OUARZAZATE: LA PUERTA DEL DESIERTO

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Rodeada por una cordillera de montañas, Ouarzazate, al sur de Marruecos, es una gran ciudad desconocida que oculta enclaves sorprendentes, olores peculiares, sabores atrayentes y un estilo de vida anclado en el pasado. Además, sobresalen la hospitalidad de su gente, y la riqueza y diversidad de su folclore. Sin olvidar que es un lugar ideal para muchos cinéfilos, debido a que varios de sus paisajes han sido decorados de grandes producciones de Hollywood.

Texto: Jorge Saldaña / Fotos: Omar Laabi / Mohamed El Fathi / Aníbal Trejo / Tahar Zalhoud / Anne Pancol / Najat Limami / Abdelkebir Binebine / Rachid Bouissef / Nadia Akalay

Situada al sur de Marruecos, Ouarzazate es una parada obligada en el camino que separa Marrakech del desierto del Sahara.

Situada al sur de Marruecos, Ouarzazate es una parada obligada en el camino que separa Marrakech del desierto del Sahara.

Su nombre tiene su origen en una frase árabe que significa “sin ruido”. Cruce de caminos entre los valles del Draa, del Dadès y del Ziz, Ouarzazate es asimismo guardián de los tesoros más buscados por los grandes estudios de Hollywood. La ciudad es el centro geográfico de una repertorio de paisajes contrastados –altas montañas, incluso con cimas nevadas, extensos palmerales, frondosos valles, áridas llanuras de piedra, lagos y espectaculares dunas anaranjadas–, todos ellos amplios, deshabitados y susceptibles de convertirse fácilmente en Somalia, Libia, Egipto, Arabia, Palestina o la Roma antigua. A su vez, a eso se le debe sumar la ausencia de lluvias casi todo el año, así como una intensa y penetrante luz, ideal para los trabajos de fotografía.

Oasis de color arena, la ciudad esconde un tesoro turístico: la kasbah de Taourirt. Además, en sus proximidades se encuentra una kasbah bellamente conservada declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Ait Ben Haddou. Las kashbahs son antiguas fortalezas construidas con adobe y madera que tenían el doble cometido de dar refugio a los viajeros y, a la vez, proteger a la población local de amenazas externas. Fortalezas que nos hablan de antiguas rivalidades familiares y de los temibles clanes bereberes, amos absolutos de estos parajes hasta prácticamente hace muy poco.

Más que una sola etnia, los bereberes son un conjunto de pueblos autóctonos del norte de Africa, desde el océano Atlántico a Egipto, y desde el Mediterráneo al Sahel. Los romanos, al invadir sus tierras, les denominaron genéricamente con el nombre griego barbaroi, bárbaros. En la Edad Media se confundía a los bereberes con los moros o mauros, pero ellos mismo se llaman amazigh, que significa hombres libres. El 40% de la población marroquí es bereber. En la zona de Ouarzazate el porcentaje es mayor. Se identifican por los rasgos y por el idioma, que se escribe con el alfabeto tifinagh. Y aunque en su mayoría son conversos al islam suní, no son especialmente practicantes. Por otro lado, su artesanía especializada en el tejido de alfombras, la confección de joyas o el modelado de cerámica y de alfarería es conocida en el mundo entero.

Ait Ben Haddou. Es una kasbah situada a 30 kilómetros antes de llegar a Ouarzazate desde Marrakech. Una auténtica ciudad medieval, al otro lado del río Ounila. Un mundo de fábula con construcciones de adobe que fueron kasbah de familias ricas y hoy albergan en su mayoría tiendas de recuerdos o fondas. El panorama es asombroso, edificios en su mayoría del siglo XVII encaramados a una colina en bastante buen estado de mantenimiento a pesar de las lluvias torrenciales, escasas pero devastadoras. Por eso en 1987 mereció que la UNESCO la incluyera en su lista de Patrimonio de la Humanidad.

Kasbah Taourirt. Es otra ciudad fortificada en las inmediaciones de Ouarzazate. Ha sido recientemente restaurada y se pueden apreciar todos los detalles y adornos que le han dado fama. La edificación está construida de adobe, tiene torres almenadas y está considerada una de las kasbahs mejor conservadas de Marruecos. Es curioso el contraste con las estrechas callejuelas de la medina, donde la vida se sigue desenvolviendo como hace siglos; y con el mercado, en el que se puede adquirir desde una alfombra hasta platos para el cuscús. Frente a la kasbah se encuentra el museo del cine, un centro artesanal y un café cuya terraza ofrece una hermosa vista.

Kasbah de Tifoultoute. A apenas ocho kilómetros de Oarzazate, y sobre la carretera de Marraquech, se levanta orgullosa esta construcción histórica, rodeada de palmeras. Cuenta con buenas vistas de la ciudad. El aspecto exterior todavía se mantiene como el de sus primeros años, con la típica tonalidad rojiza de las construcciones en el desierto y donde se pueden observar las diversas ventanas de las diferentes casas, algunas de ellas en ruinas. Pese a todo, sigue teniendo muchísimo encanto y es muy utilizada en producciones cinematográficas.

Atlas Corporation Studios.

