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Felipe Real
Jueves 30 de Julio de 2009

Estados Unidos y África

Emociones y razones

por Felipe Real

Nadie pudo dejar de emocionarse al ver al primer presidente afroestadounidense, Barack Obama, pisar Ghana en su viaje inaugural por África. Ese pequeño país ubicado en la cabecera del golfo de Guinea reflejaba a todo un continente flagelado por las infamias y devolvía una imagen llena de fuerza simbólica. Obama parecía un mesías de regreso en la tierra donde su padre fue perseguido y los ancestros de su esposa, Michelle Robinson, fueron esclavizados. El destino los redimía y Obama lanza un sensible discurso que denunciaba los riesgos de las democracias africanas y marcaba el camino a seguir. Era imposible no emocionarse.

El problema es que, a veces, la emoción nubla los motivos de la razón. Y que la política internacional se basa en razones políticas y económicas. Para comprenderlo, basta recordar que en 2002, durante la administración de George W. Bush, el entonces subsecretario de Estado para Asuntos Africanos, Walter Kansteiner, señaló que “el petróleo africano se está convirtiendo a gran velocidad en un interés estratégico nacional”.

El principal eje de atención se centra –justamente– en el golfo de Guinea, un área que sin la fama de otras regiones pero que le brinda a Estados Unidos un 17% del petróleo requerido por su economía. En menos de una década, allí obtendrá un 25% del total.
 
Para los expertos, esa área olvidada del mundo es “la geografía del futuro”. Pues bajo las aguas del mencionado golfo –que se extiende por la región suroccidental de África bañando las costas de Ghana, Liberia, Costa de Marfil, Benín, Togo, Nigeria, Camerún, Guinea Ecuatorial, Gabón, Santo Tomé y Príncipe– se encontrarían yacimientos de hidrocarburos equivalentes a 15 mil millones de barriles de petróleo. Los más entusiastas dicen que esa cuenca es la reserva marítima más grande del mundo. Además, en tierra firme abundan los yacimientos de petróleo y gas natural que, en conjunto, convertirían a África en el 10% de las reservas mundiales. Como si fuera poco, también se haya oro, diamantes, manganeso, hierro, cobre, estaño y coltan.

Los inversores encuentran en el golfo de Guinea una serie de ventajas competitivas. Una de ellas es que los buques cargueros pueden cruzar el océano Atlántico desde los principales puertos estadounidenses hasta el área de explotación trazando una simple línea en diagonal sobre el mar. Con esa ruta, logran reducir costos, ganar velocidad y conseguir seguridad evitando las contingencias habituales del golfo Pérsico.

Asimismo, su división geopolítica en un racimo de diez países garantizaría la provisión del estratégico insumo ad eternum: no habría riesgo de que un país monopolice el acceso a los yacimientos y si un gobierno suspendiera el comercio, se negociaría con los restantes. Pese a eso, un mes antes de que Barack Obama ganara la elección presidencial, el Pentágono instauró el Afrocom, un comando militar con sede en Alemania que tiene la misión de controlar el continente negro. No pocas suspicacias despertó la decisión en las jefaturas militares de la región.

El mayor contrincante de Estados Unidos, hoy por hoy, es China que lleva la delantera y consigue en África un 30% del petróleo que necesita. En la última década, el gigante asiático supo aprovechar el descrédito de Estados Unidos y Europa en la región y lanzó una estrategia con dos tácticas: por un lado, repartió préstamos por 3.000 millones de dólares destinados a mejorar la infraestructura y aumentar la producción energética. Por otro, los líderes chinos se dedicaron a seducir a los mandatarios africanos y a su pueblo con discursos –tan emotivos como el escuchado en Ghana– en los cuales se denunciaban las injusticias impartidas históricamente por Occidente a África y Asia e invitaba a lacrar un pacto de amistad entre China y cada nación africana.

Por su origen racial y su carisma, Obama podrá competir en el plano discursivo aspirando a revertir la situación. Incluso en su alocución de Ghana se dio el gusto de lanzar dardos contra Beijín al catalogar a las matanzas de Darfur como “genocidio” acusando a Sudán, país donde China tiene grandes intereses. Sin embargo, la competencia mayor se librará entre las compañías petroleras y financieras que les costará alcanzar las facilidades que ofrecen los asiáticos.

A semanas de la histórica visita del presidente Obama al continente de su padre, la emoción merece un descanso. Tal vez los gestos simbólicos vayan cediendo y dejen ver las razones económicas y políticas que los motivaron.

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