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La quinta Cumbre de las Américas terminó sin declaración final, sin la tradicional foto de cierre y sin definición sobre el país anfitrión para la próxima edición en 2013. Pero aún así estuvo cargada de gestos, intenciones y palabras. El presidente estadounidense Barack Obama, como protagonista excluyente, desplegó sus dotes de orador y sedujo más allá de su propio propósito. Las estrellas parecen alinearse propiciando un cambio en la forma de combinar las palabras que se utilizan en eventos de esta especie. La crisis económica global, la baja del precio del petróleo y los incipientes problemas internos que aquejan a los gobiernos más reaccionarios de la región, aparentan haber logrado germinar en personajes como Hugo Chávez, Evo Morales o la misma Cristina Fernández de Kirchner la semilla de la prudencia –interesada– ante la necesidad inminente de paquetes de ayuda.
La edición anterior de la Cumbre, realizada en la ciudad de Mar del Plata, Argentina, en 2005, fue la consagración de un espectáculo circense montado por el ex presidente argentino Néstor Kirchner para el usufructo siempre desmedido y mediático del mandatario venezolano Hugo Chávez. El final de ese encuentro logró que ningún país del continente se mostrara interesado en ser el anfitrión de la siguiente. Nadie se ofreció a hospedar el cónclave 2009 y sólo después de un enmarañado proceso de negociaciones el gobierno de Trinidad y Tobago aceptó recibir a los 34 jefes de Estado del continente. Para aquellos que buscamos la verdadera razón que explica y justifica la existencia de este tipo de cúspides, la de “las Américas” daría la impresión de no tener ninguna. En esta última, el único punto en común compartido por todos sus miembros ha sido la solicitud a Estados Unidos de levantar el embargo que pesa sobre Cuba desde 1962. Una petición que se formula en un momento donde la Casa Blanca ya ha tomado decisiones al respecto y ha mostrado una clara vocación de diálogo para resolver algunas de las tantas cuestiones pendientes de resolución entre la isla de los hermanos Castro y la administración estadounidense.
Por lo demás, la región está fatalmente fragmentada en dos bloques claramente diferenciados: México, Brasil, Colombia, Chile, Perú y Costa Rica por un lado, bastante alineados con Estados Unidos; y Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Argentina por el otro. Latinoamérica mira la crisis económica mundial en los umbrales de sus economías y empieza a pensar que esa retórica ideológica que tantos votos le ha dado, ha hundido a sus países en un aislamiento que difícilmente los ayude a salir a flote. No es novedad que la crisis en América Latina hasta ahora sólo se ha insinuado e impactará con crudeza en 2010.
El escenario cambia. A juzgar por los pedidos de préstamos que Cristina Fernández de Kirchner le formuló al BID y al Banco Mundial, los organismos multilaterales de crédito ya no son ese monstruo negro y despiadado que estuvo presente, a través del exabrupto siempre fácil, en toda tribuna popular donde la señora Fernández rezaba su credo ideológico. Con el barril de petróleo debajo de los 50 dólares, Hugo Chávez deberá empezar a cuidar una caja que –hasta ahora– ha sido una muestra permanente de despilfarro. Ecuador en cesación de pagos, Bolivia en un frente de secesión, y Nicaragua empeñada en repetir su historia, el socialismo del siglo XXI –como le gusta nombrarlo al líder venezolano– pareciera ir de frente, a paso firme, a estrellarse contra su propia sombra.
Como siempre, o como casi siempre ocurre, las cosas importantes pasan en otro lado. Si bien el presidente Obama hizo su mejor esfuerzo para separarse de la arrogancia que su predecesor se encargó de regar por el mundo, mostrando una actitud conciliadora hacia todos los extremos de la paleta ideológica, la realidad pura es que no ha hecho concesión alguna a los intereses de fondo de Estados Unidos. Ha puesto el destino del embargo a Cuba en manos del dúo Castro: el pueblo cubano debe ser libre, los presos políticos deben ser liberados, y los derechos humanos deben respetarse en la isla. Es el precio que el régimen tiene que pagar para salir del embargo.
Probablemente, en la periferia del cuerpo central de este encuentro apreciemos las señales del futuro por venir: Obama dedicó pequeños espacios de tiempo a dialogar con Felipe Calderón, Luiz Inácio Lula da Silva, Michelle Bachelet y Alvaro Uribe. Con el resto de los participantes sólo sonrisas y algunos saludos. En el otro rincón, el “equipo Chávez” se preparó días antes celebrando en Caracas una cumbre de la Alternativa Bolivariana de las Américas –ALBA– con los líderes de Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Una cumbre coronada con la incorporación al bloque de un nuevo integrante: San Vicente y las Granadinas; un país de 120 mil personas y un territorio de 150 millas cuadradas. Nunca me cansaré de explicar que la suma de muchos pobres jamás hace un rico. Sólo hace muchos pobres.
Finalmente la Cumbre ha concluido con un documento de cierre que únicamente firmó el Primer Ministro del país anfitrión. Patrick Manning se excusó alegando que todos los presidentes de la cumbre consensuaron que el texto sea firmado sólo por el presidente de Trinidad y Tobago. En castellano claro: hubo total consenso acerca de la falta de consenso. En fin. Una nueva edición llena de intenciones y palabras. Carente de hechos y compromisos. Un capítulo coherente y consecuente con la historia de la región.
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