte de Estados Unidos. La nacionalización de empresas es una atribución natural y normal de los países.


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