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Gustavo Alvarez Núñez
Martes 1 de Marzo de 2011

Silvio Berlusconi

Otra cita con la Justicia

por Gustavo Alvarez Núñez

No conozco Italia. Nunca pisé sus tierras. Adoro a algunos de sus poetas (Eugenio Montale, Salvatore Quasimodo, Cesare Pavese, Giuseppe Ungaretti), me gustan ciertos cineastas (Pier Paolo Pasolini, Michelangelo Antonioni, Federico Fellini, Luchino Visconti), admiro a algunos pensadores e intelectuales (Giorgio Agamben, Carlo Ginzburg, Primo Levi) y escritores (Italo Calvino, Natalia Ginzburg); hasta algunos pintores clásicos son ya un clásico (hasta llego a Giorgio de Chirico) y siempre me seduce la eternidad que puede implicar gozar de su gastronomía. Pero no entiendo a los italianos. Más que nada a los que apoyan o le hacen la vista gorda al impresentable de Silvio Berlusconi, el magnate electo por tercera vez en 2007.

Al cierre de esta edición, leo en el periódico español El País: "Silvio Berlusconi tiene desde hoy otra cita marcada con la justicia. Será (si nada lo impide) el próximo 6 de abril, a las 9.30 de la mañana, en el Tribunal de Milán. La jueza Cristina di Censo ha dictaminado que el primer ministro debe ser procesado por el rito inmediato por los supuestos delitos de cohecho y prostitución de menores, tal y como solicitaban los fiscales que han instruido el caso Ruby, el apodo de la joven marroquí Karima El Maghour que según la acusación pública visitó una decena de veces a Berlusconi en su casa de Arcore (al norte de Milán) cuando era todavía menor de edad". Más adelante precisa: "El delito de cohecho de funcionario público (concusión o abuso de poder) está penado en Italia con un máximo de 12 años de prisión, y el de prostitución de menores con un máximo de tres, por lo que Berlusconi arriesga una condena de hasta 15 años además de la interdicción definitiva para ocupar cargos públicos".

Todo esto parecería la culminación (a medias victoriosa) de una escalada de protestas que tuvo su cénit el domingo 13 de febrero en distintas partes de Italia y el mundo (de Tokio a Barcelona, de Madrid y Atenas a Amsterdam y Nueva York). En total, 280 ciudades fueron tomadas por coros de mujeres (y hombres) indignados: un millón de personas según las organizadoras. ¿El motivo? El descontento por la situación político-social-cultural-económica que vive la península, cuyo estandarte es el machista y racista conductor de la vieja república con casi 60 millones de habitantes. El lema de la movilización fue: "Es tiempo de ser todas y todos. Queremos un país que respete a las mujeres". La congresista Giulia Bongiorno, de Futuro y Libertad, el grupo disidente de Gianfranco Fini, señaló: "No estoy aquí para criticar las fiestas hard, sino para denunciar que se han convertido en un sistema de selección de la clase dirigente. Quien calla puede convertirse en cómplice. Esta no es una protesta de moralistas como ha dicho alguien en estos días, como un intento de disminuir vuestra asistencia. Tienen miedo de vosotros".

Las distintas marchas quisieron expresar el deseo de reparar la dignidad de la mujer, y reclamar por el escándalo sexual que relaciona a Il Cavaliere ("El Caballero", como se lo bautizó) con menores. En Italia, la edad para mantener relaciones sexuales consensuadas es de 14 años, aunque es ilegal la prostitución de menores de 18. La adolescente marroquí es una de las jóvenes prostitutas con las que Berlusconi suele relacionarse. El primer ministro también está acusado de abuso de poder y de haber ordenado a la policía, personalmente, la liberación de la muchacha, detenida por robo. En Bolonia las mujeres resumieron su ánimo en una pancarta: "Cansadas de vivir en Berluskistán". Las voces alteradas no sólo eran de izquierda, sino que también se agregaron votantes católicas y de centro derecha. "La televisión, y en especial la cadena que posee Berlusconi, difunde los peores estereotipos femeninos y contribuye a la representación de mujeres como bien de cambio, tanto en ese espacio como en política", advirtió la presidenta de la Unión Italiana de Mujeres, Pina Nuzzo.

Una de las muchachas investigadas, Sara Tommasi, declaró ante la prensa que sus estudios en una renombrada universidad italiana habían sido una "pérdida de tiempo". Y fue más lejos: "Una mujer no necesita un título para tener éxito, mi cuerpo es mi empresa". El Indice de la Brecha de Género del Foro Económico Mundial de 2010 ubicó a Italia en el lugar 74 entre 134 países, seguida de Hungría, Malta y Chipre, entre los países de la Unión Europea. Sin embargo, el poder o la gravitación de las mujeres hoy en día es mucho más que marketing. No sólo por aquellas que ocupan un rol preponderante en el destino de sus países al frente del poder Ejecutivo (algunas mandatarias latinoamericanas como Dilma Rousseff y Cristina Fernández), sino por lo importante que fueron en las últimas semanas en las revueltas en el mundo árabe o la ascensión de la ex presidenta chilena Michelle Bachelet como jefa de la ONU Mujeres.

Retomando la figura nefasta del primer ministro italiano, pienso en sus vecinos franceses, y en el suceso de un señor que le lleva a Berlusconi casi 20 años. Se llama Stephen Henzel, clase 1917, héroe francés de la Resistencia, uno de los artífices de la redacción de la "Declaración Universal de Derechos Humanos", condecorado por el ex presidente galo François Mitterrand y que ha tenido algunos importantes cargos diplomáticos. Meses atrás lanzó un panfleto, Indignez-vous ("Indígnese"), en claro llamamiento al socialismo de su país a que no se deje tentar por las mieles (podridas) del neoliberalismo y que repare la brecha cada vez más grande entre ricos y pobres. El libro es un éxito de ventas en Francia: más de un millón de ejemplares vendidos.

Años luz separan las figuras de Henzel y Berlusconi. Algo a tener en cuenta cuando este 8 de marzo se celebre otro Día Internacional de la Mujer.

Que nos sea leve...

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