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Alex Gasquet
Lunes 1 de Noviembre de 2010

Legislativas en EE.UU.

Durmiendo con el enemigo

por Alex Gasquet

Legislativas en EE.UU. - Durmiendo con el enemigo

Para cuando usted esté leyendo estas líneas, probablemente esté a punto de votar o quizás acabe de hacerlo. En cualquier caso será -o ya es- uno de los protagonistas que, a la manera de juez y jurado, le dará su voto de confianza a una persona, un partido o una idea. Y habrá hecho ejercicio pleno de ese derecho por convicción, sabiduría, sed de revancha o simple ignorancia. Fuera cual fuere el caso, poco importa: su voto vale 1. Igual que el de todos. Es la magia imperfecta del juego democrático. Estas elecciones definen mucho más que posiciones legislativas o de gobiernos estaduales: arbitran en el profundo debate acerca de la nueva identidad de Estados Unidos.

A pesar de la caída de su popularidad y de su índice de aprobación de gestión, el presidente Barack Obama llega a este 2 de noviembre mucho mejor parado que la mayoría de los legisladores de ambos partidos. Los últimos sondeos le dan al mandatario una aprobación del 45% de la población y, en cuanto a su popularidad, cuenta aún con la simpatía declarada de poco más de un 50% de los estadounidenses. Sin embargo, los legisladores del Partido Demócrata, con índices de notoriedad muy bajos, enfrentan una batalla durísima, fundamentalmente en estados claves como California, Nevada o Florida. A esta altura de las circunstancias, el partido gobernante y el gobierno mismo han perdido más que los escaños de Massachusetts, Virginia o Nueva Jersey. Han perdido increíblemente la batalla de la comunicación. Paralizados por la crisis, han cedido el campo de la percepción a una perversa estructura de difusión de falsedades permitiendo que un importante sector del electorado crea que esta Administración ha subido impuestos y ha aumentado el déficit como ninguna otra antes.

El presidente Obama ha aumentado el déficit federal hasta el billón de dólares actuales, debido principalmente a una inyección de cerca de 800 mil millones de dólares en la economía para frenar el aumento del desempleo, y más de 700 mil millones de dólares para evitar la quiebra del sistema financiero (la mayor parte del dinero ya ha sido recuperado). Pero nunca ha crecido tanto el déficit como durante el gobierno de George W. Bush, quien asumió su primer mandato con un superávit de 230 mil millones de dólares y lo dejó con un déficit de 450 mil millones de dólares en un marco sin crisis económica. Respecto de la suba de impuestos, esta Administración no sólo no ha aumentado aún ningún impuesto sino que los ha bajado. Muy a pesar de los hechos, una muestra realizada y publicada por The New York Times exhibe que sólo un 10% de la población es consciente de ello. Un 95% de los norteamericanos se han visto favorecidos por distintas rebajas fiscales en los dos últimos años, en parte porque una porción significativa del plan de estímulo económico estaba destinada precisamente a la reducción de impuestos para incentivar el consumo.

La percepción del electorado deviene de la posición de esta Administración respecto de no extender a partir del próximo año las exenciones fiscales concedidas por George W. Bush a los ingresos superiores a los 250 mil dólares anuales. Barack Obama ha perdido ese espacio que parecía conquistado para siempre. Ese dominio de la palabra para construir la percepción de que su plan, sus ideas y su modelo eran sencillamente la respuesta a la medida del futuro.

En mi editorial de la pasada edición me permitía reflexionar sobre la crisis de identidad que sufre Estados Unidos. Y esta elección cobra trascendental importancia porque seguramente presentará un abanico de precisiones respecto de la clase de país que queremos ser. O que quieren ser. Depende del resultado, claro. En un clima particularmente enrarecido, el protagonismo tradicional de los dos partidos mayoritarios ha sido eclipsado por la irrupción explosiva de una galería de personajes que amontonados en una organización ciudadana denominada Tea Party han "tomado" el Partido Republicano con discursos que van de lo curioso a lo disparatado. La sorpresa no radica tanto en su existencia, sino que cobra relevancia por la inusitada aparición de seguidores que en gran número han logrado -con su voto en las primarias- transformar a estos particulares individuos en candidatos formales a lugares de privilegio nacional. Y este 2 de noviembre la suma de las voluntades individuales terminará por instalarlos definitivamente en la escena política -con sus triunfos o sus derrotas-, definiendo la identidad de un país que batalla entre reinventarse asumiendo que el futuro es hoy o si no retroceder un siglo.

La exposición casi ingenua de la ignorancia de algunos candidatos invita a un repaso general de las propuestas. A la cabeza mediática del movimiento se encuentra la ya tristemente célebre Christine O'Donnell, fiel representante del Tea Party y candidata a ocupar un escaño en el Senado por Delaware, quien parece sumar un traspié tras otro. Hace pocos días todos asistimos a un maravilloso debate en una universidad de Derecho en el cual la candidata provocó una catarata de carcajadas al preguntar airadamente dónde dice en la Constitución que la iglesia y el Estado deben permanecer separados. Este risueño personaje cuya biografía incluye la fundación de organizaciones que se dedican a preservar la castidad, a luchar contra el aborto y la masturbación, y que reclaman que el Estado deje de invertir dinero en la lucha contra el sida, podría ser un senador de la nación.

La mega estrella del show del té, Sarah Palin, se ha declarado repetidas veces contraria al aborto, incluso en los casos de violación e incesto. Con una experiencia en administración de medio mandato como gobernadora de Alaska y graciosamente recordada por aquella afirmación de campaña cuando dijo tener experiencia en asuntos internacionales porque Rusia se puede ver desde Alaska, la señora que se enorgullece de su propia ignorancia prepara su desembarco en la política grande apuntando a la nominación del Partido Republicano para las próximas presidenciales.

Continuando el repaso por los nuevos candidatos catapultados por el Tea Party encontramos a personajes como Sharron Angle, candidata al Senado por Nevada, quien asegura que la crisis económica se arreglará con la ayuda de Dios. Este simpático personaje, en una reciente visita de campaña a una escuela de neto corte hispano afirmó que los estudiantes tenían aspecto asiático. Nunca aclaró si esto era bueno o malo. O Rand Paul, aspirante al escaño de Kentucky quien ha criticado públicamente la Civil Rights Act que en 1964 reconoció los derechos a la población afronorteamericana. Pero si todavía no encuentra su candidato, podría optar por Ken Buck. En un debate en Meet the Press, consideró la homosexualidad como un verdadero problema, una disfunción comparable al alcoholismo. Y la lista continúa hasta desembocar en la gran pregunta: si usted vota por estos curiosos candidatos, ¿qué espera que ocurra? ¿Qué esperanza tiene de las legislaciones por venir? ¿En qué desea usted que se convierta el Estados Unidos en el que vivirán sus hijos como adultos en pocos años?

En plena crisis de identidad y frente al descrédito consagrado de la clase política, la cruda realidad inunda de personajes dignos de un barato talk show el escenario electoral con la consigna de ir por más: sentarlos en el Congreso de la potencia, todavía, más fuerte del planeta. A veces pienso que seguir buscando enemigos en el exterior es un desperdicio de tiempo y recursos. Al decir del escritor argentino Jorge Luis Borges, el peor de los infiernos, siempre, es uno mismo.

Hasta la próxima.

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