Alma Magazine.com
Artistas y albaceas - Seguro de Salinger

Artistas y albaceas

Seguro de Salinger

Opinion

Ultimos artículos de Opinión

Gustavo Alvarez Núñez
Martes 5 de Mayo de 2009

De Corín Tellado al pop romántico

La vida color de rosa

por Gustavo Alvarez Núñez

Murió Corín Tellado. Tal vez haya muerto hace años, cuando su idea del amor cándido y para toda la vida se desvanecía en los pliegues de un cambio de paradigma sobre la sexualidad y las relaciones afectivas, ese que significó la aparición de la píldora anticonceptiva y el torbellino del amor libre. Pero falleció, ella, el motor de maquinaciones y fantasías de nuestras madres, tías o abuelas; una señora de ya 82 años que supo ser la escuela de muchas de las emociones que convivían en el universo casto y restringido de infinidad de jovencitas –y no tanto– décadas atrás; la vía de escape ante un horizonte que las recluía a la sala de espera de la historia, convidándolas con el dulce de la maternidad y la paciencia de ser un ama de casa.

Corín Tellado –nombre de guerra de María del Socorro Tellado López– se convirtió en la armada de un sinfín de soldados femeninos esparcidos por todo el mundo (dicen que vendió más ejemplares que Miguel de Cervantes Saavedra), una autora que enhebró en historias sencillas e ilusas las variantes más soñadoras por haber; y se tornó así en la línea de fuga apropiada para que el género femenino visualice cierta contención necesaria en un contexto desfavorable y prepotente.

“Novela rosa” les decían a sus libritos, que como reguero de pólvora se fueron esparciendo en las manos de esas niñas con deseos de mujer; aunque sabemos que Corín Tellado les habló a varias generaciones. Una fábrica de sueños –sus personajes fumaban y daban besos, en épocas en que en la España franquista no estaba permitido hacerlo en la vía pública– que cumplió su papel. La historia dirá si fue funcional o no al sistema machista…

Nunca leí a Corín Tellado. Todo lo que sé de ella me lo contó mi madre alguna vez, en medio de un almuerzo familiar de domingo en que comentábamos una noticia de lo más curiosa. Era un artículo que desempolvaba viejos lanzamientos de la escritora asturiana en que uno de sus personajes, por lo menos en esa historia, era homosexual. Una afrenta para el sistema inquisidor del dictador Francisco Franco. Entonces, mi madre, sin querer, habló de cuánto la acompañaron esos relatos en su juventud. Y no le pareció nada relevante la información. No venía al caso. “Una estupidez de las tantas que salen en los medios”, algo así dijo.

Mi madre ya no lee ese tipo de novelas. Alguna vez le encontré en su mesita de luz un ejemplar de Cobra de Severo Sarduy; quienes leyeron algo de la obra del cubano, sabrán que se trata de una lectura no apta para cualquiera. Más allá de esto, la literatura hecha por mujeres (desde Isabel Allende a Marcela Serrano) es de su preferencia. El día que falleció Corín Tellado la llamé. Quería saber si se había enterado, si estaba triste. Preparaba la cena. Y me dijo que en las noticias ya lo habían anunciado. “Hay que estar preparados”, fue lo más cercano a un pésame que le escuché.

Pero como ninguna muerte es en vano, surgió mi inquietud sobre quiénes diseñan hoy en día la válvula de escape en donde millones de corazones rotos u hormonas a flor de piel (adolescentes) depositan su grano de arena. Entonces surgió el nombre de Ricardo Arjona. Como en su momento las historias de Corín Tellado, las canciones pop acompañan la vida de la gente, hablan de sus miserias y de sus alegrías, indagan en sus secretos y anhelos, rescatan eso que alguien tenía en la punta de la lengua pero no sabía cómo decir…

Ahora bien, las admiradoras de Arjona destacan el realismo de sus canciones. Aunque más que nada remarcan el hecho de que están escritas con visos poéticos, lo que lo hace diferente a muchos. La pregunta sería: ¿Por qué crees que mucha gente ve a Ricardo Arjona como poeta? ¿Qué es ser un poeta popular hoy en día? ¿De qué hablamos cuando hablamos de canciones de amor? No por nada algunos lo consideran el “Serrat de los supermercados” (Robi Draco dixit). Pese a esto, hay que resaltar un hito en el mecanismo narrativo de las canciones de Arjona. Sus letras son historias hechas y derechas, con desenlace y todo. Arjona sintetiza, en un punto, la vertiente trovadora de un Joaquín Sabina, Ismael Serrano y demás –historias de derrotas amorosas, noches de copas, ambición “filosófica”– con la de los solistas que le cantan al amor –Luis Miguel, Alejandro Sanz, Chayanne–. Y le “roba” público a ambos espacios. Pero hay otro tema, además de esa pretensión “pan-temática” de hablar de todo: Arjona cuenta historias. Y eso se ensambla con una matriz cultural popular de América Latina: el melodrama y los culebrones.

Como si fuese un opinólogo benemérito, o un especialista de los latidos sensibles de la sociedad moderna, Arjona traduce lo que pasa. Pero, ¿y si lo que sucede es un espejo tan trivial que sus canciones no hacen otra cosa que “reflejar” ese resquebrajamiento? Por otro lado, ¿es posible escribir buenas canciones sin pasar por la cursilería? Sabina dijo alguna vez: “Una buena canción debe ser un poco triste, un poco melancólica, bastante cursi y lo más demagógica posible”. ¿Edgar Ricardo Arjona habrá tenido bien en cuenta esta revelación? ¿Habrá leído a Corín Tellado?

Notas relacionadas

Calificar artículo

33 Votos

Espacio de lectores Deje su comentario

Seguir los comentarios por email.