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¿Cómo se escribe un hit? Esta pregunta, madre de todas las preguntas de la industria musical, vino hacia mí mientras escuchaba el flamante álbum de LCD Soundsystem –This Is Happening–, el grupo capitaneado por James Murphy, el inquieto productor de Nueva Jersey. Más que nada al llegar al tema "You Wanted A Hit", que desliza las complicaciones y vericuetos hostiles que supone componer el tan mentado hit. "Desearías un hit / pero quizá no sabemos hacerlo (…) Hay luces y sonidos / hay historias / la música es sólo una parte", canta el siempre incisivo Murphy. Hay que aclarar que su proyecto –con un disco mejor que el otro, trayendo a colación en cada uno de ellos una discoteca impresionante y erudita, donde conviven vanguardia y pop sin tapujos– se las ha ingeniado siempre en cuestionar o propagar teorías sobre el universo musical, incrustadas éstas sabiamente en sus canciones.
Recuerdo ese fresco sobre los avatares de ser un melómano que suponía una de sus primeras incursiones, el tema Losing My Edge, publicado en 2005. Estaban allí también las advertencias por estar perdiendo el espíritu de época o lograr a duras penas ser un sobreviviente: "Sí, estoy quedándome fuera de onda / Los chicos vienen detrás (…) Pero se me está adelantando toda la gente / con más imagen, mejores ideas y más talento". No hay nada más exigente que las novedades, para los melómanos. O esa ansiedad por contar con ese dato inaudito por el que, algunos, estarían dispuestos a matar hasta a sus padres.
Hay que advertir que la cabeza que escribió ese tema pertenece a una generación, o a una de las últimas generaciones, cuya biblioteca no fue Google y cuya experiencia no estaba subida a YouTube. Chicas/os que apilaban información y conocimientos en su memoria. Que conocían de cultura pop porque acumulaban y acumulaban trastos de detalles, pormenores y noticias. Murphy, nacido en 1970, en ese mántrico relato que podría traducirse "Quedándome anticuado", "Perdiendo el rumbo" o "Me estoy quedando fuera de onda", confesaba: "Los chicos se me están adelantando / escucho sus pisadas cuando se ponen tras los platos / Se me están adelantando los buscadores de internet / que pueden decirme cada miembro de cada buen grupo desde 1962 a 1978 / Estoy quedándome fuera de onda".
Para quienes no saben qué tipo de música realiza LCD Soundsystem, sucintamente se podría decir que es una electrónica punk bailable y nada descerebrada. En general, los músicos evaden reflexionar sobre su práctica. Canciones de amor, canciones libertarias, canciones de desamor, canciones sobre nada, canciones de protesta. Sin embargo, muy poco de canciones sobre canciones. No es usual una mirada crítica o meditabunda sobre el propósito inconciente o iluminado que anida detrás del hecho de escribir una canción. El brasileño Caetano Veloso, tan culto y tan popular, es de los pocos que ha vertido en páginas con destino de libro (Verdad tropical es indispensable) sus preocupaciones al respecto.
Ahora bien, volviendo a la idea de producir un hit, la tan en boga Lady Gaga parece ser que nunca imaginó que los 10 minutos que le llevó escribir su hit "Just Dance", le trajeran tantos beneficios. Keith Richards compuso ("I Can't Get No") "Satisfaction" cuando, como un zombi, se despertó en medio de la noche y registró en una grabadora de periodista uno de los riffs de guitarra más célebres del siglo XX. Unos años atrás, se hizo público un programa informático, Platinum Blue, que calculaba el potencial éxito de cualquier canción a partir de un patrón establecido por los rasgos comunes –en términos de instrumentación, cadencia, progresión melódica– de todas las canciones que, desde 1960, han ingresado al Top 40 británico o el Hot 100 de la Billboard. Pero el DNA de un hit no funcionó. El guitarrista y líder de Oasis, el inglés Noel Gallagher, ya lo señaló: "Un disco como What’s the Story (Morning Glory) prácticamente lo compuse en dos semanas. Creo que se nota que hubo inspiración. Pero no puedo hablar de cómo lo hago; hacerlo sería subestimar la composición. Las canciones suceden".
Sí, las canciones suceden. La inspiración no existe, pero sí las canciones inspiradas. Un hit se huele, se percibe. Un hit se evapora entre los dedos de quien estuvo elucubrándolo y comienza a pedir su lugar. No obstante, luego entran en funcionamiento una serie de procedimientos que escapan a la suerte de esa potencial canción. ¿Sólo la difusión la convierte en un hit? ¿El éxito comercial es lo que hace válido a un hit? Se puede poner la mejor de las intenciones, analizar con demasía la estructura armónica y las diversas capas sonoras, se pueden tomar miles de atajos aunque al final el hit no dependerá de quien lo trajo al mundo. La respuesta sigue estando en el viento.
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