La estructura de los Atlas Corporation Studios, de titularidad marroquí, destaca por su inconfundible exterior, a medio camino entre rústicas murallas árabes y templos egipcios, que esconde un extenso territorio de 160 hectáreas de las cuales 30 están pobladas solo por decorados. En ella todavía se resguarda un templo tibetano (para Kundun, de Martin Scorsese), el mercado de esclavos de Gladiator, o el avión utilizado por Michael Douglas en The Jewel of the Nile, aparte de una enorme galera empleada en escenas marítimas y múltiples edificaciones romanas y de inspiración cristiana.

Oasis de Fint.

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A diez kilómetros al sur de Ouarzazate, nos topamos con este oasis de verdor entre áridas y negras rocas de las montañas. Dispone de varios establecimientos turísticos más que perfectos para descansar en el desierto. Oasis de Fint quiere decir “escondido” en bereber. No hay excusa para darse una escapada y visitar este bello y recóndito rincón.

Presa de El Manssur.

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La construcción de la presa ha generado un lago para la observación de aves. En sus cercanías se han instalado hoteles y mansiones atraídas por el panorama, destacando el Club Med y el Golf Real. Al norte se halla el gran complejo de energía solar Noor.

Planta solar Noor.

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Al noreste de Ouarzazate se está erigiendo la planta solar más grande del mundo. Cuando esté terminada medirá seis mil hectáreas. La primera fase se denomina Noor 1 y es una central térmica solar. Cuenta con 500 mil espejos parabólicos que persiguen la luz del sol durante el día para generar 160 MW de potencia, suficientes para satisfacer la demanda de 135 mil hogares. En 2017, cuando las fases Noor 2 y Noor 3 estén finalizadas, el complejo iluminará 1,1 millones de hogares a través de 580 MW de potencia.

Valle del Dadès.

Hacia el este se sitúa el valle del Dadès, un oasis fresco a la sombra de las palmeras datileras y los numerosos árboles frutales. En él se descubren variadas kasbahs espectaculares. Es un lugar espléndido para practicar recorridos en todoterreno, bicicleta, senderismo, a caballo o en mulas. Y es posible pasar noches de ensueño en tiendas de campaña. Hacia el norte, subiendo la cordillera, está la kasbah de Ait Ben Haddou.

Palmeral de Skoura.

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En un entorno fundamentalmente ocre y árido, el Palmeral de Skoura supone un sorprendente brochazo de verdor en el bajo valle del Dadès. Con el M’Goum del Alto Atlas al fondo, más de 700 mil palmeras datileras y algunos olivos, higueras, almendros y granados se extienden a lo largo de una amplia llanura en la confluencia de los ríos Hajaj y Madrí, que a su vez van a parar al Dadès. Es un inmenso oasis con milagrosos regueros de agua que corren por los huertos en un intrincado entramado de acequias y canales alrededor de impresionantes kasbahs que parecen salidas de un cuento al estilo de “Las mil y una noches”.

Valle las Rosas.

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A 80 kilómetros de Ouarzazate se encuentra el Valle las Rosas. Sabiendo que esta zona es una de las principales productoras de rosas, lo primero que llama la atención del visitante es que no hay grandes extensiones de rosales. Vemos pequeños huertos formando un tapiz y muy pocas rosas. La explicación está en que los rosales no se localizan en campos de cultivo sino rodeando a estos, como si fueran las cercas que separan unos huertos de otros.

Artesanías.

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Las alfombras de Ouarzazate y sus alrededores (Tazernak) son muy estimadas. Se caracterizan por su fondo naranja, con motivos azules, marrones, amarillos o negros, siguiendo composiciones muy complicadas confeccionadas en lana sedosa. Las mantas son magníficamente tejidas con pelo de cabra, a rayas negras y blancas, con adornos rojos y verdes. Y la joyería bereber la componen brazaletes, colgantes y diferentes clases de collares, presentados en plata incrustada o esmaltada. La cerámica es sencilla, generalmente hecha con arcilla blanca decorada. También es típica la artesanía en caña con la que fabrican cabeceros de cama naturales, objetos ornamentales, estanterías, mesas, sillas y cestas.

Sabores.

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Un plato marroquí es una experiencia que influye en todos los sentidos. Además del buen ambiente, se añaden los perfumes del azafrán, del comino y del cilantro. Así, podrá degustar el plato estrella internacionalmente: el cuscús, o más bien los cuscús, por ser tan numerosos y variados. Y tendrá la oportunidad de catar el plato marroquí por antonomasia: la pastilla, una fina masa de hojaldre que se combina deliciosamente con filetes de pichón en lonchas con perejil, huevo duro, almendras y miel. El toque final es la canela y el azúcar espolvoreado. El arte del hojaldre podrá encontrarlo también en los briouat con carne picada de buey o pollo. Descubrirá sopas como la harira, de lentejas y garbanzos. Y le será imposible resistirse a un suculento tajín, un guiso de carne, ave o pescado, acompañado de verduras y frutos que se cocina siguiendo la tradición, en el recipiente de barro cubierto que le ha dado el nombre. Para acabar, la pastelería marroquí: crepes de miel y semillas de sésamo, tartas de almendra o pasas. Por supuesto, el dulce en Marruecos se acompaña de un tradicional té de menta.


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